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Marfil

Marfil

Status: En proceso
Genre:Romance / Capitán de Barco/Flota / Fantasía épica
Popularitas:27.1k
Nilai: 5
nombre de autor: thailyng nazaret bernal rangel

Décimo primer libro de la saga colores

El capitán Albert Mercier, un lord arruinado de Floris emprenderá un viaje al mar a una misión de alto riesgo hacia una tierra desconocida, (Polemia) un reino helado donde se topara con Mermit, una nativa arisca que desafiará su destino.

¿Podrá el amor superar las barreras del entendimiento? Descúbrelo ya.

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22. Un castigo justo

...ALBERT:...

Corrí al establo al instante en que Mermit salió disparada hacia la calle, no me dió tiempo ni de ensillar el caballo, tuve que subir sin ayuda de la silla, usando los pelos del animal como riendas.

— ¡Mi lord, detenga a Mermit, se va a malograr, mi niña, sabía que enseñarle a andar a caballo era un error! — Adelaida juntó sus manos, muy asustada.

— ¡Lázaro, apártate! — Grité cuando el mayordomo se levantó de nuevo, tuvo que volver a retroceder con brusquedad cuando pasé a su lado.

Corrí calle abajo, encontrando mucha gente disgustada y asustada, al verme volvieron a reclamar.

Encajé mis talones en los costados.

Unas personas me señalaron por dónde se había ido, galopé frenéticamente. Un pobre comerciante intentaba recoger las manzanas de una carreta caída, tuvo que apartarse de nuevo al verme.

— ¡Animales, esto no es un campo! — Gritó detrás de mí.

Mierda, después tendría que lidiar con eso.

Llegué al mercado y también al puerto, siguiendo el camino que me indicaba el desorden.

Llegué al muelle, las personas señalaron hacia lo lejos, más allá del puerto, a la orilla de la playa.

Bajé la velocidad cuando entré en la arena, notando las marcas de pisadas.

No eran cuatro patas, eran más.

Fruncí el ceño.

Observé hacia adelante.

Había otro caballo y por supuesto, otro jinete, me enfureció ver a Mermit en el suelo, levantarse como si nada, le dió un golpe al sujeto.

Me acerqué rápido.

Ella buscó el caballo y empezó a andar.

El hombre le siguió, hablándole de cerca.

Mi irritación creció cuando reconocí a Farrell, en su estúpido traje aristócrata, lleno de arena.

Mermit parecía muy enfurecida, pero no más que yo.

Me acerqué con el caballo y ambos se detuvieron.

Me lancé de la montura, aterrizando sobre mis pies en la arena, tenía que sostener al caballo de los mechones.

— ¡Albert! — Mermit se acercó.

Le lancé una mirada fulminante, retrocedió en seguida, quería que supiera que se había metido en problemas. Pensé que sería más conciente, después de todo lo que se le enseñó y de saber que había consecuencias si no se comportaba como es debido.

Su postura se acordó cuando mantuve mi mirada severa.

La cambié a Farrell, quien parecía curioso.

— ¿Qué rayos hace usted aquí?

— Debería darme las gracias, lord Mercier — Dijo, sacudiéndose la arena — Detuve a ésta señorita a tiempo, antes de que ocurriera un accidente mayor.

— ¿Quién te dijo que debías meterte? — Gruñí, más furioso.

— Óigame, nadie me lo dijo, pero mi deber de ayudar fue lo que me hizo actuar — Dijo, señalando.

— Ella estaba en el suelo, así que lo que usted hizo no fue ayudar, pudo haberse lastimado.

Soltó una risa irónica.

— ¿Cómo se atreve a decirme eso? — Resopló, apretando sus puños — Hice lo que pude para detener el caballo, no como usted, que llegó tarde.

— No llegué tarde, le aseguro eso...

Negó con la cabeza.

— Agradezca lo que hice... Su... ¿Hermanita? O lo que sea...

— Es mi futura esposa — Bramé y se quedó atónito.

Unos segundos en silencio.

— No, no lo es — Dijo, estrechando sus ojos — Ya veo, mi hermana me habló de que usted es tutor de una señorita de pocas palabras y por lo que veo, es ella ¿Por qué miente si es solo su protegida? ¿A caso quiere verle la cara a mi hermana?

Maldito desgraciado ¿Por qué era tan metiche?

