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PASSIONE

PASSIONE

Status: Terminada
Genre:Romance de oficina / Equilibrio De Poder / Dominación / Traiciones y engaños / Sustituto/a / Amor-odio / Completas
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Alejandro Briñones

Davina Guedes sueña con trabajar en la Inmobiliaria Hawser , sin saber que al lograrlo , despertaría la pasion y al obsesión de su dueño , el empresario Danilo Hawser.

NovelToon tiene autorización de Alejandro Briñones para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 19

La lluvia en São Paulo no era solo agua; era una cortina fría que parecía lavar los últimos restos de la antigua vida de Danilo. En el cementerio, frente a la tumba del hombre que construyó un imperio sobre cadáveres y secretos, Danilo tomó la pluma estilográfica que el Dr. Arnaldo le ofrecía.

—Piénsalo bien, muchacho —susurró el abogado, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. Una vez que pongas tu nombre en este papel, serás el héroe de Davina, pero serás un criminal ante la ley. No habrá marcha atrás. Helenina caerá, pero te arrastrará con ella al fondo de una celda.

Danilo miró el documento. "Confesión de complicidad en fraude fiscal y sobornos corporativos". Suspiró, pensando en los ojos de Davina y en el futuro del niño que aún no nacía.

—Mi libertad ya la perdí el día que me casé con una Hawser —dijo Danilo con voz firme.

Firmó. El trazo fue rápido, definitivo.

Arnaldo guardó el papel en su maletín de cuero.

—Mañana a primera hora, estos documentos y el reconocimiento legal de tu hijo estarán en manos del Fiscal General. Ahora vete. Saca a esa mujer de Itacaré antes de que Helenina decida que el bebé le sirve más sin una madre que lo reclame.

***

Danilo salió del cementerio a toda velocidad, pero no se dio cuenta de que un sedán negro con las luces apagadas comenzó a seguirlo desde la distancia.

Mientras tanto, en la mansión, Helenina no estaba gritando. Estaba peligrosamente tranquila. Estaba sentada frente a su sistema de monitoreo, viendo un mapa de calor que rastreaba el GPS del coche del Dr. Arnaldo.

—¿Crees que soy tonta, Arnaldo? —murmuró ella, acariciando la pantalla—. ¿Crees que no sabía que guardarías un as bajo la manga durante veinte años?

Tomó su teléfono y marcó un código cifrado.

—Intercéptenlo. No quiero que el abogado llegue a su oficina. Recuperen el maletín. Y respecto a mi marido... asegúrense de que tenga un "accidente" antes de que pueda hablar con nadie más.

***

En Itacaré, el dolor que Davina sintió no fue el inicio del parto, sino una advertencia del cuerpo ante el terror extremo.

—¡No puedo, Marcos! ¡Me duele demasiado! —gritó Davina, encogida en el fondo de la lancha mientras el agua de lluvia inundaba el piso del bote.

Marcos "El Lobo" giró el timón con fuerza, esquivando una raíz gigante. Miró hacia atrás: la lancha de Rocha estaba a menos de veinte metros, saltando sobre las olas picadas del río.

—¡Es el estrés, Davina! ¡Aguanta! ¡No es el momento todavía! —rugió Marcos—. ¡Confía en mí!

De repente, Marcos apagó las luces de la lancha y viró bruscamente hacia un canal estrecho, casi invisible entre el follaje espeso. Fue una maniobra suicida. Las ramas de los árboles azotaron el casco de la embarcación como látigos.

Detrás, Rocha se vio obligado a frenar para no estrellarse.

—¡Dispárenles! ¡No dejen que se pierdan en el túnel de árboles! —ordenó Rocha, frustrado.

Pero la lluvia era tan densa que las balas se perdían en la vegetación. Marcos condujo en total oscuridad, guiándose solo por el instinto, hasta que el motor de la lancha de Rocha se escuchó como un eco lejano.

***

Escondidos en una ensenada natural, protegidos por el denso manglar, Marcos ayudó a Davina a sentarse. Ella respiraba con dificultad, pero el dolor agudo en su vientre comenzó a ceder, transformándose en una sorda molestia.

—No va a nacer ahora, Davina. Estamos a salvo por unos minutos —dijo Marcos, sacando un teléfono satelital que Danilo le había entregado meses atrás—. Tengo que avisarle que estamos en el punto de extracción secundario.

En São Paulo, Danilo recibió la señal mientras conducía por la autopista.

—¿Marcos? ¿Están bien? —preguntó Danilo, con el corazón en la garganta.

—La perdimos, Danilo. Rocha nos tiene acorralados en el río. Davina tuvo una crisis, está débil. Necesitamos el helicóptero *ahora*.

—El helicóptero no puede despegar con esta tormenta, Marcos. Tienen que aguantar hasta el amanecer —Danilo miró por el retrovisor y vio el sedán negro acercándose peligrosamente—. Escúchame bien: pase lo que me pase hoy, Arnaldo tiene los papeles. El niño será un Hawser legal. Helenina no podrá tocarlo.

—¿Qué quieres decir con "pase lo que me pase"? —preguntó Marcos, pero fue tarde.

Un fuerte impacto sacudió el coche de Danilo. El sedán negro lo había embestido por el lateral. El teléfono salió volando. El coche de Danilo derrapó sobre el asfalto mojado, rompiendo la barrera de seguridad y quedando suspendido al borde de un barranco.

Danilo, aturdido y con sangre corriendo por su frente, vio cómo dos hombres armados bajaban del sedán negro. No eran policías. Eran los "limpiadores" de Helenina.

Y uno de ellos sostenía el maletín del Dr. Arnaldo…

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Dayma Sánchez Pérez
excelente
Alexx: Gracias ☺️
total 1 replies
Dayma Sánchez Pérez
👍
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