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Amanecer Y Violetas

Amanecer Y Violetas

Status: Terminada
Genre:Omegaverse / Enfermizo / Maltrato Emocional / Completas
Popularitas:3.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️🔞🚫La Trampa de la Dulzura.
Christopher es impecable. Cocina para Tayler, lo cuida durante sus celos y lo defiende. Tayler se enamora perdidamente. Sin embargo, detrás de cámaras, el alfa está destruyendo las rutas de suministro del padre de Tayler y manipulándolo para que confiese secretos de la organización "sin querer". El maltrato aquí es la mentira: Christopher desprecia la inocencia de Tayler, viéndola como una debilidad de la sangre de un asesino. CONTIENE MALTRATO EMOCIONAL.🚫🔞⚠️

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Segunda función

La fortaleza estaba sumergida en una calma artificial. Siete meses habían pasado desde que el vientre de Tayler comenzó a albergar la última esperanza de Christopher. La habitación del omega ahora parecía una sala de cuidados intensivos: monitores cardíacos pitando rítmicamente, sueros nutritivos goteando en las venas delgadas del joven y un equipo médico que caminaba sobre cáscaras de huevo bajo la mirada asesina del alfa.

Tayler ya no hablaba. Su cuerpo era un mapa de huesos pronunciados y piel translúcida, a excepción del vientre abultado que se alzaba como una montaña de vida en medio de un desierto. Christopher vivía pegado a él. Dormía en una silla al lado de la cama, sujetando la mano del omega como si pudiera transferirle su propia fuerza vital a través del vínculo de la marca.

-Solo un poco más, mi pequeña violeta.- Susurraba, besando los nudillos fríos de Tayler  -Solo dos meses más y seremos una familia. Podrás pedirme lo que quieras. Te llevaré a donde el sol nunca se ponga.-

Tayler ni siquiera parpadeó. Estaba mirando una grieta en el techo, su mente flotando en un limbo donde el dolor ya no llegaba. Pero su cuerpo, agotado por la huelga de hambre del alma, finalmente dijo basta.

A mitad de la noche, un gemido ronco y desgarrador rompió el silencio. Christopher se despertó de un salto. Las sábanas blancas estaban empapadas de un líquido oscuro. La sangre contrastaba violentamente con la palidez del joven.

-¡MÉDICO!- El rugido del alfa hizo que las puertas se abrieran de golpe.

El caos se desató. El ritmo cardíaco del omega estaba cayendo en picada. El estrés, la falta de nutrientes y el trauma acumulado habían inducido un parto prematuro y violento. El alfa fue empujado hacia atrás mientras los médicos cortaban la túnica de Tayler y comenzaban las maniobras de emergencia.

-Señor, tiene una hemorragia masiva.- gritó el médico jefe, con las manos manchadas de rojo -El omega está demasiado débil. Su corazón no va a aguantar el esfuerzo del parto.-

Christopher sintió, a través del vínculo, una oleada de frío que no era suya. Era la vida de Tayler apagándose, una vela consumida por el viento. La marca en su cuello, antes vibrante, ahora latía débilmente, enviando ecos de un vacío ensordecedor.

-Sálvalos- siseó, tomando al médico por la solapa de su bata -Si alguno de los dos muere, esta habitación será tu tumba.-

-¡Señor, tengo que elegir!- exclamó el médico en medio del pánico -Si intentamos salvar al bebé ahora, el omega se desangrará en minutos. Si nos enfocamos en detener la hemorragia del paciente, el cachorro se asfixiará. ¡Dígame qué hacer!-

Christopher se quedó paralizado. El alfa dominante, el hombre que había destruido imperios por venganza, estaba frente al único muro que no podía derribar con balas. Miró el rostro de Tayler, que ahora estaba inclinado hacia un lado, con los labios azules. Por primera vez en ocho años, el mafioso no vio a un enemigo, ni a un trofeo, ni a un Michelle. Vio al chico que le preparó el desayuno en su primera mañana, al omega que lo miró con amor puro antes de que él decidiera marchitarlo.

Y luego miró el vientre, donde su futuro pateaba desesperadamente por oxígeno.

-Sálvalo a él.- la voz del alfa fue un susurro roto.

-¿A quién, señor?- Preguntó el médico, con el bisturí temblando en su mano.

Christopher cerró los ojos, las lágrimas de un alfa cayendo por primera vez sobre el suelo de acero.

