Jessica trabaja como secretaria en una empresa de comida enlatada. Su vida es rutinaria, predecible… segura.
Aquella mañana, como cualquier otra, estaba en el comedor desayunando junto a sus compañeros, ajena a lo que estaba a punto de ocurrir.
Entonces, un escándalo estalló en la recepción.
Gritos. Golpes. Algo no estaba bien.
Movida por la curiosidad, Jessica se acercó con los demás, sin imaginar que ese sería el último momento de normalidad en sus vidas.
Porque lo que vieron… no era humano.
Ese día, el mundo cambió.
Y nadie estaba preparado para sobrevivir.
NovelToon tiene autorización de Ruczca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 9
Enrique se adaptó casi de inmediato a su nuevo papel.
Era como si siempre hubiera estado destinado a eso.
Nos organizó en grupos, asignando tareas con claridad y sin titubeos. Empezamos a recorrer los pisos del cuarto hacia arriba, revisando cada rincón hasta el octavo. Buscábamos de todo: comida, agua, herramientas… cualquier cosa que pudiera servirnos para sobrevivir.
Para nuestra suerte, la empresa tenía dos cafeterías.
Una en el primer piso… imposible de alcanzar.
Y otra en el quinto.
Esa se convirtió en nuestro punto clave.
Cada día subíamos y bajábamos, reuniendo provisiones, reforzando la barricada, aprendiendo poco a poco a movernos en ese nuevo mundo.
Y cada vez que veía a Enrique…
no podía evitar sorprenderme.
La forma en que hablaba.
La forma en que decidía.
La manera en que todos lo escuchaban.
Definitivamente… nació para ser líder.
......................
—UNA SEMANA DESPUÉS—
El tiempo pasó más rápido de lo que pensé.
O quizá fui yo quien dejó de notarlo.
Siete días.
Y nada.
Ni una señal de rescate.
Ni helicópteros.
Ni sirenas.
Ni esperanza.
A veces se escuchaban ruidos detrás de la barricada… golpes, arrastres, gruñidos lejanos.
Pero nunca…
una voz humana.
Me acerqué a la ventana del cuarto piso.
Las calles estaban llenas.
De ellos.
Caminaban sin rumbo, chocando entre sí, levantándose, cayendo… como si el mundo ya no tuviera sentido.
Como si ya no existiera nada más.
Mi mirada se deslizó hacia el vidrio…
y vi mi reflejo.
Cabello negro.
Ojos negros.
Piel pálida.
Me observé en silencio.
No era hermosa.
Pero tampoco fea.
Al menos… eso siempre había pensado.
Desvié la mirada.
Dentro del edificio, el ambiente era distinto… pero no mejor.
Las personas hablaban en voz baja.
Se veían cansadas.
Tristes.
Perdidas.
Extrañaban sus vidas.
Sus familias.
Todo lo que habían dejado atrás.
Suspiré.
Y volví a mirar hacia afuera.
La ciudad estaba… destruida.
Vacía.
Muerta.
Soy huérfana…
El pensamiento apareció sin aviso.
Supongo que soy más afortunada…
No tengo a nadie a quien perder…
Pero esa idea no me reconfortó.
Al contrario.
En el reflejo del vidrio, vi a la pareja con la niña.
La abrazaban.
La cuidaban.
Le hablaban con suavidad…
como si el mundo no se estuviera cayendo a pedazos a su alrededor.
Sentí algo apretarse dentro de mí.
Una emoción incómoda.
Silenciosa.
Envidia…
Bajé la mirada.
Me hubiera gustado… tener una familia.
—Jessica.
La voz me sacó de mis pensamientos.
Parpadeé, volviendo a la realidad.
Estefany estaba a mi lado, observándome con atención.
—¿Estás bien?
Forcé una pequeña sonrisa.
—Sí… estoy bien.
No parecía completamente convencida.
Pero no insistió.
—Necesito que vengas a la oficina.
Fruncí ligeramente el ceño.
—¿Por qué? ¿Pasó algo?
Estefany dudó un segundo.
—Si quieres saber… será mejor que lo oigas tú misma.
Sentí un ligero nudo en el estómago.
Algo en su tono no me gustó.
