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Un Destino Escrito En Silencio

Un Destino Escrito En Silencio

Status: En proceso
Genre:Mundo mágico / Romance / Traiciones y engaños
Popularitas:455
Nilai: 5
nombre de autor: Julieth Moreno

SINOPSIS ~


Amaris ha aprendido que sobrevivir significa no llamar la atención, no confiar demasiado y sobre todo ocultar aquello que te hace diferente

Pero al acercarse a sus 18 años su vida comienza a cambiar secretos que nunca pidió conocer salen a la luz

Personas desconocidas entran en su camino y alguien que parece saber más de ella de lo que debería

Entré magia peligros y sentimientos que jamás esperaba encontrar Amaris tendría que descubrir en quien confiar

Por qué hay verdades capaces de cambiar una vida y hay destinos que fueron escritos mucho antes de que pudiéramos elegirlos

NovelToon tiene autorización de Julieth Moreno para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CINCO AÑOS

La noche había caído por completo sobre el bosque.

Amaris caminaba detrás de Arnold mientras las ramas golpeaban suavemente sus brazos. El silencio era extraño después de todo lo que había ocurrido.

Cada cierto tiempo, Arnold se detenía para mirar hacia atrás.

Amaris finalmente se cansó.

-Si sigues mirando detrás de nosotros, vas a terminar chocando con un árbol.

Arnold apartó la mirada del camino y continuó caminando.

-Solo estoy asegurándome de que nadie nos siga.

-Llevas haciendo eso desde que salimos.

-Porque alguien nos estaba observando.

Amaris guardó silencio.

Recordó la figura que habían visto entre los árboles.

No había podido distinguir su rostro.

-¿Crees que eran los mismos que te capturaron?

Arnold tardó unos segundos en responder.

-No lo sé.

Amaris frunció el ceño.

-Pensé que sabías todo.

Arnold sonrió de lado.

-Nunca dije eso.

Ella resopló y siguió caminando.

-Sigues siendo igual de misterioso.

-Y tú sigues haciendo demasiadas preguntas.

Después de varios minutos, Arnold se apartó del camino principal y comenzó a internarse entre los árboles.

Amaris lo siguió.

-¿A dónde vamos?

-A un lugar seguro.

-Eso dijiste hace diez minutos.

-Y sigo teniendo razón.

-Qué conveniente.

Arnold apartó unas ramas y apareció frente a ellos una pequeña construcción de madera casi completamente cubierta por plantas.

Amaris se quedó inmóvil.

Reconocía aquel lugar.

-No puede ser...

Arnold se giró al escucharla.

-¿Lo recuerdas?

Amaris dio unos pasos hacia la pequeña cabaña.

-Nuestro escondite.

Arnold sonrió.

-Nuestro magnífico palacio.

-Era una caja con techo.

-Una caja con techo muy cómoda.

Amaris pasó los dedos por la madera vieja.

Habían pasado años desde la última vez que estuvo allí.

Recordó las noches en las que se escondían después de robar comida. Recordó las discusiones sobre quién debía vigilar mientras el otro dormía.

Y recordó a dos niños que no tenían prácticamente nada, pero que aun así conseguían reírse.

Arnold abrió la puerta.

-Después de ti, princesa.

Amaris entró y se volvió hacia él.

-¿Princesa?

Arnold se encogió de hombros.

-Fue lo primero que se me ocurrió.

-Pues piensa mejor la próxima vez.

Él soltó una carcajada.

Dentro había una pequeña mesa, un par de mantas viejas y una chimenea de piedra.

Arnold dejó algunas ramas junto al fuego.

-Yo dormiré aquí.

Señaló una esquina de la habitación.

Amaris miró hacia el lugar.

-¿Y yo?

Arnold señaló el suelo.

-Ahí.

Amaris cruzó los brazos.

-Qué caballeroso.

-Puedo dejarte dormir afuera.

Ella tomó una manta y se la lanzó.

