Isabella necesita salvar a su familia y Alexander necesita una esposa. La solución parece sencilla: un matrimonio por contrato durante un año.
Solo hay una regla que no pueden romper: no enamorarse.
Pero vivir juntos, compartir secretos y enfrentar enemigos hará que aquello que comenzó como un acuerdo se convierta en algo mucho más real.
¿Podrán cumplir el contrato sin perder el corazón en el intento? 💗
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Capítulo 19 — La llamada de Adrian
El viaje de regreso fue completamente diferente.
Ninguno de los dos habló durante los primeros kilómetros.
Alexander mantenía las manos firmes sobre el volante, pero Isabella podía notar que estaba intentando controlar sus emociones.
Después de ocho años, había escuchado la voz de su hermano.
Adrian estaba vivo.
—Alexander —dijo Isabella finalmente.
—¿Sí?
—¿Cómo te sientes?
Él tardó en responder.
—No lo sé.
—Es tu hermano.
—Precisamente por eso.
Isabella guardó silencio.
Alexander respiró profundamente.
—Durante años pensé que había muerto. Lo busqué por todas partes. Mi familia dejó de hablar de él, pero yo nunca pude aceptar que simplemente hubiera desaparecido.
—Y ahora sabes que está vivo.
—Sí.
—Entonces lo encontraremos.
Alexander la miró brevemente.
—Gracias.
Isabella sonrió.
—No tienes que agradecerme.
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Cuando llegaron a la mansión, encontraron a Mateo esperándolos.
—Tenemos un problema.
Alexander cerró la puerta del automóvil.
—¿Qué ocurrió?
Mateo le entregó una carpeta.
—Revisé la información sobre Valen Holdings.
Alexander comenzó a leer.
—¿Y?
—La empresa no pertenece a Samuel.
Isabella se acercó.
—¿Entonces a quién?
Mateo señaló un documento.
—A una sociedad anónima.
Alexander frunció el ceño.
—¿Quién está detrás?
—Todavía no lo sabemos.
Mateo hizo una pausa.
—Pero encontré algo más.
—¿Qué?
—Hay movimientos de dinero recientes.
Alexander tomó el documento.
—¿Cuándo?
—Hace tres días.
Isabella abrió los ojos.
—¿Tres días?
—Sí.
Alexander revisó las fechas.
—Eso fue después de que encontráramos la fotografía.
Mateo asintió.
—Alguien sabe que están investigando.
Alexander cerró la carpeta.
—Tenemos que descubrir quién es.
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Esa noche, Isabella se encontraba en la biblioteca cuando recibió un mensaje.
Número desconocido.
“No debiste contestar la llamada.”
Su corazón se aceleró.
Llegó otro mensaje.
“Ahora saben que Adrian está vivo.”
Isabella miró alrededor.
No había nadie.
Entonces recibió un tercero.
“Pero todavía no saben por qué desapareció.”
Isabella sintió un escalofrío.
Guardó el teléfono y buscó a Alexander.
Lo encontró en su despacho.
—Tenemos un problema.
Él levantó la mirada.
—¿Qué pasó?
Isabella le mostró los mensajes.
Alexander se puso de pie inmediatamente.
—¿Cuándo los recibiste?
—Hace un minuto.
Él tomó el teléfono.
—No respondas.
—No pensaba hacerlo.
Alexander caminó hacia la ventana.
—Esto confirma que alguien nos está vigilando.
—¿Crees que pueden entrar a la mansión?
—Ya lo hicieron.
Isabella recordó la habitación 17.
—Entonces tenemos que descubrir quién.
Alexander asintió.
En ese momento, el teléfono de él comenzó a sonar.
Era un número desconocido.
Los dos se miraron.
—¿Es Adrian? —preguntó Isabella.
Alexander contestó.
—¿Sí?
No hubo respuesta.
Solo se escuchaba una respiración.
—Adrian, ¿eres tú?
Finalmente, una voz habló.
—No.
Alexander se quedó inmóvil.
Isabella sintió que el corazón le latía con fuerza.
—¿Quién eres? —preguntó Alexander.
—Alguien que sabe lo que ocurrió aquella noche.
—¿Dónde está mi hermano?
—Vivo.
Alexander apretó el teléfono.
—Dime dónde está.
—Todavía no.
—¿Qué quieres?
La voz respondió:
—Que dejes de investigar.
—No.
—Entonces Adrian pagará las consecuencias.
Isabella dio un paso hacia Alexander.
—No le hagas nada.
La persona guardó silencio.
Después respondió:
—Isabella.
Ella se quedó helada.
—¿Cómo sabes mi nombre?
—Sé mucho más de ti de lo que imaginas.
La llamada terminó.
Alexander dejó el teléfono sobre el escritorio.
—Esto se terminó.
Isabella lo miró.
—¿Qué quieres decir?
—Ya no vas a involucrarte.
—No puedes decidir eso.
—Sí puedo.
—Alexander…
—No voy a permitir que te utilicen para llegar hasta mí.
Isabella sostuvo su mirada.
—No voy a abandonarte ahora.
Alexander permaneció en silencio.
—Isabella, esto puede ponerse peor.
—Entonces lo enfrentaremos juntos.
Él la observó durante unos segundos.
Finalmente, su expresión se suavizó.
—Juntos.
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Esa misma noche, en otra parte de la ciudad, Adrian observaba su teléfono.
Había escuchado toda la conversación.
Frente a él había una fotografía antigua de Alexander e Isabella.
Adrian la tomó.
—Perdóname, hermano.
Miró hacia la puerta.
—Todavía no puedo volver.
Alguien entró en la habitación.
Adrian levantó la mirada.
—¿Ya están preparados?
La persona asintió.
—Sí.
Adrian dejó la fotografía sobre la mesa.
—Entonces es hora de terminar con esto.
Porque sabía algo que Alexander todavía ignoraba.
El verdadero enemigo no estaba detrás de ellos.
Estaba mucho más cerca.