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CICATRICES BAJO LA LLUVIA

CICATRICES BAJO LA LLUVIA

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor eterno
Popularitas:5.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Kyoko...

Elena: Una talentosa restauradora de arte que perdió la confianza en su talento tras un accidente que le dejó una leve secuela en la mano derecha. Es perfeccionista, un poco retraída y está tratando de reconstruir su vida en un pueblo costero alejado del caos de la ciudad. podrá encontrar su rumbo en este lugar?

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CAPÍTULO 17: EL PESO DEL ORO Y LA SAL

El despertar del día fue inusualmente silencioso. La luz del sol entraba por el ventanal del taller con una timidez casi respetuosa, iluminando las motas de polvo que bailaban sobre la cama improvisada. Elena abrió los ojos y sintió el peso reconfortante del brazo de Julián rodeando su cintura. Durante unos minutos, no se movió. Disfrutó de la sensación de seguridad, de la ausencia de pesadillas y de ese calor humano que había convertido el taller en un hogar de verdad.

​Sin embargo, la paz fue interrumpida por el zumbido insistente de un teléfono sobre la mesa de madera. No era el de ella. Era el de Julián.

​Él se removió, soltando un gruñido de protesta antes de alcanzar el dispositivo. Elena observó cómo su rostro, relajado por el sueño, recuperaba en cuestión de segundos la máscara de profesionalismo.

​—¿Saúl? —la voz de Julián era ronca—. Sí, dime. ¿Tan temprano? ¿Qué ha pasado?

​Elena se incorporó, cubriéndose con la sábana de lino, mientras veía cómo la expresión de Julián pasaba de la confusión a una sorpresa absoluta. Él se sentó en el borde de la cama, frotándose la nuca con la mano libre.

​—¿El estudio Foster? ¿Estás seguro? —hubo un silencio largo—. Sí, lo entiendo. Es una oferta de rehabilitación... ¿En Dubái? Saúl, eso es el otro lado del mundo. Está bien, mándame el correo. No prometo nada.

​Colgó el teléfono y se quedó mirando la pantalla en blanco. El silencio que siguió fue denso, cargado de una electricidad diferente a la de la noche anterior.

​—Dubái —dijo Elena, pronunciando la palabra como si fuera un diagnóstico médico—. Parece que el mundo se ha dado cuenta de que el arquitecto Torres no era un criminal, sino un genio injustamente tratado.

​Julián se giró hacia ella. Sus ojos grises estaban llenos de una lucha interna que Elena reconoció de inmediato. Era la ambición que él creía muerta, despertando de golpe.

​—Es el proyecto de una vida, Elena —explicó él, acercándose a ella pero manteniendo una distancia invisible—. Quieren rehabilitar una estructura costera experimental. Me ofrecen presupuesto ilimitado, equipo de primera y... limpiar mi nombre en el mercado internacional de forma definitiva. Es lo que siempre soñé antes de que todo se cayera.

​Elena sintió una puntada en el pecho, pero se obligó a sonreír. No quería ser el ancla que lo retuviera si él necesitaba volar, aunque eso significara quedarse sola en el muelle.

​—Es una oportunidad increíble, Julián. Te lo mereces.

​—Pero te implicaría a ti también —añadió él rápidamente, tomando sus manos—. Saúl dice que el contrato incluye una cláusula de consultoría artística. Podrías tener un laboratorio de restauración con tecnología que aquí ni soñamos.

​—Julián... —Elena retiró suavemente sus manos—. Mis piezas coloniales me esperan aquí. Mi herencia está en ese sótano de La Atalaya. No puedo restaurar mi pasado desde un rascacielos de cristal en el desierto. San Lorenzo es mi lugar. Dubái es... es el lugar del arquitecto que fuiste, no del hombre que conocí arreglando mi puerta.

​La tensión fue interrumpida por el sonido estridente de una campana de bicicleta. Era Tato, que llegaba al taller con una bolsa de churros calientes y la cara llena de una emoción incontenible.

​—¡Buenos días, pareja de moda! —gritó Tato, entrando sin llamar, como de costumbre—. ¡No se lo van a creer! El video del sótano ha llegado a un canal de arqueología en Londres. ¡Me están pidiendo permiso para usar las imágenes! ¡Tío, somos virales de verdad!

​—Tato, ahora no es el momento —dijo Julián, tratando de cubrir su torso desnudo con una camisa abierta.

