Es una historia intensa y visceral sobre pasión, ambición y lealtad en un universo donde cada decisión puede ser la última.
Un romance envuelto en balas.
Una guerra donde el corazón es el único territorio que no están dispuestos a perder.
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CAPÍTULO 11.
Tocan la puerta de mi departamento.
Abrí.
Gabriel estaba ahí. No venía herido, no venía corriendo, no venía con esa mirada fría de los últimos encuentros... Solo estaba respirando fuerte, como si hubiera atravesado media ciudad peleando contra sí mismo.
_ No puedo estar lejos de ti _ dijo, sin saludo y sin rodeos.
La frase cayó entre nosotros como un disparo.
Lo miré unos segundos más de lo prudente y en su mirada había guerra, una guerra silenciosa entre el hombre que había construido y el chico que alguna vez me besó detrás de un galpón.
_ Entra _ susurré finalmente.
Cerré la puerta.
Esta vez Gabriel no hizo lo de siempre... No revisó las ventanas, no caminó por el departamento midiendo salidas, distancias o riesgos.
Esta vez se quedó quieto y mirándome como si yo fuera el único punto importante en todo el mapa.
Sentí el aire volverse más pesado.
_ Esto es una mala idea _ dije.
Pero ni yo misma creí en mis palabras.
_ Lo sé.
No se acercó enseguida y eso fue lo que más me desarmó. Porque durante años, lo nuestro había sido intensidad pura, encuentros rápidos, besos robados y urgencia de sobrevivir. Pero esa noche había algo distinto en él.
_ No vine a discutir _ murmuró.
Otro paso.
_ No vine a prometer cosas que tal vez no pueda cumplir.
Ahora estaba cerca, demasiado cerca.
_ Vine porque ya no quiero seguir conteniéndome.
Sentí el pulso golpeándome en la garganta.
_ Gabriel… _ intenté decir algo más, pero él negó suavemente con la cabeza.
_ No quiero hablar _ dice y por primera vez en mucho tiempo, no discutí con él.
Se acercó despacio, su mano subió hasta mi rostro tocándome con una suavidad que no le conocía. Como si necesitara comprobar que yo era real, como si temiera que yo desapareciera otra vez.
Ese gesto me quebró por dentro.
Porque Gabriel siempre había sido intensidad, impulso y tormenta...Pero ahora es decisión.
Finalmente me besó. No fue un beso desesperado como los de antes, fue más profundo, más lento y más consciente... Había fuego, sí, pero también algo que dolía más que el deseo: todo lo que habíamos perdido en el camino.
Mis manos se aferraron a su camisa, no para detenerlo, más bien para sostenerme. Porque besarlo después de todo ese tiempo era como abrir una puerta que habíamos mantenido cerrada a la fuerza y detrás de esa puerta estaban los tres años que nos separaron.
Luego me levantó en sus brazos, lo hizo con firmeza, pero sin prisa, como si por primera vez en mucho tiempo no estuviera huyendo de nada y me llevó hasta la habitación, mientras yo le indicaba el camino.
_ Si quieres que me detenga… dímelo ahora.
Lo miré a los ojos.
_ No quiero que te detengas _ susurré.
Apoyé la frente en su hombro un instante, cerrando los ojos, donde podía escuchar su corazón latiendo fuerte contra su pecho.
_ Siempre imaginé que esto sería más caótico _ murmuré.
Gabriel soltó una pequeña risa.
_ Con nosotros todo suele serlo.
Gabriel me dejó al lado de la cama y luego me abrazó contra él... Sentí la seguridad de su cuerpo rodeándome, de la forma en que sus manos recorrían mi espalda con una mezcla de deseo y ternura que me hacía temblar.
Sus labios se deslizaron por mi mejilla, por mi cuello, y tuve que cerrar los ojos porque cada roce hacía que mi cuerpo reaccionara de formas que nunca había sentido antes.
Pero no había vergüenza "Solo confianza".
La confianza que nace cuando alguien conoce tus cicatrices, tus miedos y tus noches más oscuras… Y aun así decide quedarse.
_ Aurora _ susurró mi nombre contra mi piel y en su voz había algo que me hizo entender que para él ese momento también era único.
Apoyé mis manos en su rostro para que volviera a mirarme.
_ Estoy aquí _ le dije.
Nos movimos lentamente hasta quedar recostados sobre la cama.
_ Gabriel... _ le susurro en los labios.
_ ¿Qué?
_ Es la primera vez que me entrego a un hombre _ Gabriel se quedó inmóvil un segundo.
Como si mis palabras hubieran detenido el tiempo entre nosotros. Mientras sus ojos se clavaron en los míos, oscuros, intensos… llenos de algo que nunca le había visto antes.
_ No sabes cuánto soñé con este momento _ confesó en un murmullo.
Sus dedos se entrelazaron con los míos sobre la cama y entonces volvió a besarme.
Nos movimos juntos para despejarnos de nuestra ropa con una lentitud casi reverente. Luego nos miramos un momento que pareció eterno.
Había cicatrices nuevas en su cuerpo. Más duras, más profundas. Marcas de un camino que yo no había visto.
Él también notó las mías.
Su mano rozó la cicatriz de mi muslo.
Sus ojos se oscurecieron.
—Aquí —murmuró— pensé que te había perdido.
Tomé su mano.
La llevé a mis labios.
—Yo también pensé que no volvería a verte.
Nos quedamos mirándonos y lo abracé con más fuerza, donde él respondió rodeándome entre sus brazos, como si quisiera protegerme incluso en medio de aquel momento tan íntimo.
Sentí cómo su frente se apoyaba contra la mía otra vez.
_ No voy a lastimarte _murmuró.
_ Lo sé _ Negué suavemente.
Nos volvimos a besar con lentitud. Descubriéndonos y aprendiendo el ritmo del otro... Mientras cada gesto estaba lleno de una intensidad silenciosa que hacía que el aire en la habitación se volviera más denso y más cálido.
Gabriel escondió el rostro en mi cuello y sentí su respiración temblar contra mi piel.
_ Aurora… _ repitió, más bajo.
Sus dedos se deslizaron por mis pechos mientras me miraba de nuevo. Y en sus ojos había algo que nunca antes había visto tan claro: Un amor crudo, profundo y peligroso.
_ Eres mía… _ susurró con una intensidad que me hizo estremecer.
Sonreí apenas.
_ Siempre lo fui.
Sus labios encontraron los míos otra vez y esta vez el beso fue más fuerte... Más desesperado.
Como si los dos supiéramos que ese momento marcaba un antes y un después.
Era la unión de dos personas que habían sobrevivido a demasiadas cosas… y que finalmente se encontraban de nuevo.
_ Aurora… _ dijo con voz ronca.
_ ¿Sí?
Sonrió apenas.
Una sonrisa pequeña, pero real.
_ Ahora sí… ya no hay vuelta atrás.
_ Nunca la hubo, Gabriel.
Porque desde el primer día que nuestras vidas se cruzaron… los dos sabíamos que estábamos destinados a arder juntos.
ella claramente le dijo que era una trampa pero el de disque macho se fue y cayó en el anzuelo a si que no venga a reclamar nada 😡
despues de aquí seguro aparecerá la valentina esa ocupando el lugar de aurora