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EL REFLEJO DE LA ALQUIMIA

EL REFLEJO DE LA ALQUIMIA

Status: En proceso
Genre:Época
Popularitas:3.3k
Nilai: 5
nombre de autor: More more

En un siglo XVIII alternativo, donde la magia se oculta tras el abanico de la etiqueta y el filo de la espada, Elowen de Valois es una anomalía. Hija de un marqués que la desprecia y heredera de una magia de sangre que tiñó su cabello de blanco y sus ojos de rubí, es vendida como un mueble al Duque de Oakhaven.

​Los rumores dicen que el Duque es un monstruo deforme que oculta su rostro tras una máscara de plata, un hombre que desprecia la compañía femenina y que vive recluido en una fortaleza de piedra. Sin embargo, Elowen no es una damisela en apuros. Armada con un intelecto afilado, un conocimiento letal sobre venenos y una belleza sobrenatural que ella misma considera una maldición, entra en la boca del lobo con un solo objetivo: sobrevivir y reclamar su libertad. Lo que no sabe es que su esposo guarda secretos que podrían derrocar imperios, y que la "fiera" es, en realidad, el hombre más poderoso —y peligroso— del reino.

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20

​El ejército de Oakhaven no marchaba como una tropa convencional; se movían como una tormenta de sombras y acero. A la cabeza, Caelum y Elowen cabalgaban sobre corceles negros protegidos por armaduras alquímicas.

Detrás de ellos, la legión de desertores imperiales —ahora orgullosos soldados de la manada— y los lobos guerreros formaban una línea que cubría el horizonte.

​Sin embargo, al divisar las torres de la capital, el cielo se transformó. No fue un atardecer natural; las nubes se tornaron de un color violeta purulento y un zumbido metálico comenzó a vibrar en los huesos de cada soldado.

​Desde el corazón del palacio imperial, algo emergió. No era un hombre, ni una bestia, sino el Heraldo de la Agonía: el autómata gigante que Alistair había alimentado con el alma del Marqués de Valois y de cientos de prisioneros.

Era una masa de bronce, engranajes y huesos humanos, de diez metros de altura, que emitía un aura de terror que hacía que los caballos relincharan de pánico.

​—Esa cosa... se siente como un grito constante en mi mente —pensó Caelum, compartiendo su náusea con Elowen a través del vínculo.

​—Es porque está viva, de una forma retorcida —respondió ella, apretando las riendas—.

Usa el sufrimiento como combustible. Alistair ha convertido la capital en una batería de dolor.

​De repente, el autómata abrió su "pecho" de rejillas de hierro y disparó un rayo de energía roja.

El impacto en la vanguardia de Oakhaven desintegró a una decena de soldados al instante, dejando solo cenizas y un olor a ozono y muerte.

​Caelum dio la orden de dispersión. No podían atacar frontalmente a esa monstruosidad.

—¡Varick! ¡Lleva a los flancos hacia los túneles del acueducto! ¡Elowen y yo nos encargaremos de la distracción!

​Elowen sacó de su alforja un compuesto que había estado perfeccionando desde que supo de la máquina: el "Virus de Corrosión Áurica".

Era una mezcla diseñada para atacar no el metal, sino el flujo de almas que mantenía unidos los engranajes.

​—Caelum, necesito que me lleves a la espalda de esa cosa —le indicó mentalmente—.

Si puedo inyectar este virus en el núcleo, las almas se liberarán y la máquina se devorará a sí misma.

​—Es un suicidio, Elowen. El campo de energía a su alrededor te desintegrará antes de que te acerques.

​—No si tú usas tu Vacío para abrirme un camino. Tú eres la ausencia de luz, Caelum.

Puedes crear un túnel donde su energía no pueda tocarnos.

​Caelum no dudó más. Se transformó en el Lobo Alfa, pero esta vez, bajo la dirección de Elowen, no dejó que las sombras se dispersaran.

Las concentró alrededor de ellos dos, creando una burbuja de oscuridad absoluta.

​Corrieron hacia el autómata bajo una lluvia de fuego rojo. Cada paso de la máquina sacudía la tierra, pero Caelum saltó sobre las casas en ruinas, trepando por los hombros de bronce del coloso.

Las sombras de Caelum luchaban contra los rayos de energía, chisporroteando como electricidad negra.

​—¡Ahora, Elowen!

​Elowen saltó desde el lomo de Caelum, clavando una daga alquímica conectada al vial del virus directamente en la unión del cuello del autómata.

El líquido plateado comenzó a filtrarse por los engranajes.

El gigante de bronce emitió un alarido humano —la voz del Marqués de Valois distorsionada por el metal— y comenzó a tambalearse.

​En medio de la vibración del coloso que empezaba a colapsar, Caelum atrapó a Elowen en el aire antes de que cayera al suelo.

Se refugiaron en un callejón mientras el autómata explotaba en una nube de vapor y lamentos de almas liberadas.

​La adrenalina del combate se transformó instantáneamente en una necesidad eléctrica. Caelum la empujó contra la pared de piedra, sus ojos ámbar brillando con una mezcla de terror por haber estado a punto de perderla y un hambre que no podía esperar.

​—Estás loca —gruñó él en su mente, mientras sus manos buscaban su piel bajo el cuero de combate—.

Si te hubiera pasado algo, habría dejado que este mundo se pudriera.

​—Pero no pasó —respondió ella, besándolo con una ferocidad que sabía a pólvora y victoria—.

Siente mi corazón, Caelum. Siente cómo late por ti.

​Caelum no pudo contenerse. En ese callejón, con la batalla rugiendo a solo unos metros y el cielo teñido de los restos de la máquina, la reclamó con una urgencia salvaje.

Cada roce, cada gemido se multiplicaba por diez gracias a su unión mental. No era solo sexo; era la reafirmación de que estaban vivos frente a la máquina de muerte de Alistair.

​En lo alto del balcón del palacio, Alistair vio cómo su creación se desplomaba. Sus manos temblaban mientras sostenía el cetro imperial.

La explosión del autómata había roto los cristales de sus aposentos, hiriéndole el rostro.

​—No es posible... —susurró—. ¡Esa mujer es un demonio! ¡Traedme a los Guardianes de la Llama Eterna! ¡Si el Norte quiere entrar en mi ciudad, que lo haga sobre un suelo de fuego!

​Alistair no se dio cuenta de que sus propios guardias estaban retrocediendo. El miedo al Duque y a la Duquesa de Oakhaven era mayor que el miedo al Emperador.

La ciudad estaba cayendo, y el Lobo ya estaba a las puertas, con su Luna guiando cada uno de sus pasos hacia el trono de platino.

1
Nubia Jaramillo
me gustó mucho su historia felicitaciones
Sephora
Creo que 🤭 viene una camada de cachorros
YUSMARI HURTADO
felicidades autora
Paola Cordero
Estos dos si siguen así tendrán una camada de cachorros jajjaja ni las luces de el anticonceptivo 🤣🤣🤣🤣🤣
Paola Cordero
Estos dos si siguen así tendrán una camada de cachorros jajjaja ni las luces de el anticonceptivo 🤣🤣🤣🤣🤣
YUSMARI HURTADO
oh vaya capitulo 15 y 16 son Los mismo se repitio/Slight/
Maria Luisa Castro
Interesante 👏
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