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UN ERROR DE NEON. MI ESPOSO MULTIMILLONARIO

UN ERROR DE NEON. MI ESPOSO MULTIMILLONARIO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Matrimonio contratado / Amor tras matrimonio / Romance / Completas
Popularitas:4.6k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Cristine Gómez es una talentosa diseñadora de Queens que acaba de conseguir el trabajo de sus sueños. Para celebrarlo, viaja a Las Vegas con su novio, sin imaginar que él planea emborracharla para casarse por interés. En el mismo registro civil se encuentra Jacob Fernández, el frío y arrogante heredero del imperio textil Vanguard, quien asiste bajo el chantaje de su ambiciosa prometida.
Un error administrativo de la capilla, sumado a una severa resaca etílica, hace que Jacob y Cristine firmen el acta equivocada. Al despertar, están legalmente casados.
Cuando la foto del escándalo llega a la prensa de Nueva York, las acciones de la multinacional se desploman. Para salvar el imperio, Jacob obliga a Cristine a firmar un contrato de convivencia forzada y fingir que se aman ante la alta sociedad. En un ático lleno de lujo, desprecio e hilos de una pasión secreta e intensa, descubrirán que el peor error de sus vidas fue el diseño perfecto del destino.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 9. EL ERROR DE LA CAPILLA

La mañana del sábado irrumpió en Las Vegas con un sol cegador que castigaba las sienes de quienes habían intentado ahogar sus realidades en la noche del Strip. Las oficinas de la junta de licencias de matrimonio del condado de Clark eran un hervidero de parejas apresuradas, música de fondo de baja calidad y un olor penetrante a café barato y desinfectante.

Jacob Fernández entró en la sala de espera principal arrastrando los pies, ocultando sus ojos claros detrás de unas gafas de sol oscuras. Vestía un traje de chaqueta negro sin corbata, pero su porte imponente estaba deslucido por una resaca monumental y el pulso acelerado. Para soportar el chantaje de Sara y el ultimátum de su padre Charles, Jacob había seguido bebiendo en la suite del Bellagio hasta el amanecer; el alcohol aún corría por sus venas de forma peligrosa, enturbiándole la lucidez. A su lado, Sara lo sujetaba rígidamente del brazo, destilando una furia silenciosa tras haber descubierto su escapada nocturna.

En la esquina opuesta de la antesala, Cristine Gómez se sostenía la cabeza con ambas manos, sentada en una silla de plástico. Llevaba un sencillo pero elegante vestido blanco de punto que se había comprado para la ocasión, pero su rostro lavado reflejaba un malestar físico absoluto. Mikel la había despertado a gritos, obligándola a vestirse a toda prisa. El champán y los cócteles del Wynn la mantenían en una especie de letargo flotante, incapaz de procesar las advertencias de su padre Austin. A su lado, Mikel revisaba los papeles de la inscripción con una sonrisa de codicia depredadora.

El destino movió sus hilos cuando las dos parejas coincidieron en el mostrador para entregar los formularios previos. Mikel empujó sutilmente a Cristine, quien, debido al mareo, rozó el hombro de Jacob. Él se quitó las gafas de sol por un segundo, y al cruzarse con los ojos marrones de la chica, el chispazo de la barra del casino volvió a encenderse en sus mentes confusas. Se reconocieron a través de la niebla del alcohol, pero el dolor de cabeza les impidió reaccionar.

—Tengo los papeles listos. Esperad aquí —anunció la funcionaria del mostrador, mezclando las carpetas de las licencias sobre la mesa debido a la prisa del turno matutino. En ambas solicitudes figuraba la misma casilla de actividad comercial: Sector Textil, Nueva York.

Antes de que los llamaran para pasar a la capilla exprés contigua, el caos de los villanos estalló. Sara, cuya náusea por los nervios de la noche la dominó de golpe, miró a Jacob con desprecio.

—No te muevas de aquí, Jacob. Voy al tocador. Si intentas huir otra vez, las fotos estarán en los periódicos antes de que salgas del edificio.

Sara se alejó a paso rápido hacia los baños del fondo. Apenas un minuto después, el teléfono móvil de Mikel comenzó a sonar con el tono estridente que correspondía a su padre controlador. Al ver la pantalla, Mikel se puso pálido.

