Amor, venganza y secretos destruyen corazones destinados a reencontrarse nuevamente.
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Capítulo 18
Al día siguiente...
No había invitados.
Fuera del edificio, Omar esperaba, junto a Federico con un ramo de flores en la mano, cuidadosamente elegido.
Cuando vio llegar el auto, su cuerpo se tensó apenas.
La puerta se abrió primero Belinda, que bajó con energía, mirando alrededor como si estuviera presenciando algo importante.
Luego apareció Muriel.
Llevaba un atuendo sencillo, elegante, sin intención de llamar la atención.
Pero aun así, Omar no pudo apartar la mirada de ella.
Por un segundo, todo lo demás desapareció.
Omar se acercó sin decir nada y extendió el ramo hacia ella.
Muriel lo miró unos segundos antes de tomarlo.
—No era necesario —murmuró.
—Sí lo era —respondió él simplemente.
El momento se volvió incómodo y demasiado consciente.
Entonces Belinda, que ya estaba sacando su teléfono, sonrió emocionada.
—¡Foto! No se casan todos los días.
Muriel abrió la boca para protestar, pero ya era tarde... la foto había sido tomada.
Belinda se colocó junto a Federico, que también parecía sorprendido por la situación.
—Omar, Muriel, pónganse aquí —ordenó ella con naturalidad.
Omar obedeció sin dudar.
Muriel lo hizo más lentamente.
Los cuatro se acomodaron frente al edificio, mientras le tomaban la foto.
Federico alzó una ceja.
—Esto es surrealista…
—Cállate y posa —le susurró Belinda mientras tomaba la foto.
El clic resonó como un cierre simbólico.
Hasta que finalmente Belinda guardó el teléfono satisfecha.
—Perfecto.
Muriel soltó un pequeño suspiro.
—¿Ya podemos entrar?
Omar asintió.
—Sí.
.....................
Dentro el ambiente era frío, formal, casi impersonal.
Un funcionario revisaba documentos sin emoción alguna.
Federico y Belinda se colocaron como testigos, observando con expectación.
El funcionario habló con tono neutro:
—Firmas aquí… aquí… y aquí.
Muriel tomó el bolígrafo.
Su mano no temblaba.
Pero su mente estaba en otro lugar.
Firmó.
Omar firmó después.
Todo fue rápido.
Demasiado rápido.
El silencio final cayó cuando el funcionario cerró el expediente.
—Quedan legalmente casados.
Federico soltó una risa nerviosa.
—Listo… ya está.
Belinda miró a Muriel, esperando alguna reacción.
Pero Muriel solo respiró hondo.
—Acabemos con esto.
Se giró hacia la salida.
—Debo ir a trabajar.
Omar dio un paso como si fuera a seguirla, pero se detuvo.
Porque sabía que había un último paso.
El beso.
El funcionario los miró esperando el gesto protocolario.
Omar se acercó lentamente.
Muriel lo miró de frente… y cuando él inclinó apenas el rostro, ella se giró y se sentó.
Omar beso su mejilla.
Muriel bajó la mirada un segundo.
Y sin decir nada más, se retiró del lugar.
Omar la observó marcharse.
Con el corazón latiéndole fuerte.
Porque acababan de casarse.
Pero ella acababa de negarle el único gesto que lo hacía real.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Muriel llegó a la editorial todavía sintiendo el peso de lo ocurrido.
Era extraño.
Porque hacía apenas una hora había firmado un acta de matrimonio con el hombre que llevaba nueve años intentando olvidar.
Y ahora estaba ahí.
En su oficina.
Como si nada hubiera cambiado.
Pero todo había cambiado.
Apenas cerró la puerta, dejó el bolso sobre el escritorio y caminó directamente hacia el ventanal intentando respirar con normalidad.
No funcionó.
Su mente seguía reproduciendo la escena del juzgado.
Las flores.
La decepción silenciosa en sus ojos cuando ella se giró y evitó el beso en los labios.
Muriel cerró los ojos frustrada.
Entonces hizo lo que siempre hacía cuando sentía demasiado.
Sacó la laptop del bolso.
La abrió rápidamente.
Y comenzó a escribir.
Las palabras aparecieron casi sin pensar.
