En su vida pasada, Camila era una científica obsesionada con descubrir los secretos de la naturaleza. Ahora ha reencarnado como Xenia, una joven noble en un mundo lleno de magia… y para ella eso solo significa una cosa: nuevos experimentos.
Decidida a entender y dominar la magia como si fuera ciencia, convierte su vida en un laboratorio, creando pociones cada vez más imposibles y peligrosas.
Pero cuando el príncipe del reino empieza a aparecer constantemente en su laboratorio, Xenia descubre que, además de la magia, hay otro fenómeno que no logra explicar del todo: por qué el príncipe parece cada vez más interesado en ella… mientras ella solo piensa en su próximo experimento.
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Capítulo 19
Viktor soltó un largo suspiro mientras Clark continuaba sonriendo con una tranquilidad que a Xenia comenzaba a resultarle sospechosa.
—Cuando el emperador se enteró de tu investigación y del viaje, decidió enviar a alguien para ayudarte —explicó el duque mientras se acomodaba en su asiento—. Y bueno... al parecer el príncipe insistió en ser esa persona.
Xenia cerró los ojos durante unos segundos y se masajeó las sienes.
Su viaje.
Su precioso viaje.
Su tranquila expedición de investigación.
Todo se estaba derrumbando frente a sus ojos.
—Príncipe —dijo finalmente, abriendo los ojos para mirarlo—, agradezco su oferta de ayuda, pero sinceramente no creo que su presencia vaya a aportar mucho a esta investigación.
Clark bajó lentamente la taza de té.
—¿Estás desobedeciendo una orden imperial?
La sonrisa que acompañó aquellas palabras hizo que Xenia quisiera lanzarle una almohada.
—Claro que no —respondió enseguida—. Solo digo que podría ir cualquier otra persona.
—Pero voy yo.
—Ese es precisamente el problema.
—Qué cruel.
—Estoy siendo sincera.
—Eso duele más.
Xenia suspiró profundamente.
No importaba cuántas veces intentara alejarlo, parecía disfrutarlo.
De hecho, cada vez estaba más convencida de que cuanto más lo rechazaba, más contento se veía.
Aquello no era normal.
—Además —continuó Clark apoyando un brazo sobre el respaldo del sofá—, mi padre considera que si voy contigo estarás más segura.
—Tengo guardias.
—Yo también.
—Tengo muchos guardias.
—Yo tengo más.
Xenia lo miró en silencio.
Clark le devolvió la mirada con absoluta calma.
Al final ella terminó cruzándose de brazos.
—Está bien.
La sonrisa de Clark se amplió inmediatamente.
—Sabía que entrarías en razón.
—No se emocione tan rápido. Puede venir, pero no quiero que interfiera en mi investigación.
—Claro que no.
—Lo digo en serio.
—Yo también.
—Príncipe...
—Xenia...
Ella cerró los ojos.
—Ya me arrepentí.
Clark soltó una carcajada.
—Te aseguro que será un viaje de investigación muy divertido.
—Eso es exactamente lo que me preocupa.
Desde uno de los sillones cercanos, Cordelis observaba el intercambio con una sonrisa cada vez más evidente.
Sus ojos brillaban peligrosamente.
Viktor la conocía demasiado bien para no notar aquella expresión.
Y efectivamente, la duquesa ya estaba pensando en escribirle una larga carta a la emperatriz Catherine.
Por supuesto, únicamente para mantenerla informada.
Nada más.
Absolutamente nada más.
Después de coordinar la escolta de los guardias del ducado con los caballeros enviados por el príncipe, finalmente llegó la hora de partir.
La entrada principal de la mansión estaba llena de movimiento.
Sirvientes cargando equipaje.
Caballos siendo preparados.
Guardias recibiendo instrucciones.
Y en medio de todo aquello, Viktor y Cordelis parecían incapaces de dejar de repetir las mismas advertencias.
—No te alejes de los guardias.
—Come bien.
—Descansa.
—No te encierres a investigar toda la noche.
—No aceptes cosas de desconocidos.
—No hagas experimentos peligrosos.
—Y por favor no explotes nada.
—Madre, eso solo pasó una vez.
—Fueron tres veces.
—Dos.
—Tres.
—Dos y media.
Cordelis la miró fijamente.
—No existe el concepto de media explosión.
—Depende del tamaño de la explosión.
Viktor se cubrió el rostro con una mano.
Clark tuvo que girarse para ocultar una sonrisa.
Antes de subir al carruaje, Cordelis sujetó ambas manos de su hija.
—Cuídate mucho.
Xenia sonrió suavemente.
—Lo haré.
Luego la duquesa se volvió hacia Clark.
Su expresión cambió inmediatamente.
—Y usted cuide bien a mi hija.
Clark inclinó ligeramente la cabeza.
—La protegeré con mi vida.
Xenia estuvo a punto de atragantarse.
—Madre, tampoco es para tanto.
—Sí lo es.
—No lo es.
—Sí lo es.
—Madre.
—Xenia.
La joven decidió rendirse.
Era inútil.
Finalmente el viaje comenzó.
El carruaje avanzó dejando atrás la capital mientras los campos se extendían bajo el brillante cielo de primavera.
Xenia y Clark compartían el mismo carruaje.
Para desgracia de Xenia.
Y para felicidad absoluta de Clark.
La joven se acomodó junto a la ventana y abrió uno de los libros que había llevado consigo.
Si tenía que soportarlo durante varios días, al menos aprovecharía el tiempo estudiando.
Durante la primera hora apenas hablaron.
O mejor dicho, Xenia apenas habló.
Porque Clark parecía incapaz de permanecer callado demasiado tiempo.
—¿Qué estás leyendo?
—Botánica.
—¿Interesante?
—Mucho.
—¿Más interesante que yo?
Xenia levantó lentamente la vista del libro.
—Muchísimo más.
Clark apoyó una mano sobre el pecho.
—Otra herida para mi pobre corazón.
—Sobrevivirá.
—No estoy tan seguro.
Xenia volvió a su lectura.
Al cabo de unos minutos fue el propio Clark quien comenzó a hablarle sobre las regiones del sur.
Le explicó cuáles eran las ciudades más importantes, los pueblos cercanos, los productos que se cultivaban allí y algunas curiosidades locales que había aprendido durante sus viajes.
Para sorpresa de Xenia, realmente sabía bastante.
—Además —añadió en cierto momento—, según los informes que revisé antes de salir, dentro de unos días se celebrará el Festival de las Lunas Gemelas.
Los ojos de Clark brillaron inmediatamente.
—Es uno de los festivales más famosos de toda esa región.
Xenia levantó la mirada del libro.
—¿Y por qué está tan emocionado?
—Porque nunca he podido asistir.
—¿Nunca?
—Siempre surge alguna obligación en el palacio.
—Qué tragedia.
—Lo dices con sarcasmo, pero es una verdadera tragedia.
Xenia soltó un pequeño suspiro.
Clark continuó hablando con entusiasmo.
Le explicó que habría puestos de comida, artesanos, espectáculos de magia, música, bailes y fuegos artificiales mágicos que iluminaban el cielo durante toda la noche.
Mientras hablaba parecía casi un niño contando algo que llevaba años esperando.
Xenia lo observó unos segundos antes de volver la vista al libro.
Bueno.
Mientras encontrara la planta que buscaba, podía soportar un festival.
Al fin y al cabo había recorrido medio imperio por una investigación.
No por un príncipe demasiado entusiasmado con las celebraciones.
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