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Los Protegeré

Los Protegeré

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Mundo mágico / Venganza
Popularitas:364
Nilai: 5
nombre de autor: Leandro Martin Diaz

En un pequeño orfanato una niña no sabe que será una de los pocos sobrevivientes y quién era como su madre da la vida par aque ellos puedan escapar.
Decidida y con una promesa echa a la lus de luna, jura proteger a quienes sobrevivieron y a los que la necesiten.

NovelToon tiene autorización de Leandro Martin Diaz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19: Fuera De Control

El bosque seguía temblando.

Una nueva explosión había sacudido los árboles y obligando a Darven, Rian, Bel y Mara a cubrirse durante unos segundos.

Cuando el polvo comenzó a dispersarse, Darven fue el primero en avanzar.

El pequeño zorro de agua había desaparecido entre la vegetación, pero ya no necesitaban seguirlo, la presencia de Elia era imposible de ignorar.

—Está ahí.

Dijo Mara.

Darven asintió y apartó una rama.

Al otro lado apareció el claro.

Durante unos segundos ninguno de los cuatro dijo nada.

El suelo estaba cubierto de agua, algunas zonas ardían todavía y varios árboles habían quedado partidos por los ataques.

En medio de aquel caos se encontraba Elia, sosteniendo su espada con una mano mientras una segunda hoja formada de agua flotaba junto a ella.

Varias pequeñas criaturas mágicas se movían alrededor de su cuerpo, algunas con forma de lobos y otras semejantes a aves, todas creadas con agua y mantenidas mediante una cantidad de mana que parecía aumentar constantemente.

Frente a ella estaban los dos encapuchados.

Uno tenía varias marcas en su ropa y respiraba con dificultad.

El otro había perdido parte de su capa y sostenía su arma con ambas manos.

Darven dio un paso.

—Elia.

La niña no respondió, sus ojos continuaban completamente blancos.

Mara levantó una mano para detener a los demás.

—Espera.

—Tenemos que ayudarla.

—Sí, pero no podemos entrar sin pensar.

Una criatura de agua pasó frente a ellos y se lanzó contra uno de los encapuchados.

El hombre la destruyó con un movimiento de su arma, pero antes de que pudiera recuperarse, Elia apareció delante de él.

La espada de agua chocó contra su defensa.

El hombre retrocedió, pero Elia avanzó inmediatamente.

Golpeó con la espada.

Después con la segunda.

El encapuchado bloqueó el primer ataque, desvió el segundo y trató de responder, pero Elia se agachó y utilizó una corriente de viento para impulsarse hacia atrás.

En el mismo movimiento lanzó varias flechas de agua, el enemigo creó una barrera y las flechas golpearon una tras otra.

La defensa resistió, pero comenzó a llenarse de grietas.

—¡¿Qué clase de niña es esta?!

Exclamó.

El segundo encapuchado apareció por un costado.

—¡Déjala conmigo!

Lanzó una esfera de fuego, Elia giró y una pared de agua apareció delante de ella.

La explosión convirtió parte del claro en una nube de vapor.

Darven aprovechó el momento para avanzar.

—¡Elia, somos nosotros!

La niña giró la cabeza.

Por una fracción de segundo, sus ojos parecieron recuperar algo de su color.

—Dar...

La palabra apenas salió de sus labios.

Entonces uno de los encapuchados volvió a hablar.

—¿Todavía recuerdas a aquella mujer?

Elia se quedó inmóvil.

Darven sintió que algo cambiaba.

—No le hagas caso.

El hombre sonrió.

—La que intentó salvarlos.

Elia apretó la espada.

—Cállate.

—Murió creyendo que los niños estarían seguros.

Mara dio un paso.

—¡Basta!

El encapuchado soltó una risa.

—¿Por qué? ¿Acaso no quieres que la niña recuerde?

Elia bajó la cabeza, el agua que cubría el suelo comenzó a levantarse lentamente.

