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Hasta Encontrarte Otra Vez

Hasta Encontrarte Otra Vez

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Nath O.

Él la rechazó el mismo día que descubrió que era su compañera destinada. Años después, convertido en Alfa, comprende que perderla fue el peor error de su vida. Pero ella ya no vive en la manada… y un humano ocupa el lugar que él dejó vacío. Ahora tendrá que demostrar que algunas promesas merecen una segunda oportunidad.

NovelToon tiene autorización de Nath O. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La despedida

El amanecer llegó.

Pero nadie en Luna de Plata sintió que hubiera comenzado un nuevo día.

La lluvia había cesado durante la madrugada. El bosque estaba cubierto por una ligera neblina que se aferraba a los árboles como si tampoco quisiera marcharse.

Las campanas de la Casa del Alfa sonaron tres veces.

Era la señal.

Toda la manada comenzó a caminar en silencio hacia el Bosque de la Luna.

Alyssa no había dormido.

No había salido de la habitación de Rowan y Mara.

Seguía sentada sobre el suelo, abrazando el suéter de Rowan contra el pecho.

Aún conservaba su aroma.

Cada vez era más tenue.

Y eso le daba más miedo que cualquier otra cosa.

Porque significaba que incluso los recuerdos podían irse.

La puerta se abrió con cuidado.

Kaleb entró sin hacer ruido.

La encontró exactamente donde la había dejado unas horas antes.

No dijo nada.

Se arrodilló frente a ella.

—Aly…

Ella levantó lentamente la cabeza.

Tenía los ojos hinchados.

La piel completamente pálida.

Parecía haber envejecido años en una sola noche.

—No quiero ir.

La voz apenas era un hilo.

Kaleb sintió un nudo en el pecho.

—Lo sé.

—Si voy…

Será verdad.

Él cerró los ojos un instante.

Porque entendía perfectamente lo que quería decir.

Mientras permaneciera allí…

Mientras la habitación siguiera igual…

Mientras el suéter conservara el olor de Rowan…

Una parte de ella podía fingir que todo era un mal sueño.

Pero el funeral…

Convertía la ausencia en algo definitivo.

Kaleb extendió lentamente la mano.

—Voy contigo.

Alyssa observó aquella mano durante varios segundos.

Después dejó caer el suéter.

Y tomó la mano de Kaleb con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.

Como si soltarlo significara caer.

Toda Luna de Plata esperaba en el Bosque de la Luna.

No había flores.

No había música.

Solo el murmullo del viento entre los árboles.

Dos féretros sencillos de madera clara descansaban uno junto al otro.

Sobre cada uno había una rama de roble y una piedra lisa.

El Alfa permanecía de pie frente a todos.

Cuando Alyssa apareció, nadie habló.

La manada abrió un camino.

No por respeto al heredero.

Ni por obediencia.

Lo hizo por la hija de Rowan y Mara.

Alyssa caminó despacio.

Kaleb no soltó su mano.

Solo cuando llegaron frente a los féretros ella aflojó los dedos.

Avanzó un paso.

Después otro.

Y el aire desapareció de sus pulmones.

Era real.

Aquellas cajas de madera contenían a las dos personas que le habían enseñado a reír.

A cocinar.

A caminar por el bosque.

A levantarse después de las caídas.

A creer que una niña perdida podía volver a tener una familia.

Las piernas dejaron de sostenerla.

Kaleb la alcanzó antes de que cayera.

Ella se aferró a su camisa.

Con desesperación.

Como si él fuera la única cosa sólida que quedaba en el mundo.

—No puedo…

Él la abrazó.

No le dijo que fuera fuerte.

No le pidió calma.

Solo la sostuvo.

Porque comprendía que había dolores que no podían aliviarse con palabras.

El Alfa comenzó la ceremonia.

Habló de Rowan.

Del guerrero que siempre llegaba primero cuando alguien necesitaba ayuda.

Del hombre que enseñó a varias generaciones a amar la manada antes que el orgullo.

Después habló de Mara.

De la mujer que nunca permitió que un niño de Luna de Plata se sintiera solo.

De la madre que abrió su casa incluso cuando su propio corazón seguía roto por la pérdida de una hija.

Muchos hablaron.

Recordaron historias.

Rieron entre lágrimas.

Lloraron mientras sonreían.

Alyssa apenas escuchaba.

Todo sonaba lejano.

Como si el mundo estuviera ocurriendo detrás de un cristal.

Solo reaccionó cuando el Alfa dijo:

—¿Alguien más desea despedirse?

Kaleb dio un paso al frente.

Toda la manada levantó la vista.

Él permaneció unos segundos en silencio.

Mirando los dos féretros.

Cuando habló, su voz salió baja.

Rota.

—Siempre pensé que Rowan me enseñó a ser fuerte.

Respiró profundamente.

—Con el tiempo entendí que estaba equivocado.

Levantó la vista.

—Lo que realmente me enseñó… fue que la fuerza no sirve de nada si no se usa para cuidar a las personas que amas.

Hizo una pausa.

