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Mi esposo escucha mis pensamientos indecentes

Mi esposo escucha mis pensamientos indecentes

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Telepatía
Popularitas:10.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Ximena Blanco solo debía cumplir una misión: ocupar el lugar de su hermana gemela, casarse con Cristian Montalvo y aguantar el papel de esposa perfecta hasta que pudiera desaparecer con el dinero prometido.
El problema era Cristian.
Frío, rico, impecable y peligrosamente guapo, el heredero Montalvo parecía hecho para arruinarle la concentración. Ximena sonreía como una dama obediente, servía café, bajaba la mirada y fingía no sentir nada.
Pero por dentro era otra historia.
Ay, no. Ese hombre debería traer advertencia. Con esa camisa, esos hombros y esa cara de hielo, una mujer honesta pierde la dignidad.
Lo que Ximena no sabe es que Cristian puede escuchar cada pensamiento suyo.
Cada queja. Cada insulto. Cada fantasía vergonzosa sobre tocarle el pecho, quitarle la corbata o verlo perder el control por ella.
Al principio, Cristian solo quiere descubrir quién es en realidad esa mujer que finge ser tranquila mientras su mente arde sin descanso. Pero cuanto más la escucha, más le cuesta mantenerse lejos. La esposa falsa empieza a parecerle demasiado real. Sus pensamientos indecentes empiezan a gustarle demasiado. Y el hombre que juró no enamorarse termina obsesionado con la única mujer que no puede mentirle por dentro.
Pero Ximena guarda un secreto más peligroso que sus deseos: ella no es la novia que Cristian debía recibir en el altar.
Cuando la verdad salga a la luz, el matrimonio falso, la pasión escondida y todos los pensamientos que nunca debieron escucharse podrían destruirlos... o volver imposible que se separen.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19

Capítulo 19: Motita en el garaje

El viaje de regreso a la Ciudad de México fue demasiado tranquilo para el gusto de Joaquín.

Renata dormía junto a la ventana con lentes de sol, Valeria revisaba mensajes en silencio y Ximena, en el asiento delantero, fingía leer en su celular mientras de vez en cuando miraba a Cristian de reojo.

Cristian manejaba como si el crucero no hubiera alterado nada.

Esa era, precisamente, la mentira más evidente.

Joaquín, sentado detrás de él, se inclinó entre los asientos.

—Montalvo.

—¿Qué?

—Te voy a preguntar algo y necesito que no me despidas de la amistad.

—Entonces no preguntes.

—¿Te enamoraste de tu esposa?

Ximena tosió.

Renata abrió un ojo detrás de los lentes.

Cristian no movió un músculo.

—No.

—Muy rápido.

—Porque la respuesta es simple.

—Ajá.

*¿Enamorado? De mí no. Imposible. Este hombre puede arreglarme una presentación, regalarme un Ferrari, cargarme al baño y dejarme sin piernas, pero enamorarse ya sería exceso de servicio.*

Cristian apretó el volante.

Joaquín no sabía leer mentes, pero sí años de amistad.

—Antes no ibas de compras con nadie. No te subías a cruceros por nadie. No terminabas trabajos escolares ajenos por nadie.

—No era un trabajo escolar.

—¿Ves? Defiendes el archivo.

Renata se acomodó en el asiento.

—Yo también quiero opinar.

—No —dijo Cristian.

—Eso confirma que sí hay algo que opinar.

Ximena bajó la mirada al celular, fingiendo una concentración heroica.

*No escuchen a Renata. Renata huele el drama como perro entrenado. Si empieza a hablar, terminamos con ceremonia, terapia de pareja y Cristian usando camisa abierta en una playa para reconciliación. No sería lo peor.*

Cristian cambió de carril con una calma demasiado perfecta.

—El tema está cerrado.

Joaquín se recargó en el asiento.

—Claro. Cerradísimo. Igual que tú antes del crucero.

Nadie dijo nada más, pero la frase quedó flotando en el auto hasta llegar a Las Lomas.

Los siguientes cinco días Cristian trabajó como si pudiera resolver su confusión a fuerza de juntas.

