Derek Greco, líder de una poderosa mafia italiana, sufre un atentado que lo deja en silla de ruedas, con pocas esperanzas de recuperar su antiguo poder. En su lucha por recuperarse, rechaza a todos los especialistas que se acercan, hasta que su padrino recurre a Alexa Clark D'Amico, una fisioterapeuta excepcional y la hija de un mafioso despreciable, responsable del atentado que cambió su vida. Aunque Alexa sabe que su vínculo con el hombre que destruyó a Derek podría ponerla en peligro, acepta el reto de rehabilitarlo y mudarse a su mansión. Desde el primer encuentro, Derek hace todo lo posible por hacerla huir, pero Alexa, con su determinación y talento, empieza a provocar avances en su recuperación. A medida que el tiempo pasa, entre ambos surgen sentimientos más profundos que van más allá de la amistad, mientras los secretos y el rencor amenazan con separarlos, ¿pero el amor podrá curar las heridas de sus pasados tan oscuros?
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CAPITULO 19
CAPÍTULO 19.
Por Franco.
Me encontraba en la sala de juntas con algunos inversionistas y por supuesto Derek, cerrando unos negocios para poder exportar nuestros productos a América, cuando logro ver en mi reloj, que acaba de entrarme un mensaje de emergencia. Leo la pantalla y veo que se trata de un mensaje de Alexa. Solo tenía una palabra. Tres letras: “SOS”.
El corazón se me detuvo en el pecho.
—¿Qué ocurre Alexa? Pensaba.
Era extraño de ella, siempre que me necesitaba solía enviarme un texto, pero esta vez era diferente. Era un mensaje de emergencia. Obviamente, se encontraba en peligro real, ya que estos se envían de forma automática al apretar las teclas de volumen del celular.
Sin levantar sospechas, sobre todo por Derek, decidí disimular y salir de la sala.
—Disculpen. —Dije. —Se me presento un asunto. Debo salir unos minutos.
Me pare de mi silla ante la atenta mirada de Derek. Estaba seguro de que estaba sospechando. Me conoce demasiado bien. Salí de sala e intenté llamar a Alexa a su teléfono, pero este daba apagado. Decidí llamar a Regi, ya que supe que iría a visitarla hoy. Mire para mis alrededores y al cerciorarme de que no había nadie alrededor, marque su número.
—¿Cómo está el hermano más precioso del mundo? —Respondió ella al teléfono.
—Oye, Regi.—Dije en voz baja.
—Franco, ¿qué ocurre? ¿Por qué hablas así? ¿Acaso estás en problemas?
—Sí... Digo, no... Yo no... Alexa... ¿Alexa está contigo?
—Mmm... No... Se acaba de ir hace unos minutos. —Dijo ella. —Se subió a una de las camionetas de Derek.
—¿Viste quien conducía? ¿Era Giovanni? ¿Jack, tal vez? —pregunte. Y en ese momento vi a los dos idiotas entrando por el ascensor. —Olvídalo, ninguno de ellos fue. Ambos están aquí.
—¿Ocurre algo Franco? —pregunto ella preocupada.
—Recibí un mensaje de su parte y no logro comunicarme con ella. Pero de seguro fue un error y se quedó sin batería en el celular. —Dije para no asustarla. —No te preocupes, de seguro ya está en la casa.
Al otro lado de la línea se hizo un silencio, hasta que Regi volvió a hablar.
—Franco, Sebastián acaba de entrar a casa. Encontró el celular de Alexa tirado en la entrada y está... destruido.
—Me llevo yo. —Exclame. Ya imaginaba la reacción de Derek cuando se entere. Eso no será para nada bueno.
—¿Está todo en orden? —Pregunto Derek a mis espaldas y yo cerré mis ojos, esperando que lo tome con calma.
—Regi, debo colgar. —Dije.
—Franco, no sé qué ocurre, pero por favor, cuando Alexa llegue a la casa avísame.
—Lo haré Regi... Cálmate, de seguro, no es nada. —Dije y colgué. Me giré para ver a mi mejor amigo. ¿Cómo mierda le digo?
—Franco. Te hice una pregunta. —Dijo Derek. —¿Y ustedes que hacen aquí? —Dijo, encarando a los hombres que acababan de llegar. —¿No tendrían que estar buscando a Alexa de casa de su hermano?
—Alexa, aún no nos ha llamado. —Dijo Giovanni. —De hecho, veníamos a buscar a Alfonso, ya que hay un hombre que quiere verlo.
—Derek... Alexa está en peligro. —Dije finalmente y solté un suspiro, sabiendo lo que se venía a continuación.
—¿QUÉ DICES? —Grito preocupado.
—Me llego un mensaje de emergencia de ella y no está en casa de Regi. Ella la vio subirse a una camioneta y Sebastián encontró su celular tirado en la entrada de la casa.
—No... No puede ser... Ella no puede dejarme. —Dijo él, desesperado.
—Claro que no, ¡Derek! ¿No te das cuenta? Este par están aquí. ¡La secuestraron!
—Muchachos, ¿qué ocurre aquí? —pregunto Alfonso entrando a la sala donde nos encontrábamos.
—Papa. —exclame. Iba a contarle lo ocurrido, pero Jack se adelantó.
