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Conoce más de ellos en el primer libro. Titulado: La esposa del duque.
Tras la muerte de Karelin, el emperador Will se convirtió en un hombre deseado.
Tras pasar un tiempo prudente, la corte solicitó nuevamente que el emperador contrajera matrimonio. Un emperador no debe gobernar solo, por lo tanto deberá contraer nupcias.
Pero eso no es todo. Tras una aventura con la duquesa Eliza, Will comenzó a sentir algo por ella, pero "por el que dirán" decidieron alejarse. Pero su atracción no terminó; tras la muerte de Karelin, Will y Eliza se volvieron a unir, pero esta vez el hijo de Eliza no acepta esa relación. Por amor a su hijo Eliza decide ponerle fin.
¿Podrán estar juntos o simplemente tendrán encuentros? ¿El emperador elegirá a la dama correcta para casarse? ¿Qué hará Eliza? ¿Reconocerá sus sentimientos o simplemente dejara ir a Will para siempre?
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Capítulo 18 Enojo
Will
Conozco a la perfección la casa de Eliza, así que esta noche me cobraré lo de esta mañana; la necesito con urgencia. Subo por un árbol que se encuentra cerca de su ventana, observo su cuarto, pero... no está en su recámara. Así que me bajo del árbol. "¿Dónde estará?", me pregunto mientras camino alrededor de la casa.
Como un loco, observo todo alrededor, pero unas voces llaman mi atención; con cautela me voy acercando. Eliza no cuenta con muchos guardias y eso solo es ventaja para mí.
Encuentro una ventana por la sala, me voy acercando y el pulso se me acelera a mil cuando veo a Eliza cerca de la chimenea tan cerca de este idiota. Puedo escuchar mi pulso, observo todo alrededor y veo que él tiene una copa de vino en la mano; la otra copa de vino está en la mesita. No es solo una botella, son dos. Empuño ambas manos, recordando cuando una vez vine a buscarla y así empezamos, con copas de vino para luego... Respiro con más enojo que antes.
Rodeo la otra ventana, los observo mucho mejor. El corazón me late aún más fuerte cuando veo la mano de ese idiota en su pecho, para luego posar su mano en su cuello y luego a ella acercándose más a él. Las venas se me remarcan en el rostro y, antes de que ella pueda besarlo, de un puñetazo destrozo el cristal.
Ellos se apartan. Me oculto en la pared; no dejaré que me vea. No puedo dejar que descubran que soy yo el maldito idiota que anda detrás de una cobarde que complace al hijo. Me daría gusto que el idiota sepa quién la desespera, pero sé que Eliza me odiaría si sale a la luz que ella fue la amante.
Observo la ventana; él se ha ido y ella ha caído en el sofá. Si no hubiera venido... ¿se hubieran acostado? Respiro profundo e ingreso, piso los cristales; las manos me pesan, el enojo me está matando. La veo con tanta ira hasta que logra verme. Escucho que vienen. Un día, Eliza, un día lo sabrá; sabrá quién es el único que te acelera el corazón con tanta intensidad.
Me marcho como los mil demonios. Camino por las calles oscuras, llego hasta donde se encuentra mi caballo y me monto. Llego a mi palacio y me bajo como los mil demonios. Ingreso a mi despacho, me sirvo un coñac, sujeto la copa en mis manos y la lanzo con tanta ira.
El pecho me sube y baja rápidamente. La mano me sangra; estuvieron a punto de besarse. Terminó hoy por la mañana en mi mano y se le ocurre coquetearle a otro. Estaba dispuesto a ir como un idiota por ella, pero ¿qué fue lo que vi? Una escena que me tiene furioso: ella dejándose posar la mano de ese idiota en el pecho.
—¡Ahhh! —grito fuerte.
Tomo la botella y bebo un gran trago. La mano comienza a punzarme; el quebrar el cristal hizo que me rompiera la piel. Me siento en mi silla, observo mi ventana y a lo lejos distingo su hogar. Entrecierro los ojos, respiro agitado. ¿En qué estaba pensando? En un: "¡Sí, Will, no me importará nadie, ni mi hijito, estaré contigo!". Suelto un suspiro. Solo un estúpido creería eso, y ese fui yo.
