NovelToon NovelToon
1 Soy Mitad Humana Y Demonio

1 Soy Mitad Humana Y Demonio

Status: Terminada
Genre:Venganza / Demonios / Romance / Completas
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Estrella Cloe Pattison Evans siempre supo que era diferente. Mitad humana y mitad demonio, vive ocultando una oscuridad que apenas puede controlar mientras Gabriel, un ángel y amigo de su padre, intenta protegerla del peligro que la rodea. Pero todo cambia cuando conoce a Adrik, un misterioso vampiro ligado al enemigo de su familia.
Su presencia despierta poderes inestables, secretos ocultos y una conexión imposible de ignorar. Mientras fuerzas peligrosas comienzan a buscarla, Estrella descubrirá que su destino podría cambiar el equilibrio entre la luz y la oscuridad.
Ahora deberá decidir si luchar contra lo que es… o aceptar el poder que corre por su sangre.

NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 13

No volví a ser la misma después de ese momento.

Y lo peor…

fue darme cuenta tan rápido.

El ruido del colegio regresó como si nada.

Voces.

Risas.

Puertas abriéndose y cerrándose.

Normalidad.

Falsa.

Demasiado falsa.

Caminé de regreso al salón.

Paso firme.

Respiración controlada.

Todo en orden…

por fuera.

Porque por dentro—

todo seguía moviéndose.

No como antes.

No descontrolado.

Peor.

Consciente.

Mi energía estaba despierta.

No esperando.

Observando.

Eso me incomodó más que cualquier explosión.

—Genial…

Murmuré apenas.

—Ahora también piensa.

Abrí la puerta del salón.

Nadie dijo nada.

Pero todos miraron.

Un segundo.

Dos.

Suficiente.

Volví a mi lugar sin hablar.

Sin mirar a nadie.

Sin buscarlo.

Error.

Porque no necesitaba hacerlo.

Ya lo sentía.

Más estable.

Más… contenido.

Pero ahí.

Como si la conexión no se hubiera ido.

Solo… aprendido a esconderse mejor.

Me senté.

Abrí el cuaderno.

No escribí nada.

Porque no podía concentrarme.

No cuando cada pequeño movimiento en el aire—

parecía tener intención.

—¿Estás bien?

La voz vino de al lado.

Suave.

Humana.

Normal.

Parpadeé.

Regresando.

—Sí.

Mentí.

Demasiado rápido.

—Solo me mareé un poco.

—Se notó.

No insistió.

Y lo agradecí.

Porque no tenía energía para fingir más.

El profesor empezó a hablar.

Palabras.

Explicaciones.

Nada que se quedara.

Porque algo más ocupaba todo el espacio en mi cabeza.

Esa sensación.

No venía de él esta vez.

Eso era lo extraño.

Venía de otro lado.

Más lejana.

Más fría.

Más… calculada.

Mi espalda se tensó.

—No puede ser…

Susurré.

Otra vez no.

Otra vez aquí no.

Cerré los ojos un segundo.

Centro.

Límite.

Yo.

Pero en cuanto lo hice—

lo sentí más claro.

Alguien estaba mirando.

No a todos.

A mí.

Abrí los ojos de golpe.

Nada.

Todo normal.

Demasiado normal.

—Tranquila…

Me dije.

Pero no lo estaba.

Porque mi cuerpo no reaccionaba como antes.

No entraba en pánico.

No huía.

Se preparaba.

Y eso…

no era buena señal.

El bolígrafo en mi mano se rompió.

Sin darme cuenta.

La tinta manchó mis dedos.

Negro.

Oscuro.

Casi como—

No.

Solté el bolígrafo.

Demasiado rápido.

—¿Seguro que estás bien?

—Sí.

Otra mentira.

Pero esta vez…

menos creíble.

Mi mirada se levantó.

Instinto.

No decisión.

Y por un segundo—

lo vi.

No directamente.