Sus dedos comenzaron a moverse lentamente sobre el teclado.
"La protagonista acababa de casarse con el hombre que había arruinado su vida."
Muriel hizo una pequeña pausa antes de continuar escribiendo.
"O quizá…"
"Con el único hombre que todavía tenía el poder de destruirla."
El sonido del teclado llenó nuevamente la oficina silenciosa.
"No hubo promesas de amor."
"Ni votos románticos."
"Solo firmas."
"Papeles."
"Y dos personas fingiendo que aquello era una decisión completamente racional."
Muriel tragó saliva mientras continuaba.
"Él la miraba como si aquel matrimonio significara todo."
"Y ella…"
Sus dedos se detuvieron apenas un segundo.
"Ella tuvo miedo."
El pecho le ardió suavemente.
"Porque si lo besaba frente a los presentes…"
"Si permitía que sus labios tocaran los de él…"
"Sentiría demasiado."
Su respiración se volvió un poco más lenta mientras seguía escribiendo.
"Recordaría sus manos sosteniendo su rostro bajo la lluvia."
"Su voz grave diciéndole que todavía la amaba."
"Y aquella manera peligrosa en que su cuerpo seguía reaccionando cerca de él."
Muriel cerró los ojos apenas un instante antes de continuar.
"Existen hombres que una mujer logra olvidar."
"Y luego estaba él."
"El hombre que convirtió su corazón en una prisión."
El silencio alrededor se volvió más pesado.
"Y lo peor…"
"Era que ella todavía quería seguir siendo prisionera de aquel hombre."
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
En otro lugar…
Omar y Federico se encontraban dentro del despacho.
Sobre la mesa había documentos, carpetas y planos relacionados con la inmobiliaria Galiano.
Federico revisaba algunos papeles mientras Omar permanecía sentado con una taza de café en la mano, aparentemente relajado.
Pero solo aparentemente.
Porque desde el matrimonio no había dejado de pensar en Muriel.
En su incomodidad.
En su huida.
Y aun así… seguía siendo oficialmente su esposa.
Federico cerró una carpeta antes de hablar:
—En unos días será la reunión de la junta directiva de la inmobiliaria.
Omar levantó apenas la mirada.
—Perfecto.
Federico continuó:
—La oficina que ocuparás está casi lista.
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Omar.
—Me parece bien.
Giró ligeramente la copa entre sus dedos.
—Solo me queda convencer a mi esposita de asistir… y votar por mí para convertirme en el nuevo presidente...
Federico soltó una pequeña risa.
—Buena suerte con eso.
Omar sonrió apenas.
—Muriel siempre fue inteligente. Sabe perfectamente que Lauro ya no puede seguir controlándolo todo.
Pero al mencionar a Muriel, algo más llamó su atención.
Levantó lentamente una ceja mirando a Federico.
—Vi las miradas que le echabas a Belinda.
Federico dejó el documento sobre la mesa intentando fingir normalidad.
No funcionó.
Omar soltó una risa breve.
—Ah… así que sí lo noté bien.
Federico terminó sonriendo también, algo resignado.
—Creo que me enamoré.
Omar casi se atraganta con el whisky.
—¿Perdón?
Federico se encogió de hombros con total tranquilidad.
—¿Qué quieres que haga? La vi y me gustó.
Omar negó lentamente con incredulidad.
—Apenas la conociste ayer.
Federico apoyó la espalda contra la silla.
Y por primera vez en mucho tiempo, algo en su expresión se suavizó de verdad.
—Sí.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—Pero fue suficiente para querer conocerla.
Omar lo observó en silencio unos segundos.
Y luego soltó una carcajada baja.
—Estamos perdidos.
Federico arqueó una ceja divertido.
—Habla por ti. El que se casó por obsesión y venganza fuiste tú.
Omar sonrió apenas.
Pero aquella sonrisa desapareció lentamente mientras pensaba nuevamente en Muriel.
Porque aunque ahora fuera su esposa…
Seguía sintiéndola demasiado lejos de él.
nada más quiere tantito para estar con el..
es hora de ser feliz mujer y más con el hombre que te ama ..
O Lauro se enredó con la mamá de Omar o la mamá de Muriel se enredó con el papá de Omar ......🧐🤔🤨🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