— No lo estoy viendo la cara a nadie, tampoco me apetece darle explicaciones a usted, porque podría ir a contarles a sus socios solo por cotilla y por ganarse más carmesí, no es más que un aprovechado.

— ¡Ja! No es tan importante como cree — Gruñó y fruncí el ceño.

— Ya puede regresar a su club.

— Ayudé a la señorita — Dijo, observando las manos de Mermit, quería arrancarle los ojos — Hasta que no vea un anillo en su mano no lo creeré.

— ¿Y a usted qué rayos le importa? — Siseé, estaba por golpearlo, lo haría tarde o temprano.

Tiró del cuello de su camisa, en un gesto fanfarrón.

— La señorita me parece interesante, me gustaría pretenderla y ya que usted es su tutor, prefiero que lo sepa de una vez.

Me acerqué y lo tomé del cuello de esa camisa.

— ¡Ella no está disponible, si vuelves a insinuar algo al respecto, te romperé los dientes, mocoso impertinente! — Lo solté y retrocedió.

Mermit observaba todo en silencio.

— ¿Cuántos años le llevas? — Me reparó.

¿Cuál era su maldito problema con la edad?

— Lárgate de una vez.

— ¿Qué está pasando aquí? — Preguntó un guardia que se aproximó — Los transeúntes reportaron a una mujer a caballo causando disturbios — Observó a Mermit, luego a Farrell y a mí — Por lo visto no fue solo la mujer.

— Señor, yo detuve a la mujer, evitando un accidente mayor, por eso tomé un caballo al verla pasar — Se adelantó Farrell.

— Yo vine a buscarla, soy su tutor legal — Dije, con seriedad.

— ¡Usted! ¿Por qué rayos causó todo ese revuelo? — Gruñó el guardia a Mermit — ¿Está conciente que es delito cabalgar por una calle publica y más siendo mujer? ¡Hay muchas personas quejándose de la situación, incluso un comerciante perdió su mercancía por culpa de su negligencia!

Ella empezó a respirar rápido, la tomé del brazo cuando se tensó, sabía que se sentía atacada, estaba apretando los puños.

— Perdone, ella no puede hablar, tampoco entiende mucho lo que le dicen — Dije y el guardia frunció el ceño — Yo cubro con toda la responsabilidad de sus actos.

Farrell mirada con curiosidad.

Maldito, no quería que él supiera cosas de Mermit.

— ¿No entiende lo que le dicen pero sí sabe cabalgar? — Resopló el guardia — La señorita tendrá que hacerse responsable.

— Soy su tutor, si quiere puedo buscar los papeles que acreditan mi palabra, ella no está en condiciones de tomar la responsabilidad, yo como representante lo haré — Gruñí, un poco impaciente — Le estaba enseñando a andar a caballo, aprovechó que mi mayordomo abrió la puerta y salió a cabalgar, tal vez lo hizo por impulso.

— Debió enseñarle antes que no se puede ir por las calles haciendo lo que le da la gana.

— Sí, es cierto, fue mi error — Dije, suspirando.

— Señor guardia, debería pedirme que me dé las gracias, yo detuve a la señorita — Farrell se atrevió y le lancé una mirada asesina.

— Deberá acompañarme a la guarnición junto con la señorita — Dijo el guardia, ignorando a Farrell.

— ¿Por qué a la guarnición? — Me mantuve alerta.

— Para firmar y pagar la multa, también la indemnización al comerciante, entienda, de haber causado daños humanos esa señorita estaría en serios problemas, sino tiene para pagar la multa entonces tendrá que pasar dos días en un calabozo — Dijo el guardia.

— Si tengo para la multa.

...****************...

Entré a la guarnición junto con Mermit, ella parecía asustada por la cantidad de guardias y el recinto.

Había un calabozo cerca del escritorio del general y ella pareció aferrarse más a mi brazo, angustiada al ver el calabozo.

— Mermit, calma — Dije, pero siguió preocupada.

Fue difícil apartarme de ella, su agarre era firme.

Me senté en una silla mientras el general redactaba la multa.

— Alteración del orden público y daños materiales — Leyó el general y observé a Mermit, ella permanecía de pie con una postura encogida — Cien carmesí de plata, incluyendo la indemnización al comerciante por su mercancía perdida, son ciento cincuenta carmesí de plata.

— De acuerdo.

Por eso nadie se atrevía a cometer faltas, las multas eran altas.