-Salva a Tayler.-

El médico no perdió un segundo. Se olvidaron del monitor fetal que empezaba a emitir un pitido plano y se enfocaron en inyectar coagulantes y adrenalina en el sistema del omega. El alfa se arrojó sobre la cama, apartando a las enfermeras, y tomó el rostro de Tayler entre sus manos, manchándolo con su propio llanto y con la sangre que no dejaba de brotar.

-No me dejes, Tayler.- suplicó, hundiendo su nariz en el cuello del omega, buscando desesperadamente el aroma a violetas -No te mueras odiándome. Por favor, vuelve. Te dejaré ir. Te daré la libertad, te daré la isla, te daré todo lo que te robé… pero no me dejes solo en este frío.-

El vínculo de la marca envió un último impulso eléctrico. Tayler abrió los ojos un milímetro. En medio de la agonía, vio a Christopher. Vio al monstruo suplicando como un niño. Vio al hombre que lo había roto, ahora destrozado por su propia mano.

Tayler exhaló un suspiro final. Sus labios se movieron, apenas un roce de aire.

-Demasiado… tarde… Christopher.-

El monitor cardíaco de Tayler se convirtió en una línea recta y constante. Un segundo después, el monitor del bebé también se apagó.

El silencio que siguió fue el más absoluto que Christopher había experimentado jamás. No había alarmas, no había gritos de guardias, no había viento. Los médicos retrocedieron, bajando la cabeza, sabiendo que su vida ya no valía nada.

Christopher se quedó abrazado al cuerpo sin vida de Tayler. El aroma a nieve y pino se volvió una mortaja gélida. Había elegido salvar a Tayler, pero Tayler había elegido morir de todos modos, llevándose consigo la última chispa de luz que Christopher podría haber tenido.

Christopher se recostó junto a él, rodeando con sus brazos el cadáver todavía cálido del omega y el vientre donde su hijo nunca llegaría a llorar. Había ganado la guerra. Tenía todas las tierras, todo el dinero y todo el poder. Pero mientras cerraba los ojos y hundía el rostro en el cuello marcado de Tayler, Christopher se dio cuenta de la verdad final.

La jaula de oro no era para Tayler. Siempre había sido para él. Y ahora, se quedaría en ella, congelado para siempre en un invierno donde las violetas nunca volverían a florecer.

Tayler se había escapado. Esta vez, a una isla donde la nieve de Christopher jamás podría alcanzarlo.

El tiempo es una rueda caprichosa. La historia de la fortaleza del norte terminó en cenizas el día que Chris, consumido por la locura y el vínculo roto de la marca, decidió que si no podía tener a Tayler en la vida, lo acompañaría en la nada. El imperio Michelle y la estirpe de Christopher desaparecieron bajo la nieve, convirtiéndose en una leyenda de advertencia sobre los peligros de un amor nacido del odio.

Pero las almas marcadas por una tragedia tan profunda no descansan. Simplemente esperan su turno para volver a jugar.

Muchos años después del "final"...

El sol del océano era una bendición líquida. En una pequeña isla de arenas blancas y aguas color turquesa, el aire olía a sal y a flores exóticas. En la terraza de un hotel boutique, Tayler, un joven omega de veintidós años con ojos brillantes y una sonrisa que parecía contener todo el amanecer, ajustaba los detalles de una mesa.

-¡Tayler! Deja de trabajar tanto, los invitados llegarán en una hora.- Gritó una voz firme y alegre.

Tayler se giró y sonrió. Era Verónica. En esta vida, Verónica era una alfa imponente, dueña de una cadena de restaurantes ecológicos. Se habían conocido en la universidad y, desde el primer segundo, sintieron una conexión que desafiaba la lógica. No era solo amistad, era como si sus almas se hubieran estado buscando entre la niebla durante siglos.

Se habían casado hacía un año. Su relación era el ejemplo perfecto de equilibrio: respeto, protección y un amor sano que nunca conocía el frío.

-Solo quiero que todo sea perfecto.- Respondió, acercándose a ella.

Verónica lo rodeó con sus brazos y besó su frente. El aroma de Tayler era de violetas frescas, y el de Verónica, un sándalo cálido.

-Todo lo es. Tenemos nuestra vida, nuestro hogar y, pronto, ese pequeño cachorro que tanto planeamos.- Dijo ella, acariciando suavemente el vientre de Tayler, donde la vida crecía de forma natural y feliz.