No claro.

Pero lo suficiente.

Al fondo del salón.

Una figura apoyada contra la pared.

Quieta.

Observando.

No era un alumno.

No era profesor.

No pertenecía ahí.

Mi respiración se detuvo.

Parpadeé.

Y desapareció.

—No…

Susurré.

Pero el frío…

seguía ahí.

—No fue imaginación.

Esta vez no.

Mi corazón empezó a latir más rápido.

No por miedo.

Por certeza.

Esto ya no era solo sobre mí…

y él.

Esto era más grande.

Mucho más.

Y alguien más…

ya había decidido entrar al juego.

No levanté la mano.

No pedí permiso.

No pensé.

Simplemente me levanté.

—¿A dónde cree que va, señorita?

La voz del profesor sonó lejana.

Irrelevante.

—Al baño.

Mentí sin detenerme.

No esperé respuesta.

No la necesitaba.

Salí del salón con el pulso acelerado…

pero la mente clara.

Demasiado clara.

Porque ahora ya no era duda.

Era certeza.

Alguien más estaba aquí.

Y no estaba escondiéndose bien.

O tal vez…

no quería hacerlo.

El pasillo me recibió vacío otra vez.

Pero no como antes.

Ahora sabía qué buscar.

Esa sensación.

Fría.

Precisa.

Observando.

—Sal.

Mi voz no tembló.

Esta vez no.

El silencio respondió.

Pero no vacío.

Nunca vacío.

Un paso.

Luego otro.

Lento.

Controlado.

No iba a correr.

No otra vez.

Porque si algo había aprendido—

era que huir solo hacía que regresara peor.

El aire cambió.

Sutil.

Pero claro.

Y entonces—

lo sentí.

Más cerca.

Mucho más.

—No es el mismo…

Murmuré.

Y eso fue lo que más me preocupó.

Porque esto—

era más limpio.

Más enfocado.

Más… consciente.

—Bien.

Dije en voz baja.

—Entonces ven tú.

El sonido llegó detrás de mí.

Un roce leve.

Como tela contra pared.

Me giré de golpe.

Nada.

Pero el frío se movió.

—Cobarde.

Provocar.

Funcionaba.

Siempre funcionaba.

El aire se tensó.

Y por un segundo—

la distorsión apareció.

Más clara que antes.

Más estable.

—Te encontré.

Di un paso.

Mi energía respondió.

Subiendo.

No descontrolada.

Lista.

—Estrella.

Mi nombre.

Detrás de mí.

Otra vez.

Pero esta vez—

sí me giré.

Adriel estaba ahí.

Más serio que nunca.

Más tenso.

Más… preocupado.

—No deberías estar sola.

—No lo estoy.

Señalé al frente.

—Está aquí.

Su mirada cambió.

No de sorpresa.

De confirmación.

—Lo sé.

Eso me detuvo.

—¿Cómo que lo sabes?

Silencio.

Un segundo.

Dos.

—Porque no es la primera vez que aparece.

El aire se volvió más pesado.

—¿Qué?

—No aquí.

Pausa.

—Pero sí cerca de ti.

Eso no me gustó.

Para nada.

—¿Desde cuándo?

—Desde antes de que perdieras el control.

Mi pulso se disparó.

—¿Y no pensabas decirme?

—No estaba seguro.

—¿Seguro de qué?

—De si te estaba buscando…

Pausa.

—o si estaba esperando algo.

Mi respiración se tensó.

—¿Esperando qué?

Sus ojos se fijaron en los míos.

Directos.

Sin rodeos.

—A que despertaras más.

El silencio cayó pesado.

Real.

Innegable.

—Perfecto…

Murmuré.

—Entonces básicamente lo llamé yo.

—No exactamente.

—Suena bastante exacto.

El aire vibró.

Fuerte esta vez.

Entre nosotros.

Más cerca.

Más presente.

—Cuidado.

