Ella reencarna en el segundo libro de una saga, es la protagonista que perdona al infiel de su esposo, pero ella no esta dispuesta ni a casarse, así que hará todo lo que pueda por cambiar su historia.
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Capitulo 19
En el nuevo laboratorio del boticario, Iris observaba con detenimiento los frascos dispuestos sobre la mesa de cristal. El aroma a flores y hierbas se mezclaba con el tenue perfume del aceite de sándalo que impregnaba el aire. Frente a ella, cinco pequeños frascos resplandecían bajo la luz del mediodía, como si guardaran el secreto del mundo.
—Irradian perfección —murmuró Iris con una sonrisa satisfecha, girando uno entre sus dedos—. Después de tantos intentos… al fin, el elixir de la eterna juventud.
Mery, que la observaba con los ojos bien abiertos, se llevó una mano a la boca.
—¿De verdad funciona, señora Iris?
—Por supuesto que sí —respondió ella con esa mezcla de sarcasmo y orgullo que la caracterizaba—. Lo probé yo misma, ¿no ves mi piel? Perfecta.
Mery sonrió, aunque todavía con algo de temor.
—¿Y qué haremos ahora?
—Iremos a lo grande —dijo Iris, apartando con cuidado uno de los frascos—. Solo hay cinco. Uno es mío, y los otros cuatro… se venderán por una fortuna. No cualquiera podrá tenerlos.
—¿Y cómo planea venderlos? —preguntó Mery, curiosa.
Iris sonrió de lado, apoyando los codos sobre la mesa.
—Con una subasta. Pero no cualquier subasta. Una noche exclusiva para la nobleza más desesperada por la belleza y la juventud. Será el evento del año.
Mery abrió los ojos con sorpresa.
—¿Y dónde la haremos?
—Aquí mismo, en la boticaria —respondió ella con decisión—. Decoraremos con flores, velas y perfumes. Que huela a lujo, a poder. Nadie sospechará quién soy realmente… solo verán a la misteriosa dueña del secreto más codiciado del imperio.
Ambas mujeres intercambiaron una sonrisa cómplice mientras comenzaban a organizar las mesas, las telas y los frascos que se exhibirían. El rumor del evento apenas comenzaba a esparcirse, y Klarens pronto estaría de cabeza. Mientras tanto, en el palacio, los ecos del deber resonaban nuevamente para los hermanos de Iris. Cassian ajustaba los guantes de su uniforme, su espada al costado, mientras caminaba junto al príncipe Dorian por los pasillos del castillo.
—Nunca pensé que volverías tan pronto —comentó Dorian con una media sonrisa—. Creí que te quedarías ayudando a tu hermana.
Cassian soltó una leve risa.
—Mi hermana puede cuidarse sola. Y tú me necesitabas aquí, admitámoslo.
—Eso no lo negaré —respondió el príncipe con tono divertido—. Eres el único que puede seguirme el ritmo en los entrenamientos.
Ambos rieron, retomando esa camaradería de años. Mientras tanto, en otra ala del palacio, Edrian se despedía de los consejeros reales tras una reunión prolongada. Había vuelto a ocupar su antiguo puesto, y aunque la política lo aburría, era lo mejor para mantener informada a su familia. Recogió los papeles y se giró para salir… justo cuando chocó con alguien. Los documentos cayeron al suelo.
—Mire por dónde camina —dijo una voz aguda y altiva.
Edrian alzó la vista… y ahí estaba la princesa Amaia, con un vestido blanco adornado de perlas, tan hermosa como insoportable.
—Princesa Amaia —dijo él, inclinándose apenas, con una sonrisa contenida—. No sabía que el protocolo ahora exige irrumpir en los pasillos de los consejeros.
Amaia lo miró con una mezcla de irritación y sorpresa.
—Sigo sin entender cómo alguien como usted ha vuelto a tener un puesto en el palacio.
—Supongo que mi presencia le resulta más molesta que peligrosa —respondió Edrian con voz calma y una ligera inclinación irónica.
—Ambas —replicó ella, levantando la barbilla.
Edrian sonrió apenas.
—Entonces es un honor ser ambas cosas, alteza.
Amaia lo observó unos segundos más antes de apartar la mirada y marcharse con su séquito, molesta. Edrian la siguió con la vista, negando con una sonrisa resignada.
—Al parecer, algunos caprichos reales nunca cambian… —murmuró.
En el trono del recién conquistado Reino de Varamor, Kael escuchaba a medias el reporte de uno de sus nuevos consejeros. El lugar todavía olía a humo y a incienso, mezcla de guerra y coronación. Las antorchas proyectaban su silueta imponente sobre los muros dorados, y en el suelo, la alfombra del antiguo monarca ahora servía de trofeo bajo sus botas.
—Mi señor, han llegado nuevas invitaciones del Imperio Klarens —anunció uno de los sirvientes, inclinándose profundamente—. Una de ellas… llama especialmente la atención.
Kael entrecerró los ojos.
—¿Otra estúpida fiesta de nobles?
—No exactamente, mi señor. Se trata de una subasta privada. Muy exclusiva. Solo los nombres más influyentes de Klarens y los reinos vecinos fueron invitados.
Kael apoyó el mentón en su mano.
—¿Y qué tiene de interesante una subasta?
Isolde, sentada en uno de los sillones cercanos, rio con suavidad mientras giraba la invitación entre los dedos.
—No es una subasta cualquiera, Kael. Al parecer, una boticaria misteriosa pondrá a la venta un producto milagroso. Algo que promete juventud eterna.
Kael la miró con frialdad.
—¿Juventud eterna? —repitió con burla—. Cuánta estupidez humana puede caber en un solo anuncio. Aunque tengo el presentimiento de que esa mujer, lo logro realmente, solo espero que sepa salir de esto cuando los efectos secundarios de la flor también den su efecto.
—Tal vez —dijo Isolde, divertida—, pero esa estupidez humana pagará fortunas por un simple frasco de perfume. Y hay rumores de que la creadora… es una mujer joven, enigmática, con conocimientos que no pertenecen a esta época. Jajaja... Al parecer solo nosotros sabemos su identidad.
Kael levantó la mirada de golpe.
—¿Cómo dijiste?
—Lo que oíste —respondió ella, sonriendo con malicia—. Dicen que apareció hace poco, que su tienda se volvió famosa de la noche a la mañana, y que ni el propio rey Klarens ha podido descubrir su identidad. Estúpidos.
Un silencio se extendió en la sala. Kael apretó los puños.
—¿Dónde será esa subasta?
—En Klarens, por supuesto —Isolde ladeó la cabeza—. ¿Acaso piensas ir a ver a tu ama?
Kael se levantó del trono, con una sonrisa apenas perceptible.
—No pienso… ir. Pienso ver con mis propios ojos como se atreve a jugar con fuerzas que no le pertenecen.
Isolde rio, cruzando las piernas con elegancia.
—Admitelo, Kael. Estás curioso.
—No confundas curiosidad con interés —replicó él, dándole la espalda—. Si esa mujer usa el poder de la flor… entonces quiero saber cómo demonios lo consiguió.
—Y si resulta ser que tu “amada ama” en verdad lo consiguió sin efectos secundarios —dijo ella en tono burlón—, ¿qué harás?
Kael se giró apenas, sus ojos ardiendo como brasas.
—Entonces, querida Isolde… el infierno se quedará corto comparado con lo que haré.
me tienes con los ojos llorosos luego de leer este extra 😭😭😭
Al menos en otro plano, pudieron ser felices 😭😭.