—Cristine, quédate sentada. Es mi padre, tengo que atender esta llamada en el pasillo exterior o no me dará la presidencia de la empresa. No te muevas.

Mikel corrió hacia las puertas acristaladas de la salida, dejando a los dos jóvenes completamente solos y bajo los efectos de una embriaguez que los hacía flotar en una realidad distorsionada.

—¡Siguientes para la capilla textil de Nueva York! —anunció un juez de paz de mediana edad, abriendo la puerta de doble hoja de la pequeña capilla lateral. El hombre leyó las carpetas cruzadas por error por la secretaria—. ¿Señor Fernández y señorita Gómez? Pasen de inmediato, vamos retrasados.

Jacob, al escuchar "Nueva York" y "textil", asumió en su mente confundida que era el llamado definitivo de la trampa de Sara. Se levantó de la silla de forma mecánica, con las piernas temblorosas. Cristine, aturdida por el ruido y el eco de su apellido "Gómez", pensó que Mikel ya había regresado y la estaba llamando desde el altar. Se puso en pie tambaleándose.

Se miraron en mitad de la antesala. El alcohol y la resaca anularon cualquier atisbo de cordura. Sintiéndose solidarios en su miseria y empujados por la prisa del juez, caminaron juntos hacia el interior de la capilla, arrastrando los pies como dos sonámbulos.

La capilla era un espacio pequeño, iluminado por luces de neón rosa y flores de plástico. El juez de paz, acostumbrado a casar a decenas de personas ebrias por hora, ni siquiera los miró a la cara. Tomó los documentos cruzados de la mesa.

—Muy bien, por la licencia del condado de Clark, estamos aquí para unir en matrimonio legal a los ciudadanos del sector de Nueva York —declaró el juez con voz monótona—. Firmen aquí y aquí para validar el consentimiento y las actas de cónyuges.

Jacob tomó el bolígrafo con los dedos temblorosos. En su mente borrosa, solo quería terminar con la pesadilla para que su padre Charles le entregara la presidencia de Vanguard Textiles. Firmó sobre la línea equivocada, justo donde correspondía al nombre del esposo de la carpeta de Cristine. Ella, guiada por el mismo letargo etílico y el zumbido en las sienes, tomó el bolígrafo y firmó en la línea contigua, validando el acta con su nombre real. Ninguno de los dos miró el papel; el alcohol había borrado la capacidad de leer.

—Intercambien los anillos de cortesía de la capilla —ordenó el juez de forma exprés.

Jacob tomó una alianza sencilla de plata de la bandeja y, con una lentitud torpe, la deslizó en el dedo de Cristine, sintiendo el calor de su piel suave. Cristine hizo lo mismo, colocándole el anillo a Jacob con una sonrisa risueña y confusa.

—Por el poder que me otorga el estado de Nevada, los declaro marido y mujer legalmente vinculantes en todo el territorio de los Estados Unidos —sentenció el juez, sellando el documento con un golpe seco—. Ya pueden salir. Siguientes, por favor.

Jacob y Cristine salieron de la capilla cogidos de la mano, riéndose con una felicidad absurda provocada por la adrenalina y el alcohol. El error legal se había consumado. Estaban casados ante la ley de forma 100% real y vinculante.

En la puerta del edificio, el chófer privado que Jacob había contratado para escapar de Sara los esperaba con el motor del coche oficial encendido. Jacob, en una decisión impulsiva y borracha de huir de todo, abrió la puerta trasera.

—Sube… nos vamos de aquí —le dijo a Cristine con una sonrisa pastosa.

Cristine, riéndose por el efecto del ron, se subió al asiento trasero. El coche aceleró a toda velocidad, perdiéndose entre el tráfico del Strip, dejando atrás el registro civil. Minutos después, Sara salía del tocador con el rostro retocado y Mikel colgaba el teléfono en el pasillo exterior con una sonrisa triunfal, listos para regresar a la sala de espera. Lo que ninguno de los dos villanos esperaba era encontrarse con las sillas vacías, las carpetas firmadas por las personas equivocadas y una bomba de tiempo mediática que Sara misma había activado con sus periodistas y que ya era imposible de detener.

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Helizahira Cohen
Excelente novela corta y buena
Helizahira Cohen
La novela me parece muy interesante, me esta gustando 👏
Perla Arbos
Excelente historia!!!. Felicitaciones!!!
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