⚠️🔞🚫Un detective, hombre de acción, serio y dedicado. Su matrimonio con su esposa es más una sociedad de convivencia que una relación romántica. Él se siente vacío, pero es leal. La falta de hijos y de sexo ha convertido su hogar en una oficina más.
Un mafioso que no es el típico villano que quiere dinero. Quiere el control total sobre la única persona que se atrevió a perseguirlo. Su obsesión es física y psicológica. Al descubrir que el detective es un hombre insatisfecho, usa eso para tentarlo y quebrarlo.
Esto contiene maltrato físico y psicológico.🚫🔞⚠️
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Demasiado roto para intentar escapar
El aire en la montaña estaba cargado de electricidad. Bajo la lluvia torrencial, Martin y Cecil se movían como sombras entre los árboles que rodeaban la propiedad de los Schwarz. Llevaban trajes negros, sin placas ni insignias. Ya no eran la ley... eran dos amigos desesperados cometiendo un suicidio.
-Cámaras desactivadas en el sector norte.- Susurró la chica a través del comunicador, mientras guardaba su tableta -Tenemos una ventana de tres minutos antes de que el sistema se reinicie.-
Martin asintió, apretando su rifle. Su rodilla vieja le dolía por la humedad, pero el fuego en su pecho era más fuerte.
-Si encontramos a Richter, no te detengas a preguntar. Lo sacamos de ahí como sea. Si alguien se interpone, dispara a matar.-
Se deslizaron por la valla perimetral y corrieron hacia la entrada de servicio de la mansión. Todo parecía ir demasiado bien, un silencio sepulcral que Martin, con sus años de experiencia, debería haber interpretado como una señal de peligro.
Dentro de la habitación, Ethan estaba sumido en un letargo de dolor y confusión. El encuentro anterior con Lantz lo había dejado vacío. Cada vez que escuchaba un ruido en el pasillo, su cuerpo reaccionaba con una mezcla de pavor y una expectación vergonzosa. El aroma del Alfa todavía impregnaba sus sábanas y su propia piel.
De pronto, un sonido diferente rompió la calma: el eco sordo de una explosión controlada y gritos lejanos.
Ethan abrió los ojos de par en par. Sus sentidos agudizados por la droga captaron el olor a pólvora.
-¿Martin?- Susurró con la voz rota.
Intentó tirar de las cadenas, ignorando el dolor en sus muñecas en carne viva. La esperanza, esa chispa que creía muerta, se encendió de nuevo. "Están aquí", pensó. "Ari envió ayuda. Mis compañeros no me abandonaron".
En el pasillo principal, la situación se volvió un infierno en segundos. Martin y Cecil derribaron a dos guardias, pero al doblar la esquina hacia el ala de las habitaciones, se toparon con una pared de acero: Franz Schwarz.
Franz no estaba solo. Diez hombres armados con subfusiles los rodeaban. El hermano menor de Lantz tenía una sonrisa de oreja a oreja, como si hubiera estado esperando este momento toda la noche.
-Vaya, vaya... los restos del naufragio.- Se burló, apuntando con su pistola dorada al pecho de Martin -Mi hermano dijo que vendrían. Son tan predecibles que casi me da lástima matarlos.-
-¡Donde está Ethan, maldito psicópata!- Gritó la chica, manteniendo su arma firme a pesar de que le temblaban las manos.
-¿El detective? Oh, él está ocupado aprendiendo nuevos trucos.- Rio Franz -Pero no se preocupen, ahora mismo los llevaré con él.-
-¡Ahora!- Gritó Martin.
Se desató un tiroteo feroz en el pasillo estrecho. Martin logró abatir a dos guardias, cubriendo a Cecil para que avanzara hacia la puerta donde creían que estaba su compañero. Pero Franz era un tirador experto. En medio del caos, una bala de gran calibre atravesó el hombro de la chica, lanzándola contra la pared.
-¡Cecil!- Gritó Marco, distrayéndose un segundo.
Ese segundo fue fatal. Franz disparó dos veces. La primera bala impactó en la pierna de Martin, destrozándole la rótula. La segunda le dio en el costado, justo debajo del chaleco antibalas. El veterano cayó de rodillas, soltando su rifle mientras la sangre empezaba a encharcarse en la alfombra.
La puerta de la habitación de Ethan se abrió de golpe. No eran sus rescatadores. Era Lantz.
El mafioso entró con calma, ignorando el estruendo de los disparos afuera. Se acercó a Ethan, que estaba luchando como un animal enjaulado con sus cadenas.
