Lena una joven moderna estudiante de primer año de la universidad, muere en su camino al centro universitario cuando una pared en construccion cayo sobre ella.
Abre sus ojos en un lugar que no conocía pero había estudiado a la perfección, la antigua china, justamente en una historia de amor que había leído hace poco.
fanática de dramas e historias relacionadas a esta cultura se vio inmersa en una de las historias que leía.
Pero el colmo era que reencarnó en una mendiga estafadora que aparecía y moría en medio capítulo. sabía su fin, aún así algo la llevo a querer continuar y no darse el tiempo de morir.
El secundario, aquel que amaba a la protagonista pero estaba destinado a no ser.
El duque Xi.
Lena tomo como misión conquistar a ese hombre, para hacerlo necesitaba algo.
Un nombre, edad, una familia que la respaldará y sabía exactamente como conseguirlo, lo había leído.
¿lograra conquistar a su secundario?
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Cap 5
El duque Sean no puede creerlo: esa mujer descarada no solo se ha quitado el velo, sino que lo besa frente a todos.
La lengua de Lena intenta adentrarse en la boca ajena sin éxito.
Todos los presentes se giran atónitos.
Sean, quien jamás ha sido tratado de esta manera, corresponde al beso un instante antes de separarse.
Al hacerlo, Sean mira a Lena antes de tomar su cuello con una mano. Lena intenta soltarse, pero su fuerza es insuficiente.
—¿Crees que con besarme evitarás la muerte?
—Qué desgraciado eres, tú también me besaste, tu lengua…
—Cállate —le aprieta el cuello y vuelve a soltarlo.
—Qué violencia... Si tan solo la usaras de mejor manera —con su mano derecha acaricia el cuello ajeno—. Si tan so…
No puede seguir hablando. El duque, sonrojado por la situación, vuelve a apretarle el cuello.
—¡Que te calles! —La suelta, haciendo que Lena caiga de nalgas al suelo. El duque se agacha a su nivel y la mira a los ojos.
“Hijo de…”
—Veremos qué pretendes viniendo aquí. Por ahora, vivirás.
Se levanta. Los presentes se miran los unos a los otros; es increíble que Lena siga viva tras la declaración de muerte de Sean.
—Esto… —La casamentera no sabe qué hacer a continuación ni qué debe decir a la familia He.
—Diles que nos veremos en tres días. Mi esposa —dice entre dientes— debe visitar a sus padres.
—Pero, ¿y la ceremonia?
—Finjamos que ya está concluida. Por ahora ella se queda en mi mansión.
—Tras decir esto, levanta la mano. Todos los asistentes a la boda lo entienden: deben irse.
“He sido secuestrada”, piensa Lena.
Sonríe y cierra los puños colocándolos bajo su barbilla. “Mi secundario no solo no me mató, sino que me hará suya... Esto es la gloria”.
En cuanto el salón queda vacío, Sean se gira hacia Lena.
—Levántate. —Lena hace lo que le dice—. Aún no sé cuáles son tus intenciones al venir a esta mansión, pero desiste de ellas. No obtendrás lo que buscas.
—Yo no busco mucho, lo único que quiero es a ti —responde con coquetería.
Sean aprieta los puños y niega con la cabeza.
—Qué descarada.
—Pues sí. “Igual es una historia, puedo hacer lo que quiera”. Puedes… —une sus dedos índices con nerviosismo—: ¿puedes darme otro besito mucho más largo?
—Descarada. —Se gira apretando con fuerza los puños y camina hacia la puerta.
Lena se sujeta el vestido y corre tras él.
—Esposo, ¿no deberíamos entrar a la cámara nupcial? Veo tu espalda y siento mucho calor.
Sean da un medio giro y la detiene con la mano.
—Te quedas. Seguirás viva, pero no pienses que pasaremos la noche juntos; aún no realizamos la ceremonia.
—Pero, esposo…
—Agradece siquiera continuar viva —camina hacia ella y le habla al oído—: no sigas tentando a la suerte.
Lena siente un escalofrío recorrerle el cuerpo. Cierra con fuerza la boca y asiente.
Sean sonríe y sale del salón dejándola sola.
“Con razón nadie te quería, eres malvado e insoportable”, piensa Lena cruzándose de brazos. “Pero eso no te quita lo divino”.
No pasa mucho tiempo cuando dos doncellas entran al salón.
—Señora, permítanos acompañarla a su residencia —dicen al unísono.
—Bien.
Las doncellas guían a Lena por los amplios pasillos de la mansión. Los ojos de la joven brillan con todo lo que ve a su paso: pese a ser el de un villano, el ducado es elegancia pura. Cruzan primero el patio anterior, decorado con hermosos jardines, fuentes de piedra y jarrones millonarios, hasta avanzar hacia el pabellón de los aposentos.
Sin embargo, al cruzar el portón hacia su patio interior y llegar a la estancia que será su lugar de descanso, el ánimo de Lena decae.
—¿No es esta la habitación de mi esposo? —pregunta a las jóvenes, quienes ruedan los ojos y niegan con la cabeza.
—No, señora. La residencia del duque está al otro lado de la mansión ducal; este patio interior está muy lejos del suyo.
“Villano desgraciado”.
—Bueno, gracias.
Frustrada, Lena entra al patio interior de sus aposentos. La verdad es que está agotada y tiene unas ganas inmensas de descansar. Si no va a tener acción, por lo menos descansará.
Al otro lado de la mansión, en su despacho, a Sean no le deja de dar vueltas la cabeza: primero por la desfachatez del duque al enviar a otra en lugar de a su hija, y segundo por el descaro de la farsante al besarlo de esa manera.
Pasa un dedo por su labio recordando aquel momento.
—Qué mujer más descarada... —Sonríe sin quererlo—. Ren, compra algunas cosas para la señora y unos regalos para la familia He. En tres días nos veremos las caras.
Mientras él continúa pensando en lo ocurrido, Lena entra a su habitación privada y se quita la pesada ropa de boda.
Aquella estancia es donde se suponía que pasarían la noche juntos, así que las copas nupciales continúan sobre la mesa a la espera.
—Por favor, traigan algo de comer.
“A comer y después a dormir, tengo que ahorrar energía para mañana”.