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Bajo El Ala Del Demonio

Bajo El Ala Del Demonio

Status: En proceso
Genre:Vampiro / Romance paranormal / Fantasía LGBT
Popularitas:657
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Hoks

El amor es un suspiro mortal; la obsesión es un hambre eterna.”

Francois es un joven florista cuya vida es un jardín de luz y serenidad. Su mundo gira en torno a Margaret, su prometida, una mujer cuya calidez es el único refugio que necesita. Pero la felicidad de los mortales siempre atrae a las sombras, y para Demon, un vampiro antiguo que ha olvidado lo que significa sentir, Francois no es solo una presa: es una obsesión.

Demon no busca simplemente la sangre de Francois; desea corromper su pureza, quebrar su voluntad y poseerlo como la joya más preciada de su colección macabra. Consumido por unos celos patológicos hacia Margaret, el vampiro inicia un asfixiante juego de manipulación psicológica. A través de visiones aterradoras, regalos envenenados y la seducción del poder prohibido, Demon comienza a aislar a Francois de la realidad, sembrando la desconfianza y la paranoia en la pareja.

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Capítulo 17: La Raíz de la Furia

​El amanecer sobre las montañas del norte no trajo calidez, sino una luz pálida y cortante que desnudaba la brutalidad del paisaje. El ascenso hacia el Pico del Colmillo era una prueba de resistencia que Clara Miller nunca imaginó enfrentar. Acompañada por Varg, cuya forma humana era la de un hombre joven de complexión atlética y mirada inquieta, Clara sentía que cada paso la alejaba más de la civilización y la sumergía en un reino donde las leyes del hombre eran meros susurros ante el rugido de la naturaleza.

​Varg caminaba con una soltura sobrenatural, sus pies descalzos encontrando agarre en la roca helada sin aparente esfuerzo. A veces se detenía, olfateaba el aire y sus pupilas se dilataban hasta cubrir casi todo el iris verde.

​—Estamos cerca del territorio de caza —dijo Varg, su voz ahora más humana pero cargada de una vibración animal—. Mi padre, Fenris, no es como Demon. No se deleita en los juegos de palabras ni en la estética. Para él, el lenguaje es el rastro de la sangre y el respeto se gana con la fuerza de la mandíbula. Si muestras debilidad, no habrá parlamento; solo habrá banquete.

​Clara apretó las correas de su mochila, donde guardaba los extractos de las mutaciones que habían comenzado a brotar en la florería.

​—No busco su respeto, Varg. Busco su supervivencia. Si lo que dijiste es cierto y algo está persiguiendo a vuestra manada, él necesita mi jardín tanto como yo necesito sus garras.

​La Mutación en el Sótano

​Mientras Clara ascendía hacia el peligro, en San Jude, Margaret Miller se enfrentaba a un misterio botánico que desafiaba todo lo que Francois le había enseñado.

​En el sótano de la florería, las flores que una vez fueron blancas y puras tras la Gran Detonación estaban experimentando una transformación grotesca. Los tallos ya no eran de fibra vegetal, sino que habían desarrollado una textura similar al tejido muscular. Las hojas, de un verde tan oscuro que parecía negro, palpitaban con un ritmo cardíaco lento pero constante.

​—¿Qué te está pasando, Fran? —susurró Margaret, acercando una lámpara a un ejemplar de lo que solía ser un lirio.

​Al sentir el calor de la luz, la planta no se inclinó hacia ella. En su lugar, un pequeño zarcillo con una punta afilada como un anzuelo se disparó hacia la mano de Margaret. Ella reaccionó a tiempo, retirando la mano con un grito sofocado. El zarcillo golpeó la mesa de madera, dejando una hendidura profunda.

​Margaret observó con horror cómo la planta emitía un sonido sibilante, casi como un gruñido. Francois había dicho que el Lirio de la Desolación limpiaría la ciudad, pero no advirtió que la energía sobrante, al no tener un receptor inmortal, se filtraría en la tierra. Las plantas no estaban muriendo; estaban evolucionando para defenderse en un mundo que acababa de perder su equilibrio. San Jude ya no era un jardín; se estaba convirtiendo en una jungla consciente.