Rian observó el fenómeno.

—Su mana está aumentando otra vez.

Bel tragó saliva.

—Pero ya estaba al límite.

—No.

Respondió Mara.

—Ese no era su límite.

Elia levantó lentamente la mirada.

Las criaturas de agua que la rodeaban comenzaron a cambiar de forma. Algunas crecieron, otras adquirieron garras y colmillos, mientras nuevas figuras aparecían detrás de ella.

El fuego comenzó a reunirse alrededor de sus brazos y pequeñas descargas eléctricas atravesaron sus piernas.

Darven apretó la empuñadura.

—Tenemos que detenerla antes de que se haga daño.

Mara negó con la cabeza.

—No podemos enfrentarnos a ella ahora.

—Entonces, ¿qué hacemos?

Mara observó a Elia durante unos segundos.

—Esperamos el momento adecuado.

Elia levantó la espada.

El encapuchado que había hablado de Mara volvió a adoptar una postura de combate.

—Ven.

Elia desapareció y el impacto llegó un instante después.

El encapuchado consiguió bloquear el primer golpe, pero Elia apareció a su lado y lo golpeó con una esfera de fuego a corta distancia.

El hombre salió despedido y atravesó una parte de la vegetación.

El segundo enemigo atacó desde atrás.

Una criatura de agua se interpuso.

El golpe la destruyó, pero otra ocupó su lugar inmediatamente.

Después una tercera.

El hombre comenzó a retroceder.

—Esto es absurdo.

Elia apareció frente a él.

Su espada chocó contra la suya, el impacto levantó agua y polvo.

Ambos empujaron.

El encapuchado utilizó toda su fuerza.

Elia no retrocedió.

El fuego comenzó a cubrir la hoja de su espada.

El hombre abrió los ojos.

—No puede ser...

Elia descargó el golpe, la barrera que protegía al encapuchado se quebró.

Salió despedido y rodó por el suelo.

Darven dio otro paso.

—Elia, basta.

Esta vez ella lo escuchó.

Giró lentamente.

Durante un instante, Darven pudo ver que debajo de aquella furia todavía estaba la niña que conocía.

—No quiero...

Su voz tembló.

—No quiero que vuelvan a hacerle daño a nadie.

Darven bajó un poco la espada.

—Entonces déjanos ayudarte.

Elia pareció dudar.

Pero detrás de ella, uno de los encapuchados volvió a levantarse.

—Qué conmovedor.

Elia cerró los ojos y el hombre sonrió.

—Pero todavía no has terminado de vengarla.

La expresión de Elia cambió, el agua comenzó a elevarse a su alrededor, el fuego se volvió más intenso y, los relámpagos descendieron desde las nubes y golpearon el suelo cerca de ella.

Mara Veyra comprendió que la situación acababa de cambiar nuevamente.

—Todos atrás.

Darven obedeció.

Elia abrió los ojos, pero seguían completamente blancos y esta vez cuando levantó la espada, durante un instante, nadie se movió.

El agua suspendida a su alrededor comenzó a girar con mayor velocidad mientras pequeñas llamas aparecían entre las corrientes y varios relámpagos descendían. El suelo bajo sus pies se agrietó ligeramente por la presión de su mana.

Darven observó la escena con preocupación.

—Elia...

Ella no respondió, su respiración no era normal y sus manos temblaban alrededor de la empuñadura, pero no parecía dispuesta a bajar el arma.

Uno de los encapuchados fue el primero en moverse, extendió ambas manos y una enorme cantidad de energía se concentró frente a él hasta formar varias lanzas oscuras.

—Veamos cuánto puedes soportar.

Las lanzó todas al mismo tiempo, Elia reaccionó por instinto.

Una pared de agua apareció frente a ella, pero las primeras lanzas atravesaron la defensa, Elia giró sobre y creó una corriente de viento que desvió las restantes.

