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La Falsa Prometida Del Heredero

La Falsa Prometida Del Heredero

Status: En proceso
Genre:Secretos de la alta sociedad / Escuela / Romance
Popularitas:556
Nilai: 5
nombre de autor: Tao P

Marian Soler solo quería conservar su beca en Aurum Academy y conseguir el tratamiento que su hermana menor necesitaba. Pero una noche escucha una conversación que no debía: Demian Valcárcel, el heredero más poderoso de la universidad, está atrapado en un compromiso impuesto con Isabell Santoro.

Cuando Demian descubre la situación de Marian, le ofrece un trato imposible de rechazar: fingir ser su prometida durante seis meses a cambio de dinero, protección y acceso médico para su hermana.

Ella acepta por necesidad. Él la elige por conveniencia.

Pero en Aurum nada es gratis. Entre rumores, fiestas de élite, secretos familiares y una prometida dispuesta a destruirla, Marian tendrá que decidir si puede sobrevivir al mundo de Demian sin perderse a sí misma… ni caer por el heredero que juró no amar.

NovelToon tiene autorización de Tao P para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18 — La prometida que nadie acepta

Al día siguiente, Marian descubrió que un rumor no terminaba cuando todos se enteraban.

Al contrario.

Ahí empezaba a crecer.

Para cuando cruzó la entrada lateral de Aureum Academy, ya había tres versiones distintas sobre ella circulando por los grupos de estudiantes. En una, Demian Valcárcel llevaba meses viéndola en secreto. En otra, Marian había quedado embarazada y por eso él había tenido que anunciarla como prometida. En la tercera, la más cruel por lo cerca que rozaba la verdad, ella había vendido algo a cambio de dinero.

Nadie decía qué.

No hacía falta.

En Aureum, las insinuaciones eran más útiles que las acusaciones. Una acusación podía negarse. Una insinuación se quedaba flotando, pegada a la piel, obligando a la víctima a defenderse de algo que nadie había formulado del todo.

Marian caminó hacia su primera clase con la mochila al hombro y la cara tranquila.

No tranquila de verdad.

Tranquila por disciplina.

Desde la noche anterior, su celular no había dejado de vibrar. Mensajes del grupo de clase. Fotografías tomadas en el patio central. Clips de Demian tomándole la mano. Capturas ampliadas de sus zapatos, de su expresión, de la forma en que Isabell Santoro le había sonreído frente a todos.

Una publicación anónima en el foro interno de Aureum decía:

“Qué rápido ascienden algunas becarias cuando aprenden en qué mano sostenerse.”

Tenía más de doscientos comentarios.

Marian no había abierto ninguno.

No porque no le importara.

Porque si lo hacía antes de clases, tal vez no podría entrar al aula con la espalda recta.

Al llegar al pasillo de su facultad, las conversaciones bajaron.

No se apagaron.

Solo cambiaron de forma.

Ella sentía los ojos encima: desde las bancas, desde los ventanales, desde los grupos que fingían revisar apuntes mientras la seguían con la mirada. Había estudiantes que antes la ignoraban y ahora la examinaban como si su rostro escondiera una explicación indecente.

Marian apretó la correa de la mochila.

No había hecho nada malo.

Esa frase debería bastar.

No bastaba.

Al entrar al aula, el silencio fue tan rápido que resultó obsceno.

Teresa, sentada en la tercera fila, levantó la vista. Durante un segundo pareció querer saludarla, pero no lo hizo. A su lado, otra chica susurró algo y las dos miraron hacia el frente.

Marian tomó su asiento habitual.

Había una hoja doblada sobre su escritorio.

La miró.

No quería abrirla.

La abrió.

En el centro, con letras negras impresas, decía:

“Las becas no incluyen prometidos.”

El calor le subió a la cara.

No de vergüenza.

De rabia.

Arrugó la hoja con una mano y la guardó en la mochila. No iba a dejarla sobre la mesa para que otros disfrutaran de su reacción.

—Qué carácter —murmuró alguien detrás.

Marian no giró.

