Nicolas Peltz, es un detective, que se convierte en el protector de Eva II, una creación genética, del científico Elias Vance, quien la creo con el fin de que sea un banco donante de órganos viviente para su hija biológica que sufre una enfermedad degenerativa. La existencia de Eva II sale a la luz después de que el laboratorio del doctor Vance, se incendiará. El detective Peltz se convertirá en el protector y defensor de Eva II, luchará para que la vean como humana y a la vez ella se convierte en una ayuda invisible para el detective para que no pierda la custodia de su hija de cinco años Clara. ¿Pelts conseguirá que se reconozca a Eva II como humana? ¿Eva II podrá vivir lo que es tener una familia? ¿Qué pasara cuando la verdadera Eva resurja? ¿La reconocerá como su gemela o la repudiará como fenómeno?
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Capitulo 14- La Semilla
#NICOLÁS
Después de una semana caótica donde Laura intento manipularme, donde entrego un celular a Eva para jactarse de que yo estaba con ella. Me sentia aliviado de que llegue el fin de semana, con la visita de mi niña Clara todo seria mas tranquilo. Ella con su energia y sus juegos me sacaba de me caótica rutina.
Mi pequeña Clara estaba sentada en el suelo del salón, rodeada de sus libros ilustrados, esos que hablaban de familias felices con dibujos de padres, madres e hijos. Eva, como siempre, la escuchaba con esa atención que hacía que uno se sintiera la persona más interesante del mundo.
-Mira, Eva
Clara sostenía un libro abierto, mostrando un dibujo de un papá y una mamá abrazados a un bebé.
-Esta es una familia. Un papá, una mamá y un bebé. Mi papi es el papá, ¿ves? Pero no tengo mamá aquí. Mi mamá de verdad… Ella es mi mamá de algunas semanas.
Eva asintió, su mirada fija en el libro.
-Y tú… (Clara señaló a Eva con su pequeño dedo) …Tú puedes ser mi mamá de todos los días. Porque te quiero mucho. Y me cuidas. Y haces la mejor sopa. Y papi te quiere a ti también, ¿verdad?
La pregunta era para Eva, pero su mirada se dirigió un instante hacia mi, que fingía leer un periódico en el sillón, pero escuchaba cada palabra.
-Si eres mi mamá
Continuó Clara, volteando otra página que mostraba a una madre cocinando y un padre jugando con el hijo.
-Entonces podemos ir juntas al parque. Y me lees cuentos por la noche. Y si me enfermo, me das besitos en la frente. Como las mamás. ¿Quieres ser mi mamá, Eva?
Eva no respondió de inmediato. Sus ojos recorrieron las ilustraciones, deteniéndose en la imagen de una madre con su hijo. Luego miró a Clara, y por primera vez, vi una emoción compleja en sus ojos. Una mezcla de curiosidad, afecto y algo parecido a una profunda reflexión.
-¿Mamá?
Susurró Eva, como probando la palabra.
Clara asintió con entusiasmo.
-¡Sí! ¡Mi mamá Eva!
***
Unas horas más tarde, después de que Clara se hubiera retirado a su habitación a jugar, el apartamento se sumió en un silencio apacible. Me encontraba en la cocina, intentando preparar un café fuerte para combatir el resquicio de resaca y el torbellino de pensamientos.
Eva apareció en el umbral de la cocina, sus movimientos tan suaves que apenas la senti. Su voz, dulce y suave como el murmullo de una brisa cálida, me sorprendió. Era un tono que me erizaba la piel, no por miedo, sino por la pura intimidad que transmitía.
-Nicolás (Dijo Eva, su mirada fija en mi, más clara y directa que nunca)...Clara dice… Que si soy su mamá… entonces tú y yo…
Hizo una pausa, como buscando las palabras adecuadas en el vasto archivo de su mente. Tragó saliva. Sabía a dónde iba esto.
-Clara dice que el papá y la mamá… se encierran en el cuarto. Y luego… El papá pone una semilla en la mamá. Y la mamá… Tiene un bebé.
La taza de café recién servido se resbaló de mis dedos. El líquido caliente se derramó sobre la encimera. Escupi el café que había estado bebiendo, la sorpresa y el pánico tiñendo mi rostro. Mi pequeña Clara desperto la curiosidad de Eva.
-¿Una… Una semilla?
Tartamudee, limpiándome la boca con la manga.
Eva asintió, su expresión seria, esperando una explicación lógica.
-Sí. Ella lo dibujó. Una semilla pequeña, como una bolita, que el papá planta en la mamá. ¿Es así, Nicolás? ¿Así es como se hacen los bebés? ¿El papá te planta una semilla en la barriga?
La mire, completamente desarmado. Mi pequeña Clara, con sus libros ilustrados y su inocencia, había despertado la curiosidad más fundamental de Eva. Y ahora, yo, el detective acostumbrado a los casos más oscuros, tenía que explicar el origen de la vida a una mujer que era, en sí misma, una maravilla de la creación. Y todo con una simple, aunque embarazosa, pregunta sobre una "semilla".
Me quede paralizado, el café derramado y la "semilla" de Clara resonando en mis oídos. Miró a Eva, que me observaba con esa mezcla de serena curiosidad y una profunda expectación. La pregunta, tan directa y sin filtros, me descolocó por completo.
¿Cómo explicarle la complejidad de la reproducción humana a una mujer que procesaba la información como una supercomputadora, pero que carecía del contexto emocional y social más básico?
-Bueno, Eva…
Empeze, limpiándome las manos nerviosamente con un paño de cocina. Mi mente buscaba desesperadamente una analogía, una metáfora. Pero nada parecía adecuado para la delicadeza de la situación. Me sentía como un adolescente torpe.
Mis ojos se encontraron con los de Eva, y de nuevo senti ese cosquilleo inexplicable que recorría mi piel. No era solo la belleza de Eva, ni su inteligencia, era la pureza de su alma lo que me desarmaba. La idea de que ella pudiera desear ser la madre de Clara, y quizás mi esposa… Me daba vueltas en la cabeza.
-Mira, Eva… es más complicado que una semilla (Dije, mi voz más ronca de lo que pretendía) -Cuando dos personas… Se quieren mucho, mucho… Y quieren formar una familia… Se casan.
Eva inclinó la cabeza, absorbiendo la información.
-¿Casarse? ¿Cómo en el cuento de Clara?
-Exacto (Me aferre a eso como a un salvavidas)...Y si se casan… Entonces… Entonces pueden tener un bebé.
-¿Y tú me darás la semilla si nos casamos?
Preguntó Eva, su voz dulce y suave, pero con una lógica implacable que no dejaba lugar a rodeos.
Tosi, ahogándome con mi propia saliva. Mi cara me ardia, seguro me puse del color de un tomate maduro.
Tome un vaso de agua, cualquier excusa para alargar la respuesta que no tenia para Eva.
Desee con toda mi alma estar en medio de una escena de crimen, con balas volando y el caos más absoluto, antes que tener que explicarle esto a la mujer más hermosa y literalmente inocente que había conocido. ¡Esto era algo que en su momento tendría que explicarle a Clara, no a Eva!
-No es… No es exactamente así…
Balbucee, buscando una salida.
Justo en ese momento, mi celular vibró con insistencia.
¡El Oso! Nunca había agradecido tanto una llamada de mi amigo.