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Derritiendo El Ducado

Derritiendo El Ducado

Status: Terminada
Genre:Padre soltero / Mundo de fantasía / Época / Completas
Popularitas:29.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

El Ducado de Valerius es conocido como la tierra del invierno eterno, y su gobernante, el gran Duque Cédric, como un hombre despiadado que combate a los monstruos de las fronteras con magia de hielo. Tras la muerte de su esposa, el ducado se volvió aún más frío, y su pequeño hijo, Theo, crece imitando la severidad de su padre, privado de toda infancia.
Por un antiguo pacto de sangre y gratitud, el Conde Kalen ofrece la mano de su amada hija, Alissa, una joven tímida pero rebosante de alegría y una sutil bendición de luz. Cédric acepta: él necesita una madre perfecta para su heredero, y ella desea proteger a su padre.
Alissa llega a un palacio gris decidida a cumplir una misión: devolverle la sonrisa al pequeño Theo y demostrarle que la calidez puede derretir incluso el hielo más grueso.

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CAPÍTULO 21: El veredicto del trono y la mirada del Emperador

El traqueteo del carruaje imperial cesó por completo cuando las pesadas ruedas de madera y hierro se detuvieron sobre el pulido suelo de adoquines blancos del patio principal. Alissa contuvo el aliento por un instante, acomodando los pliegues de su vestido esmeralda mientras Cédric, con una solemnidad que imponía respeto a cualquiera que lo mirase, descendía primero para ofrecerle la mano. Al salir, la majestuosidad de la capital golpeó sus ojos. Frente a ellos se alzaba el imponente Palacio Imperial, una estructura colosal de mármol blanco, columnas labradas con oro y cúpulas que parecían tocar las mismas nubes. El contraste con la sobriedad y la piedra rústica de su amado Ducado en el norte era abrumador. Aquí, la riqueza y el poder político se respiraban en cada rincón, flotando en el aire como una fragancia densa y embriagadora.

—No te sueltes de mí —susurró Cédric a su lado. Su voz, grave y protectora, actuó como un bálsamo inmediato. El duque mantenía a Theo de la mano, quien miraba los grandes estandartes dorados con ojos desorbitados por la sorpresa, maravillado por el despliegue de los guardias reales que custodiaban el ingreso.

Guiados por el príncipe Christopher, que caminaba a la vanguardia con una elegancia innata que dejaba atrás sus habituales maneras burlonas, el grupo se adentró en el corazón del palacio. Los pasillos de mármol reflejaban sus siluetas como si caminaran sobre un lago helado. Nobles de diversas provincias, ataviados con sedas costosas y joyas relucientes, se detenían en los pasillos al verlos pasar. Los murmullos no tardaron en expandirse como la pólvora: la noticia de que el temido General del Norte había regresado a la capital con una nueva esposa y con el mismísimo heredero al trono como escolta ya estaba sacudiendo los cimientos de la alta sociedad.

Alissa sentía que los nervios le atenazaban el estómago, pero recordó las palabras de Christopher en el carruaje. Mantuvo la espalda recta, la barbilla en alto y una expresión de serenidad imperturbable en el rostro. Cada paso que daba resonaba con firmeza. Ya no era la joven vulnerable que temía el rechazo; era la Duquesa de Valerius, y defendería el futuro de su hijo en el mismísimo corazón del Imperio.

Las monumentales puertas de oro y bronce del salón del trono se abrieron de par en par con un gemido pesado que resonó por todo el vestíbulo. El espacio interior era titánico. Filas de guardias con armaduras ceremoniales flanqueaban el pasillo central, y al fondo, sobreelevado en una escalinata de piedra negra, se alzaba el Trono del Sol. Sentado en él, con una túnica carmesí bordada con hilos de oro y una corona que resplandecía con gemas preciosas, se encontraba el Emperador de la dinastía. A su lado, sentada con una postura perfecta y una gracia inigualable, se hallaba la Emperatriz, una mujer de mirada perspicaz cuyos ojos recorrieron de inmediato a los recién llegados.

