Hace tres mil años, nueve cultivadores legendarios crearon la técnica de cultivación definitiva: la Orquestación de los Nueve Dragones. Se decía que esta técnica podía llevar a quien la dominara más allá de los límites del Reino del Ascenso Eterno —un umbral que ningún cultivador había logrado cruzar jamás, porque la Tribulación Celestial siempre destruía a quienes se atrevían a intentarlo.Pero al comprender el peligro que entrañaba, los fundadores dividieron la técnica en nueve pergaminos y los repartieron entre los nueve clanes que ellos mismos habían fundado. Cada pergamino representaba un aspecto del dragón: Trueno, Fuego, Agua, Tierra, Viento, Luz, Sombra, Espacio y Caos.Durante milenios, estos nueve clanes se impusieron como las fuerzas dominantes del mundo de la cultivación. Sin embargo, ninguno se atrevió jamás a reunir los pergaminos, porque la leyenda advertía: «Quien una a los Nueve Dragones se alzará como Soberano de los Cielos… o será quien destruya el mundo.»
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Capítulo 9
De vuelta del interrogatorio, Lin Feng se encaminó a su cuarto para cambiarse la ropa arrugada. Pero a medio camino, alguien lo llamó.
—¡Lin Feng!
Bai Yun se acercó a paso rápido, la preocupación pintada en el rostro.
—Me enteré de que el Anciano Shen te mandó llamar. ¿Pasó algo?
—Nada, Hermana Mayor Bai. Solo un malentendido menor.
Bai Yun lo escudriñó con desconfianza.
—¿Un malentendido con Zhao Ming?
Lin Feng no esperaba que la noticia corriera tan rápido.
—Sí —respondió escueto.
—Lin Feng... —Bai Yun se mordió el labio, como si debatiera algo consigo misma—. ¿Estás ocultando algo?
Lin Feng se paralizó.
—¿A qué se refiere, Hermana Mayor Bai?
—No lo sé. —Ella sacudió la cabeza—. Pero últimamente hay algo distinto en ti. Ya no pareces el sirviente débil que estoy acostumbrada a ver.
Lin Feng forzó una sonrisa.
—Tal vez la Hermana Mayor anda con demasiadas cosas en la cabeza por el torneo. Sigo siendo el mismo sirviente de siempre.
Bai Yun no se veía convencida, pero no insistió.
—Está bien. Ten cuidado. Zhao Ming es peligroso cuando le guarda rencor a alguien.
—Tendré cuidado, Hermana Mayor Bai. Y buena suerte en su combate de hoy.
Bai Yun sonrió levemente.
—Gracias.
***
El segundo día del torneo fue mucho más intenso que el primero.
Los treinta y dos participantes se redujeron a dieciséis, y luego a ocho. Cada combate subía de nivel; estos eran los mejores discípulos internos de la academia, cultivadores con años de entrenamiento que habían alcanzado las capas más altas del Reino de Reunión de Qi.
Lin Feng volvió a cumplir funciones de servicio mientras observaba las peleas.
Bai Yun ganó otra vez sin dificultad. Su oponente, un discípulo interno de Capa Séptima, no consiguió seguirle el ritmo; el combate terminó en dos minutos.
Wei Long, discípulo interno de Capa Octava especializado en técnica de espada, también venció con holgura. Su espada se movía como una serpiente —flexible, pero letal.
Zhang Kun, discípulo interno de Capa Octava enfocado en fuerza física y Qi de tierra, aplastó a su rival con brutalidad. Cada puñetazo suyo hacía temblar la arena.
Y Zhao Ming... también avanzó a los cuartos de final. Pero su combate fue un desastre. Estuvo a punto de perder contra un oponente de Capa Quinta y solo ganó gracias a una descarga desesperada de Qi de trueno al final.
Cuando Zhao Ming bajó de la arena, Lin Feng pudo ver la frustración en su cara. No había rendido al máximo, probablemente por la rabia que todavía le provocaba el castigo del Anciano Shen.
Y cuando Zhao Ming pasó junto a Lin Feng, que cargaba una bandeja, sus miradas se cruzaron. El odio irradiaba de los ojos de Zhao Ming.
Lin Feng no reaccionó, pero supo que el Anciano Shen tenía razón. Zhao Ming buscaría venganza sin falta.
***
Cayó la noche.
Esta vez, Lin Feng no fue a cultivar de inmediato. Antes recorrió la academia con extremo cuidado, asegurándose de que nadie lo siguiera. Incluso empleó una cantidad mínima de Qi para pasar inadvertido y tantear si alguien se ocultaba en los alrededores.
Solo cuando estuvo seguro de que nadie lo seguía, se dirigió a su nueva cueva secreta, más adentro en las montañas.
