Una joven caprichosa e ingenua ha cumplido su sueño de vivir una vida en compañía de su amado esposo, para ella no existe mayor felicidad, eso es hasta que sospecha que él la engaña. ¿Quién le ha robado el esposo? ¿La sirvienta? ¿Su mejor amiga?
Y aunque su amor por él es genuino pronto descubrirá si realmente él es la persona que quiere a su lado o si hay alguien más que atormenta su corazón. ¿A quién elegirá?
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Una peligrosa ilusión
Delia tomó las hojas entre sus manos y leyó atentamente cada
línea escrita.
El tiempo pasó y ella continuó leyendo, mientras se acercaba
al final su expresión se volvió incrédula, y aunque sus pensamientos la
alentaban a no creer en lo que decía la investigación ella no pudo seguir
engañándose a sí misma.
< hotel A de la ciudad>> < hotel B de la ciudad>> < hotel C de la ciudad>> Una larga lista se desplegó ante sus ojos, ella se enfocó en la reservación de un día en particular: “El día… de nuestro aniversario, Eliot hizo una reservación... en el hotel D de la ciudad…” Gotas de lágrimas cayeron en las hojas, ella cubrió su boca para evitar que la sirvienta Sarah se percatara de su desolado llanto. “¿Por qué? ¿Qué malentendido hay en esto? Eliot… ¿no era la única que amabas?” Delia emitió una sonrisa, luego se mordió los labios, la joven arrugó las hojas y exclamó: “¡Como tu compañera no quería creerlo! Dijiste que no debía apresurarme por acostarme contigo, que nuestro amor era mejor que eso, pero tú… ¡Eras el único que lo estaba haciendo a escondidas! ” Delia salió de la habitación y abandonó la casa cargando con su enojo y frustración. Luego de unas horas, en interior del bar se plantó frente a Delia un hombre de traje negro. Aquel hombre no lucía en el mejor estado, aun así miró a la joven con preocupación. Kenneth tomó asiento a su lado y la joven lo observó para luego ocultar su rostro entre sus brazos. “Es cierto, tú dijiste que sabías cómo terminaría esto… de haberte creído ¿algo de lo que estoy sintiendo ahora hubiera cambiado?” “No lo creo” “Es mi culpa… es porque no le di suficiente amor, o porque no le di mi cuerpo, tal vez porque no le agrado a su madre, por todo eso, debe ser mi culpa” La joven se recostó sobre el hombro de Kenneth y ocultó su llanto en él. “No quería creerlo, tenía la esperanza de que no fuera verdad…” Kenneth se mantuvo inmóvil, en espera de que la joven se calmara. La tristeza y desesperanza de Delia afectó a Kenneth, quien también tenía motivos para sentirse devastado luego de perder a su esposa, por lo que, esa noche ambos desahogaron los dolorosos sentimientos que los afligía. Luego de unas horas, ambos caminaron sin rumbo por la ciudad, ninguno de los dos estaba en sus sentidos debido al exceso de alcohol. Delia detuvo un taxi pensando que se trataba del auto de su amado esposo, Eliot. Tras subirse, la joven tocó el hombro del conductor para llamar su atención: "Eliot ¿Todo lo que está en ese documento es mentira, verdad? Kenneth debió inventarlo todo ¿cierto?" Delia le dirigió esas palabras al conductor, el cuál respondió con incomodidad. "Lo siento, señorita. Siéntese correctamente o podíamos tener un accidente" Kenneth también se dejó llevar por las palabras de Delia, por lo que no tardó en objetar: "Yo no inventé nada. La investigación es verídica, mujer desagradable" Delia continúo arrinconado al conductor: "¡Eliot, dilo, di que es mentira!" El conducto no soportó más el acoso de ambos, él gritó: "¡Par de ebrios, deténgase!" El conductor finalmente se deshizo de ambos, ellos continuaron el resto del camino por su cuenta. Ellos con un poco de suerte finalmente llegaron a la oficina. Tras abrir la oficina Kenneth mencionó dulcemente: "Elizabeth, he llegado ¿Dónde estás?" El joven llamó a su difunta esposa con alegría. Delia se adentró a la oficina detrás de él y avanzó hacía el sofá donde se recostó tranquilamente. Delia cubrió sus ojos con las manos y continuó llorando. Kenneth se percató de ello y se acercó para consolarla, no obstante, a la persona que realmente veía no era Delia, sino su difunta esposa. "Elizabeth ¿Qué sucedió? ¿Por qué estás llorando?" Delia aceptó los brazos que la rodearon y mencionó. "Eliot ¿Por qué me hiciste esto? ¿Tu amor era una mentira?" "¿Qué tonterías dices?" Kenneth tomó la mano de Delia y la colocó en su pecho, cerca del corazón y dijo: "¿Lo entiendes? Mi corazón te pertenece, mi vida te pertenece, solo quiero que te quedes conmigo, Elizabeth, por favor, no me abandones" Al escuchar tales palabras Delia sintió su corazón acelerarse y erróneamente bajo los efectos del alcohol, vio en Kenneth a su amado Eliot. Delia no pudo contener sus sentimientos, la joven besó temblorosamente los labios de Kenneth. Él también se vio afectado por una ilusión, el joven levantó a Delia y la colocó sobre sus piernas, él mencionó dulcemente: "Elizabeth…" Los ojos de Kenneth se humedecieron, Delia limpio sus lágrimas. Kenneth finalmente besó desde los labios hasta las puntas de los dedos de la joven, encendido por los besos de Delia, la recostó sobre la cama y continuaron con el intercambio de las apasionadas caricias…