Su voz bajó.

—Está reaccionando a lo que dices.

—¿A lo que digo… o a lo que soy?

No respondió.

Y eso fue suficiente.

—Genial.

El frío se concentró.

Frente a nosotros.

Tomando forma.

No completa.

Pero más clara.

Más… definida.

—Esto ya no es solo observación.

Susurré.

—No.

—Entonces ¿qué es?

Pausa.

Corta.

Precisa.

—Interés.

Eso fue peor.

Mucho peor.

—No quiero su interés.

—No importa.

—Claro que importa.

—No para él.

El aire se rompió.

Literalmente.

Una grieta breve.

Inestable.

Y entonces—

la sombra avanzó.

Rápida.

Directa.

Sin advertencia.

—¡Ahora sí!

Mi energía subió.

Pero esta vez—

no esperé.

La empujé.

No como explosión.

Como impulso.

El impacto fue real.

El aire chocó contra algo.

Fuerte.

Visible.

La figura se distorsionó.

Retrocedió.

Pero no desapareció.

—Aprende rápido…

No fue una voz.

Fue una sensación.

Clara.

Intencional.

—Eso no me gusta.

—A mí tampoco.

Adriel no se movió.

Pero su postura cambió.

Defensiva.

Lista.

—No es como los otros.

—Lo sé.

—Es más inteligente.

—Lo sé.

—Entonces haz algo.

Silencio.

—Lo estoy haciendo.

—¿Qué?

Pausa.

—Mantenerte viva.

Eso me hizo mirarlo.

De verdad.

Y por un segundo—

todo lo demás se quedó atrás.

Porque no sonó como advertencia.

Sonó como promesa.

El momento se rompió.

Otra vez.

La sombra retrocedió.

No por miedo.

Por decisión.

—Se va.

—No.

Negó apenas.

—Se está retirando.

—No es lo mismo.

—No.

Pausa.

—Es peor.

El aire volvió a la normalidad.

O algo parecido.

Pero la sensación…

no se fue.

Solo cambió.

Más lejana.

Más… calculando.

—Esto ya no es casualidad.

—Nunca lo fue.

Respiré lento.

Intentando estabilizarme.

—Entonces dime la verdad.

Mi voz bajó.

Más seria.

—¿Cuántos más hay?

Silencio.

Pero esta vez—

no lo evitó.

—Más de los que deberían saber de ti.

Eso fue todo lo que necesitaba.

Para entender que esto—

acababa de empeorar.

No hablé de inmediato.

No porque no tuviera qué decir—

sino porque tenía demasiado.

Y nada salía como quería.

El pasillo volvió a quedarse en silencio.

Pero ya no era el mismo.

Ahora…

sabía lo que se escondía detrás de él.

—Lo sabías.

Mi voz fue baja.

Controlada.

Pero no tranquila.

—Sabías que algo más estaba cerca…

Pausa.

—y no dijiste nada.

Adriel no respondió de inmediato.

Como si estuviera midiendo cada palabra antes de soltarla.

Eso me hizo enojar más.

—¿Desde cuándo?

—No era claro.

—No te pregunté eso.

Silencio.

Pesado.

Real.

—Desde hace unos días.

El aire se me atoró en el pecho.

—¿Unos días?

Repetí.

Más lento.

Más peligroso.

—¿Y pensaste que era buena idea no decirme?

—Pensé que podía mantenerlo lejos.

Eso me hizo soltar una risa seca.

Sin humor.

Sin suavidad.

—¿Y cómo te está funcionando eso?

No respondió.

Porque no tenía cómo hacerlo.

—No soy algo que puedas manejar tú solo.

Mi voz subió un poco.

No grito.

Pero cerca.

—No soy un problema que puedes esconder hasta que se vuelva más grande.

—No dije eso.

—Pero lo hiciste.

Un paso.

No hacia atrás.

Hacia él.

Esta vez fui yo.