-¿Escuchas eso?- Preguntó, sentándose en la cama y obligando al detective a mirarlo -Es el sonido de tu pasado muriendo.-
-¡Déjalos ir!- Suplicó, llorando de pura impotencia -¡Ellos no tienen nada que ver! ¡Haz conmigo lo que quieras, pero no los toques!-
El alfa acarició el cabello del policía con una ternura retorcida.
-Ya lo hago, Ethan. Hago contigo lo que quiero. Pero ellos necesitan entender que no puedes ser rescatado. Porque tú ya no quieres ser rescatado, ¿verdad?-
El alfa sacó un control remoto y encendió una pantalla en la pared. Ethan vio, en tiempo real, las cámaras del pasillo. Vio a Cecil sangrando en el suelo, gritando de dolor. Vio a Martin, su mentor, su figura paterna, siendo pateado en las costillas por Franz mientras se desangraba.
-¡NO! ¡MARTIN!- El grito de Ethan desgarró el aire de la habitación.
-Si quieres que vivan.- Susurró Lantz, pegando sus labios a la marca del cuello del policía -Vas a tener que demostrarmelo. Vas a salir ahí fuera conmigo. Vas a mirar a ese hombre a los ojos y vas a decirle que te quedas aquí por voluntad propia. Vas a decirle que amas lo que te estoy haciendo.-
-No... no puedo hacer eso...- Ethan sollozaba, colapsando mentalmente.
-Si no lo haces, Franz le volará la cabeza a la chica primero, y luego dejará que Martin vea cómo lo hace antes de matarlo a él también. Tú eliges, detective. ¿Tu orgullo o sus vidas?-
Lantz sacó una llave y, con un giro lento, soltó las cadenas del hombre. Por primera vez en días, Ethan tenía las manos libres, pero se sentía más prisionero que nunca. Sus piernas apenas lo sostenían. El mafioso le entregó una bata negra para que se cubriera su cuerpo marcado.
El pasillo olía a muerte. Franz tenía el cañón de su arma metido en la boca de un Martin semiconsciente.
La puerta de la habitación se abrió. Lantz salió primero, y detrás de él, caminando como un muerto viviente, apareció Ethan.
Cecil, desde el suelo, intentó estirar la mano.
-Ethan... corre... vete...-
El detective miró a sus amigos. Vio la sangre de Martin, vio el terror en los ojos de Cecil. Luego miró a Lantz, quien le puso una mano posesiva en la nuca, apretando justo donde le dolía.
-Díselo, Ethan.- Ordenó Dante.
Ethan tragó saliva, sintiendo el sabor de la hiel en su garganta. Miró a Martin, quien hizo un esfuerzo sobrehumano por enfocar la vista.
-Váyanse...- Dijo, con una voz que no parecía la suya -Váyanse y no vuelvan. Me quedo con él. Él... él me da lo que nadie más pudo.-
-Mientes...- Susurró Martin, escupiendo sangre -Te tienen drogado... hijo... reacciona...-
Ethan se obligó a endurecer la mirada, aunque por dentro se estaba rompiendo en mil pedazos. Se giró hacia el mafioso y, frente a sus amigos horrorizados, besó al mafioso con una desesperación que parecía real. Lantz lo rodeó con sus brazos, triunfante.
-Ya lo oyeron.- Dijo Franz, decepcionado porque quería gatillar -El detective ha elegido su nueva placa.-
-Sáquenlos de aquí.- Ordenó Dante -Tírenlos cerca de un hospital. Si vuelvo a verlos cerca de mi propiedad, no habrá piedad.-
Los guardias arrastraron a Martin y Cecil, quienes gritaban el nombre de Ethan hasta que sus voces se perdieron al final del pasillo.
Cuando se quedó solo con el mafioso, Ethan se desplomó de rodillas, ocultando el rostro en sus manos, temblando violentamente. Lantz se agachó y lo abrazó por la espalda, aspirando su aroma con satisfacción.
-Lo hiciste muy bien.- Susurró el mafioso -Ahora ya no tienes a nadie. Ari te borró de su vida, y tus amigos ahora te odian o te tienen lástima. Solo me tienes a mí.-
El mafioso levantó al hombre en brazos y lo llevó de vuelta a la habitación. Esta vez, no necesitó cadenas. Ethan estaba demasiado roto para intentar escapar. El rescate había fallado, y con él, la última pizca de luz en el alma del detective se había apagado.