​El Trono de Huesos

​Clara y Varg llegaron a la cima. Allí, en una meseta natural protegida por gigantescas formaciones rocosas que parecían costillas de un titán, se encontraba el campamento de la Manada de Fenris. No había tiendas ni casas; los licántropos vivían en cuevas excavadas en la roca, rodeando una gran hoguera central que ardía con un fuego azulado, alimentado por madera rica en resina antigua.

​Decenas de hombres lobo en diversas fases de transformación los observaban. Algunos eran humanos de aspecto salvaje, otros eran bestias imponentes cubiertas de cicatrices. El hedor a sangre y poder era casi insoportable.

​En el centro, sentado sobre un trono hecho con los cráneos de osos y alces, estaba Fenris.

​Era colosal. Incluso sentado, su cabeza estaba a la altura del pecho de un hombre alto. Su pelaje era de un blanco espectral, herencia de inviernos que la humanidad ya no recordaba. Sus ojos rojos se fijaron en Clara con una intensidad que hizo que el aire en los pulmones de la joven se volviera plomo.

​—Varg —la voz de Fenris era un terremoto—. Traes a la hija del carnicero a nuestro santuario. Ella, que marchitó la noche y convirtió a nuestros primos de ciudad en humanos patéticos. ¿Por qué no debería arrancarle la lengua ahora mismo?

​—Porque ella tiene la cura para el Frío Sombrío, padre —respondió Varg, arrodillándose pero manteniendo la cabeza en alto—. Los antiguos espíritus que Julianis liberó al morir están congelando los bosques del norte. Tú mismo lo has sentido. La caza escasea porque la vida está siendo succionada de las raíces. Ella es la única que sabe cómo hacer que la tierra vuelva a arder.

​Fenris se puso en pie, cada movimiento suyo exudando una amenaza física que hacía que Clara quisiera huir. Se acercó a ella, inhalando profundamente a centímetros de su cuello.

​—Hueles a lirios y a ceniza —gruñó Fenris—. Hueles a la debilidad de tu padre. Pero bajo eso... hay un rastro de algo que no es humano. La obsidiana dejó un residuo en ti, niña.

​—Úsalo, entonces —dijo Clara, sosteniendo la mirada del Alfa—. El Frío Sombrío no es un clima, es un parásito místico. Está consumiendo vuestro territorio porque el velo que protegía este mundo se rompió. Puedo crear una barrera de espinas que el frío no pueda atravesar, pero necesito que tu manada proteja San Jude mientras yo realizo el ritual.

​El Ataque de las Sombras

​La risa de Fenris fue interrumpida por un aullido que no provenía de su manada. Era un sonido agudo, cristalino, que parecía venir de todas partes y de ninguna.

​De los límites del bosque, empezaron a emerger figuras translúcidas, similares a lobos pero hechas de hielo y sombras. Eran los Wraiths de Escarcha, los restos de la magia de Julianis que se habían corrompido en las montañas. Donde pisaban, la hierba se convertía en polvo helado.

​Los licántropos reaccionaron al instante. La transformación colectiva fue un espectáculo de horror y belleza; el crujir de huesos y el rasgar de piel dio paso a una jauría de guerra.

​—¡Proteged el fuego! —rugió Fenris, transformándose en una bestia tan grande como un rinoceronte.

​Clara vio cómo las sombras de hielo se lanzaban contra los hombres lobo. Las garras de los licántropos atravesaban a los Wraiths sin hacerles daño real, mientras que el toque de los espíritus congelaba la carne de los lobos instantáneamente.

​—¡Varg! ¡Tengo que plantar el Acónito en el fuego! —gritó Clara, sacando un frasco con una esencia luminosa.