El grupo avanzó con paso coordinado y se detuvo a la distancia reglamentaria. Christopher dio un paso al frente y realizó una reverencia perfecta, seguida de inmediato por la postura militar de Cédric y la elegante flexión de Alissa, quien sostuvo los pliegues de su falda con absoluta delicadeza.

—Padre, Madre —anunció Christopher, su voz resonando con fuerza en la inmensidad del salón—. He regresado del norte, y traigo conmigo a los Duques de Valerius. Una grave injusticia y una manipulación legal se está gestando a espaldas de la Corona, y exijo que sean escuchados.

El Emperador paseó su mirada de halcón sobre el grupo. Su presencia era verdaderamente imponente, un hombre que cargaba el peso de un Imperio en sus hombros, pero en sus ojos azules —idénticos a los de Christopher— se vislumbraba una chispa de profunda justicia. Observó a su hijo, luego a su viejo amigo Cédric, y finalmente clavó sus ojos en Alissa, evaluándola en un silencio sepulcral que hizo que los segundos parecieran horas.

—Cédric, viejo amigo —habló finalmente el Emperador, su voz profunda y rasgada por los años—. Tu regreso a la capital siempre es augurio de tormentas. Mi hijo me ha adelantado algo sobre una disputa familiar que amenaza la estabilidad de tu línea sucesoria. Da un paso al frente y expón la situación.

Cédric avanzó con la firmeza de un soldado en el campo de batalla. Con una voz clara, libre de adornos innecesarios pero cargada de una contundencia militar, relató los últimos acontecimientos. Explicó cómo el nuevo ordenamiento del Ducado había devuelto la salud y la alegría a Theo, y cómo la repentina aparición de Lady Elene, armada con un testamento antiguo y la manipulación de las cláusulas de contingencia, buscaba arrebatarle la tutoría legal del niño para desestabilizar el Norte.

—No permitiré que se use la memoria de mi difunta esposa para ejecutar un fraude político y emocional —sentenció Cédric, apretando el puño contra su pecho—. Theo está bajo el cuidado de una madre que lo ama y que ha demostrado una lealtad inquebrantable a nuestra casa.

El Emperador asintió lentamente, pero antes de responder, la Emperatriz inclinó la cabeza hacia adelante, fijando sus ojos dorados en Alissa.

—Y tú, la nueva Duquesa... —intervino la Emperatriz, su tono suave pero cargado de un filo crítico—. Has asumido un rol de inmensa responsabilidad en muy poco tiempo. La corte de la capital habla de tu origen humilde y de tu falta de experiencia en la alta diplomacia. ¿Qué tienes que decir ante las leyes del Imperio que protegen los lazos de sangre de la antigua duquesa?

Alissa sintió la presión del salón entero sobre sus hombros, pero en lugar de titubear, dio un paso al frente de manera elegante. Recordó el consejo de Christopher: el respeto hacia la Emperatriz era la clave. Clavó su mirada en la soberana y, con una voz melodiosa, firme y cargada de una dignidad que sorprendió incluso a los guardias presentes, comenzó a hablar.

—Su Majestad Imperial —comenzó Alissa, realizando una inclinación de cabeza llena de un respeto reverencial y genuino hacia la Emperatriz—. No niego mi origen, ni pretendo borrar el pasado. Pero la verdadera maternidad no se mide únicamente por los lazos de sangre escritos en un pergamino polvoriento; se mide en el sacrificio diario, en el cuidado y en la protección del eslabón más preciado de nuestro Imperio, que son los niños. Lady Elene abandonó este compromiso hace años, utilizando el nombre de su hermana solo cuando sus ambiciones personales lo requerían. Un Ducado fuerte necesita un heredero sano y amado, no un peón político desgarrado de su hogar. Pido respeto para la memoria de la difunta duquesa, pero también pido justicia para el niño que hoy me llama madre por elección propia.

