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El Papá De Mi Alumno

El Papá De Mi Alumno

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: liligacaño

Después de perder al amor de su vida, él juró que su corazón quedaría enterrado junto a su esposa. Convertido en padre soltero, su único motivo para seguir adelante es su pequeño hijo… hasta que un nuevo comienzo los lleva a un lugar inesperado.
Ella es una dulce y dedicada profesora de preescolar, amante de los niños y de las pequeñas historias felices que se construyen día a día en su aula. Su vida es tranquila, organizada… hasta que él aparece.
Desde la primera mirada, algo cambia. Lo que comienza como simples encuentros en la hora de salida, se convierte en una conexión imposible de ignorar. Pero no todo es tan sencillo: el pasado aún duele, las heridas no han sanado del todo y el mundo no siempre acepta lo que no entiende.
Entre risas infantiles, dibujos de colores y miradas que dicen más que mil palabras… nace un amor que ninguno de los dos estaba buscando.
¿Podrá un corazón roto volver a amar?
¿Y hasta dónde estarán dispuestos a luchar por un sentimiento que no debía existir?
Un

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Capítulo 24 — Lo que empieza a ser imposible evitar

—Ya entiendo… —dijo el con una pequeña sonrisa—. Y volviendo a lo sentimental, después de tu última relación, ¿no has tenido a nadie más?

Negué despacio mientras llevaba la copa a mis labios.

—No. Preferí enfocarme en mi trabajo. La verdad quedé tan desilusionada que no quise volver a tener a nadie. Necesitaba sanar primero.

Su respuesta me llenó de una felicidad absurda. Traté de disimularlo tomando un poco de mi cóctel, que ya estaba casi terminado.

—Bueno… ahora soy yo la que quiere saber de tu vida —dijo sonriendo.

Tomé un sorbo de whisky y asentí.

—Está bien.

Me acomodé en el asiento mirándola fijamente.

—Soy hijo único. Mis padres viven aquí, en la ciudad. Desde pequeño tuve muchas oportunidades gracias a ellos. La empresa que manejo era de mi papá y terminé heredándola muy joven. Desde entonces me enfoqué en hacerla crecer… y lo logré. Ahora tenemos una sede en Italia.

Ella me miraba con atención, apoyando el mentón sobre su mano.

—Estudié administración y luego hice una maestría en negocios. Me gusta superarme. Hablo inglés, francés y japonés. Cuando era joven nunca fui muy mujeriego… y a la mamá de Samuel la conocí en la universidad.

Mi voz bajó un poco al recordarla.

—Duramos quince años entre novios y matrimonio. A los veintiséis decidimos vivir juntos. Ella aceptó, pero con la condición de que su mamá y su hermana vivieran con nosotros… y yo acepté por amor. Después nació Samuel y, durante mucho tiempo, fuimos felices.

Hice una pausa inevitable.

—Pero el año pasado ella falleció… y todo cambió.

La tristeza se me notó en los ojos.

María José bajó la mirada.

—Lo siento mucho, Alejandro… y si te hace daño hablar de eso, no sigas. Podemos dejarlo hasta ahí.

Negué despacio.

—No, déjame terminar.

Tomé aire.

—Desde entonces juré que no volvería a enamorarme. Solo tuve… distracciones. Ya sabes, uno intenta llenar vacíos de cualquier forma.

Noté cómo su expresión cambió apenas un poco al escuchar aquello.

Pero enseguida me acerqué más a ella.

—Aunque lo más loco es que desde que te conocí… volví a sonreír de verdad. Volví a sentir ganas de vivir cosas bonitas. Me haces sentir como un adolescente otra vez.

Sus labios se curvaron lentamente.

El alcohol ya empezaba a notarse en sus mejillas sonrojadas.

—A mí me pasa igual —confesó en voz baja—. No dejo de pensarte ni un solo instante.

Sentí cómo algo me golpeó el pecho al escucharla.

—Me alegra escuchar eso de tu boca.

En ese momento comenzó a sonar una bachata suave.

Ella sonrió de inmediato.

—¿Quieres bailar?

—Claro.

Se levantó emocionada y me tomó de la mano. Apenas llegamos a la pista, rodeé su cintura con una mano mientras entrelazaba la otra con la suya.

Su perfume me envolvió por completo.

—Te confieso algo —le dije cerca de su oído—. Soy un poco torpe para bailar bachata.

Ella me miró sorprendida.

—¿En serio?

Asentí riendo.

—Sí. ¿Me enseñas?

—Claro que sí… ven.