Varias pasaron junto a Darven y los demás, obligándolos a apartarse.

—¡Cuidado!

Gritó Darven.

Elia ya se había movido.

Su cuerpo salió disparado hacia el enemigo mientras una corriente de fuego envolvía la espada.

El encapuchado levantó una barrera y recibió el impacto de frente, la defensa resistió el primer golpe, pero Elia volvió a atacar inmediatamente desde otro ángulo.

El hombre bloqueó, ella giró y golpeó nuevamente.

Esta vez la barrera se quebró.

El encapuchado retrocedió y creó una esfera de energía que explotó entre ambos, Elia salió despedida pero antes de caer utilizó una corriente de agua para amortiguar el movimiento y volvió a ponerse de pie.

Rian observó sorprendido.

—Está usando el agua para moverse.

Mara asintió.

—Su cuerpo está reaccionando solo.

El segundo encapuchado apareció detrás de Elia, Darven intentó advertirle.

—¡Detrás de ti!

Elia se agachó justo antes de que la espada pasara sobre su cabeza, giró sobre el suelo y lanzó una descarga eléctrica desde la palma de su mano.

El enemigo levantó una defensa, pero el rayo la atravesó parcialmente y lo obligó a retroceder.

Elia no esperó, creó dos pequeñas criaturas de agua y las lanzó hacia él.

La primera adoptó la forma de un lobo la segunda, de un ave.

Ambas se movieron por su cuenta y atacaron desde direcciones diferentes.

El encapuchado destruyó al lobo.

El ave se convirtió en una corriente de agua que envolvió su brazo.

Elia aprovechó la abertura, una flecha de fuego salió disparada y explotó contra su defensa.

El hombre salió despedido.

—¡Maldita sea!

Elia caminó hacia él y su respiración era cada vez más pesada.

Darven lo notó.

—Está cansándose.

Bel miró la enorme cantidad de mana que seguía rodeándola.

—Pero parece que su poder aumenta.

—Ese es el problema.

Respondió Mara Veyra.

—Está gastando más de lo que debería y aun así sigue acumulando energía.

Elia levantó la mano.

Una pequeña esfera de agua apareció sobre su palma.

Después otra.

Y otra.

Las tres comenzaron a girar.

Elia las comprimió hasta convertirlas en proyectiles extremadamente densos.

El primer encapuchado abrió los ojos.

—¡Cúbrete!

El segundo levantó una barrera, Elia lanzó las tres esferas.

La primera golpeó.

La segunda llegó inmediatamente después.

La tercera atravesó la defensa y la explosión levantó una enorme nube de vapor.

Los dos enemigos desaparecieron detrás de ella.

Elia respiró profundamente.

Por un momento pareció que iba a caer.

Darven avanzó.

—Ahora.

Pero Mara lo sujetó del brazo.

—Espera.

—Está agotada.

—Precisamente por eso.

Elia apoyó una mano sobre la espada para mantenerse de pie.

Su visión comenzó a nublarse y por un instante volvió a ver a Mara.

No a la mujer que había desaparecido aquella noche, sino a la persona que recordaba de sus días tranquilos.

Mara sonriendo, preparando comida, diciéndole que no corriera por los pasillos.

Elia parpadeó y la imagen desapareció.

—Mara...

Su voz salió apenas como un susurro.

Uno de los encapuchados salió de la nube de vapor.

Tenía varias marcas en la ropa, pero seguía de pie.

—¿Todavía piensas en ella?

Elia levantó lentamente la cabeza.

—Sí.

El hombre sonrió.

—Entonces recuerda cómo terminó.

El mana de Elia volvió a aumentar y Darven abrió los ojos.

—Otra vez no...

El aire comenzó a girar alrededor de ella.

Las llamas se elevaron, el agua del suelo comenzó a levantarse en grandes columnas.

Los relámpagos iluminaron el cielo.

