Sofia era una empleada común y corriente hasta que un accidente la transportó dentro de la novela que estaba leyendo… como la villana destinada a morir.
Ahora vive en el cuerpo de Sofia Agarista Brajaya: hija de una familia adinerada, estudiante universitaria, y la mujer que durante tres años persiguió al protagonista masculino sin ser correspondida. Conoce cada giro de la trama, cada traición, y sobre todo, el final que le espera: la muerte a manos de Hansen Darael.
Su plan es simple: alejarse de Kayden, el protagonista, y de Hansen, su futuro asesino. Si no se involucra, la historia seguirá su curso y ella sobrevivirá.
Pero el destino no se deja reescribir tan fácilmente.
Cuando Sofia deja de perseguir a Kayden, él empieza a perseguirla a ella. Una apuesta de dos semanas. Un beso inesperado. Y una red de mentiras que ni siquiera ella, con todo su conocimiento del argumento, podría haber anticipado.
Entre campus universitario, mansiones de lujo, apuestas peligrosas y secretos que desafían la lógica de la ficción, Sofia descubrirá que cambiar el destino de una villana es mucho más complicado —y mucho más doloroso— de lo que cualquier novela podría contar.
¿Puede una lectora reescribir la historia desde adentro? ¿O el guion siempre gana?
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Capítulo 18
Kayden no volvió a abrir la laptop. Se quedó sentado en silencio, con la cabeza ligeramente ladeada, como si intentara comprender algo que nunca se había molestado en entender: Sofia.
La Sofia que normalmente hacía escándalo sola.
La Sofia que se ponía nerviosa cada vez que él aparecía de repente.
La Sofia que se derretía delante de él, desesperada por llamar su atención.
Pero esta Sofia era distinta.
Se reclinó en la silla, cruzó los brazos y no le quitó los ojos de encima, aunque ella se esforzaba al máximo por ignorarlo.
Sofia miraba fijamente el pizarrón. Al menos por fuera.
Pero sus nudillos blancos alrededor del bolígrafo delataban que no estaba tan tranquila como aparentaba.
Al fin, Kayden habló en voz apenas audible.
—¿De verdad eres Sofia?
Sofia se contuvo para no suspirar.
—Kayden, por favor. Cállate.
Kayden bajó la vista a la mesa.
—¿Tanto cambiaste solo por un golpe en la cabeza?
Sabía que los pacientes con traumatismos podían experimentar cambios inesperados, pero esto superaba cualquier expectativa.
Sofia lo fulminó con la mirada.
—Kayden.
Pero antes de que pudiera soltarle algo más hiriente, la voz del profesor la interrumpió:
—Kayden, ya revisé las diapositivas de tu presentación de la semana pasada. Después de clase quiero que corrijas la sección de conclusiones.
Kayden asintió de inmediato.
—Sí, profesor.
El profesor continuó con la explicación.
Pero Sofia lo miró. No porque le importara, sino porque una cosa le llamó la atención: Kayden rara vez le respondía a un profesor tan rápido y sin tono de flojera.
Kayden se dio cuenta de que ella lo observaba.
La comisura de su boca se elevó apenas. No se sabía si porque había ganado algo o porque le gustaba que lo miraran.
—¿Qué? —susurró.
—Kayden, ponle atención al profesor.
—¿Ahora tú me mandas a poner atención? Qué graciosa.
Sofia cerró su cuaderno de golpe, tan fuerte que varios compañeros voltearon.
—Si no te puedes callar, me cambio de lugar.
Kayden arqueó una ceja, como retándola.
—Inténtalo.
El corazón de Sofia casi se le salió. De coraje.
Agarró su bolso y estaba a punto de levantarse, pero Kayden le sujetó la correa con dos dedos, sin siquiera mirarla, los ojos fijos al frente como si lo que hacía no tuviera la menor importancia.
—El profesor está explicando —dijo con voz neutra.
Sofia contuvo un gruñido.
—Suéltame.
Kayden, impasible.
—Después. El asiento de al lado está vacío, ¿no?
—¡Exacto! Me paso a ese.
—Si te cambias, yo también.
Sofia cerró los ojos.
—Kayden, ¿es en serio?
Un leve asentimiento, sin voltear.
—En serio.
—¿Por qué de repente me estás persiguiendo?
Por primera vez, Kayden dejó de molestarla. Bajó un poco la cabeza, como si sopesara la respuesta.
Luego susurró:
—Yo no te persigo.
Pausa.
—Tú eres la que huye.
Sofia giró la cabeza para confrontarlo, pero el profesor volvió a mirar en su dirección.
—Sofia, ¿todo bien?
Sonrisa forzada al instante.
—¡Sí, profesor!
En cuanto el profesor se dio la vuelta, Sofia agachó la cabeza y estrujó el bolígrafo.
Los minutos se arrastraron.
Kayden parecía tranquilo. O fingía estarlo. Pero su pie golpeteaba el piso en un ritmo sutil que delataba su inquietud.
Hasta que, por fin, sonó el timbre.
En cuanto el profesor salió, el murmullo estalló.
—Qué tenso estuvo eso.
—¿Sofia se enojó?
—Creo que están peleando.
Sofia se levantó de un salto. Su único plan: escapar.
Pero Kayden ya estaba de pie, bloqueándole el paso.
—Muévete —dijo Sofia, seca.
—No.
