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DE SUPER AGENTE A MARIDO MANTENIDO

DE SUPER AGENTE A MARIDO MANTENIDO

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Fantasía épica / Aventura
Popularitas:425
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Victoria Hale tiene poder, dinero y un imperio millonario que defender. Lo último que realmente necesita es un marido mantenido, torpe y aparentemente inútil como Adrián Blake.
Para todos, Adrián es el hombre perfecto para una vida cómoda: cocina, hace bromas, come donas y deja que su esposa pague las cuentas. Victoria está convencida de que su mayor problema es tener que soportarlo.
Pero detrás de esa sonrisa ridícula existe otra verdadera realidad.
Adrián es un hombre audaz, estratega y peligrosamente inteligente. Su torpeza es una máscara. Sus accidentes son calculados. Y mientras Victoria intenta descubrir qué oculta su esposo, enemigos poderosos comienzan a acercarse a ellos.
Entonces, la máscara empieza a romperse.
Victoria descubre que el hombre que creyó mantener podría ser el único capaz de protegerla. Y que su matrimonio esconde un secreto mucho más peligroso de lo que jamás imaginó.
Porque Adrián no pertenece a este siglo.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cenizas y mentiras

El aire nocturno de los jardines de la mansión Hale era frío, cargado con el aroma a césped recién cortado y el zumbido distante de los transformadores eléctricos. Me movía pegado a los setos, evitando las cámaras de seguridad que yo mismo había desorientado minutos antes con un simple bucle de retroalimentación desde mi reloj. Para el equipo de seguridad en la garita, yo seguía sentado en el comedor, terminando mi lenguado en una repetición infinita de treinta segundos.

—Qué primitivos —susurré, deslizándome hacia la caseta del generador secundario—. Confían en lo que ven sus ojos, pero sus ojos solo ven lo que los fotones les permiten… o lo que alguien no estropea primero, supongo.

Llegué al nodo de red externa, una caja de metal gris oculta tras una enredadera artificial. No era el núcleo de Orion, pero era la arteria principal. Si Miller quería llevarse el sistema, tendría que pasar por aquí. Abrí la interfaz de mi reloj y conecté un cable casi invisible al puerto de servicio.

—Espero no romper nada otra vez… —murmuré en voz baja.

En la pantalla de mi muñeca, el tráfico de datos de la mansión empezó a fluir en cascada. Podía oír, a través de los micrófonos ambientales que acababa de hackear, lo que ocurría en el vestíbulo.

—...comprenda, señora Hale —la voz de Miller sonaba untuosa, llena de una satisfacción mal disimulada—, que tras el incidente de hoy, el Consejo de Seguridad Nacional no puede permitir que una tecnología de este calibre sea gestionada por... manos tan inestables. El señor Blake ha demostrado que su seguridad es, cuanto menos, anecdótica.

—Mi esposo es un civil, Miller —la voz de Victoria era puro hielo, cortante y precisa—. Sus errores no reflejan la integridad del cifrado de Orion. Esta intervención es ilegal y lo sabes. No tienes una orden de incautación, solo una solicitud de inspección.

—La solicitud de inspección me da derecho a clonar el núcleo para su análisis en un entorno seguro —replicó Miller. Escuché el sonido de maletines metálicos abriéndose—. Agentes, procedan al sótano técnico. Señora Hale, por favor, no complique las cosas.

Sentí una punzada de adrenalina. Iban a por el núcleo. Si clonaban Orion ahora, se llevarían el código original y, con él, la "llave maestra" que el Adrian original les había prometido. El Patrón ganaría. Miller ganaría. Y Victoria terminaría en una celda por alta traición cuando el sistema empezara a fallar "misteriosamente" en manos del gobierno.

—No en mi guardia —murmuré, como si tampoco estuviera muy seguro de eso, mis dedos volando sobre la interfaz táctil.

No podía borrar a Orion. Victoria lo necesitaba para mantener su empresa a flote. Pero podía hacer algo mucho mejor. Empecé a inyectar una serie de subrutinas durmientes en el código fuente. No eran virus, eran "parásitos de fidelidad". Si el sistema se ejecutaba en cualquier servidor que no fuera el de Hale Tech, el algoritmo empezaría a alimentarse de sus propios datos, devolviendo resultados que parecían correctos pero que eran sutilmente erróneos.

—Si esto sale mal… probablemente no me entere —susurré.

Un grado de desviación en una coordenada. Un segundo de retraso en una respuesta. Lo suficiente para que Orion fuera inútil como arma, pero brillante como distracción.

De repente, un crujido de hojas secas a mis espaldas me hizo congelar.

No fue un guardia. Los guardias hacían ruido con sus botas y sus radios. Este sonido era sutil, casi inexistente. Me giré lentamente, ocultando el reloj bajo la manga de mi chaqueta.

Entre las sombras del gran roble, apareció la figura del hombre de gris. Esta vez no llevaba traje. Vestía ropa táctica oscura y sostenía un silenciador pegado a su muslo. Sus ojos, fríos como el vacío, no mostraban ninguna emoción.

—El Patrón se está impacientando, viajero —dijo, su voz apenas un susurro que el viento se llevaba—. Dijiste que entregarías el núcleo el viernes. Pero aquí estás, jugando en la caseta del perro mientras Miller hace el trabajo sucio por nosotros.