Arnold la atrapó antes de que le golpeara la cara.

-Sigues teniendo pésima puntería.

-Sigues siendo insoportable.

Arnold dejó la manta sobre una silla.

-Eso ya me lo dijiste.

Amaris se sentó junto al fuego.

Durante unos minutos ninguno habló.

La tranquilidad era agradable.

Pero Amaris sabía que no duraría.

Había demasiadas preguntas.

Finalmente, levantó la cabeza.

-¿Por qué me estabas buscando?

Arnold dejó de acomodar la leña.

-Sabía que preguntarías eso.

-Entonces responde.

Él se sentó frente a ella.

-Después de que me capturaron, pasé mucho tiempo sin saber nada de ti.

Amaris bajó la mirada.

-Yo tampoco sabía nada de ti.

-Lo sé.

Arnold observó el fuego.

-Pero después escuché rumores.

-¿Qué rumores?

-Sobre una chica.

Amaris levantó la cabeza.

-¿Qué chica?

Arnold la miró durante unos segundos.

-Una chica que llevaba una venda negra.

Amaris se quedó inmóvil.

Sus dedos se cerraron lentamente sobre la tela de su ropa.

-Hay muchas personas que usan vendas.

Arnold asintió.

-Sí.

-Entonces, ¿por qué pensaste que era yo?

Él se quedó observándola.

-Porque también decían que nunca se la quitaba.

Amaris sintió un escalofrío.

-¿Y qué más decían?

Arnold apartó la mirada.

-Que era diferente.

-¿Diferente cómo?

-No lo sé.

Amaris no quedó satisfecha con la respuesta.

-Estás ocultando algo.

Arnold sonrió ligeramente.

-Tal vez.

-Arnold.

-Amaris.

Ella negó con la cabeza.

-Te odio.

-Mentira.

-Un poco.

Arnold soltó una pequeña risa.

Pero mientras ella miraba el fuego, él observó durante unos segundos la venda negra que cubría sus ojos.

Había visto lo que escondía.

Había visto aquellos ojos rojos tan raros que fácilmente se pueden asemejar al de una bestia mucho antes de que los soldados lo capturaran.

Pero Amaris no sabía que él lo sabía.

Y Arnold no pensaba decírselo todavía.

No hasta estar seguro de que podía protegerla.

El silencio volvió a instalarse.

Amaris se recostó contra la pared.

-¿Qué pasó cuando cumpliste dieciocho?

Arnold levantó una ceja.

-¿Por qué preguntas?

-Porque despertaste tu magia.

Él asintió.

-Sí.

-¿Y ellos lo descubrieron?

Arnold miró las llamas.

-Sí.

-Entonces fue cuando decidieron utilizarte

Él permaneció callado.

Amaris comprendió la respuesta.

-Lo siento.

Arnold la miró.

-No tienes que hacerlo.

-Sí tengo.

-No fue culpa tuya.

Amaris bajó la mirada.

-Aun así...

Arnold se levantó y caminó hacia la puerta.

-Duerme un poco.

Ella lo siguió con la mirada.

-¿Y tú?

-Voy a vigilar.

-No puedes hacerlo toda la noche.

Arnold sonrió.

-Ya lo hice muchas veces.

Amaris se acomodó bajo la manta.

-Viejo.

Él se volvió.

-¿Qué?

-No te mueras mientras duermo.

Arnold se quedó quieto durante un instante.

La sonrisa desapareció de su rostro.

-No pienso hacerlo.

Amaris cerró los ojos.

Por primera vez desde que había sido capturada, sintió que podía dormir tranquila.

Pero ninguno de los dos sabía que, a varios kilómetros de allí, una figura avanzaba entre los árboles.

Había encontrado las huellas.

Había seguido el rastro.

Y finalmente llegó hasta el lugar donde Arnold y Amaris habían estado.

La figura se agachó y recogió una pequeña rama rota.

Miró hacia la oscuridad.

-No están lejos.

Guardó la rama y continuó caminando

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