NovelToon NovelToon
Mi Amor El Guachimán

Mi Amor El Guachimán

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Malentendidos / Romance / Completas
Popularitas:720
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

“Mi amor: El guachimán” es una historia de amor intensa entre un humilde guachimán (guardia de seguridad) y una joven millonaria que vive rodeada de lujos pero se siente vacía y sola.
A pesar de venir de mundos totalmente distintos, ambos se enamoran profundamente. Sin embargo, la madre de la chica se opone a la relación y hace todo lo posible para separarlos, creyendo que él no es digno de su hija.
Con el tiempo, el amor entre ellos se vuelve más fuerte y deciden luchar por estar juntos. Cuando finalmente llega el día de su boda, todo cambia drásticamente: ocurre un ataque inesperado y la chica termina herida al protegerlo a él, lo que provoca que pierda la memoria.
Desde ese momento, ella ya no lo recuerda. Él, roto por el dolor pero lleno de amor, hace todo lo posible por ayudarla a recuperar sus recuerdos y volver a enamorarla, demostrando que su amor puede resistir incluso la tragedia y el olvido.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12: Llegando a Barranquilla Narra Ángel Pacheco

Cuando llegamos a Barranquilla estábamos destruidos, mi llave. No solo cansados físicamente por el viaje tan largo desde Santa Marta, sino emocionalmente también. Mi mamá venía agotada, Yurani caminaba callada abrazando a Meleydis y yo trataba de mantenerme fuerte aunque por dentro sentía que la vida me estaba aplastando.

Barranquilla era enorme, ruidosa, llena de carros y gente por todos lados. Pero nosotros llegamos prácticamente sin nada. Solo unas maletas, algo de ropa y las ganas de sobrevivir.

Recuerdo que nos sentamos afuera de una tienda porque mi mamá ya no podía caminar más.

Meleydis estaba dormida en los brazos de Yurani y el calor estaba horrible.

Mi mamá me miró con los ojos llenos de preocupación.

—¿Y ahora qué hacemos, Ángel? —me preguntó bajito—. No tenemos a dónde ir.

Eso me golpeó fuerte.

Porque era verdad.

No teníamos casa.

No teníamos trabajo.

No conocíamos a nadie en Barranquilla… bueno, casi nadie.

Pero yo no podía dejar que mi mamá sintiera más miedo.

Así que respiré profundo y le dije:

—Tranquila, mamá… yo me las arreglo.

Ella me miró sin mucha esperanza.

—¿Cómo?

Yo saqué el celular.

—Voy a llamar a Gregorio.

Mi mamá asintió lentamente.

Yurani levantó un poco la mirada.

—¿Gregorio está acá?

—Sí —respondí—. Él se vino antes y consiguió trabajo.

Ahí mismo marqué el número.

El celular sonó unos segundos hasta que contestaron.

—¡Ajá, parcero! —escuché la voz de Gregorio del otro lado—. ¿Quién habla?

Yo solté una pequeña risa cansada.

—Tu papá, pues.

Gregorio se rio.

—¡Ángel, mi llave! ¿Qué más, compadre?

Escuchar una voz conocida después de tantos días difíciles me dio un poco de calma.

—Ahí vamos sobreviviendo, parcero.

—¿Y tu gente cómo sigue?

Yo suspiré.

—Ahí… mi mamá todavía muy golpeada por lo de Juan Pablo y Leydi.

Gregorio bajó un poco el tono.

—Claro, parcero… eso fue duro.

Hubo un silencio pequeño.

Después él preguntó:

—¿Y dónde andas?

Yo respiré profundo.

—Parcero… estoy acá en Barranquilla.

—¿Qué? —dijo sorprendido—. ¿Ya llegaron?

—Sí… acabamos de llegar hace poquito.

—¿Y dónde están?

Miré alrededor.

—En una tienda por acá sentados porque no tenemos pa’ dónde coger.

Gregorio guardó silencio un segundo.

—No joda…

Yo me pasé la mano por la cara.

—Parcero, hazme un favor.

—Diga pues, compadre —respondió él rápido.

—¿Será que me podés ayudar a buscar un departamento… y de paso un trabajo?

Gregorio no dudó ni un segundo.

—Ya hágale, venga pa’ mi casa. Acá yo hablo con el dueño de los departamentos.

Yo sentí un alivio enorme.

—¿En serio?

—Claro, nojoda. ¿Tú crees que te voy a dejar tirado aquí en Barranquilla?

Yo sonreí por primera vez en días.

—Gracias, parcero.

Gregorio siguió hablando:

—Además acá el dueño es buena gente. De pronto les consigue aunque sea algo pequeño mientras se acomodan.

Yo asentí aunque él no me veía.

—Con cualquier cosita estamos bien.

Mi mamá me miraba esperando entender la conversación.

Gregorio volvió a hablar:

—¿Y trabajo sí necesitas urgente?

Yo solté una risa amarga.

—Parcero… urgentísimo.

Él también se rio.

—Bueno, acá siempre sale algo. Aunque sea de seguridad, construcción, cargando vainas… alguna cosa aparece.

Yo miré a mi mamá y a Yurani.

—Lo importante es empezar.

Gregorio bajó un poco la voz.

—¿Y Meleydis cómo sigue?

Ahí sentí el corazón apretarse.

Miré a la niña dormida.

—Extrañando a sus papás aunque no lo entienda bien.

Gregorio suspiró.

—Qué duro esa vaina…

Yo tragué saliva.

—Sí, parcero.

Hubo otro silencio corto.

Después Gregorio volvió a su tono normal.

—Bueno, deja la tristeza un momentico y escucha. Te voy a mandar ubicación pa’ que lleguen acá.

—Listo.

—Y no te pongas terco. Apenas lleguen comen algo porque se escuchan vueltos nada.

Yo me reí un poquito.

—Sí estamos llevados, pa’ qué te digo que no.

Gregorio también se rio.

—Nojoda, ustedes parecen migrantes cruzando medio país.

—Algo así.

Mi mamá me miró preocupada.

—¿Qué dijo?

Yo tapé un segundo el celular.

—Que vayamos pa’ la casa de él.

Mi mamá suspiró aliviada.

—Gracias a Dios…

Gregorio seguía hablando del otro lado.

—¿Tu mamá está ahí?

—Sí.

—Pásamela.

Yo le di el celular.

—Mamá, es Gregorio.

Ella agarró el teléfono.

—Mijo…

—Doña Rosa, tranquila, venga pa’ acá —dijo Gregorio con cariño—. Acá vemos cómo hacemos.

Mi mamá casi se pone a llorar otra vez.

—Gracias, hijo…

—No me agradezca nada. Ángel es mi hermano.

Eso me golpeó bonito en el corazón.

Mi mamá le devolvió el celular y yo seguí hablando.

—Parcero… de verdad gracias.

—No joda, deja el drama. Mejor lleguen rápido antes que oscurezca.

Yo sonreí.

—Ya vamos saliendo.

—Y cuidado con Meleydis que esa niña debe estar cansada.

—Sí, parcero.

—Bueno, acá los espero.

—Listo.

Y colgamos.

Yo guardé el celular y miré a mi familia.

—Bueno… ya tenemos pa’ dónde ir.

Mi mamá respiró profundo como si por fin pudiera soltar un poquito el miedo.

Yurani abrazó más fuerte a Meleydis.

Y ahí entendí algo:

a veces uno cree que perdió todo…

pero mientras existan personas que te tiendan la mano en el peor momento, todavía queda esperanza.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play