Una élite de valientes mujeres soldados deberá enfrentar al crimen organizado que intentará matarlas para evitar ser descubiertos. Todo iniciará cuando una capitana del ejército es asesinada de un certero balazo disparado por un francotirador y el misterioso crimen destapa una poderosa mafia que intenta robar las ojivas nucleares que se almacenan en el cuartel, según descubre una chica policía designaba a resolver el extraño homicidio. Ella descubrirá además que esa despiadada mafia involucra a los altos mandos militares quienes a su vez, están vinculados sentimentalmente, entre ellos, complicando aún más las investigaciones. La mujer policía deberá desarticular la mafia y salvar el honor de la división blindada femenina "Las lobas" que maneja los poderosos tanques del ejército. Ellas se verán implicadas en el robo de las ojivas nucleares y de otras armas que son sustraídas sistemáticamente de los hangares militares. Paralelamente la mujer policía deberá definir su vida sentimental, pues su novio es un tipo muy violento, metido siempre en problemas extremadamente celoso y prepotente, y entre otros hombres que la pretenden. Traición, venganza, acción, suspenso, mucho amor, humor y romance se barajan en ésta emocionante historia, "Crimen en el ejército" que atrapará al lector de principio a fin.
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Capítulo 1
-¡Pum!
Nadie escuchó el disparo. En ese mismo instante que explotaba el balazo, también estallaba el bombazo de un tanque alcanzando una casamata haciéndola volar por los aires, astillándola igual a las cáscaras de una calabaza.
La bala le atinó, exacto en la cabeza de la capitana Helen Marcus. Ella miraba con los binoculares el movimiento de los tanques, desplazándose por los arenales, atacando lo que se suponía eran las posiciones enemigas, formada por varias casuchas de palos, tablas y plásticos. De acuerdo al ensayo dispuesto por los mandos, los blindados debían hacer movimiento en pinzas y abatir a los enemigos con sucesivos disparos de sus cañones hasta reducirlos en añicos.
Marcus apenas sintió algo. La bala le dio en la sien y en ese milésimo de segundo, ella percibió un pinchazo igual a un pellizco que le picaba cerca a la ceja pero que se abría paso entre sus sesos, machacando todo lo que encontraba a su avance, y fue entonces que, de repente, su cráneo reventó igualito a la bomba que hizo saltar hecha astillas la supuesta casucha enemiga.
La capitana se desplomó igual a una paloma herida, derrumbándose a la arena, sumergida en la oscuridad, con un horrible pitido metido entre los oídos y sus piernas convertidas en alambres, retorciéndose, sin poder sostenerla alzada más tiempo. Ella quedó tendida en los arenales, en medio de un gran charco de sangre, con la cara mirando al cielo, mientras su corazón dejaba de latir lentamente, hasta silenciar su redoble y sumirla en la nada.
Lejos, otro tanque le atinaba a otra casucha más, reduciéndola también a un montón de escombros y de palos chamuscados.
*****
Llegué temprano a la comandancia. Debía resolver el caso de un crimen pasional en un mercado de los suburbios de la ciudad que había conmovido a la opinión pública: un comerciante de frutas fue encontrado muerto a martillazos en su puesto de venta, tumbado entre las javas de manzanas, naranjas y racimos de uvas, con un papel pegado en la nariz con cita adhesiva que decía "así mueren los que seducen mujeres casadas".
Una vendedora de verduras, Carmen Berger, había encontrado el cuerpo del tipo con el cráneo destrozado y dio aviso, de inmediato a los vigilantes. Ahora yo tenía en manos ese caso que, ya les digo, había despertado el interés de los medios impresos y del internet. Las noticias repetían todo el día sobre el horrendo crimen, habían grandes titulares en las webs y en los diarios y había una presión intensa de la opinión pública.
Era obvio que al pobre tipo lo mató algún marido celoso y yo quería interrogar, cuanto antes, a los compañeros de trabajo del infortunado vendedor, incluso especulaba que el criminal debía ser uno de ellos, cuando me llamó el coronel Harrys. -¡¡¡Capitana Smith!!!-, su vozarrón atronó las paredes de la comandancia.
-Mejor te apuras, Fabiola, que el ogro está de malhumor-, me advirtió irónica la teniente Nancy Hood, mi secretaria y adjunta.
Mi relación con Harrys era muy mala. Él me quería fuera de la comandancia desde hacía tiempo. Él decía que yo era rebelde, malgeniada, protestona y que lo desobedecía siempre. Era cierto en realidad. Harrys me caía mal porque era prepotente, se pensaba todopoderoso y que siempre tenía la razón en todo y por eso discutíamos siempre y yo le daba la contra en lo que podía, ni siquiera lo saludaba y lo miraba despectiva. Entonces él me tenía mucha tirria y animadversión.
Arreglé mis pelos, me acomodé la chamarra y fui a la oficina de Harrys. Lo encontré mirando su ordenador, con el rostro ajado, la boca fruncida y ciertamente de malhumor, como me había advertido Nancy.
-¿Qué hay del crimen pasional en el mercado?-, me dijo tosiendo, raspando las palabras, masticando su enfado.
-Estoy en eso, coronel, me aprestaba a entrevistar a los compañeros de trabajo del vendedor muerto-, le contesté también fastidiada. Ya les digo, ese tipo me revolvía las tripas.
-Acaba de ocurrir un crimen en un batallón del ejército, un francotirador mató a una capitana, le voló la cabeza de un disparo, es un tema delicado, Smith, quiero que te encargues de eso, también-, me ordenó sin mirarme.
-¿El ejército?-, me rasqué los pelos desconcertada. No entendía qué es lo que estaba pasando. Nosotros no podíamos tener ninguna injerencia con los militares.
-Sí, en la décima división blindada, manejan tanques o algo así, eso es lo de menos-, recién Harrys me miró a los ojos. Tenía las pupilas incendiadas. Quería estrangularme. Yo le era demasiado antipática y me deseaba muerta.
-Pero ellos tienen su propia policía militar-, estaba yo incrédula.
-Sí, pero ha ocurrido un homicidio, capitana, y eso nos corresponde a nosotros. Vaya de inmediato a los arenales, donde los soldados hacen sus ejercicios tácticos, allá la esperan los agentes de la policía militar para que le den todos los detalles del crimen, ellos ya han acordonado el lugar, incluso aún está el cadáver de esa mujer y nadie ha tocado nada, esperando por usted-, me subrayó y me hizo un gesto despectivo para que me fuera.
-Llamaré a los peritos forenses-, le dije, pero Harrys ni volvió a mirar ni me contestó. Furiosa me di vuelta y me marché sin despedirme, incluso le di un portazo a su oficina.
A Nancy le dio risa verme regresar renegando, dando bufidos, muy iracunda y fastidiada. -¿Qué sabes de la décima división blindada?-, le pregunté a Nancy mientras me ponía mi cartuchera, colgaba mi placa y rastrillaba mi pistola.
-Es una división de élite del ejército, capitana- me contó.
-¿Qué más?-, me interesé.
-Cuenta con diez unidades y una de sus columnas está formada por mujeres, ellas manejan su propia formación de tanques-, me informó.
-¿Mujeres?-, me puse un chupetín de limón en la boca. ¡¡¡Me encantan los caramelos!!! Puedo estar todo el día saboreando un chupetín, sobre todo los de limón que me fascinan, me relajan y me hacen sentir súper bien.
-Así es-, estaba también sorprendida, Nancy.
-Llama a los forenses que se dirijan de inmediato al lugar del crimen-, le ordené.