​Varg la cubrió con su cuerpo, desviando el ataque de un Wraith que intentaba decapitarla. Clara corrió hacia la hoguera central. Sabía que el fuego azul era una conexión con la energía de la tierra. Si lograba introducir la esencia de su jardín, podría crear un pulso de calor que dispersara a los espíritus.

​Sin embargo, justo antes de llegar al fuego, una figura de hielo más grande que las demás se interpuso. Tenía la forma de un hombre, y sus facciones recordaban vagamente a las de Demon.

​—El jardín debe morir... —susurró el espíritu, su voz un eco de la eternidad perdida.

​Clara no retrocedió. No tenía magia de vampiro, pero tenía la voluntad de los Miller. Abrió el frasco y, en lugar de lanzarlo al fuego, bebió una gota y derramó el resto sobre su mano.

​—El jardín soy yo —dijo Clara.

​Hundió su mano en las llamas azules. El dolor fue indescriptible, pero no fue un fuego que quemara carne; era un fuego que despertaba la vida. De su mano, que debería haberse carbonizado, brotaron enredaderas de fuego que se extendieron por el suelo de la meseta.

​Donde las raíces de fuego tocaban a los Wraiths de Escarcha, estos se evaporaban con un chillido ensordecedor. Los hombres lobo, al sentir el calor, recuperaron sus fuerzas y comenzaron a despedazar a los restos de la invasión.

​Un Pacto de Sangre y Ceniza

​Cuando el último espíritu se desvaneció, la meseta quedó en silencio. El fuego azul se había extinguido, reemplazado por un pequeño arbusto de flores blancas que brillaban con luz propia en medio de la nieve.

​Fenris, volviendo a su forma humana, observaba su brazo, que había sido congelado y ahora volvía a tener pulso gracias al calor de las flores de Clara. Miró a la joven, cuya mano estaba marcada con una quemadura en forma de raíz.

​—Has salvado a mis hijos hoy, Miller —dijo Fenris, con un tono que ya no era de desprecio, sino de un reconocimiento amargo—. Pero esto solo ha sido un roce. El Frío Sombrío es una marea, y tú acabas de levantar un muro de papel.

​—Es un muro que crecerá —respondió Clara, exhausta—. Pero necesito llevar estas semillas a San Jude. Mis plantas están mutando para sobrevivir a esto, y si no las controlamos, la ciudad se convertirá en algo tan peligroso como este bosque.

​Fenris miró a Varg y luego a su manada.

​—Varg irá contigo. Y llevará a diez de nuestros mejores guerreros. No para protegerte a ti, sino para vigilar ese jardín tuyo. Si vuestras plantas se vuelven contra la vida, mis lobos las arrancarán desde la raíz.

​—Trato hecho —dijo Clara.

​El Regreso a un San Jude Diferente

​Mientras descendían de la montaña, Clara miró hacia la ciudad a lo lejos. Podía ver que el verdor de San Jude era ahora más intenso de lo normal, una mancha esmeralda que parecía respirar.

​Margaret, en la florería, estaba terminando de sellar el sótano. No lo hacía para proteger las flores, sino para protegerse a sí misma de ellas. Había descubierto que las plantas de Francois estaban empezando a imitar voces humanas, susurrando fragmentos de conversaciones pasadas, como si la tierra estuviera intentando recomponer la memoria de su dueño.

​—Ya vienen, Fran —susurró Margaret, mirando un lirio que la observaba con algo que parecía un ojo humano en el centro de sus pétalos—. Y traen compañía.

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"katu azul"
y tiene el descaro de decir gracias por la comida estaba insípida a🤭🤭🤭🤭/Scare//Scare//Scare//Scare/
"katu azul"
holissssss comenzando a leerla autoro tengo una duda como francois vio todo eso que el vampiro le mostró si el es un simple humano
ah y otra cosa que pasara cuando se le quite la obsesión y lo pruebe por que a parecer todo es un simple capricho el no esta enamorado de francois?!!!
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