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No Renací... Desperté.

No Renací... Desperté.

Status: En proceso
Genre:Mujer poderosa / Traiciones y engaños / Juego de roles
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Crystal Suárez

Me habría encantado renacer, como les ocurre a las protagonistas de esas novelas románticas que tanto me gusta leer. Despertar años atrás, evitar mis errores y no entregar mi corazón al hombre que terminaría destruyéndolo.

Pero la vida real no concede segundas oportunidades de esa forma.

Yo tuve que abrir los ojos por mí misma, enfrentar la verdad y comprender que marcharme no era perder... era salvarme.

Lucan Rivas creyó que sin él no era nadie, se equivocó. Porque no necesité volver al pasado para cambiar mi destino; solo necesité el valor de dejar atrás a quien nunca supo valorarme. Y mientras él descubría todo lo que había perdido, yo aprendía que la mejor versión de mí jamás había dependido de un esposo, sino de la mujer que siempre fui.

NovelToon tiene autorización de Crystal Suárez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 19

El trayecto de regreso a casa fue mucho más silencioso que el de ida. La ciudad pasaba frente a nosotros convertida en una sucesión de luces que se reflejaban sobre las ventanas del automóvil, mientras yo permanecía mirando hacia afuera, intentando ordenar todo lo que había ocurrido aquella noche. Había llegado a aquella recepción pensando que sería simplemente otra velada empresarial, una de esas reuniones llenas de personas importantes en las que debía sonreír, saludar a desconocidos y fingir que todo estaba bien, pero había terminado bailando con Eiden, encontrándome cara a cara con Lucan y Alessa delante de decenas de personas y, contra todo pronóstico, saliendo de allí sintiéndome mucho más ligera de lo que me había sentido al entrar. Todavía podía recordar la expresión de Lucan, la manera en que Alessa había intentado provocarme y, sobre todo, la forma en que Eiden se había colocado a mi lado sin hacerme sentir indefensa. No había intentado hablar por mí ni decidir qué debía hacer; simplemente había estado allí. Y quizá eso era precisamente lo que más me había sorprendido.

Eiden conducía en silencio. No me preguntó si estaba bien, probablemente porque entendía que necesitaba unos minutos para procesar todo lo ocurrido. No era de esas personas que llenaban los silencios por miedo a que resultaran incómodos. Sabía cuándo hablar y, sobre todo, cuándo quedarse callado. Cuando finalmente llegamos a casa, estacionó frente a la entrada y apagó el motor. Ninguno de los dos se movió inmediatamente. El silencio dentro del automóvil era tranquilo. No había tensión ni necesidad de buscar algo que decir. Solo estábamos allí, compartiendo unos minutos antes de regresar a nuestras respectivas vidas.

—Gracias —murmuré finalmente.

Eiden giró ligeramente el rostro hacia mí.

—¿Por qué?

—Por lo de esta noche.

Sus ojos permanecieron sobre mí durante unos segundos antes de que una pequeña sonrisa apareciera en sus labios.

—No tienes que agradecerme nada.

—Sí tengo.

—Entonces aceptaré el agradecimiento —respondió con tranquilidad—. Pero también debes saber que fue un placer estar contigo esta noche.

Bajé la mirada, incapaz de evitar una pequeña sonrisa.

—Eso sonó bastante formal.

—Estoy intentando mantener mi reputación de hombre serio.

Solté una risa suave.

—Creo que ya la perdiste hace tiempo.

—Eso es preocupante.

Volví a reír y abrí la puerta del automóvil, pero antes de salir me quedé quieta. No quería entrar todavía. La casa de mi padre estaba iluminada y podía distinguir algunas luces encendidas en las ventanas, pero por alguna razón sentía que necesitaba unos minutos más antes de regresar al interior. Tal vez porque aquella noche había cambiado algo dentro de mí y todavía no sabía exactamente qué era.

—¿Quieres caminar un poco? —pregunté.

Eiden asintió sin dudar.

—Claro.