El segundo encapuchado salió detrás del primero y ambos se colocaron juntos.

—Parece que finalmente está perdiendo el control por completo.

—Entonces acabemos con ella.

Los dos reunieron su mana y una enorme esfera oscura comenzó a formarse entre ellos.

Darven dio un paso.

—No podemos dejar que la ataquen.

Mara desenvainó su arma.

—Ahora sí.

Rian y Bel se colocaron junto a ellos.

—¿Entramos?

Preguntó Bel.

Mara miró a Elia.

—No directamente.

—¿Entonces?

—Primero detenemos ese ataque.

Los cuatro avanzaron.

Al mismo tiempo, los encapuchados terminaron de concentrar su magia.

La esfera creció hasta ocupar casi todo el espacio entre los árboles.

Elia levantó la espada.

El fuego comenzó a envolver la hoja, el agua giró alrededor de su cuerpo.

Los relámpagos descendieron y se mezclaron con su mana.

El mana seguía aumentando.

Y en la distancia, otra explosión sacudió el bosque.

Darven miró brevemente hacia el cielo.

—Orven todavía está luchando.

Mara volvió a fijar la mirada en Elia.

—Entonces nosotros tenemos que terminar esto antes de que llegue otra explosión.

Los encapuchados lanzaron su ataque, Elia avanzó al mismo tiempo.

Los cuatro aventureros corrieron detrás de ella.

Y el claro entero quedó cubierto por una mezcla de oscuridad, fuego, agua y relámpagos cuando las dos fuerzas chocaron.

La esfera de energía oscura chocó contra la magia de Elia y durante un instante el claro entero desapareció detrás de una luz cegadora.

El agua que cubría el suelo se levantó como una ola, las llamas se extendieron entre los árboles y varios relámpagos atravesaron la nube de humo.

Darven, Mara, Rian y Bel tuvieron que clavar los pies en la tierra para resistir la onda expansiva.

Elia permanecía en el centro del impacto.

Su espada temblaba entre sus manos mientras intentaba contener la fuerza que tenía delante.

El fuego que la rodeaba comenzaba a apagarse, pero ella volvió a concentrar mana.

—No...

Su voz apenas se escuchó entre el estruendo y los dos encapuchados aumentaron la presión.

—¡Cae de una vez!

Elia levantó la mirada.

Por un instante volvió la imagen de Mara sentada junto a ella, arreglando el vestido de Pipa mientras le explicaba que algún día tendría que aprender a coser por sí misma.

Después apareció otro recuerdo, Mara cocinando mientras Elia intentaba ayudar y terminaba llenando la mesa de harina.

Entonces llegó un último recuerdo.

El fuego, los monstruos y Mara empujándola hacia los otros niños.

—Corre.

Elia cerró los ojos.

La esfera seguía empujándola hacia atrás.

—No quiero volver a perder a nadie.

Su voz salió temblorosa y el mana alrededor de su cuerpo aumentó, Darven la escuchó.

—¡Elia!

Ella abrió los ojos.

—No quiero...

Una corriente de agua comenzó a levantarse detrás de ella.

—...que vuelva a pasar.

Elia clavó la espada en el suelo.

El agua se extendió por el claro y comenzó a formar un enorme círculo alrededor de los encapuchados.

Mara comprendió inmediatamente lo que estaba intentando hacer.

—Darven, necesito que me cubras.

—Entendido.

Darven salió disparado hacia el primer enemigo, el encapuchado intentó detenerlo, pero Darven no buscó vencerlo.

Su objetivo era obligarlo a moverse hacia el lugar exacto que necesitaban.

Rian comprendió la maniobra.

Se colocó al otro lado y lanzó varios proyectiles contra el suelo, cerrando las posibles rutas de escape.

—¡Por aquí no!

Bel apareció frente al segundo encapuchado y bloqueó su avance.

—Intenta pasar.

El enemigo atacó.