Tayler suspiró, sintiéndose el omega más afortunado del mundo. Sin embargo, por un breve instante, una sombra cruzó su mente. Un escalofrío repentino, como si un viento helado hubiera soplado desde el otro lado del océano.

Desde la cubierta de un yate privado anclado a unos metros de la costa, un hombre observaba la escena a través de unos binoculares.

Se llamaba Christopher. En esta vida, era el heredero de un conglomerado tecnológico global, un hombre joven, ambicioso y con una mirada tan gélida que hacía retroceder a sus propios guardaespaldas. Christopher no creía en el destino, pero desde que su barco atracó en esa isla, sentía un martilleo constante en su pecho. Un déjà vu que le quemaba las venas.

Sus ojos se fijaron en el omega de la terraza. Vio su risa, vio la forma en que se aferraba a la alfa, y sintió una rabia irracional, una posesividad que no tenía explicación lógica. El aroma de la brisa marina desapareció de sus sentidos, reemplazado por un recuerdo fantasma de nieve y pino.

-Señor, ¿quiere que bajemos a tierra para la cena?- Preguntó su asistente.

Christopher no apartó la vista de Tayler. Sus dedos se apretaron contra la barandilla de acero del yate.

-No- Susurró el alfa, su voz vibrando con una oscuridad antigua -Preparen el equipo de extracción.-

-¿Señor? ¿Extracción? Esa es una zona civil...-

Christopher se giró, y su mirada era la de un depredador que acababa de encontrar su trofeo perdido hace milenios.

-Ese omega me pertenece. No sé cómo, ni por qué, pero ha estado huyendo de mí durante mucho tiempo. Es hora de llevarlo de vuelta a casa.-

En la terraza, Tayler sintió de nuevo ese frío. Miró hacia el mar, hacia el yate oscuro que descansaba en el horizonte. Por un segundo, su sonrisa desapareció. Sintió un dolor punzante en el cuello, justo donde en otra vida una marca de sangre lo había encadenado al invierno.

Verónica notó su palidez.

-¿Tayler? ¿Qué pasa?-

Tayler sacudió la cabeza, intentando recuperar la calidez del sol.

-Nada… solo fue una ráfaga de aire frío. Seguramente no es nada.-

Pero mientras el sol comenzaba a ponerse, las sombras del yate empezaron a moverse hacia la orilla. El ciclo de la jaula de oro estaba a punto de reiniciarse. La nieve estaba bajando desde el norte, y esta vez, Christopher no planeaba dejar que el amanecer ganara la batalla.

La tragedia estaba lista para su segunda función.

FIN.

⚠️✅️¡Chikis! Legamos al final de otra historia.

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⬇️Vayan a leer esta belleza ⬇️

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Najwa Correa
ayyy llore mucho desde inicio a fin 😭
Skay P.: ¡Mi plan funcionó! 😘 Te prometo que hay otra historia en mi perfil que reanimará tu corazoncito🤞✅️
total 1 replies
Obdulia Contreras
O noooo. Una obsesión que traspasa líneas de tiempo. Pobre Tyler.
Maru19 Sevilla
Hay no !!!! Autor no otra vez😲😲😲😲
Skay P.: Es que soy malvada😅😘
total 1 replies
Maru19 Sevilla
Que bueno 👏👏👏
Maru19 Sevilla
Maldito cobarde psicópata /Puke/
Maru19 Sevilla
No lo puedo creer 😲😱😱😱
Maru19 Sevilla
😱 así estoy 😱
Maru19 Sevilla
Por favor autor dale un poco de fortaleza a Tayler para poder escapar
Maru19 Sevilla
Yo ya me hubiera desvivido, esa sería mi venganza
Maru19 Sevilla
Que bárbaro Tayler que agarre el cuchillo del suelo y lo mate
Maru19 Sevilla
Que nervios 😲
Maru19 Sevilla
Que horror 😱
Maru19 Sevilla
Es un maldito sádico
Maru19 Sevilla
Que desgraciado
Maru19 Sevilla
Pobre Tayler
Maru19 Sevilla
Aahhh perro
Maru19 Sevilla
Reitero que maldito!
Maru19 Sevilla
Que maldito, está bien si se quiere vengar de su suegro al fin el ocasionó la destrucción de su familia pero el Omega que tiene que ver
Maru19 Sevilla
Se lee muy interesante la novela 👏👏
Skay P.: ¡Gracias, amor!🤗😍
total 1 replies
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