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Soy Madre Del Futuro Héroe 2

Soy Madre Del Futuro Héroe 2

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Embarazo no planeado / Mujer poderosa
Popularitas:604
Nilai: 5
nombre de autor: Cintya Flores

Pensé que lo más difícil ya había pasado. Luego encontré la firma de Kael en el documento que cambió todo. Ahora tengo que decidir si el amor que construimos puede sobrevivir conocer exactamente qué clase de hombre era antes de que yo llegara.

NovelToon tiene autorización de Cintya Flores para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Hielo

Pasaron tres días.

Ren los contó sin proponérselo — de la misma forma en que había contado las semanas del embarazo y los capítulos de cosas que resolver y los pasos entre la puerta de su habitación y el jardín interior. Sin esfuerzo. Simplemente porque su mente catalogaba el tiempo con la misma automaticidad con que catalogaba todo lo demás.

Tres días desde la noche con el cuaderno y la lámpara y la firma.

Tres días de desayunos en el comedor pequeño. De reuniones con Devan sobre los documentos que los cuadernos de Elara resolvían. De visitas del Doctor Elias que llegó el martes sin saber que el martes era diferente a todos los martes anteriores porque Ren había aprendido durante años a presentar exactamente lo que una situación requería.

Tres días de Kael.

Eso era lo más difícil.

No porque Kael hubiera hecho algo diferente. Sino porque todo lo que hacía era exactamente lo mismo de siempre — la taza de café en el desayuno, la mano que encontraba la de ella bajo la mesa, los documentos compartidos, la pregunta ¿cómo estás? que esperaba la respuesta real.

Y Ren respondía.

Y la respuesta era cierta en todo lo que decía y falsa en lo que no decía.

«Bien», respondía. Y era verdad — el bebé estaba bien, el embarazo avanzaba, la auditoría de Lord Pellier tenía ahora respuesta en los cuadernos de Elara.

Lo que no decía era lo otro.

Lo que había en el espacio entre bien y la verdad completa.

......................

El Doctor Elias llegó el martes con el abrigo limpio esta vez y la expresión de siempre.

Sophia lo recibió.

Lo llevó a la oficina.

Kael estaba presente — como había estado desde la primera visita después de que Ren lo invitó, como había estado en cada martes desde entonces, en el sillón correcto con la atención que le prestaba a las visitas médicas como si fueran reuniones importantes.

Que para él lo eran.

Ren lo sabía.

El Doctor Elias hizo su evaluación con la eficiencia de siempre.

—Veinticuatro semanas —dijo—. El bebé está en posición correcta. Ritmo cardíaco adecuado. —Una pausa que Ren reconoció como el preámbulo a algo que no era solo dato médico—. ¿Cómo durmió esta semana?

—Bien —dijo Ren.

El Doctor Elias la miró.

Era una mirada breve. No acusatoria. Solo la mirada de alguien que tiene una base de comparación y que nota una variación.

—¿Las ocho horas?

—La mayoría de las noches —dijo Ren.

«No es una mentira completa», pensó. «Las primeras dos noches dormí cuatro. Anoche dormí seis. El promedio es aceptable si no se calculan las noches individuales.»

El Doctor Elias anotó algo.

—¿Algo diferente esta semana? —dijo—. Físicamente o de otra forma.

«De otra forma», pensó Ren. «El Doctor Elias pregunta de otra forma.»

—El viaje del jueves —dijo Ren—. Algo de cansancio residual.

—Normal —dijo el Doctor Elias—. Desaparece en dos o tres días. —Anotó algo más—. ¿Estrés?

—Moderado —dijo Ren. La respuesta que daba siempre.

El Doctor Elias levantó los ojos.

La miró.

Luego miró a Kael.

Luego volvió a sus notas.

Y en ese recorrido de miradas — que duró menos de dos segundos pero que Ren siguió completamente — había algo que el Doctor Elias había visto y había decidido no nombrar en ese momento.

«Lo vio», pensó Ren. «No sé qué exactamente. Pero algo vio.»

—Continúe con las ocho horas —dijo el Doctor Elias, recogiendo el cuaderno—. Y el agua. Y las paradas cada cuarenta minutos si hay otro viaje. —Una pausa—. Buenos días.

Y salió.

......................

Kael se quedó en el sillón después de que el Doctor Elias se fue.

No con documentos. Solo sentado, con la postura de siempre, mirando el espacio entre la silla de Ren y la ventana.

—¿Dormiste esta semana? —dijo Kael.

—Sí —dijo Ren.

—¿Bien?

—Suficiente.

Pausa.

Kael la miró.

En sus ojos azules había esa atención que Ren conocía en todos sus bordes — la que había aprendido a darle, que ya era parte del lenguaje cotidiano, que no necesitaba pretexto.

Y debajo de esa atención había algo nuevo.

No alarma todavía. Algo anterior a la alarma — la quietud específica de alguien que nota que el espacio entre dos personas tiene una temperatura diferente sin poder todavía identificar qué la cambió.

«Lo siente», pensó Ren. «Todavía no sabe qué es. Pero lo siente.»

—Kael —dijo Ren.

—¿Qué.

Ren lo miró.

Tenía el cuaderno de Elara en el cajón del escritorio desde la noche que lo leyó. Cerrado. Esperando.

«Díselo ahora», pensó una parte de ella. «Díselo y termina con esto porque cada día que pasa es un día de mentira por omisión y eso pesa más de lo que calculaste.»

«No todavía», respondió otra parte. «Todavía no tienes las palabras correctas. Todavía no sabes si lo que sientes es lo que necesitas sentir antes de decírselo.»

—¿Cómo están los documentos de Lord Pellier? —dijo Ren.

No era lo que iba a decir.

Kael lo sabía.

Ren lo sabía.

El espacio entre lo que iba a decir y lo que dijo existió durante un segundo y los dos lo habitaron sin nombrarlo.

—Devan los tiene —dijo Kael, con la misma naturalidad con que Ren había cambiado el tema. Sin señalarlo. Sin preguntar.

Dándole el espacio.

«Gracias», pensó Ren.

Y odió necesitar ese espacio.

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