NovelToon NovelToon
En Las Garras Del Villano

En Las Garras Del Villano

Status: En proceso
Genre:Romance oscuro
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: syv

Ella lo creó para ser el villano perfecto.
Oscuro, seductor… inolvidable.

Pero cuando comienza a soñarlo, él deja de seguir sus reglas.

Cada noche la atrae más, cada sueño se vuelve más real y cada palabra escrita parece darle poder. Lo que empezó como inspiración se transforma en obsesión cuando su personaje comienza a conocerla mejor que nadie… incluso mejor que ella misma.

Ahora debe elegir: terminar la historia y hacerlo desaparecer… o dejar que el villano que inventó la arrastre a un mundo del que quizá no pueda volver.

Porque algunos personajes no quieren un final feliz.

Quieren existir.

NovelToon tiene autorización de syv para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19 — "El manuscrito advierte"

Después de que Mara se fue, después de ese abrazo que aún le pesaba en los hombros como una promesa o una condena, Valeria no pudo pensar en otra cosa.

La imagen no se iba.

Su amiga detenida en medio de la calle, quieta durante un minuto entero, mientras la gente la esquivaba sin mirarla.

Esa espalda inmóvil decía más que cualquier palabra.

Se tocó la marca.

Inerte.

Como si todo se hubiera paralizado.

Pasó la noche en vela. O tal vez durmió a ratos; no lo sabía. Cuando la luz del amanecer empezó a colarse por las persianas, seguía en el sofá, con la manta enredada en las piernas y la cabeza llena de preguntas sin respuesta.

¿Qué más había olvidado?

¿Cuántos recuerdos se habían ido sin que ella lo notara?

¿Y si la próxima vez era algo importante? ¿Algo que no pudiera recuperar?

El móvil vibró sobre la mesa.

Marcos.

Un mensaje que no abrió.

Luego otro.

Luego un tercero.

Los plazos. Siempre los plazos.

Cuatro semanas. Cada vez menos.

Se levantó.

Fue al baño.

Se miró en el espejo.

La misma cara.

Pero los ojos —esos ojos que la miraban desde el reflejo— ya no eran los mismos. Había algo nuevo en ellos.

Una grieta.

Una pregunta.

Salió del baño.

Pasó frente a la mesilla y vio el frasco de cristal donde guardaba un poco de la tierra del último sueño.

Lo tocó con la yema de los dedos.

La tierra seguía ahí.

Oscura.

Real.

Como él.

—¿Dónde estás? —susurró—. ¿Por qué ahora te escondes?

Nadie respondió.

El olor —ese olor a tormenta que lo había impregnado todo durante semanas— ahora era más débil.

Como un eco.

Como un espera.

Volvió al salón.

Se sentó frente al ordenador.

Lo encendió por inercia. Por costumbre. Por no saber qué otra cosa hacer con las manos.

El manuscrito se abrió solo.

Como siempre.

Y entonces lo vio.

Tres páginas nuevas.

No estaban ahí ayer.

No las había escrito ella.

La primera línea le heló la sangre:

Tú, que me lees como si yo fuera un personaje: no lo soy.

Valeria contuvo el aliento.

La marca dio un latido débil.

Siguió leyendo.

No soy ficción. No soy un invento. No soy el hombre que crees que existe solo en tus sueños. Y sin embargo, aquí estoy, escribiendo en tu ordenador, entrando en tu mundo de la única forma que me queda.

La voz era la suya.

Antigua.

Cortante.

Precisa.

Pero había algo diferente.

Una urgencia nueva.

Como si el tiempo se le estuviera acabando.

Alguien viene.

Alguien que te contará una historia.

Te dirá que tienes miedo de lo que despiertas.

Mentira.

La marca volvió a latir.

Más fuerte que antes.

Te dirá que yo soy el peligro.

Mentira también.

Te hablará de equilibrio, de mundos que no deberían tocarse, de sacrificios necesarios.

Y tú lo escucharás, porque sus palabras sonarán a verdad.

Porque estará convencido de lo que dice.

Porque los que creen en sus propias mentiras son los más difíciles de desenmascarar.

Valeria dejó de respirar.

Pero tú tienes algo que él no tiene.

Tú sabes lo que se siente al ser tocada por alguien que ha esperado siglos.

Tú sabes lo que es real, aunque tu mente intente convencerte de lo contrario.

La marca ardía ahora.

Como si él estuviera cerca.

Pasó a la segunda página.

No confíes en tu miedo.

Tu miedo no está donde crees.

Te han enseñado a temer lo que no entiendes.

Lo que no puedes controlar.

Lo que te desborda.

Pero el verdadero peligro no es lo que te sobrepasa.

Es lo que te empequeñece.

El peligro es quien cree que salvar el mundo significa sacrificarte.

La frase quedó flotando en la pantalla.

Valeria la leyó tres veces.

No la entendía del todo.

Pero algo dentro de ella —algo más profundo que la razón— supo que era importante.

Él vendrá con razones.

Vendrá con pruebas.

Vendrá con la certeza de quien ha vivido suficientes siglos para creer que tiene razón.

Y quizás la tenga.

Quizás todo lo que diga sea cierto.

Pero eso no significa que tenga derecho a decidir por ti.

La marca emitió un pulso largo y sostenido.

Como una caricia.

O una advertencia.

Pasó a la tercera página.

No me creas a mí.

No le creas a él.

Créete a ti.

A la que escribe esto sin saber de dónde vienen las palabras.