Bel recibió el golpe sobre su arma y retrocedió varios metros, pero mantuvo la posición.

—Eso es todo lo que tienes.

El encapuchado volvió a atacar.

Bel volvió a bloquear.

Mientras tanto, Mara Veyra corrió hasta el borde del círculo de agua.

Clavó su arma en el suelo.

—¡Ahora!

Una corriente de energía recorrió el terreno.

El agua que rodeaba a los enemigos se elevó formando una barrera circular.

Los dos encapuchados quedaron atrapados dentro.

—¡¿Qué están haciendo?!

Gritó uno.

Darven sonrió.

—Dándole una oportunidad.

El primer enemigo golpeó la barrera, no consiguió romperla.

Volvió a intentarlo.

La superficie se agrietó, pero Rian lanzó inmediatamente un hechizo que la reparó.

—¡No la dejes caer!

—¡Estoy en eso!

El segundo encapuchado reunió energía y lanzó una descarga contra Bel.

Bel cruzó su arma delante del cuerpo.

El impacto lo hizo retroceder, pero resistió.

—¡Mara!

Mara entendió la señal.

Levantó una mano.

Una serie de marcas mágicas apareció bajo los pies del enemigo.

El terreno se elevó.

El hombre perdió el equilibrio, Bel aprovechó el instante y golpeó su arma, desviándola.

—¡Ahora, Elia!

La niña seguía en el centro del claro.

Había escuchado todo.

Por primera vez desde que había comenzado la batalla, no estaba completamente sola.

Darven estaba manteniendo ocupado a uno de los enemigos.

Rian estaba sosteniendo la barrera.

Bel impedía que el otro escapara.

Mara mantenía todo el campo de batalla bajo control.

Elia respiró.

—Gracias...

Fue apenas un susurro.

Después cerró los ojos.

Las palabras de Sira volvieron a su mente.

Control.

No necesitaba liberar todo su poder.

Necesitaba dirigirlo.

La respiración de Elia se volvió más lenta.

El fuego dejó de expandirse, el agua dejó de agitarse y los relámpagos comenzaron a concentrarse alrededor de sus brazos.

Darven lo notó.

—Está cambiando.

Mara miró a Elia.

—Está recuperando el control.

Los encapuchados también se dieron cuenta.

—¡No hay que dejarla concentrarse!

El primero consiguió romper parcialmente la barrera y salió disparado hacia Elia.

Darven se interpuso.

Las espadas chocaron.

El impacto hizo retroceder a ambos.

—Tú no vas a pasar.

El encapuchado lanzó otro golpe.

Darven lo bloqueó.

Luego otro, Darven retrocedió.

Su brazo comenzó a temblar por la fuerza de los impactos, pero siguió resistiendo.

—¡Elia, no mires atrás!

El segundo enemigo consiguió liberarse de la zona de control de Mara y avanzó hacia ella.

Rian lanzó un proyectil, el enemigo lo esquivó y justo Bel apareció por un costado.

—¡Todavía no terminamos!

Su ataque obligó al encapuchado a detenerse.

Mara aprovechó la apertura y lanzó una cadena de energía que atrapó su arma.

—¡Ahora!

Bel tiró con todas sus fuerzas, el arma salió despedida.

El encapuchado quedó desarmado.

Mientras tanto, Darven finalmente consiguió apartar al primero.

—¡Rian!

Rian entendió y sin más lanzó un hechizo al suelo.

Una serie de círculos mágicos apareció bajo los pies del enemigo y una columna de energía lo elevó.

Darven utilizó el instante para golpearlo con el mango de su espada y hacerlo caer nuevamente dentro del círculo de agua.

Los dos encapuchados quedaron separados.

Por primera vez estaban completamente expuestos.

Elia abrió los ojos.

Su mirada seguía siendo intensa, pero ya no parecía perdida.

—Ahora.

Una pequeña esfera de fuego apareció sobre su palma.

Después otra.