La elocuencia y la absoluta convicción de sus palabras flotaron en el aire del salón. El Emperador arqueó una ceja, visiblemente sorprendido por la audacia y la finura política de la joven que tenía enfrente. La Emperatriz, por su parte, suavizó la rigidez de su rostro, asintiendo sutilmente con la cabeza en señal de aprobación ante la muestra de respeto y la elocuencia de Alissa. Christopher, desde su posición, esbozó una sonrisa de triunfo absoluto. Alissa lo había logrado; se había ganado la atención del trono.

El Emperador se acomodó en su asiento, dispuesto a emitir su juicio y dictar un decreto que pusiera fin a la validez de esa cláusula absurda.

—Tus palabras demuestran la sabiduría que el Norte necesita, Duquesa Alissa —declaró el soberano, levantando una mano para convocar a su canciller—. Respecto al documento legal presentado por Lady Elene, esta Corona considera que—

De repente, un estruendo interrumpió las palabras del monarca. Las monumentales puertas del salón del trono volvieron a abrirse con brusquedad, golpeando las paredes de piedra.

—¡Exijo una audiencia justa ante Su Majestad! —resonó una voz chillona, cargada de una falsa indignación y veneno disfrazado de dolor.

Alissa y Cédric se giraron al unísono. Entrando por el pasillo central, vestida con un fastuoso vestido de luto negro que arrastraba por el mármol, avanzaba Lady Elene. A sus costados, con semblantes severos y portando los pergaminos oficiales del Ministerio de Justicia, caminaban tres de los jueces más influyentes y corruptos de la capital imperial. La mirada de Elene, cargada de una malicia triunfal, se clavó directamente en Alissa antes de postrarse frente al trono.

La confrontación en el corazón del Imperio era inevitable, y la verdadera batalla por la familia apenas estaba por comenzar.

 .

Antes de continuar voy a pedir ¡RESPETÓ! No solo por esta novela, sino por todas las que hice. Al que no le guste solo deja de leer. No hace falta discriminar y menos decirme tarada en los comentarios.

Si no te gusta solo deja de leerla y listo. Me ahorran ponerme mal a mí.

1
Milagros Suarez
Solo me queda darle las gracias por tan maravillosa historia
Preparada para la del bello príncipe 👏👏👏👏🙏🙏🙏🙏🙏🙏
Isabel Fernández
Excelente de principio a fin🎉🎉
Alexandra Hurtado Armero
Me encantó esta historia, y sin temor a equivocarme es lamprima que leo de esta autora y estubo muy buena, el diálogo, la trama, todo el contenido en si estuvo excelente. Entonces felicidades por tu entrega y dedicación 🥰🥰🥰
Ericka L GONZALEZ
excelente
Marisel Rio
💕💕💕💕💕 excelente historia como todas tus novelas un placer leerlas
Ali
muy bonita tu novela felicidades
me gustó porque tuvo de todo y también un dicho más vale muy corto y hermoso que largo y frustrarte
👏
Sabri Nahir Zapata Zini
Hermosa historia!!
Marisel Rio
💕💕💕💕💕💕💕
Marisel Rio
💕💕💕 Que bello capítulo 💖💖💖
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Amor en el aire
Marisel Rio
💕💕💕💕Guauu que comienzo ya me atrapó 🤦🤦😅😅😅😅💕💕💕
ERICA ESTRADA PEREZ
Que paso con el padre de Ella ni una carta nada de nada
Yolanda Fernandez
Que bella historia, mil felicidades autora 👏🏻
Luisa Esperanza Bautista Angarita
felicitaciones
Luisa Esperanza Bautista Angarita
excelente novela
Luisa Esperanza Bautista Angarita
pobre niña con ese padrino
Luisa Esperanza Bautista Angarita
si con alguien que lo ponga a sudar
Gloria Rodríguez
También me quedó la incertidumbre del papá, que pasó con el, no se vio en este cuadro de felicidad
Judy
Magníficamente hermosa!!!!
Judy
Que historia tan pero tan bella!!! Me cautivó totalmente!!! Bien narrada, creativa en su género, no todo lo que se necesita para crear una obra literaria magnífica! Felicitaciones estimada autora! Quedo ansiosa por seguir con la próxima!
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