*El Anciano Shen sospecha, aunque no es agresivo al respecto. Bai Yun empieza a notar cambios en mí. Zhao Ming busca la oportunidad para atacar. No puedo seguir así.*
El Pergamino del Dragón del Caos vibró suavemente en su dantian, como si respondiera a su inquietud. Y de pronto, un conocimiento nuevo fluyó a su mente.
Información sobre la Tribulación del Reino de Formación de Fundamento. Para avanzar del Reino de Reunión de Qi al Reino de Formación de Fundamento, un cultivador debía enfrentar la "Tribulación de Fundamento": una prueba del cielo en la que rayos de tribulación caían para verificar si los cimientos del cultivador eran lo bastante sólidos para soportar el siguiente reino.
Para un cultivador normal, esta tribulación era relativamente menor —por lo general, solo tres rayos. Podía realizarse dentro de una formación protectora o con la asistencia de un Anciano más poderoso.
Pero para Lin Feng, portador del Pergamino del Dragón del Caos y cultivador de nueve elementos...
*Tu tribulación será diferente*, le susurró el conocimiento del pergamino. *Nueve elementos significan nueve pruebas. Nueve rayos de tribulación, uno por cada elemento. Y el Cielo percibirá tu singularidad. Tu tribulación atraerá una atención que no podrás ocultar.*
Lin Feng apretó los puños.
*Entonces no hay opción. Tengo que irme lejos de la academia para el avance. ¿Pero cuándo? ¿Y adónde?*
Mientras cavilaba, un ruido lo sacó de golpe de sus pensamientos. Pasos. Muchos pasos fuera de la cueva.
Lin Feng suprimió su Qi al instante y se arrastró hacia la entrada con sigilo.
Afuera, bajo la luz de la luna, distinguió un grupo de cultivadores —alrededor de diez— avanzando por la ladera. No eran de la academia. Vestían distinto: túnicas negras con un emblema de dragón rojo en el pecho.
*¿Quiénes son?*
Observó con cautela. Uno de ellos —un hombre corpulento con una cicatriz que le cruzaba el rostro— hablaba en voz baja.
—¿Seguro de que la información es correcta?
—El Anciano Hei asegura que detectó fluctuaciones de Qi muy singulares en esta zona —contestó otro—. Qi de nueve elementos en armonía. Eso no es un fenómeno natural; tiene que haber un artefacto o un tesoro oculto.
Lin Feng dejó de respirar.
*Percibieron mi Qi.*
—Si encontramos ese tesoro y se lo entregamos al Clan Cielo Azul —continuó el hombre de la cicatriz—, nos darán una gran recompensa. Quizá hasta nos acepten como subordinados del clan.
*El Clan Cielo Azul.* Uno de los nueve grandes clanes que poseían pergaminos.
*Peligro. Esto ya es un peligro enorme.*
Lin Feng retrocedió con sigilo hacia lo más profundo de la cueva. No podía enfrentar a diez cultivadores a la vez, menos si alguno estaba en el Reino de Formación de Fundamento. Pero el grupo se acercaba cada vez más, directo hacia su cueva.
*Si me encuentran...*
Tenía que actuar rápido.
Lin Feng cerró los ojos y se concentró en su interior. Debía correr un riesgo enorme.
Canalizó su Qi de Caos y activó la técnica que acababa de aprender del pergamino: la "Cortina de Niebla del Caos".
El grupo de cultivadores siguió acercándose...
Pasaron justo frente a la cueva de Lin Feng...
Y siguieron de largo, como si no vieran nada.
—No hay nada aquí...
—Tal vez la fluctuación de Qi vino de otra parte...
—Vamos a revisar más al este...
Sus voces se fueron apagando a la distancia.
Lin Feng contuvo la respiración durante cinco minutos enteros. Solo cuando se fueron se atrevió a moverse.
Salió de la cueva con precaución, confirmó que en verdad se habían marchado y corrió de regreso a la academia tan rápido como pudo sin liberar demasiado Qi.
Cuando llegó a su habitación, el sol empezaba a despuntar.
*Tengo que avanzar cuanto antes. Y después de eso, debo irme de esta academia. El Clan Cielo Azul ya olfateó algo. Tarde o temprano volverán. Y cuando lo hagan, no habrá dónde esconderse.*
Pero antes de marcharse, había una cosa que debía hacer.
Tenía que ver el torneo de hoy hasta el final. Porque en la ronda final habría un combate que no podía perderse.
Un combate que le mostraría cuán grande era la brecha entre él y los mejores discípulos internos.
Y más importante aún, el combate que determinaría quién se quedaba con la Píldora de Fundamento Dorado. La píldora que tal vez necesitara para reforzar sus cimientos antes de la gran tribulación.
En la penumbra de su habitación, Lin Feng esbozó una sonrisa tenue.
*Lo siento, quienquiera que gane hoy. Pero esa píldora... va a ser mía.*