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El Bully Que Se Enamoró

El Bully Que Se Enamoró

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Escuela / Romance
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Melisa Britos

La chica invisible del colegio soporta el bullying del más lindo hasta que él se enamora de ella por celos, que pasará con ellos???

NovelToon tiene autorización de Melisa Britos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16: Marzo

Marzo volvió con el uniforme, el olor a plasticola y el calor que no se va ni en el aula. Cuarto año para mí, quinto para Thiago. Nos tocó el mismo preceptor pero distinto horario: yo de mañana, él de tarde porque en quinto hacen pasantía dos veces por semana.

El primer día me esperó igual en el portón aunque entraba tres horas después. Tenía la campera en la mano y cara de recién levantado.

—Feliz primer día —dijo.

—Feliz último primer día para vos.

—Casi.

Me dio un caramelo y un beso rápido.

—Te veo a la salida tuya —dijo.

—Bueno.

Nos acostumbramos rápido a eso: yo salía a las doce y veinte, él llegaba al colegio a la una. Nos veíamos media hora en el banco de la esquina. A veces me traía un sándwich de milanesa que le hacía la madre. A veces yo le llevaba galletitas del kiosco.

Lo raro fue el colegio. Ya no éramos “el que la cargaba y la que lloraba en el baño”. Éramos Thiago y Emilia. Los profesores no decían nada. Los chicos tampoco. Ramiro se cambió de curso y no lo cruzábamos casi nunca. Valentina me preguntó una vez si éramos novios en serio y le dije que sí. No me preguntó más.

Lo que sí cambió fue mamá.

La primera semana de marzo me vio llegar con Thiago hasta la puerta de casa —no hasta la esquina, hasta la puerta— porque llovía y él me acompañó con el paraguas de la madre.

Cuando entré estaba en la cocina.

—¿Llueve mucho? —preguntó.

—Sí.

—¿Por eso te acompañó hasta acá?

—Sí.

No dijo nada más. Pero al otro día me preguntó:

—¿Cómo se llama la madre?

—Marcela.

—¿Trabaja?

—En la verdulería de la Belgrano.

Asintió.

No me dijo “no me gusta”. No me dijo “tené cuidado”. Me dijo “avisame si vas a la casa”.

Le dije que sí.

El jueves de la segunda semana Thiago me mandó mensaje a las once de la noche: “mañana no voy al colegio. mi viejo me lleva al médico.”

Le puse: “qué te pasa?”

“nada. control de la rodilla por el fútbol.”

“ah. avisame.”

Al otro día no me escribió. A la salida no estaba en el banco. Me fui sola.

A la noche me llamó.

—Che —dijo.

—¿Qué?

—Me tengo que operar.

—¿Qué?

—La rodilla. Tengo los meniscos hechos mierda. El médico dijo que si sigo jugando así me la rompo del todo.

Se me heló el estómago.

—¿Cuándo?

—En abril. Después me dejan dos meses sin jugar.

—No vas a jugar todo el campeonato.

—No.

Se quedó callado.

—¿Te duele? —le pregunté.

—A veces. Cuando hace frío. Pero me la banco.

—¿Y por qué me decís ahora?

—Porque no quería decirte en la esquina en cinco minutos.

No supe qué decirle. “Te amo” me parecía poco y “vas a estar bien” me parecía mentira.

—Te acompaño —le dije al final.

—¿A dónde?

—Al médico. A la operación. A lo que sea.

Se rio bajito. —Dale, Ríos. No hace falta.

—Sí hace falta.

—Bueno.

Cortamos. Me quedé mirando el techo.

En el cuaderno escribí: 18/3. Se opera en abril. Dijo meniscos. Dijo dos meses sin fútbol. Me dejó decirle que lo acompaño.

No puse que me dio miedo. Pero me dio.

El sábado fui a la casa. Estaba en el sillón con la pierna estirada y hielo.

—¿Te duele? —le pregunté.

—No. Es por las dudas.

La madre me dio mate. Thiago me agarró la mano abajo de la mesa.

—Me cago en la rodilla —dijo cuando la madre se fue a la cocina.

—No digas así.

—Es verdad. Justo ahora que estamos bien.

—Estamos bien igual.

Me miró. —¿Sí?

—Sí.

Me apretó la mano.

—Che —dijo.

—¿Qué?

—Si me opero y quedo rengueando, ¿me vas a dejar?

—Sos un pelotudo.

—Ya sé. ¿Me vas a dejar?

—No.

—Bueno.

Me dio un beso ahí, con la madre a dos metros, rápido.

—Cuando salga de la operación quiero que estés —dijo.

—Voy a estar.

—Aunque no te deje tu vieja.

—Voy a estar.

Me abrazó con la pierna estirada y yo me quedé así, con la cabeza en su pecho, escuchando el ventilador y la tele de fondo.

Cuando me fui, en la puerta, me dijo:

—No me digas que va a salir todo bien si no lo sabés.

—No te lo digo.

—Bueno.

—Te digo que te espero.

—Bueno.

Me dio un beso y se quedó en el portón hasta que doblé la esquina.

Esa noche mamá me vio entrar.

—¿Cómo está? —preguntó.

—Se opera.

—¿De qué?

—De la rodilla.

—¿Lo vas a ver?

—Sí.

No me dijo que no. Me dijo: —Avisame el día.

Le dije que sí.

En el cuaderno puse abajo de lo último: Le dije a mamá que se opera y no me dijo que no vaya. Él me dijo que no le mienta y yo no le mentí. Me dijo que lo espere. Lo espero.

Cerré el cuaderno.

El lunes en el banco de la esquina me dio un alfajor.

—Para los nervios —dijo.

—No tengo nervios.

—Yo sí.

Le agarré la mano.

—Yo también —le dije.

Nos besamos y me fui al colegio.

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Veronica Asuncion Caglia Mongelos
me encanto la historia de los dos.
me gustaría una segunda parte
si quisiera saber de Lautaro pero que no intervenga en la vida de ellos el ya fue historia
Melu♡: muy buena sugerencia 🥰 la voy a tener en cuenta. besos
total 2 replies
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