A la que sueña con manos que no existen y despierta con tierra en la palma.

Créele a la que olvida.

Porque algo está tomando sus recuerdos.

Y aun así sigue aquí.

Sigue leyendo.

Sigue buscando.

El golpe fue directo.

Los olvidos.

Mara en la calle.

El pacto de la azotea.

Todo lo que había perdido sin saber que lo perdía.

No dejes que te convenzan de que tienes miedo de lo equivocado.

La última línea estaba sola al final de la página.

Valeria se quedó inmóvil.

La mano sobre el ratón.

El corazón golpeándole el pecho.

La marca ardiendo.

—¿Qué es esto? —susurró—. ¿Qué quieres decirme?

Nadie respondió.

Solo el cursor parpadeando.

Esperando.

Intentó racionalizar.

Es parte de la novela.

Solo parte de la novela.

Un giro argumental.

Una vuelta de tuerca.

Algo que su subconsciente había escrito sin que ella lo supiera.

Pero no.

No era eso.

Las palabras eran demasiado directas.

Demasiado personales.

Demasiado para ella.

—Bien —dijo en voz alta, intentando el tono de siempre, ese que usaba para restarle importancia a las cosas—. Ahora mi procesador de textos tiene complejo de Casandra. Exactamente lo que necesitaba.

La frase empezó.

Pero no terminó.

Porque no tenía gracia.

Porque el silencio que vino después fue más fuerte que cualquier palabra.

Porque ni ella misma se la creyó.

Se quedó mirando la pantalla.

Las tres páginas.

Las frases cortantes.

La advertencia.

El peligro es quien cree que salvar el mundo significa sacrificarte.

¿Quién?

¿De quién hablaba?

¿Qué sacrificio?

¿Qué mundo?

La marca dio un latido tan fuerte que le dolió.

Se llevó la mano a la clavícula.

La piel estaba caliente.

Vibrante.

Como si él estuviera ahí mismo.

Justo detrás.

Esperando que ella entendiera.

—No entiendo —susurró—. No sé de qué me hablas.

Nadie respondió.

Pero en la pantalla el cursor parpadeó una vez.

Como un ya lo sabrás.

Volvió a leer la última línea.

Una y otra vez.

No dejes que te convenzan de que tienes miedo de lo equivocado.

¿De qué tenía miedo?

¿De perder a Mara?

¿De lo que estaba pasando con su memoria?

¿De Dorian?

¿De lo que despertaba en ella?

No lo sabía.

Pero alguien iba a venir.

Alguien iba a contarle una historia.

Y ese alguien creía que salvarlo todo significaba sacrificarla a ella.

El teléfono sonó.

El sonido la sacudió.

Vibraba sobre la mesa.

Insistente.

Urgente.

La pantalla iluminada mostraba un número desconocido.

No contestó.

Siguió sonando.

La marca pulsó.

El olor se intensificó.

Ozono.

Tormenta.

Él.

Llenando la habitación como si quisiera protegerla.

O advertirla.

El teléfono siguió sonando.

Valeria no movió un dedo.

Miraba la pantalla.

El número desconocido.

Las tres páginas del manuscrito.

La última línea que aún le quemaba los ojos.

No dejes que te convenzan de que tienes miedo de lo equivocado.

El teléfono dejó de sonar.

Silencio.

Luego llegó un mensaje de texto.

Del mismo número.

Necesito hablar contigo.

No soy una amenaza.

Pero lo que viene sí lo es.

La marca dio otro latido potente.

Como un grito.

Valeria apretó el teléfono en la mano.

El nombre de Mara apareció en su mente.

Su espalda quieta en la calle.

Su abrazo largo y desesperado.

Su promesa de con saliva y mala actitud.

Luego las palabras del manuscrito.

La advertencia.

La certeza de que alguien venía.

Miró hacia la puerta.

Estaba cerrada.

Miró hacia la ventana.

La calle, vacía.

Miró la pantalla.

Las tres páginas.

Y entonces lo supo.

Con una certeza que no podía explicar.

Algo había empezado.

Algo que no podía detener.

El teléfono vibró otra vez.

El mismo número.

No tengas miedo.

Pero prepárate.

La marca pulsó.

El olor la envolvió.

Valeria dejó el teléfono sobre la mesa.

Se quedó mirando la pantalla.

La última línea del manuscrito.

La promesa —o amenaza— de ese número desconocido.

No sabía quién era.

No sabía qué quería.

Pero algo le decía que pronto lo sabría.

Y que nada volvería a ser igual.

1
Maria Jose Cardozo
Me encanta, es tan atrapante, y con una historia que te atrapa y te deja esperando por más. Muchas felicidades a la autora por esta bella historia.
Andy
muy bueno
Andy
por favor 😭 autora quiero más nesesito más 🤭 🤣no me dejes en suspenso 👏muy buen trabajo ☺️
Lidy Martines
no te preocupes pero me agradaría leer tus novelas eres una terriblemente magnífica autora de villanos guaperrimos
Lidy Martines: me encanta
total 1 replies
Nata
literal así ando con esta novela
Nata
en fin si ella está perdida yo más, ya no le veo pata ni cabeza a esto
yoly: Hola, lo siento si te perdí un poco, es que no me gustaba lo que había escrito antes y estuve editando los capítulos, lamento confundirte 🥹
total 1 replies
Nata
esta novela está llena de mucho misterio realmente casi no entiendo nada
Nata
es el amigo con derechos o como? ando más perdida
Iris
cómo es pronto editorial 🤔
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play