Y otra.

No eran grandes, solo densas.

Las tres comenzaron a girar alrededor de ella.

El agua del suelo se elevó en forma de decenas de flechas.

Pequeños relámpagos recorrieron sus brazos.

Mara lo comprendió.

—Todos atrás.

Darven miró a Elia.

—¿Puedes hacerlo?

Elia tardó unos segundos en responder.

—Sí.

Después bajó ligeramente la mirada.

—Pero necesito que no se escapen.

Darven sonrió.

—Eso déjalo en nosotros.

El grupo se movió al mismo tiempo, Darven se colocó frente al primero, Bel cerró el paso por la derecha, Rian levantó una barrera detrás de los enemigos, Mara se situó frente a ellos y preparó su magia.

Los encapuchados intentaron moverse.

No pudieron.

—¡Apártense!

—No.

Respondió Darven.

El primer enemigo lanzó un ataque, Darven lo bloqueó.

Bel interceptó al segundo, Mara cerró las rutas y Rian reforzó la barrera.

Por unos segundos, los cuatro mantuvieron a los enemigos completamente contenidos.

Elia respiró, recordó a Mara.

Su sonrisa.

Su voz.

Los momentos tranquilos.

Las pequeñas cosas que entonces parecían insignificantes y que ahora significaban todo para ella.

También recordó aquella noche.

El miedo.

La pérdida.

Pero esta vez no dejó que esos recuerdos la arrastraran y los convirtió en fuerza.

—Mara...

La espada de Elia comenzó a cubrirse de fuego.

Una segunda hoja apareció en su mano izquierda, formada de agua.

Los relámpagos descendieron desde el cielo y se concentraron alrededor de ambas armas.

Los dos encapuchados intentaron romper la formación.

—¡Ahora!

Gritó Mara.

Darven y Bel golpearon al mismo tiempo.

Los enemigos quedaron inmovilizados durante un instante, Rian cerró la barrera.

Mara concentró su magia y redujo todavía más el espacio disponible.

Elia dio un paso.

Después otro.

El suelo tembló bajo sus pies.

—No están solos.

Murmuró Darven.

Elia lo miró.

—Yo tampoco.

Entonces desapareció.

Apareció frente a los dos encapuchados.

La primera espada golpeó la defensa del enemigo de la izquierda.

La segunda impactó contra la del otro.

Fuego, agua y electricidad se mezclaron en un único instante.

Las defensas comenzaron a quebrarse, los enemigos intentaron resistir.

El grupo mantuvo sus posiciones, nadie cedió.

Elia apretó ambas espadas y todo el mana que había conseguido controlar comenzó a reunirse alrededor de ella.

El claro entero quedó cubierto por una intensa luz.

Mara levantó la voz.

—¡Elia, ahora!

La niña dio el último paso.

Y toda la energía acumulada comenzó a concentrarse en sus dos espadas.

Elia dio el último paso.

Las dos espadas brillaron al mismo tiempo.

La de fuego ardía con una intensidad que iluminaba todo el claro, mientras la de agua parecía contener pequeños relámpagos en su interior.

El mana que había acumulado durante la batalla recorría su cuerpo como una corriente demasiado poderosa para alguien de su edad.

Los dos encapuchados intentaron resistir.

El primero levantó una barrera oscura.

El segundo creó otra detrás de ella.

—¡No pasarás!

Elia no dijo nada, Darven mantuvo su posición.

—¡Ahora, Elia!

Bel golpeó el suelo con su arma y una onda de energía hizo perder el equilibrio al segundo enemigo.

—¡No dejes que se mueva!

Rian reforzó la barrera que cerraba el claro.

—¡Ya casi!

Mara extendió ambas manos y las corrientes de agua que rodeaban a los enemigos se cerraron sobre sus piernas.

—¡Los tenemos!

Elia respiró.

Durante un instante volvió a recordar a Mara.

No recordó la noche de su muerte.

