Descripción
Maximiliano, un joven de 24 años, hereda la hacienda de su padre, Emiliano. Desde muy pequeño lo veía dirigir con firmeza y respeto a sus empleados, aprendiendo el valor del trabajo, la responsabilidad y el esfuerzo. Ahora, convertido en el nuevo patrón, asume el reto de continuar el legado familiar. Lo que nunca imaginó fue que ese mismo lugar cambiaría su vida para siempre. Cuando una humilde campesina llega a trabajar a la hacienda, sus caminos se cruzan de una forma inesperada. Entre jornadas de campo, dificultades y sentimientos que crecen en silencio, ambos descubrirán que el amor puede florecer donde menos se espera.
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Capítulo 19: Un camino hacia Antioquia
Aurora narra
Hola, mi nombre es Aurora Cárdenas. Tengo 22 años y nací el 15 de marzo de 2004 en Boyacá, Colombia. Soy una muchacha criada entre montañas, trabajo duro y las enseñanzas de mi familia.
Vivo con mis padres y mis hermanos en una casa humilde en un pueblito de Boyacá. Nuestra casa no era lujosa, pero era nuestro lugar seguro. Allí habíamos vivido muchos momentos, desde las alegrías hasta los días difíciles. Mis papás siempre nos enseñaron que aunque uno tenga poco, mientras haya amor y unión en la familia, hay una gran riqueza.
Mi mamá se llama Rosalba Cárdenas, tiene 56 años y nació el 10 de mayo de 1969. Ella es una mujer muy trabajadora, de esas que en Boyacá llamamos berracas porque nunca se dejan vencer por las dificultades. Desde temprano se levantaba a preparar la comida, cuidar la casa y ayudar en todo lo que podía.
Mi papá se llama Efraín Cárdenas, tiene 58 años y nació el 22 de febrero de 1968. Él ha trabajado casi toda su vida en el campo. Es un hombre serio, honrado y de pocas palabras, pero siempre ha demostrado su amor con sus acciones.
Tengo una hermana mayor llamada Diana Cárdenas. Ella tiene 29 años y nació el 8 de julio de 1996. Diana ya estaba casada con Andrés Felipe Moreno, quien tiene 31 años y nació el 17 de noviembre de 1994. Mi hermana siempre fue muy cercana a mí, como una segunda mamá, porque desde pequeñas nos cuidábamos entre las dos.
También tengo una hermana menor llamada Sofía Cárdenas. Ella tiene 17 años y nació el 25 de septiembre de 2008. Es una joven alegre, soñadora y muy dedicada a sus estudios. Siempre decía que quería salir adelante para ayudar a mis papás.
El menor de la familia es mi hermano Mateo Cárdenas, tiene 14 años y nació el 18 de enero de 2012. Es un muchacho tranquilo, cariñoso y muy unido a todos nosotros. Aunque todavía es joven, siempre busca ayudar cuando puede.
En esos meses la situación en nuestro pueblo estaba bastante complicada. Muchas personas se habían quedado sin trabajo porque las siembras ya no estaban dando lo mismo de antes. La tierra que durante años había ayudado a nuestras familias ahora era más difícil de trabajar. Los cultivos no producían como esperábamos y cada vez había menos oportunidades.
En la casa se sentía la preocupación.
Una tarde estaba ayudando a mi mamá cuando mi hermana Diana llegó con una expresión seria.
—Auri, venga que tengo que contarle algo —me dijo.
Yo dejé lo que estaba haciendo y la miré.
—¿Qué pasó, Diana?
Ella se sentó a mi lado.
—Están buscando personal en Antioquia para trabajar en una finca.
Me quedé sorprendida.
—¿En Antioquia? Pero eso queda bien lejos.
Diana asintió.
—Sí, pero están buscando personas responsables para trabajar en el campo y en ganadería. Yo pensé en usted.
La miré confundida.
—¿En mí?
—Claro, Auri. Usted sabe trabajar, no le tiene miedo al campo y además aquí las cosas están difíciles. De pronto esa es una buena oportunidad para usted.
Me quedé pensando en sus palabras.
La idea de irme lejos de mi familia me daba miedo. Nunca había vivido apartada de mis papás y mis hermanos. Pero también sabía que quedarse sin hacer nada no era una opción.
Esa noche hablamos todos juntos.
Mi mamá me miró con preocupación.
—Ay, hija, a mí me va a hacer falta verla todos los días, pero si es una oportunidad para salir adelante, yo la apoyo.
Mi papá se quedó callado unos momentos y después habló.
—Aurora, la vida está llena de caminos nuevos. Si usted decide irse, vaya con responsabilidad y recuerde siempre los valores que aprendió en esta casa.
Sentí un nudo en la garganta.
Sabía que no sería fácil dejar Boyacá, pero también sentía que debía intentarlo.
—Voy a pensarlo bien —les dije.
Mi hermana Diana me abrazó.
—No tenga miedo, Auri. Usted puede.
Esa noche me quedé mirando por la ventana de mi habitación. Observé las montañas de mi tierra, el lugar donde había crecido y donde estaban todos mis recuerdos.
No sabía qué encontraría en Antioquia.
No sabía quiénes serían las personas que conocería.
Pero sentía que una nueva etapa estaba por comenzar.
Una muchacha de Boyacá estaba a punto de dejar su hogar para buscar una oportunidad en una finca de Antioquia, sin imaginar que aquel viaje cambiaría su vida para siempre.