Buscó a Alyssa con la mirada.

Ella ya lloraba otra vez.

—Gracias…

Por abrirme las puertas de su casa durante tantos años.

Gracias por hacerme sentir un hijo más.

Y…

Gracias por confiarme lo más valioso que tenían.

La voz se quebró.

No pudo continuar.

Bajó la cabeza.

Regresó junto a Alyssa.

Ella lo miró.

Durante un instante creyó ver a Rowan en él.

Y aquello terminó de romperla.

Cuando llegó el momento de despedirse definitivamente…

Cada integrante de la manada colocó una piedra alrededor de las tumbas.

Niños.

Ancianos.

Guerreros.

Madres.

Uno por uno.

En silencio.

Cuando le tocó el turno a Alyssa…

No pudo moverse.

La piedra temblaba entre sus manos.

Kaleb se acercó.

—Estoy aquí.

Ella negó.

—No quiero hacerlo.

—Lo sé.

—Si la dejo…

Es como si los dejara a ellos.

Kaleb sintió que el pecho le dolía.

—No los estás dejando.

Ella rompió a llorar.

—Sí…

Sí los estoy dejando…

Se arrodilló frente a la tumba.

Apoyó la piedra sobre la tierra.

Y, en cuanto sus dedos dejaron de tocarla, el llanto salió de una forma que hizo bajar la cabeza a toda la manada.

—Papá…

La palabra salió completamente rota.

—Mamá…

¿Por qué…?

¿Por qué ustedes…?

¿Por qué otra vez yo…?

Kaleb se arrodilló inmediatamente a su lado.

Pero Alyssa ya no podía contenerse.

Se inclinó sobre la tierra fresca.

Abrazó la lápida todavía sin terminar.

Como si pudiera llegar hasta ellos.

—No quiero estar sola…

Por favor…

No me dejen…

No otra vez…

No otra vez…

La voz se perdió entre los árboles.

Nora comenzó a llorar.

Ethan apartó la mirada.

Liam apretó la mandíbula con fuerza.

Nadie sabía cómo ayudarla.

Porque no existía ayuda para un dolor así.

La ceremonia terminó.

Poco a poco la manada comenzó a retirarse.

Nadie quería irse.

Pero todos entendían que había un momento en el que una familia necesitaba quedarse sola.

Solo permanecieron:

Kaleb.

Ethan.

Liam.

Nora.

Y Alyssa.

Los cinco.

Como cuando eran niños.

Solo que ahora faltaban dos personas que siempre habían estado esperándolos al regresar a casa.

Nora fue la primera en acercarse.

Abrazó a Alyssa durante largo rato.

Después Ethan.

Luego Liam.

Los tres se alejaron unos pasos.

No porque quisieran irse.

Sino porque comprendieron que había un lugar al que ninguno de ellos podía entrar.

Kaleb seguía allí.

Apenas a un metro de distancia.

Esperando.

Sin presionarla.

Sin llamarla.

Alyssa levantó lentamente la cabeza.

Lo miró.

Y caminó hacia él.

No dio dos pasos.

No dio tres.

Corrió.

Se lanzó contra su pecho.

Kaleb la recibió inmediatamente.

Ella rodeó su cuello con ambos brazos y comenzó a llorar con una desesperación que ya no intentaba esconder.

—No tengo a nadie…

La frase le atravesó el alma.

Él la abrazó con más fuerza.

—Sí tienes.

Ella negó una y otra vez.

—Ya no…

Ya no…

No tengo papás…

No tengo mamá…

No tengo papá…

Su respiración era entrecortada.

Temblaba tanto que apenas podía mantenerse de pie.

Kaleb pasó una mano por su cabello.

La sostuvo contra él.

Como si quisiera impedir que el mundo siguiera haciéndole daño.

—Mírame.

Ella negó.

—Aly…

Mírame.

Con enorme esfuerzo levantó el rostro.

Los ojos de Kaleb también estaban llenos de lágrimas.

—No voy a irme.

Ella sintió que el pecho volvía a quebrarse.

Porque necesitaba escuchar exactamente eso.

—¿Lo prometes?

Kaleb no respondió de inmediato.

Recordó la mano de Rowan uniendo la suya con la de Alyssa bajo la tormenta.

Recordó aquella promesa.

Y respondió con absoluta convicción.

—Te lo prometo.

Alyssa volvió a esconder el rostro en su pecho.

—No me sueltes…

Por favor…

No me sueltes…

Kaleb cerró los ojos.

La abrazó todavía más fuerte.

—No.

Permanecieron así durante mucho tiempo.

Hasta que el bosque quedó completamente vacío.

Solo el viento movía las hojas de los robles.

Y bajo la sombra de aquellos árboles, una joven que acababa de quedarse huérfana por segunda vez se aferraba al único lugar donde, por un instante, el dolor parecía pesar un poco menos.

Sin saber que la vida aún guardaba para ambos la prueba más difícil de todas.

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Yadira Alvarez
hasta ahora me va gustando veremos
Yadira Alvarez
hasta ahora me va gustando veremos👌
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