—Miller es un aficionado —respondí, manteniendo la calma mientras mis dedos seguían trabajando a ciegas en el reloj tras mi espalda—. O eso creo. Tampoco es que yo sea un experto en estas cosas.

—Si se lleva el núcleo ahora, se llevará una versión protegida. Estoy desbloqueando las capas de seguridad para que el clon que hagan los agentes sea el que el Patrón quiere. Deberías darme las gracias, te estoy ahorrando un tiroteo… probablemente sin querer.

El hombre de gris dio un paso adelante, el arma subiendo ligeramente.

—No me mientas. Sé lo que haces. Estás intentando protegerla. Estás intentando salvar a la reina del tablero cuando tu misión es quemar el bosque entero.

—Salvarla es parte del plan —mentí con una sonrisa impecable—. O al menos eso suena mejor que decir que estoy improvisando. Si ella cae ahora, la investigación será tan profunda que ni el Patrón podrá esconderse. Si Miller se lleva un núcleo "limpio" y Victoria se queda con el control administrativo, todos ganamos. Menos Miller, claro. Pero a nadie le cae bien Miller.

El asesino me miró durante unos segundos que parecieron horas. El cañón del arma apuntaba directamente a mi pecho. Podía sentir el calor de mi propio corazón latiendo con una lentitud antinatural. En mi época, la muerte era un concepto reversible en muchos casos. Aquí, un trozo de plomo era el final del camino.

—Tienes cinco minutos —dijo finalmente, bajando el arma—. Miller va a conectar el extractor en tres. Si el código no fluye como debe, no volverás a ver el amanecer, "Adrian". Y créeme, el Patrón sabe que no eres quien dices ser.

Se fundió con las sombras tan rápido como había aparecido. Me quedé solo, con el sudor frío bajando por mi nuca.

—Maldita sea… vale, nada de presión —susurré, volviendo a la terminal.

Escuché a través del audio que los agentes ya estaban en el sótano. El sonido del ventilador del servidor principal subió de intensidad. Estaban conectando los cables. En la pantalla de mi reloj, vi cómo se iniciaba la transferencia.

0%... 5%... 10%...

—Vamos, vamos... no te cuelgues ahora… —murmuré.

Mis dedos se movían con una velocidad que habría hecho estallar los tendones de un humano normal de este siglo. Estaba creando un "espejo fantasma". Miller vería que el código se copiaba perfectamente, pero lo que realmente estaba viajando por los cables era una cáscara vacía llena de ruido digital y el comando que destruiría el acceso del Patrón.

En el vestíbulo, Victoria estaba gritando.

—¡Es propiedad privada! ¡Miller, detén esto ahora mismo o te juro que...!

—Es demasiado tarde, Victoria —la voz de Miller era pura miel venenosa—. El núcleo ya es nuestro. El Proyecto Orion ahora pertenece a la nación. Mañana, tú y tu "brillante" esposo tendréis mucho que explicar ante un tribunal militar.

90%... 95%... 100%.

"Transferencia Completa", rezaba la pantalla de mi reloj.

—…eso fue demasiado limpio —murmuré, como si no terminara de creerlo.

Cerré la conexión y desconecté el cable justo cuando una luz de linterna barrió el jardín cerca de mi posición. Me pegué a la pared de la caseta, conteniendo la respiración. Los agentes salieron del sótano cargando un maletín negro, escoltados por Miller, que lucía una sonrisa de oreja a oreja.

Victoria salió tras ellos, su rostro era una máscara de absoluta devastación. Se quedó de pie en los escalones de la entrada, viendo cómo los coches negros de la Agencia se alejaban por el camino de entrada, llevándose su vida y el legado de su padre.

Me quedé en las sombras, observándola. Quería correr hacia ella, decirle que Miller se acababa de llevar una caja de arena digital. Pero no podía. El hombre de gris seguía vigilando desde algún lugar. Y lo más importante: Victoria tenía que creer que lo había perdido todo para que su actuación ante el gobierno fuera convincente.

Regresé a la cocina, entré con la misma cautela con la que salí y me senté en la mesa del comedor. El lenguado estaba frío y la copa de vino seguía a medio terminar. Martha entró un momento después, con los ojos rojos.

—Se los han llevado, señor Adrian... —sollozó—. Se han llevado el trabajo de la señora.

—Lo sé, Martha —dije, tomando un sorbo de vino que sabía a ceniza—. Lo sé… o eso parece.

Subí a mi habitación justo cuando Victoria entraba en la suya. No me llamó. No me buscó. Escuché el sonido de la puerta cerrándose con una finalidad que me rompió el corazón.

Me senté en mi cama y saqué el teléfono personal. Había un mensaje del Patrón.

"Código recibido. Los analistas están verificando la clave. Si es la correcta, mañana recibirás tus nuevas instrucciones. Si no... bueno, espero que hayas disfrutado de tu última cena".

Me tumbé mirando el techo, dejando que la oscuridad me envolviera. Había engañado a Miller, había saboteado al Patrón y había roto el corazón de la mujer que empezaba a importarme.

Sonreí.

—Mañana va a ser un día muy interesante… o un desastre total —murmuré.

La verdadera guerra no había hecho más que empezar, y yo acababa de convertir el campo de batalla en un campo de minas donde yo era el único que sabía dónde pisar.

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