Asentí en silencio y comencé a seguirla.
Mientras caminábamos por el pasillo, mi mente no dejaba de dar vueltas.
¿Qué habrá pasado ahora…?
......................
Al llegar, noté que varias personas estaban reunidas frente a la oficina.
Eran demasiadas… más de las habituales.
Conté rápidamente: alrededor de veinte sobrevivientes.
Algo no estaba bien.
Entré, sintiendo cómo el ambiente pesado me envolvía desde el primer momento.
—¿Qué pasó? —pregunté, mirando a los demás.
Omar fue quien respondió, con esa calma suya que siempre parecía fuera de lugar en momentos como este.
—Necesitamos bajar a la cafetería del primer piso por suministros.
Sus palabras cayeron como una losa.
El silencio fue inmediato.
Nadie reaccionó, pero no hacía falta.
Todos entendíamos lo que significaba.
Durante días habíamos evitado pensar en ello, aferrándonos a la relativa seguridad del cuarto piso, sobreviviendo con lo que quedaba en la cafetería del quinto… pero era solo cuestión de tiempo.
La comida se acabaría.
Y entonces, no habría opción.
Bajar al primer piso no era lo mismo que salir al exterior. No era enfrentarse directamente a las calles infestadas de muertos. A esos cuerpos que ya no eran humanos, que se movían sin propósito… pero que reaccionaban ante cualquier señal de vida.
De hecho… dentro de todo, seguía siendo una opción más segura que aventurarse afuera, donde la ciudad entera estaba perdida.
Pero aun así…
seguía siendo peligroso.
Porque implicaba acercarnos a ellos.
A ese silencio roto solo por pasos arrastrados y gruñidos lejanos.
Era exponernos.
Era arriesgarlo todo.
Enrique dio un paso al frente, como siempre, tomando la iniciativa.
—Si logramos asegurar las escaleras de emergencia, podríamos bajar con cuidado, llegar a la cafetería y traer suministros sin exponernos demasiado.
Lo miré por un instante.
Su voz seguía siendo firme, segura… pero esta vez, incluso él parecía medir cada palabra.
Una risa baja rompió el momento.
Logan.
—Buena suerte atravesando a esos muertos —dijo con evidente burla—. Porque si bajan… la puerta se cierra detrás de ustedes.
Un escalofrío me recorrió el cuerpo.
No lo decía como una advertencia.
Lo decía como una decisión ya tomada.
Stefany suspiró, cruzándose de brazos.
—Aunque no me guste, esta vez estoy de acuerdo con Logan. Nadie aquí está dispuesto a arriesgar su vida bajando hasta el primer piso.
Miré alrededor.
Nadie levantaba la mirada.
Nadie hablaba.
Algunos evitaban el contacto visual, otros simplemente se quedaban inmóviles, como si no existieran.
El miedo estaba en todos… silencioso, pero evidente.
Apreté ligeramente las manos.
Es evidente que nadie quiere bajar...
todos tenemos miedo.
No pude quedarme callada.
—Pero si no bajamos… todos vamos a morir de hambre.
Mi voz sonó más firme de lo que esperaba.
Algunos levantaron la mirada.
Otros evitaron la mía.
Otros fruncieron el ceño.
Pero nadie lo negó.
Porque era verdad.
Y eso lo hacía aún peor.
El aire se volvió más denso, como si de repente respirar costara un poco más. La seguridad que creíamos tener empezaba a desmoronarse, revelando lo frágil que siempre había sido.
Aún así... la decisión flotaba entre nosotros, esperando a que alguien tuviera el valor de tomarla.
Porque, al final…
aunque bajar fuera más seguro que salir a las calles…
seguía siendo un riesgo.
Y alguien tenía que asumirlo.
absurdo pelearle a la mujer que básicamente se salvó sola de morir en último minuto.
😒😒
en fin, se creen que la mujer es de hierro.
que goze hasta que se transforme otra vez
es que tonsentia que iba a estar con Jackson alias dos
bello
autora aaaaa necesitamos más capitulos, en qué altar te ponemos ? 🤣🤣🤣
cómo me dejas con semejante evento 🤩🤩🤩🤩🤩
necesito más capitulos esto está intensoooo