Salía temprano, regresaba tarde, revisaba informes, tomaba llamadas con Monterrey, Guadalajara y Nueva York, y evitaba pensar en el "viejo, te amo" que le había atravesado la vida en una suite sobre el mar.

No lo logró.

Cada vez que veía una diapositiva en la pantalla de algún ejecutivo, recordaba la presentación de Ximena. Cada vez que alguien decía "proyección", su mente traicionera le devolvía la imagen de ella dormida sobre la laptop. Cada vez que encontraba una camisa blanca en el vestidor, recordaba cómo se le veía puesta a ella.

El sábado decidió ir temprano a revisar unas cuentas de una filial.

No avisó.

No quería despertarla.

Ese detalle lo irritó más que el trabajo.

Se levantó antes de las siete, se duchó, se vistió con ropa informal y caminó hacia la puerta del dormitorio. Entonces notó la cama.

Vacía.

El lado de Ximena estaba desordenado, pero ella no estaba. Tampoco había luz en el baño. Su bata no colgaba en el gancho.

Cristian frunció el ceño.

—¿Ximara?

No hubo respuesta.

El primer pensamiento que alcanzó a oír fue débil, lejano, como si viniera desde abajo.

*Shhh, Motita. No ladres. Si ladras, se acaba tu vida de lujo antes de empezar.*

Cristian se quedó inmóvil.

Motita.

¿Quién era Motita?

Bajó las escaleras sin hacer ruido. La voz interior se volvió más clara al acercarse al primer piso.

*Come despacio, bebé. No te vayas a atragantar. Sí, ya sé que tienes hambre. También yo tengo hambre de ver a Cristian sin camisa y no ando llorando frente a la puerta.*

Cristian se detuvo en el último escalón.

Por supuesto.

Incluso escondida en quién sabía dónde, su mente encontraba la forma de arrastrarlo.

El rastro lo llevó hacia la cochera.

La puerta lateral estaba entreabierta. Desde adentro llegó un sonido mínimo: un golpecito de uñitas contra el piso, luego un susurro de Ximena.

—No, no, aquí.

Cristian empujó la puerta apenas.

La cochera de la mansión estaba impecable: autos alineados, herramientas ordenadas, piso pulido. En una esquina, detrás de unas cajas de productos de limpieza que alguien había movido para formar una barrera improvisada, Ximena estaba agachada con un plato pequeño en la mano.

Frente a ella había un cachorro negro.

Delgado, de pelo revuelto, orejas grandes y patas demasiado finas. Comía con una concentración feroz de un plato de croquetas humedecidas. Tenía una manchita blanca mínima en el pecho, como si alguien hubiera tocado su pelaje con la punta de un dedo lleno de pintura.

Ximena lo miraba con una ternura absoluta.

—Despacio, Motita. Aquí nadie te va a quitar la comida.

*Pobrecito. Te encontré temblando junto al contenedor y ahora mírate, comiendo en garaje de rico. Ascenso social inmediato. Si Cristian pregunta, diré que eres un accesorio del Ferrari. Negro, compacto, edición especial.*

Cristian apoyó una mano en el marco de la puerta.

No entró.

La escena lo dejó extrañamente quieto.

Había esperado encontrar una llamada sospechosa, una salida secreta, quizá otro plan absurdo con Valeria. No esto. No a Ximena en ropa cómoda, con el cabello recogido sin cuidado, hablándole a un cachorro como si acabara de rescatar un pedazo de mundo.

El cachorro levantó la cabeza.

Lo vio.

Movió la cola.

Ximena no se dio cuenta.

—Muy bien. Eres un niño educado. No como cierto esposo que dice "no" para todo y luego hace cosas bonitas cuando nadie mira.

Cristian bajó la vista.

*Aunque si te ve, estamos perdidos. Va a decir que no. Que la casa no es refugio. Que el pelo, que las vacunas, que la responsabilidad. Y tendrá razón. Pero mira esos ojitos. Nadie con ojos así debería dormir en la calle. Ni tú, Motita. Ni yo cuando tengo cara de no pertenecer a ningún lado.*

La ternura que ya le había incomodado con la presentación volvió, pero esta vez llegó acompañada de algo más hondo.

Cristian miró al cachorro.

Luego a Ximena.

Por primera vez en días, el secreto que descubrió no le pareció peligroso.