Recordó algo mucho más acogedor, alegre.

Una tarde tranquila.

Mara sentada junto a una ventana y a ella misma intentando peinar a Pipa.

La muñeca terminando con el cabello completamente desordenado.

Mara riéndose y ella también había reído.

Y comprendió algo.

No quería seguir luchando solamente porque estaba enfadada.

Quería proteger aquello que Mara había dejado atrás.

Los niños, la Casa de los Puentes, las personas que ahora estaban a su lado.

Elia abrió los ojos y aunque la furia seguía allí.

Ya no era lo único que había dentro de ella.

—No voy a dejar que vuelvan a hacer esto.

Sus dos espadas se cruzaron.

Agua.

Fuego.

Rayo.

Las tres magias se unieron.

Uno de los encapuchados intentó romper la defensa de Darven.

—¡Muévete!

Darven apretó los dientes.

—No.

El golpe chocó contra su espada.

Darven retrocedió.

Un paso.

Después otro.

Pero no cayó.

—¡Rian!

—¡Listo!

Una barrera apareció detrás del enemigo y Bel golpeó desde el costado.

El hombre perdió el equilibrio, Mara cerró la corriente de agua alrededor de sus piernas.

Por un instante quedó completamente inmóvil.

El otro encapuchado intentó ayudarlo, pero Bel se interpuso.

—Ni lo sueñes.

El enemigo levantó la mano y una descarga oscura salió disparada.

Bel cruzó los brazos, la recibió de frente y retrocedió varios metros.

—¡Bel!

Rian lanzó un hechizo que desvió parte del ataque, Mara aprovechó la abertura y golpeó el suelo.

Una columna de agua salio debajo del enemigo y lo lanzó hacia arriba.

El hombre cayó justo delante de Elia, oa niña levantó la espada.

Sus ojos brillaron.

—Ahora.

Elia desapareció.

No fue simplemente velocidad, utilizó el agua bajo sus pies para impulsarse y una descarga eléctrica recorrió sus piernas.

Apareció detrás del primer enemigo, la espada de fuego descendió y la barrera oscura se quebró.

El impacto lanzó al hombre hacia adelante.

Antes de que pudiera recuperar el equilibrio, Elia ya estaba frente al segundo.

La espada de agua golpeó su defensa.

Una vez.

La barrera resistió.

Segunda vez.

Aparecieron grietas.

Pero a la tercera se rompió.

El enemigo salió despedido y los dos encapuchados quedaron separados.

Elia se detuvo en medio del claro.

Su respiración era cada vez más pesada.

Darven la miró.

—Elia...

Ella levantó ambas manos.

Las espadas comenzaron a desaparecer.

Durante un segundo pareció que ya no podía mantenerse en pie.

Pero entonces toda el agua del claro se elevó.

Las llamas que todavía ardían entre los árboles comenzaron a desplazarse hacia ella.

Los relámpagos volvieron a caer desde el cielo.

Los tres elementos comenzaron a girar alrededor de su cuerpo.

Mara abrió los ojos.

—Está reuniendo todo lo que le queda.

Rian miró a Darven.

—¿Puede soportarlo?

Darven observó a Elia.

—No lo sé.

Elia tampoco lo sabía pero había decidido hacerlo.

Los encapuchados intentaron levantarse y uno apenas consiguió apoyar una rodilla.

—Esto... no puede estar pasando...

El otro miró a Elia y por primera vez ya no había burla en su rostro.

Había miedo.

—¿Qué eres?

Elia no contestó.

Recordó a Mara.

Recordó a los niños.

Recordó la Casa de los Puentes.

Recordó a Darven, Rian, Bel y Mara luchando a su lado.

Entonces comprendió que no necesitaba convertirse en un monstruo para vencer a los monstruos.

Solo necesitaba terminar la pelea, Elia levantó ambas manos.

Todo el mana reunido se concentró en un único punto.

