Después de una noche entera terminando el arreglo de un traje de exhibición, Julia se fue a la cama por la madrugada. Su cabeza apenas había tocado la almohada cuando su alarma sonó, y se dió cuenta de que no estaba en su habitación, ¡y alguien se había llevado el traje que tanto se había esforzado en reparar!
Un momento... ¿Quién, en nombre de su santo internet, era esa persona en el espejo?
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19.
Rara vez recordaba a su familia anterior desde que viajó a este mundo.
Habían pasado varios meses desde el suceso. Al principio se despertaba confundida, viendo un techo que no conocía y gente con la que no estaba familiarizada.
Con el paso de los días, el techo dejó de ser desconocido y formó un vínculo con algunas personas a su alrededor.
Los seres humanos son sociables. Incluso si Julia hubiera querido quedarse aislada, ignorando a la gente que ella creía que solo eran de papel, todavía necesitaría consuelo humano.
Entonces se apegó al padre de la original, llamándolo como si realmente fuera el suyo. En su sueño, se veía a sí misma como una niña pequeña llamando a su papá. Pero a su llamado acudieron dos personas.
El padre de su anterior vida era más viejo y delgado, producto de una vida de trabajo para criar a su hija como padre soltero. El padre de esta vida estaba mejor nutrido, se veía más joven, pero tenía una mirada de cachorro pateado cuando se dio cuenta de que *su beb*é había llamado papá a otra persona.
Fue entretenido ver a dos hombres viejos pelear por quién era el padre favorito. Se había despertado con una sonrisa en el rostro, rememorando los últimos resquicios del sueño con sabor a hogar con el techo tan conocido como lienzo.
Había mantenido el significado "hogar" mucho más ligado a personas que a lugares. Cuando era niña, ella y su padre se habían mudado muchas veces. Todas ellas, su padre la acompañaba a despedirse de las casas, los muebles, las plantas antes de tener que irse a vivir a otro lado. Ella pensó que ojalá se hubiera despedido de su padre ese día que se fue. Cada inhalación se sentía como aspirar polvo de anhelo y nostalgia.
Entonces, con cada bocanada de aire que llenaba sus pulmones, se amargaba más su lengua. Al punto que después de terminar de desayunar, ni siquiera le ofreció una buena palabra a su hermano, que se burló de las calorías del pastel que estaba comiendo.
Fue ese el momento, muy extraño, donde su madre le dirigió la palabra. Dándole la razón a Javier y diciendo que no debía comer tanto porque si seguía así no iba a entrar en su vestido.
Las raras veces que desayunaba en casa, la mujer no le dirigía la mirada a Julia y mucho menos reconocía que estaba allí.
Esta vez, en cambio, estaba hablando de frente, sin los intermediarios que solía usar cuando debía decirle algo.
No solo ella, sino que también su hermano se quedó desconcertado. En contadas ocasiones había oído la voz de la mujer, y ahora se sentía más despreciativa que antes.
Julia se preguntó si ella había malinterpretado la situación. Javier solo era un tipo molesto que hacía comentarios ruidosos, pero nunca le había puesto las cosas difíciles, al punto que asumió que simplemente esa era su personalidad. Es decir, cuando ella lo atacó de vuelta, nunca se enojó y volvió a la carga en la siguiente discusión donde podía lanzarle un comentario ácido.
La atmósfera quedó estancada un momento, hasta que sonó el portero automático, y el ama de llaves llamó a Julia sobre que Andrew le había dejado un paquete y el guardia de seguridad lo había traído hasta allí.
Esto diluyó la tensión amontonada en el comedor. Se disculpó y salió del lugar lo más rápido que pudo. Tomó el paquete de pasada de las manos del ama de llaves y fue directamente a su habitación.
Al llegar allí, se tiró en la cama a esperar. Pronto escuchó el sonido del auto de su hermano saliendo al trabajo, y luego otro más que supuso que era el que su madre decidió usar ese día.
Se movió perezosamente hasta su escritorio, dejando el paquete encima de la mesa. No era grande, quizás del tamaño de su cráneo.
Rasgó el papel que envolvía la caja, viendo que estaba hecha de madera y parecía personalizado como un joyero antiguo, igual al que había visto en una serie que le había gustado mucho.
La caja era realmente hermosa, bastante liviana para lo que había esperado, pero los detalles eran muy buenos. Ni en los sets de grabación se ve utilería de tan alta calidad. Lo manipuló varias veces, e incluso comprobó que traía el mismo mecanismo oculto de la serie, uno que dejaba salir un pequeño compartimiento desde el costado.
Pero la mayor sorpresa fue cuando abrió la caja y no estaba vacía. No eran imitaciones de las joyas originales de la serie, pero esto era mucho mejor.
Durante los últimos meses, había estado realizando cosplays de cada vez mayor dificultad. Habían dejado de ser los que dependían de modificar alguna prenda en singular o tener que ponerse lentillas de colores. Ahora había tomado mejores desafíos y quería ver más conjuntos terminados.
Uno de los personajes que había elegido trajo consigo un dilema que no había pensado cuando se decidió por él.
Este personaje tenía muchas joyas. La mayoría se podía copiar a mano con materiales baratos, que fue el camino que Julia eligió. Pero aquí había un juego completo de joyas, que parecían haber sido personalizadas para coincidir con el personaje elegido.
Julia no se lo esperaba. En los últimos dos meses, salían de vez en cuando cada una o dos semanas y ella ya se había soltado al respecto sobre su hobby. Le había contado las dificultades de encontrar extensiones de cabello del color exacto que necesitaba, o de las historias que leía de vez en cuando, incluso sobre las tramas basura que se había hecho populares recientemente.
Parecía que una charla casual podría ser recordada como importante, en especial cuando consistía en algo como esto.
Entonces revisó más a fondo y se encontró con un certificado de tasación y también las instrucciones de personalización. Además, traía una garantía que le permitía pedir que se modifique una parte del encargo si no estaba satisfecha.
Solo en ese momento, viendo los papeles en sus manos, fue que recordó que la empresa de la que Andrew se hacía cargo, era, justamente, una empresa que se dedicaba a la joyería fina.