— Firme aquí — Ordenó con severidad, tendiendo el papel.

Tomé la pluma del tintero que me acercó, el general era un hombre de aspecto pulcro, no tan joven, pero tampoco tan anciano.

Firmé la multa.

Me tendió el comprobante, también debía firmarlo, colocar mis datos para autorizar el retiro en mi cuenta al banco.

Era una forma más fácil cuando se trataba de cantidades altas, así no era necesario cargar con tantas en el bolsillo, con eso podía autorizar el retiro.

El general comprobó los datos.

— Bien, lord Albert Mercier — Dijo, observando a Mermit — Si la señorita vuelve a cometer algo así, no podrá salvarla con un pago — Señaló el calabozo cercano.

Mermit siguió su mirada.

Las multas podían pagarse la primera vez, si se volvía a cometer la falta ya no se permitía, así que debía pagarse con encierro.

— Entiendo, general.

— Ya puede retirarse.

Me levanté.

— Muchas gracias y disculpe las molestias causadas.

Hice un gesto a Mermit.

Un guardia se atravesó y abrió el calabozo.

Tomó el brazo de Mermit e intentó guiarla adentro, ella se resistió, gritando y soltando lágrimas.

— ¡Oiga, sueltela! — Grité, enojado — ¡Pagué la multa!

La dejó en paz y soltó una carcajada.

— Lo siento, solo quería asustarla — Dijo y fruncí el ceño, si lo golpeaba iba a terminar en un calabozo.

Mermit se pegó a mi pecho y empezó a llorar, temblando.

— ¡Cabo, venga acá! — Ordenó el general, indignado — ¡No está aquí para ponerse a jugar!

Salí de la guarnición antes de que me ganara el enojo.

Los caballos estaban afuera, tomé una soga que tenía en la silla de montar y rodeé el cuello del otro caballo para poder guiarlo, amarré el otro extremo al fuste.

Subí al caballo y luego ordené a Mermit hacer lo mismo.

Negó con la cabeza.

— ¡Házlo! — Ordené con firmeza.

Entornó una expresión de tristeza y asintió.

No me convencería con su cara de perrito.

Se sentó detrás y rodeó mi cintura.

Al llegar a la casa Adelaida salió corriendo, estaba en el patio, la angustia más profunda en su expresión.

Mermit bajó, recibiendo un abrazo y toques en las mejillas.

— Mermit, gracias al cielo ¿No estás herida?

Los tres sirvientes observaban.

Salté del caballo.

— Tuve que pagar una multa y una indemnización.

— ¿Lastimó a alguien? — Adelaida se exaltó.

— No, pero un comerciante perdió una carga de manzanas...

— ¿Cómo pudiste? ¡No vuelvas a hacer algo así! — Le regañó Adelaida.

— ¡Lázaro, guarda los caballos, Aliz por favor prepara un baño, Mermit está empapada y llena de arena! — Dije, caminando hacia la entrada, subí las escaleras y entré a la casa.

Permanecí en el estudio, viendo el mapa mundi que tenía en mis manos.

Podía elegir una ruta, pero no quería perderme por meses.

La más cercana era la de Hilaria, el resto tomaban más tiempo.

No es que me hiciera falta el dinero, tenía buenos ahorros, pero no quería descuidarme con el negocio, vivía de eso.

Además, mi puesto en el embarcadero no era gratis, siempre debía pagar algo para que mi barco permanecería a salvo.

Suspiré, acariciando mi barbilla.

Quiera o no, debía volver al mar.

La puerta se abrió.

Mermit entró.

Volví mi vista al mapa.

Se acercó, con ropas limpias, oliendo a la esencia de lavanda.

Ya no usaba la mía que era de cítricos.

— Albert — Dijo y la observé con seriedad.

— ¿Qué quieres?

Tenía la nariz roja y los ojos llorosos.

— Perdón.

— No, Mermit, no se arregla con perdón, lo que hiciste fue imprudente y arriesgado, pudiste haberte lastimado, si hubieras caído sobre los adoquines en lugar de la arena, habrías podido fracturarte o morir incluso — Gruñí y ella bajó su mirada.

— Perdón.

Solté una larga respiración y me despeiné el cabello.

Me levanté.

— Solo hay una forma a de que te perdone y es castigando — Dije, rodeándola contra el escritorio — Un castigo.

— ¿Castigo? — Parecía angustiada, temblaba.