Comenzamos a caminar por el jardín sin prisa. El aire nocturno era fresco y el silencio resultaba agradable después de tantas horas rodeados de conversaciones, música y personas. El sonido de nuestros pasos sobre el camino de piedra se mezclaba con el murmullo suave de los árboles movidos por el viento. Al pasar junto al viejo columpio me detuve. Aquel lugar había terminado convirtiéndose, casi sin que me diera cuenta, en nuestro pequeño refugio. No porque ninguno de los dos hubiera decidido que lo sería, sino porque durante las últimas semanas, cada vez que necesitaba pensar terminaba allí y, de alguna manera, Eiden siempre aparecía. A veces hablábamos durante horas; otras, simplemente permanecíamos en silencio mirando el cielo. Poco a poco, aquella pequeña rutina se había convertido en algo que esperaba con más ilusión de la que estaba dispuesta a admitir.

Lo miré de reojo.

—¿Quieres sentarte conmigo?

Una sonrisa apareció inmediatamente en su rostro.

—Pensé que nunca lo preguntarías.

—¿Estabas esperando que lo hiciera?

—Tal vez.

Negué divertida antes de sentarme. Eiden ocupó el lugar a mi lado y, esta vez, ninguno de los dos dejó aquella distancia prudente que solíamos mantener. Nuestros hombros quedaron apenas separados, lo suficiente para que pudiera sentir el calor de su cuerpo cuando el viento soplaba con más fuerza. Durante unos segundos ninguno habló. La luna estaba completamente llena y su luz iluminaba parte del jardín, haciendo que todo pareciera más tranquilo de lo habitual.

Levanté la mirada hacia el cielo.

—Es bonita.

—Sí.

—¿Sabes qué es extraño?

Eiden giró ligeramente el rostro hacia mí.

—¿Qué?

—Durante mucho tiempo pensé que, después de divorciarme, no volvería a sentirme tranquila. Creía que cada noche terminaría pensando en Lucan, en lo que hizo, en todo lo que perdí y en todas las cosas que pude haber hecho diferente. Pensé que iba a pasar mucho tiempo intentando entender por qué no fui suficiente para él.

Eiden no dijo nada. Solo permaneció escuchándome.

—Todavía pienso en él algunas veces —admití después de unos segundos—. Pero ya no duele igual.

—Eso es bueno.

—Creo que sí.

Me quedé contemplando la luna durante unos instantes antes de continuar.

—Hoy, cuando lo vi con Alessa, pensé que iba a sentir que todo volvía a empezar. Que iba a volver a ser aquella mujer que salió de su casa con una maleta y sin saber qué hacer con su vida. Pero no ocurrió.

Eiden me observó.

—Porque ya no eres la misma mujer que él dejó.

Sus palabras hicieron que volviera el rostro hacia él.

—¿Cómo puedes decir siempre exactamente lo que necesito escuchar?

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—Tal vez porque te escucho.

Aquella respuesta hizo que mi corazón diera un pequeño vuelco. No sabía exactamente qué estaba haciendo. Solo sabía que llevaba varios minutos observándolo de una manera diferente. Había algo en sus ojos, algo tranquilo y seguro que me hacía sentir que podía bajar la guardia sin miedo. Durante semanas había intentado convencerme de que nuestra cercanía no significaba nada, que solo era amistad, que simplemente me hacía bien tener a alguien con quien hablar después de todo lo ocurrido. Pero sentada allí, bajo aquella luna, comprendí que quizá llevaba demasiado tiempo intentando ponerle un nombre a algo que todavía no necesitaba tenerlo.

Me moví lentamente hacia él, reduciendo la distancia que siempre habíamos mantenido. Eiden no se apartó, pero tampoco intentó acercarse más. Solo me observó con una atención que hizo que mi corazón comenzara a latir con fuerza. Por un instante sentí miedo. No de él, sino de mí misma y de todo lo que aquella decisión podía significar.

—Naelia... —murmuró.

—¿Sí?

—¿Estás segura de que esto es lo que quieres?

Tragué saliva.

—Sí.

Eiden negó suavemente.

—No quiero que lo hagas porque quieras olvidar a Lucan.

Aquellas palabras me obligaron a respirar profundamente.

—No lo estoy haciendo por él.

—No tienes que convencerme.

—No —respondí, sosteniendo su mirada—. Quiero convencerme a mí misma.

Guardó silencio durante unos segundos.

—Ya sé lo que se siente ser utilizada para ocupar el lugar de otra persona —continué—. Y jamás sería capaz de hacerle eso a alguien. No quiero comenzar algo con una persona solo porque necesito dejar atrás a otra.

