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SOMBRAS DE AETHELGARD

SOMBRAS DE AETHELGARD

Status: Terminada
Genre:Amante arrepentido / Amor prohibido / Amor-odio / Completas
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

Completa
SOMBRAS DE AETHELGARDEn el corazón de Aethelgard, los secretos pesan más que las coronas.

Isolde tiene solo diecisiete años, ojos del color del cielo y una fragilidad que parece quebrarse con el viento. Criada para obedecer, es entregada como un trofeo al hombre más temido del reino: Alaric "El Carnicero". Un gigante de casi dos metros con mirada de asesino y manos acostumbradas a la sangre. Todos dicen que es un monstruo, un mujeriego sin alma, y el miedo de Isolde es tan real como el frío de las paredes del castillo.

Pero tras los muros de su habitación, la realidad es otra. Mientras Isolde intenta demostrar que ya es una mujer y exige el lugar que le corresponde en su cama, Alaric la rechaza con una brutalidad que la deja sin aliento. La sujeta con manos de hierro, la maltrata con palabras cortantes y la mantiene a una distancia que ella no comprende. Él la ve como una niña; ella lo ve como su dueño.

NovelToon tiene autorización de mailyn rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14: El Asedio de las Nieves

El rugido de los cuernos de guerra de la corona resonó en el valle, rebotando en las paredes de hielo de la Fortaleza de Hierro. No era un solo ejército; Valerius había traído consigo a los mercenarios de las Tierras Bajas, hombres sin honor que solo buscaban oro y sangre.

Alaric estaba en lo alto de la muralla, con su capa de piel de oso ondeando al viento gélido. Su cara de malo estaba grabada en piedra. A su lado, Cédric preparaba las breas hirviendo.

—Son más de los que esperábamos —dijo Cédric, limpiándose el sudor a pesar del frío.

—Mejor —respondió Alaric, su voz era un trueno bajo—. Así no tendré que buscarlos por todo el bosque. Los mataré a todos aquí mismo.

Abajo, en el patio, Isolde no se había quedado en la habitación. Desobedeciendo de nuevo, se había puesto una armadura ligera sobre su vestido burdeos y ayudaba a Genevieve a organizar a las mujeres para suministrar flechas y agua a los hombres. Sus ojos azules buscaban constantemente la figura masiva de Alaric en las almenas. Sabía que él la mataría por estar allí, pero ya no podía quedarse encerrada mientras él arriesgaba su vida.

De repente, la primera catapulta de Valerius disparó. Una bola de fuego surcó el cielo gris, impactando contra la torre este de la fortaleza. El suelo tembló bajo los pies de Isolde.

—¡A cubierto! —gritó Genevieve, empujando a Isolde hacia el arco de piedra.

Desde la muralla, Alaric vio el impacto cerca de donde estaba su esposa. Su corazón, ese órgano que él juraba que era de piedra, dio un vuelco violento. Se giró hacia el patio y vio a Isolde. La furia que sintió fue mayor que la que sentía por el enemigo.

—¡TRAIGAN A LA DUQUESA AQUÍ! —rugió Alaric a sus guardias personales.

Dos minutos después, Isolde era arrastrada escaleras arriba hacia el puesto de mando de Alaric. Él la esperaba con la espada desenvainada, manchada ya de la sangre de un explorador que había intentado escalar el muro.

Cuando la tuvo enfrente, Alaric la agarró por la pechera de su armadura ligera, levantándola casi del suelo. Su mirada café era puro fuego asesino.

—¿Qué parte de "quédate en tu habitación" no entendiste, Isolde? —le siseó, su barba rozando la nariz de ella. El olor a pólvora y sangre lo envolvía—. ¡Te van a matar y yo no voy a poder detenerlo si estás aquí abajo jugando a ser soldado!

—¡No estoy jugando! —le gritó ella, clavándole los dedos en sus brazos de acero—. ¡Si tú mueres, yo muero de todas formas! ¡Prefiero morir peleando a tu lado que esperando a que Valerius entre a mi cuarto!

Alaric la miró, y por un segundo, la admiración le ganó a la furia. Su "niña de oro" se estaba transformando en una loba. Sin decir una palabra, la soltó bruscamente y la jaló hacia la seguridad de la torre de mando, detrás de los gruesos muros.

—Te quedas aquí. Si un solo hombre cruza esa puerta, usas esto —le dijo, dándole una daga con el mango de hueso.

Se giró para volver al combate, pero Isolde lo agarró del brazo.

—Alaric... vuelve.

Él no respondió con palabras. Se giró, la agarró de la nuca con su mano gigante y la besó con una brutalidad que le supo a despedida. Un beso hambriento, sucio, cargado de la adrenalina de la muerte que los rodeaba.

—Nadie toca lo que es mío —fue lo último que dijo antes de lanzarse de nuevo a la muralla.

La batalla duró horas. Valerius no atacaba frontalmente; enviaba oleadas de mercenarios para agotar a los defensores. Alaric era una máquina de matar. Su espada pesada cortaba miembros y cabezas como si fueran de paja. Su metro noventa y cinco de pura fuerza era lo único que mantenía el portón principal cerrado.

Pero en medio del caos, Isolde vio algo que nadie más notó desde su posición elevada en la torre.

Un grupo de hombres de Valerius, usando cuerdas de seda negra, estaban escalando la pared ciega de la fortaleza, justo por debajo de los aposentos ducales. Iban por el secreto de Alaric. Iban por ella.

Isolde miró la daga de hueso en su mano. Su respiración se aceleró.

Aquí empieza el verdadero cambio de Isolde. Ya no podía esperar a que Alaric la salvara.

1
Helizahira Cohen
voy a empezar esta, lei tu primera novela entre Mareas muy bonita
Nelida Fuenteseca
Bastante caprichosita!!!
b zamitiz
🙂
Alexandra Ortiz Posada
Buen comienzo, gracias por compartir tu talento, bendiciones
mailyn rodriguez
Hola querido lector! tu opinión es muy importante para mi. gracias.
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