Le pareció suyo.

Ximena tomó una servilleta y limpió con cuidado el hocico del cachorro.

—No hagas ruido, ¿sí? Si te descubre el señor hielo, voy a tener que negociar con todo lo que tengo.

*Incluyendo escote, lágrimas, promesa de portarme bien y quizá dejarlo elegir el nombre oficial. No. Eso último no. Motita ya es Motita.*

Cristian casi sonrió.

El cachorro volvió a mover la cola, traicionándola por completo.

Ximena se inclinó para revisar una de sus patitas.

—Todavía te falta bañarte, pero primero vacunas. No me mires así. La medicina también es amor.

El cachorro ladeó la cabeza.

*Si Cristian dice que no, le diré que ya invertí emocionalmente. No se puede cancelar una inversión emocional, ¿verdad? Además, cabes en una caja. Él tiene autos que ocupan medio país. Un cachorro es modestia.*

Cristian miró el Ferrari rosa viejo estacionado a unos metros y luego al cachorro que cabía, literalmente, dentro de una caja de toallas.

La comparación era absurda.

También era difícil discutirla.

Ximena sacó de una bolsa un collar sencillo color rojo. No se lo puso todavía; solo lo midió contra el cuello flaco del cachorro, con una concentración solemne.

—Te queda grande. Vas a crecer.

*Vas a comer bien, vas a dormir calentito y nadie te va a patear. Si tengo que pelear con un hombre de traje para eso, peleo. Aunque el hombre de traje esté delicioso y me distraiga la estrategia.*

Cristian sintió una presión extraña detrás del esternón.

No era lástima por el cachorro, o no solo eso. Era la forma en que Ximena prometía cuidado sin testigos, sin aplausos, sin usar esa voz perfecta que reservaba para los demás.

En esa esquina de la cochera no había esposa impecable.

Había una mujer que recogía cosas abandonadas y les inventaba futuro.

Ximena siguió acariciándolo, ajena a la figura silenciosa que la observaba desde la puerta.

Y Cristian, que había bajado a buscar una explicación, se quedó allí mirando cómo su esposa escondía en la cochera un secreto con patas, hambre y nombre propio.

1
bruja de la imaginación 👿😇
me encanta esta historia
Carely Prieto
bonita narrativa, creativa y gran ingenio
Karina Sanabria
👏👏👏👏muy linda novela!! algo diferente
gracias pero por favor no tardes en subir nuevamente
Karina Sanabria
Dios mío que le pasa a este hombre!!! acaso no le gusta el sexo 🤭🤤🫠
Erika Durán
Hasta el momento
Muy bien,
Carely Prieto
😭 noooo, no seas malita, sube más capítulos 🥹 anda dí que si, anda siiiiiiii??!
wendy arrieta
Dios mio ella si sabe utilizar su mente jajajajajaa
Martha Mena Wong
Por dios me voy acabar las uñas esto se está poniendo peliagudo más capítulos muchas felicidades autora eres genial te atrapa desde el principio la novela bendiciones
Martha Mena Wong
Esto se está poniendo buenísimo por favor que no la idie cuando se entere de la verdad gracias más capítulos por favor está súper la historia
Martha Mena Wong
Noooooo me va a dar el mimisqui cuánto podrá fingir ser quien no debe ahora sí me va a dar algo😭😭😭😭
Martha Mena Wong
Santa cachucha ahora que hará se le junto el ganado jajajaja 🤭🤭🤭🤭
Martha Mena Wong
Celoso de el mismo que divertido genial 🤣🤣🤣🤣
Martha Mena Wong
Por dios esto está más entretenido que las estupidas novelas de la tele felicidades me encanta
Martha Mena Wong
Ajaja se le hizo por fin siiiiiiii
Martha Mena Wong
Ya el se ka imaginaba con lencería buen camino
Martha Mena Wong
Andele a ver si ahora le hace caso
Martha Mena Wong
jajajaja me encanta excelente novela
Martha Mena Wong
🤭🤭🤭🤭🤭🤭
Martha Mena Wong
jajajaja esto está genial imagínate que oigan tus pensamientos bueno si está buenorro yo también pienso cositas o cositas depende jijiji
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