—¿Cuántas cosas más no me estás diciendo?

Su mirada no se apartó.

Pero algo en ella cambió.

No evasión.

Decisión.

—Las suficientes para que sigas con vida.

Eso…

me detuvo.

Por un segundo.

Solo uno.

Pero fue suficiente.

—No necesito que decidas eso por mí.

—Sí lo necesitas.

Directo.

Sin suavidad.

Sin rodeos.

Eso dolió.

Más de lo que debería.

—No eres el único que puede proteger.

—No estoy compitiendo contigo.

—Entonces deja de actuar como si supieras más.

Silencio.

Y esta vez—

no fue tenso.

Fue… peligroso.

—Sé más.

La frase cayó entre nosotros.

Pesada.

Innegable.

—Y eso es exactamente el problema.

Mi pulso se aceleró.

No por miedo.

Por frustración.

—Entonces dime.

—No puedo.

—No quieres.

—No puedo.

La diferencia estaba ahí.

Y eso fue lo que me hizo dudar.

Solo un poco.

Pero lo suficiente.

Porque no sonó como excusa.

Sonó como límite.

Y eso…

era peor.

El aire volvió a cambiar.

No frío.

No pesado.

Algo más.

Familiar.

Conocido.

Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente.

—Gabriel.

Susurré.

No estaba ahí.

Pero lo sentía.

Lejos.

Pero presente.

Como una advertencia.

Como si supiera.

—Tenemos que irnos.

La voz de Adriel volvió a bajar.

Más urgente.

—Ya.

—No pienso huir cada vez que algo aparezca.

—No es huir.

—¿Entonces qué es?

—Sobrevivir lo suficiente para entender contra qué estamos peleando.

Eso…

tenía sentido.

Y lo odié por eso.

—Esto no se va a detener.

—Lo sé.

—Va a empeorar.

—Sí.

—Entonces deja de decidir por mí.

Silencio.

Un segundo.

Dos.

—Entonces deja de lanzarte sola hacia lo que no entiendes.

Eso me hizo apretar la mandíbula.

—No estaba sola.

Pausa.

—Estabas tú.

Sus ojos cambiaron.

Ligero.

Pero real.

Como si no esperara eso.

Como si no supiera qué hacer con eso.

Y por primera vez—

no tuvo una respuesta inmediata.

El momento se sostuvo.

Inestable.

Tenso.

Real.

Hasta que—

mi teléfono vibró.

El sonido rompió todo.

Saqué el móvil.

Pantalla encendida.

Un mensaje.

Número desconocido.

Mi estómago se tensó.

—No lo abras.

Adriel habló rápido.

Demasiado.

—¿Por qué?

—Porque no sabemos quién es.

—Exacto.

Eso fue suficiente para que lo hiciera.

Lo abrí.

Un solo mensaje.

Corto.

Directo.

“Ya no estás sola.”

Mi respiración se detuvo.

—¿Qué dice?

No respondí de inmediato.

Porque no podía.

Porque algo dentro de mí—

reconoció esa intención.

No amenaza.

No advertencia.

Algo peor.

Elección.

Levanté la mirada.

Lento.

—Ya empezó.

Mi voz salió más baja.

Más firme.

Más real.

Adriel no preguntó más.

Porque no hacía falta.

Ambos lo entendimos.

Esto ya no era sobre perder el control.

Ni sobre aprender a usarlo.

Era sobre algo mucho más grande.

Algo que ya me había encontrado.

Y no pensaba soltarme.

Apreté el teléfono.

Fuerte.

Demasiado.

—No solo me estaban observando…

Pausa.

Respiré.

—ya me estaban eligiendo.

1
Maria De Jesus Tirado Rodriguez
quedó inconclusa tan interesante que estaba 😭
CristyGry: también te invito a leer el libro 0.5 que es como la historia de los papás de estrella y de cómo Federico se hizo malo
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play