Tras ser traicionada y asesinada por su esposo, Valeria renace tres años en el pasado armada con el conocimiento del futuro para destruir a sus enemigos y construir un imperio financiero imparable.
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El Silencio de los Culpables
La costa de Amalfi se extendía bajo el helicóptero como una joya de esmeralda y turquesa. El aroma de los limones y el salitre del mar Tirreno sustituyeron el aire gélido de los Alpes. La casa de seguridad, una villa del siglo XVIII colgada de un acantilado cerca de Positano, era una fortaleza disfrazada de paraíso. Palmeras, jardines de buganvilias y una piscina de borde infinito ocultaban una red de búnkeres y sistemas de defensa que hacían de este lugar el refugio perfecto.
Elena Soler fue instalada en la suite principal, donde el equipo médico de Thorne comenzó un tratamiento de recuperación intensivo. Valeria no se apartó de su lado durante las primeras doce horas. Ver a su madre dormir, con el rostro finalmente relajado, le daba una paz que creía haber perdido para siempre.
Adrián entró en la suite al atardecer, con dos copas de vino y una expresión de cautela. —Los análisis de sangre de tu madre están listos, Valeria. Tenía niveles altos de un supresor de memoria sintético en su sistema. Luciano la estaba manteniendo en un estado de niebla mental constante para que no pudiera usar su propio conocimiento contra ellos.
Valeria tomó una copa y miró hacia el mar. —Es un monstruo. Toda mi familia parece haber sido una colección de monstruos, a excepción de mis padres.
—No digas eso, Valeria. —Adrián se puso a su lado—. Tú eres la prueba de que el linaje Soler tiene algo más que ambición. Tienes corazón.
En ese momento, Elena abrió los ojos. Ya no estaban nublados. Tenían la claridad de alguien que ha despertado de una pesadilla de veinticinco años.
—*Valeria... Adrián...* —dijo Elena, su voz más fuerte ahora—. *Acercaos. No tenemos mucho tiempo antes de que el Círculo recalibre sus satélites para encontrarnos aquí.*
Se sentaron a su lado. Elena tomó la mano de Valeria y la de Adrián, uniéndolas.
—*Tenéis que entender la verdadera naturaleza del Círculo de los Doce* —comenzó Elena—. *No son solo magnates. Son los herederos de una filosofía que cree que la humanidad ha llegado a su límite biológico. Ellos ven la tecnología de Fénix no como una cura para enfermedades, sino como una herramienta para el "Gran Reinicio". Quieren transferir sus conciencias a cuerpos jóvenes y perfectos, generación tras generación, convirtiéndose en dioses inmortales sobre una población de siervos.*
—Por eso querían Aether Neural —dijo Valeria—. El Proyecto Fénix es el puente para esa transferencia.
—*Exacto* —asintió Elena—. *Pero vuestro padre, Alberto, descubrió el fallo en su lógica. La conciencia humana no puede ser transferida como un archivo de datos simple. Requiere una "Llave Cuántica", un ancla emocional que mantenga la identidad intacta. Esa llave es lo que llevas en el cuello, Valeria. Sin ella, cualquier transferencia resulta en la locura o en la muerte cerebral.*
—¿Y mi padre? —preguntó Valeria, con el corazón en un puño—. ¿Qué pasó realmente el día de su accidente?
Elena suspiró, y una lágrima bajó por su mejilla. —*Alberto no murió, Valeria. No de la forma que tú crees. Cuando el Círculo saboteó su coche, él sabía que no sobreviviría al impacto físico. Así que activó el prototipo de transferencia que teníamos en la mansión. Su cuerpo fue destruido, pero su conciencia fue... archivada.*
Valeria se levantó de golpe, su copa cayendo al suelo y rompiéndose en mil pedazos. —¿Archivada? ¿Quieres decir que su mente sigue viva en algún lugar?
—*Está en el Núcleo de Sion, Valeria* —dijo Elena—. *O al menos, una parte de él. Luciano no ha podido acceder al archivo porque requiere tu huella genética única para ser "desbloqueado". Por eso te necesitaba viva. Por eso Julián tenía órdenes de casarse contigo; una vez que fueras legalmente su esposa, el Círculo habría usado tu ADN bajo coacción para liberar a Alberto y... borrarlo para siempre después de extraer sus secretos.*
Valeria sintió una mezcla de esperanza y horror. Su padre estaba ahí, atrapado en una prisión de código y luz, esperando que ella lo rescatara.