—Kayden.
Él la miró directamente a los ojos.
—Vamos a hablar.
—No hay nada de qué hablar.
—Sofia. —El tono bajó, casi como una advertencia—. No me hagas ir a buscarte.
Sofia levantó la barbilla.
—Búscame si quieres. Yo simplemente no quiero verte.
Kayden cerró los ojos un instante, conteniéndose para no responder con algo más duro.
Cuando los abrió, la mirada era distinta. Más fría, más enfocada.
—Voy a esperarte afuera del salón. Si te escapas por otra puerta, te busco hasta encontrarte.
Sofia resopló, se coló entre los estudiantes que salían y se escabulló.
Kayden no la persiguió, pero sus ojos la siguieron hasta que desapareció.
En el pasillo, Sofia caminó rápido sin llegar a correr. No quería parecer que huía de un fantasma. Aunque, bueno, lo que la perseguía sí era un fantasma: un fantasma terco llamado Kayden.
Dobló a la izquierda hacia el jardín trasero del campus, un lugar que solía estar desierto a esa hora.
Pero se detuvo en seco: Kayden ya estaba ahí.
Sofia puso los ojos en blanco.
—Kayden, ¿en serio?
—Dije que te esperaría.
—¡Esto no es la puerta del salón!
—Sabía que ibas a buscar otro camino.
Sofia se jaló el cabello de la frustración.
—¡¿Qué quieres de mí?!
Kayden se acercó despacio.
No con enojo.
No con agresividad.
Sino con una expresión de confusión que, por alguna razón, hizo que a Sofia le latiera el corazón más fuerte de lo que debería.
—Solo quiero preguntarte una cosa —dijo Kayden en voz baja.
Sofia se cruzó de brazos.
—Rápido.
Kayden tomó aire y preguntó sin apartar la mirada:
—¿De verdad… ya no te intereso?
Sofia casi se ríe de lo absurdo de la situación.
—Ya te lo dije hace rato.
—Hace rato lo dijiste enojada.
—Ahorita también estoy enojada.
Kayden frunció el ceño.
Sofia respiró hondo y dio un paso hacia él.
—Kayden, va en serio. Estoy harta. Siempre complicas todo. Apareces, me buscas, pero luego dices que no quieres drama.
—Tú eres la que dice que yo dije eso. Yo nunca dije que…
—Kayden. —Sofia lo cortó sin dudar—. Ya no me interesas. Punto.
Kayden la miró sin parpadear.
—¿Por qué?
—Porque quiero tener una vida normal.
Kayden arrugó la frente.
—¿Normal?
—Sí. Estudiar, ir a la universidad, vivir tranquila sin estar preocupada de que aparezcas de la nada y me provoques un infarto.
Kayden se quedó callado.
—Sofia —dijo al fin, con voz suave—. Yo no soy un problema.
—Para mí, sí lo eres.
Kayden tragó saliva. Fue solo un segundo, pero Sofia lo notó.
—¿Desde cuándo? —preguntó él.
—Desde que me di cuenta de que mi vida giraba alrededor de ti.
Kayden se tensó.
—¿Y eso es malo?
—Si lo único que me trae es dolor de cabeza, sí.
Kayden se acercó medio paso más. La distancia entre ellos se redujo a casi nada.
La miró intensamente, como buscando una grieta en su respuesta. Pero Sofia no bajó la cara.
—Kayden —le advirtió con la mirada.
—¿Qué?
—Si no te quitas de mi camino…
Se inclinó ligeramente hacia él.
—¡Voy a gritar!
Kayden se encogió de hombros.
—Grita.
Sofia entrecerró los ojos.
—¿Va en serio?
—Va en serio.
—¡Kayden!
Sofia ya no entendía a este hombre. Se supone que debería alegrarse de que nadie lo estuviera acosando, ¿no?
—¡¡SOFIAAA!!
Alguien gritó a lo lejos.
Los dos voltearon al mismo tiempo.
Anisa venía corriendo a tropezones, con cara de pánico.
—¡Sofia! ¡Te llaman a la oficina académica! ¡La profesora Reni dice que es importante!
Sofia se puso tensa al instante.
Anisa llegó jadeando.
—¡Dice que es urgentísimo!
Sofia y Kayden se miraron.
Kayden fue el primero en hablar:
—No hemos terminado.
Sofia tragó saliva.
Le dio la espalda, lo ignoró y siguió a Anisa.
Pero de algo estaba segura: sentía la mirada de Kayden quemándole la espalda hasta que desapareció al doblar la esquina.
¿Que Sofia ya no se interesa en mí? Se supone que debería alegrarme. Pero… ¿por qué se siente tan raro?
Kayden no entendía qué había cambiado en lo que sentía por Sofia. Por eso quería averiguarlo.
Estados Unidos
—¡Mamá, basta! ¡No soy un robot! ¡Si va a seguir así, mejor me regreso! ¡Al menos vivir con papá es más tranquilo, aunque no tengamos tanto dinero!
Después de ese arranque, Wenda se encerró en su habitación con el corazón revuelto. Sus dos años de estudios habían terminado, pero no sabía si iniciar su carrera ahí o volver a casa.
…Y cuando un hilo de la trama se altera, cambia o se desvía, es posible que otros ejes también se muevan. Y Sofia no tenía idea de eso…
¡Veamos qué trama estás tejiendo, Sofia!