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¿Que si dormí? ¡Para nada! ¿Se acostaría con él? Suelto un suspiro al llegar a la corte. Camino directo a mi despacho e ingreso tomando asiento en mi puesto. Me cubro el rostro con ambas manos, suelto un suspiro largo, cuando escucho que tocan la puerta.
—¡Permiso, emperador! Le he traído los documentos que necesitan de su firma y...
Elevo la vista y es Diana. Trae un vestido rojo, pegado de la cintura y, si no estoy mal, es una nueva moda, ya que define completamente su figura; marca su cintura y sus caderas se ven un poco más anchas. Es un vestido muy coqueto y elegante a la vez.
—¿Pero qué le ha pasado? —dice acercándose a mí.
Me observo la mano, la cual tiene sangre en la venda que me hice; solo me apliqué coñac y la vendé.
—¡No es nada! —respondo.
—¡Cómo que no, tiene sangre! Déjeme verla —dice tomando mi mano. La observo y se pone nerviosa—. ¡Perdóneme, emperador, solo que... me preocupé!
Sonrío de lado.
—¡Está bien, no te preocupes! —le hablo viendo hacia la ventana. —¡Ya me aplique coñac!
—¡Me ha tuteado! —habla sorprendida.
—¡Lo siento, no me he dado cuenta! —respondo, ya que no lo había notado.
—¡Puede hacerlo, no tenga pena!
Asiento y camina hacia una gaveta; observo su vestido, es un buen diseño. Llega con unas vendas y un recipiente. Toma una silla para quedar frente a mí y sujeta mi mano herida.
—Mi madre me enseñó a curar heridas —habla mientras retira la venda y yo simplemente hago un gesto de dolor—. Lo bueno es que el coñac ayudó a que no se infectara. Pero fue muy duro el golpe. ¿Qué le sucedió? Bueno, ¡si se puede saber!
Sonrío de lado.
—¡Rompí una ventana!
—¡Qué!
—¡Fue por impulso, vi algo que no fue de mi agrado, pero no deseo hablar de eso!
—¡Entiendo! —dice aplicando vino, y eso arde.
—¡Duele! —hablo cuando la toca.
—¡Esperemos que no se haya lastimado de más! Le aplicaré miel —dice sacando el contenido del frasco—. Lo vendaré con lino —me indica tomando con delicadeza mi mano.
—¡Gracias! —le digo.
—¡Es un gusto para mí, emperador!
Nuestras miradas se conectan. Sus ojos son azules; rápidamente aparta la mirada y sonrío a mis adentros. Se ha puesto nerviosa. Cuánto no daría por que esos ojos avellanados me vieran directo y sin miedo expresaran lo que siente. Respiro profundo y suelto el aire.
—¡Listo, mañana debe amanecer mejor! Mientras, puedo hacer todo por usted; la mano derecha es muy importante.
—¡Gracias, Diana! Te lo agradecería bastante.
Me sonríe y camina por la oficina para organizar documentos. Yo simplemente veo a la nada, pensando en cómo pasaría ella su noche; de seguro, muy bien acompañada.
Diana
Sin duda estás dejando todo claro con Diana si ella ilusiona es xq quiere
Will aquí hay muchas lectoras que quieren estar en el lugar de Eliza
No quiero ni imaginar que si como la piensa podría tomar pensar en tomar malas decisiones x despecho
Y usted solita está arrojando a Will a brazos de Diana
Que es multifuncional
Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido.Pars poner en claro tus sentimientos no era necesario viajar con Fernando suerte x que la vas a necesitar
Es injusto que el padre de ella utilice cuentos viejos para darle más a 🪽 a don tonto que ya le dijieron que lo ven como amigo
El que no escucha consejos no llega a ser sabio después no te lamentes Eliza x no tomar buenas decisiones
gracias por el capítulo me gusta el personaje de la duquesa obvio de la madre muy centrada no tiene pelos en la 😛
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