Camila y Rafael viven un romance perfecto, entre tardes de complicidad, risas e historias compartidas, descubren un amor puro y profundo que avanza hacia el compromiso. Sin embargo, en las sombras, la envidia enfermiza transformada en amistad se vuelve una obsesión oscura.
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capitulo 21
En la ciudad todo seguía con una mezcla de alivio y tensión. Camila estaba en su casa, con Don Teo y Yogo, pero la sombra de Fernando seguía acechando cada uno de sus pasos. Rafael, por su parte, no podía apartar la preocupación de su mente. Sabía que Fernando era impredecible y que el plan macabro seguía en pie, aunque ahora ellos tenían la ventaja de conocerlo.
Esa mañana, Rafael llegó temprano a casa de Camila. Don Teo lo recibió con una sonrisa cálida, aunque sus ojos delataban algo de preocupación por Camila.
—Pasa, muchacho
dijo Don Teo, abriéndole la puerta
—Camila está desayunando.
Rafael entró y encontró a Camila sentada en la mesa de la cocina, con una taza de café entre las manos y Yogo acurrucado a sus pies. Al verlo, su rostro se iluminó con una sonrisa que le robó el aliento.
—Hola, guapo
dijo ella, levantándose para besarlo.
—Hola, hermosa
respondió él, envolviéndola en un abrazo que duró más de lo necesario.
Don Teo carraspeó discretamente y se retiró a la sala, dejándolos a solas. Rafael tomó el rostro de Camila entre sus manos y la besó con una dulzura que contenía todo el amor y el miedo que sentía.
—No puedo dejar de pensar en ti
susurró contra sus labios
—En lo que podría pasar si Fernando...
—No va a pasar nada
lo interrumpió ella, con firmeza
—Estamos preparados. Sabemos lo que planea, y no vamos a permitir que nos vuelva a hacer daño.
—Lo sé
dijo Rafael, acariciando su mejilla
—Pero no puedo evitar preocuparme. Cada vez que no estoy contigo, imagino lo peor.
—Rafa
dijo Camila, tomando sus manos
—Confía en mí. Confía en nosotros. Vamos a salir de esta.
Se abrazaron en silencio, sintiendo el calor del otro como un ancla en medio de la tormenta. Yogo se acercó y movió la cola, como si quisiera unirse al abrazo.
—Bueno
dijo Rafael, separándose lentamente
—Tengo que ir a trabajar, pero quería verte antes. Y también quería darte esto.
Sacó de su bolsillo un pequeño collar con un colgante en forma de corazón. En su interior, había una fotografía diminuta de los dos en el parque, uno de esos días donde salían con Yogo a una tarde especial.
—Para que siempre tengas un pedazo de mí contigo
—dijo, colocándoselo alrededor del cuello.
Camila sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
—Es hermoso, Rafa. Te lo voy a cuidar siempre.
—Y yo voy a cuidarte a ti
respondió él, besándola en la frente
—Siempre.
Esa tarde, en la escuela, Camila no podía dejar de tocar el colgante. Norma lo notó de inmediato.
—¿Qué es eso?
preguntó su amiga, con una sonrisa pícara.
—Un regalo de Rafael
respondió Camila, mostrándoselo con orgullo.
—Qué romántico
dijo Norma
—Ojalá alguien me diera algo así.
Camila la miró con complicidad.
—¿Y Richard, No te ha dado nada?
Norma enrojeció.
—Richard es solo un amigo. Además, estamos en medio de una investigación.
—Eso no quita que pueda tener detalles contigo
insistió Camila.
Norma guardó silencio, pero una sonrisa se dibujó en su rostro.
—Bueno... ayer me trajo un café. Dijo que notó que estaba cansada.
—¡Lo sabía!
—exclamó Camila, riendo
—Hay algo entre ustedes.
—No hay nada
dijo Norma, pero su sonrisa la delataba. Rieron y salieron al patio pero mientras caminaban, Camila sintió que una mirada se posaba sobre ella. Se giró y vio a Fernando, estacionado cerca de la entrada de la escuela, con esa sonrisa que le helaba la sangre. Él levantó la mano en un saludo burlón, y Camila sintió que el miedo se apoderaba de ella.
—Norma
susurró
—Ahí está.
Norma siguió su mirada y frunció el ceño.
—No puede dejarte en paz, ¿verdad?
—No
respondió Camila, apretando el colgante
— Pero no va a ganar.
Esa noche, Rafael fue nuevamente a visitarla, pero cuando llegó la hora de irse porque Don Teo ya lo apresuraba, llegó a su casa y llamó a Camila para asegurarse de que estaba bien. Hablaron por horas más.
—He estado pensando
dijo Rafael, en voz baja.
—Cuando todo esto termine, quiero llevarte a la playa. Un lugar donde solo estemos nosotros dos, el mar y las estrellas.
—Suena perfecto
respondió Camila, sintiendo que el corazón se le llenaba de esperanza.
—Y quiero pedirte algo
continuó él
—No ahora, hasta que todo haya terminado. Pero quiero que sepas que mi vida es tuya. Siempre.
Camila sintió que las lágrimas le brotaban.
—La mía también es tuya, Rafa. Siempre. Gracias por estar conmigo.
—gracias a ti por dejarme ser parte de tu vida Camí.
Colgaron con la promesa de verse al día siguiente, y Camila se durmió con el colgante apretado contra su pecho, sintiendo que el amor podía más que el miedo.
Pero afuera, en la oscuridad de la noche, Fernando observaba la casa de Camila desde su coche, con los dedos tamborileando sobre el volante.
—Muy pronto, Camila
susurró
—Muy pronto serás mía.
La tormenta se acercaba, pero esta vez, Camila no estaba sola.