Con paciencia empezó a mostrarme los pasos. Su cuerpo rozaba el mío cada vez más y yo apenas podía concentrarme en la música. Ella reía cada vez que me equivocaba, y yo solo podía pensar en lo hermosa que se veía bajo las luces tenues del lugar.

—Muy bien —dijo divertida—. Para no saber, aprendes demasiado rápido.

—Creo que la buena profesora eres tú.

Ella sonrió con esa mezcla de inocencia y picardía que me estaba volviendo loco.

—Mmm… puede ser.

La acerqué un poco más.

—Pero ¿sabes qué es lo malo conmigo?

Me miró confundida.

—¿Qué?

Incliné apenas el rostro hacia ella.

—Que me encanta saltarme los pasos.

Antes de que pudiera responder, tomé suavemente su rostro entre mis manos y la besé.

Y ella me respondió de inmediato.

El beso empezó lento, pero en segundos se volvió intenso, urgente. Seguíamos moviéndonos al ritmo de la música mientras nos besábamos como si lleváramos demasiado tiempo conteniéndonos.

Cuando el aire empezó a faltarnos, nos separamos apenas unos centímetros.

Ella respiraba agitada.

Regresamos a la mesa todavía sonriendo, intentando recuperar la compostura mientras seguíamos tomando. El whisky comenzaba a calentarme el cuerpo y ella ya iba por otro cóctel.

Entonces volvió a mirarme.

—Te hago una pregunta…

—Dime.

—¿Tú has tenido algo con tu cuñada?

Negué enseguida.

—No. Nunca. Ella sí ha intentado acercarse a mí, pero jamás ha pasado nada. Ni siquiera un beso. No me interesa.

Tomé su mano por encima de la mesa.

—Mi suegra insiste mucho con eso… y le llenan la cabeza a Samuel también. Pero si sigo cerca de ellas es por él. Ya ha sufrido demasiado con la muerte de su mamá como para alejarlo también de su abuela y su tía.

Ella asintió despacio.

—Entiendo…

Le levanté suavemente el rostro para que me mirara.

—La única mujer que me interesa eres tú.

Y volví a besarla.

Esta vez fue ella quien tomó la iniciativa. Tal vez era el alcohol, tal vez las ganas que ambos llevábamos guardando desde hacía tiempo… pero me besó sin miedo.

El beso se volvió profundo, desesperado.

Mi mano subió lentamente por su muslo, apretándolo apenas, y sentí cómo su respiración se cortó.

Ella cerró los ojos y se pegó más a mí.

El calor entre nosotros empezó a volverse peligroso.

Nos separamos solo porque ya no podíamos respirar.

—Me encanta cuando eres tú quien me besa —le susurré mirándola a los ojos—. No siempre tengo que ser yo.

Ella solo sonrió, mordiéndose ligeramente el labio inferior.

Volvimos a la pista cuando empezó a sonar una canción romántica. Esta vez bailamos mucho más pegados. Mis manos rodeaban su cintura mientras ella descansaba los brazos sobre mi cuello.

Nuestros cuerpos encajaban demasiado bien.

Cada movimiento hacía que la tensión creciera más.

Luego cambiaron la música por una champeta y todo empeoró.

María José empezó a moverse frente a mí lentamente, provocándome sin siquiera intentarlo. Sus caderas rozaban mi cuerpo mientras yo la sujetaba con fuerza de la cintura para acercarla todavía más.

La forma en que bailaba era una locura.

Me estaba dejando sin control.

Ella se giró, pegando su espalda contra mi pecho, y comenzó a mover las caderas al ritmo de la música, haciendo que mi respiración se volviera pesada.

Incliné el rostro hacia su oído.

—Deja de bailar así, María José… porque no voy a responder.

Ella soltó una risa traviesa y se volteó para mirarme.

—Pues no responda, señor Alejandro.

Nos quedamos viendo fijamente.

Llenos de deseo.

Y en ese instante ambos entendimos que ya era demasiado tarde para fingir que aquello no estaba pasando.

1
Maria Garcia
ay no vieja envidiosa que Alejandro la saqué de su casa y cuide amaría jose
Maria Garcia
Alejandro abre los ojos y cuída.y alluda amaría José te BA a necesitar y despide atu cuñada y suegra mandalas avolar
Maria Garcia
ayno pinche vieja de Valentina ojalá y todo le salga mal y Alejandro las saque de su casa
Rosana Ochoa
para leer la segunda parte por q lo cortas así como la busco
Maria Garcia
si que descubra aValentina y que se de cuenta que lo quiere separar de ella
Maria Garcia
si por fin están juntos
Maria Garcia
si que vien que se dejen de jugar
Maria Garcia
si que se balla de esa casa y viva aparte sin cuñada ni suegra que las mande avolar
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