El agua tomó la forma de una enorme criatura detrás de ella.

El fuego se convirtió en una corona de llamas alrededor de su cuerpo.

Los relámpagos recorrieron la criatura de agua.

Darven retrocedió.

—Todos atrás.

Mara asintió.

—Ya no podemos hacer más.

Elia cerró los ojos.

Respiró una vez.

Luego otra.

Y recordó las palabras de Sira.

No pierdas el control.

No más fuerza de la necesaria.

Solo la suficiente y Elia abrió los ojos.

—Se acabó.

Las dos espadas desaparecieron.

La criatura detrás de ella avanzó.

Los dos encapuchados asustados levantaron sus últimas defensas.

Elia extendió ambas manos.

La criatura de agua se convirtió en una gigantesca corriente que los envolvió.

El fuego se mezcló con ella, los relámpagos atravesaron la corriente.

Por un instante, todo el claro quedó cubierto por una luz blanca.

El estruendo fue tan fuerte que los árboles se doblaron.

Una onda expansiva atravesó el bosque, Darven clavó una rodilla en el suelo.

Bel protegió a Rian.

Mara Veyra levantó una barrera y después...

Silencio.

La luz desapareció, el agua cayó lentamente.

El fuego se apagó y el humo comenzó a dispersarse.

Los dos encapuchados estaban en el centro del claro.

Sus armas habían desaparecido, sus defensas estaban destruidas y smbos quedaron inmóviles.

Darven se levantó con cuidado.

—¿Terminó?

Mara observó el lugar.

—Sí.

Rian bajó lentamente su mano.

—¿Los derrotó?

Bel respiró profundamente.

—Entre todos.

Darven miró a Elia, la pequeña niña seguía de pie.

Por unos segundos.

Uno.

Dos.

Tres.

Entonces la espada que sostenía cayó al suelo.

Elia miró sus manos y el brillo blanco de sus ojos desapareció poco a poco.

—Mara...

Su voz fue apenas audible.

Después sus piernas dejaron de sostenerla.

Darven corrió hacia ella.

—¡Elia!

La atrapó antes de que golpeara el suelo, Elia estaba inconsciente.

Su respiración era débil pero estable, Veyra se arrodilló junto a ellos y comprobó rápidamente su estado.

—Está bien.

Darven soltó el aire que estaba conteniendo.

—¿Está herida?

—Está agotada. Su cuerpo no podía seguir después de gastar semejante cantidad de mana.

Rian observó el claro.

—¿Cuánto mana utilizó?

Mara negó lentamente.

—No quiero saberlo.

Bel miró hacia los árboles destruidos.

—Tampoco quiero saber qué habría pasado si hubiera seguido aumentando.

Darven miró a Elia y ahora parecía una niña normal.

Pequeña.

Cansada.

Muy diferente de la figura que había estado luchando unos minutos antes.

—Ella no quería parar.

Mara Veyra observó su rostro.

—Sí.

Darven bajó la mirada.

—Pero al final nos escuchó.

Mara sonrió ligeramente.

—Eso fue lo que la salvó.

A lo lejos, una nueva explosión hizo temblar el bosque.

Todos levantaron la cabeza, Darven miró hacia el horizonte.

—Orven.

Mara se puso de pie.

—Su batalla todavía no terminó.

Bel recogió su arma.

Rian miró a Elia.

—¿Y ella?

Darven la sostuvo con cuidado.

—La llevaremos con nosotros.

Mara asintió.

—Entonces vamos, ustedes quédense aquí cuando sea seguro volveremos por ustedes.

Y sin esperar respuesta comenzaron a abandonar el claro.

Pero antes de marcharse, Darven miró una última vez hacia el lugar donde habían caído los dos encapuchados.

Habían ganado.

Pero la batalla de Orven todavía continuaba.

Y en algún lugar del bosque, algo mucho más peligroso estaba a punto de aparecer.

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