El profesor entró cinco minutos después. La clase empezó con normalidad, pero nada en el aula era normal. Cada vez que el profesor hacía una pregunta y Marian levantaba la mano, alguien soltaba una risita baja. Cuando ella respondía bien, el silencio pesaba más que antes, como si su inteligencia resultara una ofensa adicional.

A mitad de clase, su celular vibró.

No lo miró.

Volvió a vibrar.

Y otra vez.

El profesor la observó.

—Señorita Soler, ¿hay algún problema?

Marian sintió todas las miradas clavarse en ella.

—No, profesor.

—Entonces le recomiendo silenciar el dispositivo.

—Sí. Disculpe.

Bajó la vista y bloqueó el celular sin leer.

Pero en la pantalla alcanzó a ver una notificación del foro interno:

“¿Prometida o proyecto de caridad?”

El estómago se le cerró.

No por ella.

Por Lía.

Porque sabía que Aureum podía oler una herida y escarbar hasta encontrar sangre.

Cuando terminó la clase, Marian guardó sus cosas rápido. Quería llegar a la biblioteca, sentarse en un rincón y respirar diez minutos sin que nadie la siguiera con el celular.

No llegó.

Al salir del aula, dos estudiantes bloquearon el pasillo con una naturalidad demasiado ensayada. Una era alta, de cabello negro perfectamente lacio y labios pintados en un tono suave. La otra sostenía un vaso de café helado y sonreía como si se hubieran encontrado por casualidad.

Marian las reconoció.

Eran dos de las chicas que caminaban con Isabell.

No les sabía los nombres.

Tampoco lo necesitaba para entender su función.

—Marian, ¿verdad? —dijo la de cabello negro.

Marian ajustó la mochila.

—Sí.

—Soy Renata. Ella es Pilar.

Bien.

Ahora tenían nombre.

Y problema.

—¿Necesitan algo? —preguntó Marian.

Pilar agitó el café con la pajilla.

—Solo queríamos felicitarte. Lo de ayer fue… inesperado.

—Muy inesperado —añadió Renata.

Marian sostuvo su mirada.

—Gracias.

Intentó pasar.

Renata no se movió.

—Isabell fue muy amable contigo.

Marian casi sonrió.

Casi.

—¿Eso era amabilidad?

Pilar soltó una risita.

—Ay, no lo tomes a mal. Isabell siempre es educada. Incluso cuando tiene razones para no serlo.

—Qué suerte para todos.

Renata ladeó la cabeza.

—Solo esperamos que entiendas la responsabilidad de estar cerca de alguien como Demian.

—La entiendo.

—¿De verdad? Porque algunas personas confunden una mano tomada en público con pertenecer a un mundo entero.

Marian sintió el golpe, pero no bajó la mirada.

—Y otras confunden haber nacido en ese mundo con merecerlo.

La sonrisa de Renata se tensó.

Pilar dejó de mover el café.

Por un segundo, Marian vio la grieta bajo el barniz.

Luego Renata recuperó el gesto amable.

—Qué fuerte hablas para alguien que acaba de llegar.

—No acabo de llegar. Llevo aquí desde inicio de semestre. Solo que antes no me miraban.

Pilar sonrió con veneno.

—Tal vez porque antes no había nada interesante que mirar.

Marian dio un paso hacia ellas.

No mucho.

Solo lo suficiente para que tuvieran que sostenerle la mirada.

—Si quieren decir algo, díganlo claro. Tengo clase después y poca paciencia para traducciones de veneno.

Renata parpadeó.

No esperaba eso.

Marian tampoco esperaba la firmeza de su propia voz, pero la sostuvo.

Antes de que Renata respondiera, una sombra se detuvo al final del pasillo.

Los tres rostros giraron.

Un hombre joven, de traje oscuro, permanecía a unos metros. No parecía estudiante. Tampoco profesor. Tenía una postura discreta, las manos unidas frente al cuerpo y una mirada atenta que no se esforzaba en disimular.

Marian lo reconoció de inmediato.

No su nombre.

Su función.

Demian.

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tinkher
por qué me tengo que enganchar por los puntos 😭🤣
tinkher
valimos puntos
Tao: Muchas gracias por leer 🥹✨ Me alegra mucho que hayas llegado hasta este capítulo. Se vienen más problemas para Marian y Demian.
total 1 replies
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