—Podemos traerlo de vuelta —dijo Valeria, mirando a Adrián con una determinación feroz—. Si tenemos el relicario y el acceso al núcleo, podemos proyectar su conciencia en un nuevo contenedor... o al menos en una interfaz de inteligencia artificial avanzada.
—Sería la primera vez que se logra algo así fuera de un laboratorio controlado —dijo Adrián, su mente de ingeniero trabajando a mil por hora—. Pero con la infraestructura de Thorne y los datos de Sion que capturamos antes de huir... es posible.
—*Hay un problema* —intervino Elena—. *El Círculo sabe que tenéis la Llave. Y ya no van a enviar a abogados o a primos lejanos. Van a liberar al "Cazador".*
—¿Quién es el Cazador? —preguntó Adrián.
—*Su nombre es Marcus Thorne* —dijo Elena, mirando a Adrián con una tristeza profunda—. El hermano mayor que creías muerto en el accidente de aviación de tu familia, Adrián. El Círculo lo rescató y lo convirtió en su ejecutor más letal. Él es el número doce del Círculo.
Adrián palideció. Se soltó de la mano de Elena y retrocedió, golpeando una mesa lateral. —¿Marcus? ¿Mi hermano está vivo y trabaja para ellos?
—Ellos lo reconstruyeron, Adrián. Le dieron un propósito. Y ahora, su propósito es recuperar la Llave de Fénix y eliminar a cualquier obstáculo. Incluyéndote a ti.
El silencio que siguió fue absoluto, roto solo por el sonido de las olas chocando contra las rocas del acantilado. La guerra de Valeria se había cruzado definitivamente con la de Adrián. Ya no eran dos historias paralelas; eran un solo destino entrelazado por la sangre y la traición del pasado.
Valeria se acercó a Adrián y le puso la mano en el pecho. —Encontraremos a tu hermano, Adrián. Y encontraremos a mi padre. No dejaremos que el Círculo nos quite nada más.
—Él me enseñó todo lo que sé sobre combate —susurró Adrián—. Si Marcus viene por nosotros... no sé si podré detenerlo.
—No tendrás que hacerlo solo —dijo Valeria—. Tenemos el conocimiento del futuro. Y tenemos algo que ellos nunca comprenderán: la voluntad de los que han regresado de la muerte.
Esa noche, mientras Elena descansaba bajo la vigilancia de Sebastián, Valeria y Adrián se sentaron en la terraza de la villa. El cielo estrellado de Amalfi parecía indiferente a las tormentas que se gestaban en la tierra.
—Mañana regresamos a la ciudad —dijo Valeria—. Pero no a la Torre Soler. Iremos a la antigua casa de mi madre en el barrio histórico. Es el único lugar que el Círculo no tiene en sus mapas. Allí contactaré a los antiguos aliados de mi padre que sobrevivieron a la purga de Julián.
—¿Estás segura? —preguntó Adrián—. Volver es entrar en la boca del lobo.
—El lobo cree que soy una presa —respondió Valeria, mirando el relicario que brillaba con una luz azul constante—. No sabe que el fénix no solo renace; también quema todo lo que toca.
Tomó su tablet y escribió un mensaje a un contacto que su madre le había susurrado antes de dormir: El Alquimista.
"El 14 de mayo fue una mentira. La verdad está en el código. Necesitamos el proyector."
La respuesta fue una dirección en un callejón olvidado del centro de la ciudad y una advertencia: *"Cuidado con las sombras. El perro de presa ha sido soltado"*.
Valeria sabía que el "perro de presa" era Julián Reyes. El Círculo lo había liberado de la prisión, no por piedad, sino para usarlo como cebo. Julián conocía cada rincón de su mente, o eso creía él.
—Julián... —susurró Valeria al viento nocturno—. Pensaste que tu castigo había terminado en la celda. No sabes que tu verdadera condena empieza ahora.
El despertar del fénix negro estaba cerca. Ya no era una cuestión de recuperar una empresa. Era una cuestión de salvar el alma de su familia y evitar que el mundo fuera gobernado por doce fantasmas inmortales.
Y Valeria Soler estaba lista para ser la juez, el jurado y la ejecutora.
Continuará...