Tres amigos fijan un objetivo cada uno y deciden grabar un vídeo esperando poder cumplirlos en un año... pero las situaciones alterarían los planes iniciales.
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Capítulo 18
De camino a la tienda de Pedro digo: “Priscila, cuando entres, él no te va a reconocer. Y eso es bueno. Porque lo que va a ver es a una mujer que vino a comprar, que habla con respeto, y que no tiene nada que ocultar. No le digas quién eres hasta que sientas que es el momento. O no se lo digas nunca. Eso también es válido. Lo importante es que tú entres con la cabeza en alto.”
Al llegar a donde Pedro, le presento a Priscila como mi pareja y Pedro simplemente la saluda y la trata como a una clienta. Priscila y yo seleccionamos los artículos que deseamos y le hago la transferencia para pagarle los productos a Pedro. Durante toda esta compra, me queda claro que Pedro no sabe que en realidad no es la primera vez que ve a Priscila.
De cualquier modo, Priscila dice que esperemos un momento hasta que Pedro atiende al último cliente y entonces ambos nos acercamos y Priscila le dice a Pedro: “Quería disculparme con usted por la canasta que le robé ayer.”
El rostro de Pedro y su mirada cambiante de Priscila hacia mí me da a entender que él cree que, a pesar del rostro de seriedad de Priscila y mío, simplemente piensa que todo esto se trata de una broma.
Sin embargo, siento que es momento de poner todas las cartas sobre la mesa, así que, a riesgo de sonar algo agresivo, le digo: “lo que Priscila dice es verdad. Ella fue quien tomó la canasta. Pero si te ayuda a refrescar la memoria, ella me dijo que estuvo aquí ayer más temprano y te pidió comida. Quizás no la hayas reconocido porque ayer estaba sucia y desaliñada.”
Por un momento Pedro parece recordar los eventos mencionados y me dice: “Te aseguro que jamás querría tener problemas contigo ni con tu pareja. Pero si lo que me están diciendo es cierto, me resulta obvio que Priscila no era tu pareja ayer.”
Obviamente, hay cosas que no le voy a contar a Pedro, así que debo manejar esta situación con mucho tino.
Digo: “Tienes razón. Ayer no era mi pareja. Pero esta noche, después de todo lo que pasó, lo es. No fue un plan ni una estrategia. Fue una decisión que tomé al verla como persona, no como un problema. A veces las cosas pasan rápido cuando hay honestidad de por medio. Ella no me mintió. Me contó su historia, me mostró sus heridas, y yo decidí estar a su lado. No fue una decisión impulsiva. Fue una decisión consciente.”
Pedro dice: “Bueno, sé que tú también tienes un objetivo a cumplir y sabía que tenías que actuar rápido aunque no creí que actuarías tan rápido. Por respeto no preguntaré los detalles y que quede claro que el día de ayer estaba muy estresado, razón por la cual perdono a Priscila, pero yo también me disculpo con ella por la respuesta que le di. Espero que todos podamos llevarnos bien a partir de ahora.”
Priscila dice: “Me sentí dolida con tu respuesta ayer Pedro, pero entiendo que tenías un grave problema familiar y yo también te disculpo.”
Priscila y Pedro se dan un apretón de manos y después de despedirnos Priscila y yo nos dirigimos a nuestro apartamento.
Ambos pasamos juntos y felices la segunda noche como pareja, pero sé que aún falta lo que el abogado tenga que decirme. Prefiero no presionarlo y que él me llame cuando crea que tiene información suficiente.
A la mañana siguiente debía ir a trabajar, pero entonces me di cuenta de un detalle importante. Entre tantas preocupaciones y asuntos que resolver… no había sacado copia a mi llave de la casa.
Sin embargo, Priscila lo nota y dice: “no pienso salir a ninguna parte. Puedes llevarte las llaves que de aquí no voy a salir.”
Dije: “Está bien, pero hoy mismo traeré una copia de la llave para ti.”
En el trabajo, mi abogado me llamó y dijo: “asumo que a esta hora estás en el trabajo, por eso te llamé para asegurarme de que no estés cerca de Priscila para poder decirte lo que tengo sobre ella.”
Pido un momento de tiempo en el trabajo para atender esta llamada urgente y cuando estoy solo digo: “Ok. Dime qué averiguaste.”
Abogado: “Priscila tiene una denuncia por robo.”
Digo: “Entiendo. He hablado con ella y esto era algo que consideraba posible que ocurriera.”
Abogado: “Ya veo. Te iré diciendo las cosas gradualmente para que las vayas procesando.”
Digo, algo extrañado: “¿Crees que se pueda llegar a un acuerdo con el denunciante?”
Abogado: “Priscila está acusada de robar 40000 dólares.”
Las palabras de mi abogado me golpean con fuerza, pero inmediatamente reacciono de manera lógica y digo: “Te puedo asegurar que está mujer no tiene 40000 dólares. Ni siquiera tiene para comer.”
Abogado: “No conozco a Priscila tanto como tú, pero considero que tu conclusión es razonablemente acertada. Ahora que sabes eso, te comento que la denuncia ha sido puesta por una familia de recursos económicos muy altos, incluso más altos que los tuyos.”
Digo: “¿Y que relación ha tenido Priscila con ellos?”
Abogado: “Según la denuncia, Priscila trabajaba para ellos y un día se fue llevándose ese dinero.”
Con una tremenda incredulidad digo: “¿Ósea que esa familia tenía mucho dinero, pero dejaron 40000 dólares sin seguridad al alcance de Priscila?”
Abogado: “En resumidas cuentas, es algo así.”
Digo: “¿Cuánto le pagaban a Priscila?”
Abogado: “Creo que podemos llegar a esa parte. Resulta que no hay registros de salarios pagados a Priscila. Tampoco hay registros de que haya recibido algún seguro ni beneficios de los que la ley brinda a empleadas domésticas.”
Inmediatamente en mi mente resuena la frase: “Aquí hay gato encerrado.”