La expresión de Eiden se suavizó.

—Si necesitas más tiempo, lo voy a entender.

Sonreí ligeramente.

—¿Y si no quiero más tiempo?

Sus ojos permanecieron fijos en los míos.

—Entonces tampoco voy a detenerte.

Sentí que el corazón me latía todavía más rápido. Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada. El mundo parecía haberse reducido nuevamente a aquel pequeño espacio del jardín. Finalmente reuní el valor suficiente para hacer la pregunta que llevaba varios minutos rondando mi cabeza.

—¿Te gusto?

Eiden pareció sorprendido.

—¿Qué?

—Lo sabes perfectamente.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—Pensé que era bastante evidente que me gustabas.

No pude evitar sonreír.

—Para mí no lo era.

—Entonces quizá no he sido tan claro como creía.

—No.

Negué suavemente.

—Pero ahora sí lo entiendo.

Eiden me observó durante unos segundos más. Después levantó lentamente una mano y se detuvo antes de tocarme, como si todavía quisiera asegurarse de que no estaba confundiendo mis intenciones. No retrocedí. Al contrario, fui yo quien terminó de cerrar aquella distancia.

Nuestros labios se encontraron en un beso breve y tranquilo, sin prisa, sin promesas y sin necesidad de convertir aquel momento en algo más de lo que era. No fue un beso que borrara mi pasado ni uno que solucionara mágicamente todas las heridas que todavía llevaba conmigo. Fue simplemente un instante. Una decisión pequeña, pero completamente mía. Cuando nos separamos, permanecimos unos segundos mirándonos, como si ambos estuviéramos intentando comprender lo que acababa de suceder.

No había desaparecido mi pasado, no había olvidado todo lo ocurrido, pero, por primera vez, tampoco sentía que necesitara hacerlo para poder avanzar.

Apoyé suavemente la cabeza sobre su hombro y volví a mirar la luna. Eiden no dijo nada. Solo permaneció a mi lado, respetando aquel silencio como había hecho tantas veces antes. Y mientras escuchaba el sonido tranquilo de su respiración, comprendí algo que durante mucho tiempo me había costado aceptar: sanar no significaba dejar de sentir. Tampoco significaba olvidar a las personas que nos habían hecho daño ni fingir que nunca habían existido. A veces sanar significaba simplemente recuperar la capacidad de elegir. Elegir cuándo quedarse, cuándo marcharse y, sobre todo, elegir a quién permitirle acercarse.

Aquella noche no sabía qué sería de nosotros, no sabía si aquel beso marcaría el comienzo de algo o si simplemente sería un momento que recordaríamos algún día, pero, por primera vez, no necesitaba conocer el final.

Me bastaba con saber que aquella vez había sido yo quien había decidido abrir la puerta y que, al otro lado, no había encontrado el mismo lugar que me había hecho daño.

Había encontrado a Eiden.

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Isidra Marta Sánchez Ortiz
Que cruel
Estrella Reyes Reyes
👏👏👏Gran capitulo,me facino la actitud de ella,firmesa,dignidad,orgullo,ellos tenian que sentir verguenza,y esa cucaracha,tan orgullosa y era la amante👏👏👏
Flickr Mary Soly
Más capítulos
Myriam Hernandez
Excelente
🌺🌵 Monny 🌵🌺
Espero este sea nuestro próximo ser amado y protagonista, me está encantando para ella!! 😍
Flickr Mary Soly
👏Estoy esperando más cañ. Muy bonito esta para leer
🌺🌵 Monny 🌵🌺
No te creo!! Si lo sintieras no la habrías lastimado 🤬
🌺🌵 Monny 🌵🌺
Ayyy la amoooo!!! Así deberían ser muchas mujeres, salir con muchísima dignidad, si duele muchísimo, pero ante todo mucho amor propio y dignidad 👏🏻👏🏻👏🏻
Flickr Mary Soly
Más capítulos por que escriben bonito y luego no lo terminan
Crystal Suárez: Apenas empecé a publicarla ayer 😅 por eso solo tiene 8 capitulos, no te preocupes, la voy a terminar
total 1 replies
💖 la niña de tus ojos💖
bastante cruda pero por desgracia asi es la realidad cuando la costumbre se aloja en tu hogar todo cambia así que hay que sacarla a escobazos
😅😅😅😅😅
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