Nací entre lujos, rodeada de poder, creyendo que el amor sería el único territorio donde nadie podría obligarme.
Me equivoqué.
Mi padre decidió mi destino con una firma.
Mi esposo selló mi condena con su desprecio.
Y yo… yo aprendí demasiado tarde que no todos los cuentos de hadas comienzan con una boda.
y que incluso en jaulas doradas se puede morir lentamente.
NovelToon tiene autorización de Liose Tess para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 11 territorio
Antonio estaba esperándome, no sentado, ni relajado, se encontraba de pie, junto a la ventana.
Como si vigilara algo que le pertenecía.
Cerré la puerta sin prisa.
—¡Si vas a interrogarme, al menos podrías disimular!
Su reflejo en el cristal no se movió.
—¿La pasaste bien?
—Fue una cena, como cualquier otra.
—No hablo de la cena.
Giró lentamente sus ojos eran puro hielo.
—Te vi.
—¿Ah, sí?- fingi inocencia.
—En el jardín.
El silencio se tensó.
—Con Adrián.
Lo observé con calma.
—¡Conversando!, como dos personas normales.
—No me gusta eso Renata.
—Qué desafortunado...
Antonio avanzó cada paso medido y amenazante en su serenidad.
—No tolero ese tipo de cercanía Renata.
—No sabía que ahora tolerabas algo relacionado conmigo.
El golpe aterrizó directo y certero. Su mandíbula se tensó. Pero su voz salió impecablemente fría.
—No confundas mis límites con interés.
—No confundas mis silencios con sumisión Antonio- mi respuesta fue feroz Pero inmediata.
El aire se volvió denso.
—Adrián no es un juego que puedas permitirte.
—No soy yo quien parece alterado por su presencia aquí Antonio.
Antonio se detuvo frente a mí demasiado cerca.
—No lo provoques.
Una risa leve escapó de mis labios.
—¿ Acaso son estos Celos?
—no Renata es solo Desprecio.
Sus palabras fueron cuchillas.
—No eres especial para él, Renata.
Sentí el golpe y luego el segundo.
—y mucho menos para mí... no eres especial ni para tu padre...
se instalo un silencio entre nosotros.
Antonio inclinó apenas el rostro hacia el mío.
Su voz descendió, helada.
—Este matrimonio existe por conveniencia.
—Nunca me creí otra cosa.- trate de sonar segura pero estaba conteniendo las lágrimas.
—Entonces compórtate como lo que eres.
—¿Y qué soy exactamente?-
Sus ojos no parpadearon.
—Una firma útil, una garantía para mí contribución con tu padre, una llave para muchas puertas...
El mundo pareció detenerse ya estaba acostumbrada a su desprecio, mero hoy, estaba más venenoso que nunca.
—Vete al infierno, Antonio.
Él sonrió lento y cruel.
—Ese tono no te queda bien, no eres una niña educada Renata.
Y salió como si yo fuera un asunto ya resuelto, pero sus palabras... No se fueron con él, se repetían una y otra vez en mi cabeza.
La casa estaba en silencio, pero mi mente no, bajé descalza, necesitaba agua, aire. Algo que no oliera a humillación.
no estaba sola, Adrián Villavicencio apoyaba un hombro contra la encimera, camisa arremangada, y una expresión tranquila.
Como si la madrugada le perteneciera.
—Problemas con el dueño del territorio?
Su voz fue baja pero Grave.
—Antonio no posee nada que yo no le haya permitido creer.
Adrián sonrió.
—Interesante definición de matrimonio.
Tomé una copa, Mis manos estaban firmes, Pero Mi pulso no.
—¿Siempre escuchas conversaciones ajenas?
—Solo cuando el silencio posterior es demasiado ruidoso.
Sus ojos recorrieron mi rostro, Deteniéndose, analizando.
—Te dijo algo desagradable.
No fue una pregunta, fue una afirmación.
—Antonio siempre dice algo desagradable.
—Pero hoy fue distinto.
Lo miré, tenía razón, hoy fue más cruel que de costumbre.
—¿También eres experto en leer esposas infelices?
Adrián se acercó, lento, sin prisa, como si disfrutara cada centímetro de distancia que desaparecía entre nosotros.
—No estás infeliz.
Su voz bajó apenas.
—Estás herida.
El aire cambió.
—No te concedo ese nivel de percepción.
—No necesito que me lo concedas nada Renata.
Se detuvo frente a mí, demasiado cerca.
—Antonio subestima muchas cosas.
Sus dedos rozaron suavemente mi muñeca, un contacto leve, pero eléctrico.
—Entre ellas…
Su mirada descendió hacia mis labios.
—lo que provoca en los demás.
Mi respiración se alteró, maldita sea.
—No soy parte de tus juegos, Adrián.
—¿Segura?
Su mano subió lentamente, sus dedos eran cálidos, su pulgar rozo mi mentón,.elevando mi rostro. El mundo se volvió peligrosamente estrecho.
—Dime que no quieres esto...
Su voz fue apenas un susurro, no respondí, no pude.
Se inclinó más hacia mí, sus labios estaban a un suspiro de los mío cerré los ojos, el pulso explotando, la piel ardiendo, la espera suspendida.
Pero… nada, Silencio, Vacío y frialdad repentina.
Abrí los ojos, Adrián se había apartado Observándome con una expresión oscura y compleja.
Una sonrisa divertida y devastadora a la vez.
—¿Qué te hizo pensar…
Su voz fue suave, cruelmente suave.
—que iba a besarte?
El golpe fue brutal la sangre subiendo a mi rostro.
la humillación ardiendo bajo la piel.
—Eres un imbécil.
Adrián sostuvo mi mirada, sin rastro de culpa solo intensidad peligrosa.
—No.
Se inclinó apenas hacia mí.
—Soy un hombre que sabe exactamente lo que hace.
—Entonces eres peor que tu hermano.
Su sonrisa no desapareció.
—Tal vez.
Sus ojos ardieron con algo inquietante.
—Pero ahora sé algo que tú no puedes negar.
Yo lo miraba en silencio con rabia contenida.
—Que lo querías.
Mis dedos se cerraron con fuerza alrededor de la copa.
—No vuelvas a hacerlo.
—¿que cosa? ¿provocarte?
- humillarme.
Adrián se inclinó apenas su voz descendió grave.
y peligrosa.
—No confundas una retirada…
—con falta de intención.
Y se alejó,.dejándome con el pulso desbocado, la piel en llamas y una verdad imposible de ignorar.
Lo había querido, realmente había deseado que sucediera. pudia negarselo a él, Pero no a mí.