— Sí.

No tenía idea de como la castigaban en su tribu.

La subí sobre el escritorio.

Levanté su falda.

Se quedó desconcertada mientras deslizaba las enaguas.

Levanté la falda por completo y abrí sus piernas.

Empujé su hombro para que se inclinara, se apoyó sobre sus brazos.

Toqué entre sus piernas y observé su flor.

Me incliné.

— ¿Albert?

Empecé a besar y lamer entre sus pétalos.

Se estremeció y gimió, cerrando sus piernas, tiró de mi cabello para apartarme.

La sostuve de las caderas para mantenerla quieta mientras daba lamidas y besaba, succionando su botón mientras el nectar me recibía.

Lamí, probando su dulzura.

Sumergí mi lengua y su cuerpo se arqueó sobre el escritorio.

Me alejé antes de que pudiera colapsar.

Sus mejillas estaban muy rojas.

— Más que castigo en un premio, tal vez quieras meterte en más problemas — Dije, lamiendo mis labios.

Me desaté el cinturón.

— Aquí está tu hongo — Dije, acariciando su flor con él.

Ella gimió.

Lo sumergí de imprevisto, con dureza.

Empecé a embestir a un ritmo duro y rápido.

El escritorio se sacudió mientras ella gemía sin parar.

Se sentía tan placentero, más cuando me apretaba para no soltarme.

Sostuve sus caderas mientras se aferraba a los bordes del escritorio y sollozaba.

Luego la elevé un poco, sentándola, abrazándola contra mí mientras enterraba las manos en su cabello y lamía su cuello, mordiendo y besando hasta su boca.

Lo estaba haciendo a diario, ya llevaba tres noche seguidas. Lo haría así.

Se dejó ir, estremeciéndose en mis brazos, temblando, llenandome de más nectar.

Salí de ella para derramarme fuera.

1
victor hernandez
Sigue con el. Cuento de que cuando aprenda escondiendo tu miedo la vas a perder
Yise
Pero que maldito más baboso ufffff cerdo/Smug//Smug//Smug/hay no nooo perdón cerditos desgraciado. Ojla cuando salgas te arrolle una carreta y mueras 🤭🤭🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Yise
Hay mi Diosssss ella no habla pero que si entiende omeeeee y muchoooo golozaaaaa según la veo seguiría portándose mal 🤭🤭🤭🤭🤭🤭👏👏👏👏👏
Yise
Aaaaaa chuchisssss yo quiero que me castiguen asiiiiii/Sweat//Sweat//Sweat//Sweat//Sweat//Sweat//Sweat//Sweat//Sweat/q bárbaro bb🤭🤭🤭🤭
Daiana Ibarra
ay Albert no estés celoso a ella no le gusta el le gusta el sabor de las flores
Edith Villamizar
Albert se irá un tiempo y no me extrañaria que cuando regrese encuentre a Mermit con una pequeña o gran pancita 🤰 porque así bote a los renacuajos siempre hay alguno rezagado
Edith Villamizar
pobrecita Melvit no le cayó bien el tipejo, pero le gustaron las flores, es que ellas son inocentes
Edith Villamizar
llévatela, así la cuidaras
Edith Villamizar
buena idea, no la puedes dejar sola o acabarás en la ruina 🤭
Faveamny Calderon
se prendió este beta ahora sí se encendió el león celoso. 😏🧟🧠🧟🧠🧟🧠🧟
Ab
que hombre para ser más desesperante que no entiende que debe dejarla en paz
Marcela Lopez
esto está bueno
Kary Monte
maldito farrel🤬🤬🤬
albert los celos son malos recuerda que mermit no entiende solo es curiosa tienes que enseñarle
Kary Monte
🥺 no te vayas
mermit va sentirse triste
Kary Monte
oh 😆😆 Albert que bien, sigue presentándola
Liliana Diaz
yo también e pensado lo mismo porque cada vez que ellos están junto ella aparece Serca
Anonymous
Alguien que le explique a Mermit que recibir regalos de un hombre significa que se acepta el ser pretendida por favor😂😂😂😂
𝓔𝓶𝓪𝓷𝓭𝓮𝓻 🖤
🥺Noo, las flores no tenían la culpa 😭
Alondra Gomez
para que vea que hay alguien más detrás de mermit y el le sigue pensando
Nella Reyes
la suegra belleza de capitana pirata 🥰
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