Me obligaron a casarme con el duque más frío del Imperio.
Lo juré odiar… hasta que empezó a protegerme.
Un omega orgulloso, un alfa distante y un matrimonio que podría convertirse en amor.
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Capítulo 4 Cuando el deber pesa más
Cuando el deber pesa
El ducado Ravenshire despertaba antes que el sol.
Caelan lo descubrió al abrir el ventanal. En el patio, los guardias cambiaban turno con una precisión casi mecánica. No había prisas ni gritos. Todo funcionaba como si cada pieza supiera exactamente dónde encajar. Esa eficiencia le produjo una mezcla de respeto y rechazo. Era admirable. También era asfixiante.
Se vistió con ropa sobria y bajó al ala administrativa del ducado. No lo habían llamado, pero tampoco quería seguir fingiendo que lo que había escuchado el día anterior —las palabras “no alcanzará para todos”— no le rondaban la cabeza.
El despacho donde se reunían los administradores estaba entreabierto. Caelan reconoció la voz de Blaise.
—No podemos desatender la frontera —decía el duque—. Si debilitamos las guardias, los movimientos al norte se intensificarán.
—Los pueblos del valle bajo ya están al límite —respondió un hombre mayor—. Si el invierno se adelanta, habrá hambre.
Caelan dudó. No quería irrumpir. Pero el silencio también era una forma de elegir.
Tocó la puerta.
Las miradas se volvieron hacia él. Blaise levantó la vista, sorprendido.
—No pretendía escuchar —dijo Caelan—. Pero ya que lo hice… creo que están planteando la pregunta equivocada.
El administrador frunció el ceño.
—Este no es un asunto para…
—Para omegas —completó Caelan, sin alzar la voz—. Lo sé.
El aire se tensó. Blaise levantó una mano, pidiendo calma.
—Explíquese —dijo el duque.
Caelan se acercó al mapa extendido sobre la mesa.
—Están discutiendo dónde el daño será menor. Yo les propongo pensar cómo evitar que el daño se normalice. Reforzar puntos clave de la frontera y abrir rutas de intercambio temporales con los pueblos del oeste. No es una solución perfecta, pero compra tiempo.
—Eso implica confiar en la cooperación de gente que ya desconfía del ducado —replicó el administrador.
—La desconfianza crece cuando solo se reciben órdenes —respondió Caelan—. Si se les pide ayuda, es más probable que respondan.
El silencio cayó pesado. No porque la idea fuera brillante, sino porque venía de alguien que no esperaban que hablara.
—Es arriesgado —dijo Blaise.
—No hacer nada también lo es —replicó Caelan—. Solo que parece más cómodo.
Blaise sostuvo su mirada.
—Esto no es un debate teórico. Cada decisión aquí tiene consecuencias.
—Y cada retraso también —respondió Caelan—. Yo no hablo desde la ingenuidad. Hablo desde la gente que va a pasar frío.
El choque fue directo. Sin gritos. Sin dramatismo innecesario.
—No vuelva a irrumpir en reuniones del consejo —dijo Blaise, con voz firme—. No es su lugar.
La frase fue un golpe seco.
—Entonces tal vez este lugar no sea el mío —respondió Caelan, dando un paso atrás—. Porque no pienso aprender a mirar el hambre como un “mal menor”.
Salió antes de que el silencio se volviera más pesado.
Horas después, en el pasillo, el eco de esas palabras aún le zumbaba en los oídos. Parte de él sabía que había sido imprudente. Otra parte se negaba a pedir disculpas por haber dicho lo que creía justo.
Esa noche, cuando volvió a ver a Blaise en el comedor, el saludo fue correcto. Demasiado correcto. La distancia había vuelto a crecer entre ellos.
No se habían convertido en enemigos.
Pero tampoco eran aliados.
Y esa frontera invisible, fría como el norte, empezó a dolerle más de lo que Caelan esperaba.
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Caelan habló desde la empatía.
Blaise respondió desde la responsabilidad de gobernar.
Ambos creen estar haciendo lo correcto…
pero el deber y la compasión no siempre caminan juntos.
Quiero saber su opinión 👀
¿Quién tiene razón en esta discusión: Caelan o Blaise?