​—¡Y mi tía Chayo dice que el cartero ha traído otra caja! —continuó el chico, ignorando el ambiente denso—. Parece que el grito del gallo ha despertado a medio mundo.

​Rosario entró tras él, empujando a su cabra Pincel, que parecía muy interesada en morder los planos del abuelo de Julián.

​—Vaya, vaya... —dijo la anciana, escaneando la habitación con su mirada de rayos X—. El aire aquí huele a decisiones difíciles y a café quemado. ¿Qué pasa, Julián? ¿Te han ofrecido un palacio en Marte?

​—Dubái, Rosario —respondió Elena con voz apagada—. Quieren que Julián se vaya a construir el futuro.

​Rosario se sentó en un taburete y empezó a pelar un churro para la cabra.

—Dubái... mucho sol, mucha arena y mucha gente con más dinero que sentido común. Es una tentación de oro, niño. Pero el oro pesa mucho en los bolsillos cuando intentas nadar en el mar.

​—Es mi carrera, Rosario —se defendió Julián—. Es la oportunidad de volver a ser quien era.

​—¿Y quién eras? —preguntó la anciana, clavando sus ojos en los de él—. ¿Un tipo estresado que hacía edificios para gente que no conoce? ¿O el hombre que ayer besó a esta niña sabiendo que sus raíces están enterradas bajo este suelo?

​Julián no respondió. Se levantó y salió al porche, necesitando el aire frío del mar para despejar su mente. Elena se quedó dentro, sintiendo que la calidez de la noche anterior se evaporaba.

​—No dejes que se vaya con la duda, Elena —le susurró Rosario—. Los hombres como él necesitan saber que tienen algo a lo que volver, o se pierden en el camino.

​Elena que solo llevaba una bata de baño, se vistió rápidamente y salió tras él. Lo encontró apoyado en la barandilla, mirando el horizonte donde el azul del cielo se fundía con el del Atlántico.

​—Julián —dijo ella, acercándose por detrás y rodeando su cintura con los brazos—. Si necesitas irte para cerrar ese círculo, hazlo. Yo estaré aquí. Restaurando La Atalaya, cuidando de los planos de tu abuelo y... esperándote.

​Él se giró y la estrechó contra su pecho con una fuerza que le dolió.

—¿Y si me pierdo otra vez, Elena? ¿Y si el éxito me vuelve a convertir en el arrogante que era?

​—No lo hará —respondió ella, levantando su mano derecha y acariciando su mejilla—. Porque ahora tienes una estructura que no se puede comprar en Dubái. Tienes raíces. Y tienes a alguien que sabe ver el dibujo debajo de la suciedad.

​Se quedaron así, bajo el sol de la mañana, mientras Tato gritaba desde dentro que el video ya tenía dos millones de visualizaciones. El conflicto estaba servido: la gloria internacional contra la paz local. Julián tenía 48 horas para responder al correo de Saúl, y Elena sabía que esas horas definirían si su relación era una restauración temporal o una construcción eterna.

​Lo que ninguno sabía aún era que ese oro de Dubái venía con una letra pequeña que involucraba a los socios de Garrido. El pasado no solo los perseguía en San Lorenzo; el pasado tenía alcance global.

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✿.。.:* ☆𝙰𝚗𝚗𝚒𝚔𝚊✿.。.:* ☆:.
😌
Rositha🌹📝📚
Excelente 🙏🌷
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
muy buen cap 👏👏👏
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
yo quiero que sea niña
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
es cierto que la fertilidad aumenta luego del primer embarazo?
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
AAAAH 😱jajajaja el muchacho lo volvió a hacer, que linda familia, cada vez se hace más grande
Andrea
Adorable
🦋 Vαηυн ✨🦋
Bueno, yo no sabía que los colores se sentían incomprendidos 🤣🤣
🦋 Vαηυн ✨🦋
🤣🤣🤣🤣 Como sería el moco de trol?? 🤣🤣
yewein¥§
sexo no 🤕
yewein¥§
Cupido un poroto 😁🥵 quiero zexo ver🤧
yewein¥§
son iguales 🤓
yewein¥§
le gustó el nombre 😁
yewein¥§
son 2 gotas de agua
yewein¥§
encontraste tu alma gemela 🤓
yewein¥§
yo Cristian 😁
yewein¥§
que está lloviendo no sabía ☂️
yewein¥§
pobre universo siempre sale siendo acusado 🤓
yewein¥§
es la correcta embarazala😁
yewein¥§
que te den cómo cajón que no cierra🥵
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