—Sr. Alfonso. Lo está esperando el Sr. Marcelino. Dice que tiene algo muy importante para decirle. —Dijo. —También requiere la presencia del Sr. Derek.
—¿Y ACASO NO PODÍAS DECIRLO ANTES? ¡ESTAMOS HACE VEINTE MINUTOS DISCUTIENDO MIENTRAS MI MUJER SABE DIOS DONDE MIERDA ESTA! —Grito Derek, enojado.
—¡YA! ¡Derek! —Dije. —Todos están preocupados.
—¿Qué ocurrió con Alexa? —pregunto mi papá.
—Te lo diré de camino. Ahora vamos a ver que quiere ese hombre. —Dije.
Bajamos hacia los estacionamientos subterráneos, donde el tal Marcelino nos estaba esperando. Derek tenía los pelos de punta. Lo conozco demasiado bien. Solo espero que no esté pensando en hacer una locura. Cuando encontramos al hombre, Giovanni y Jack se apartaron para darnos más privacidad.
—Marcelino. —Exclamo mi padre. —¿Qué tienes?
—Sr. Alfonso... Tengo una información que darle.
—Oye, espera. —Interrumpió Derek. —¿Quién es este y por qué insistió en reunirnos en este lugar y no en uno público? —Dijo Derek con desconfianza.
—Porque nadie puede saber que Marcelino trabaja para mí. —Respondió mi papá. —Él es uno de los hombres que tengo infiltrados con... —papa no termino de hablar.
—Tienen a Alexa Clark. —Dijo Marcelino, continuando. —Teníamos la orden de secuestrarla hoy.
—¿SECUESTRARLA DICES? ¡MALDITO INFELIZ! ¿TÚ TUVISTE QUE VER? —Grito Derek.
—¡Para! —Exclame, deteniéndolo. —¡Para Derek!, escuchemos lo que tiene para decir.
—Vine aquí porque me presente ante ella y... me pidió que les dé un mensaje.
—¿Cuál es? —Dijo Alfonso.
—En primer lugar, me pidió que les diga el lugar donde la tienen. Ella está en su casa. En su casa de la infancia. —Dijo. —Ella dijo que el Sr. Derek la rescataría.
—No. —Dijo mi padre. —Es imposible, no podemos ir ahí.
—Padrino, ¿qué dices? ¿Quién la tiene? Alfonso D'amico está muerto hace tiempo.
—Derek. —Exclamo Alfonso, sin saber qué decir.
—¡HABLA, MALDITA SEA!
—Yo... Le dije que usted no podría rescatarla. —Dijo el hombre. —Que tendría que hacerlo ella sola. La ayudaré en lo que este a mi alcance. Entonces ella me pidió que les diga otra cosa.
—¡HABLA YA! —Dijo mi amigo cada vez más desesperado.
—Quiere que sepa que no huyo. Que la espere en el lugar donde todo comenzó aquel dos... No. —Se corrigió. —Tres de septiembre. Que usted sabrá qué hacer. —Dijo el hombre.
—Tres de septiembre... Donde todo empezó. —Dijo Derek analizando las palabras.
—Eso es todo... Debo regresar o sospecharán.
—Gracias Marcelino... Debes tenerme al tanto de todo. —Dijo Alfonso y finalmente el hombre se fue.
******
Por Derek.
Cinco putos días han pasado. Cinco putos días sin tener noticias de mi dulce Alexa. Por más que insisto en saber qué mierda pasa, quién mierda está detrás de esto, Alfonso no quiere soltar palabra.
Estaba desesperado. Lloraba como hacía tiempo no lo hacía. Me la pasaba pensando en mi dulce mujercita. Me dolía saber que lo primero que me quiso hacer llegar era que no había huido. Que no me había abandonado. Hasta en esas situaciones se preocupa por mí. Porque no sufra. Por las noches no dormía. Las pesadillas habían vuelto. Tenía un carácter de los mil demonios. Las ojeras me hacían parecer un oso panda.
Ya no aguantaba más. Me levanté de la cama y me vestí con una camisa blanca y unos jeans color negros. Tome una muda más de ropa y la metí en una mochila. También tomé una muda de ropa de Alexa. Mi arma, algunas balas, dinero en efectivo y un teléfono viejo, el cual no podrían rastrear. Deje el resto de mis pertenencias en la casa y estaba listo para salir de casa. Había descifrado su mensaje... "Donde todo comenzó aquel tres de septiembre". El tres de septiembre fue el día en que ella llegó a esta casa, el lugar donde todo comenzó fue su casa. Eso es lo que creo. Fue ahí donde Giovanni y Jack la recogieron para traerla aquí. Y estoy seguro de que si ella lograría escapar se esconderá ahí. Nadie la buscaría ahí, no sabiendo que está conmigo. Lo más lógico sería que huya en busca de protección aquí o a casa de Sebas.
Sebas... Otro que tiene un carácter de los mil demonios... En cuanto a Regi, la pobre ha estado mal. Resulta que el día en que Alexa la fue a ver, ella le confesó que estaba embarazada. Cuando Sebas le dio la noticia del secuestro, ella ha estado mal, no paraba de lamentarse y llorar e incluso comenzó con pequeñas perdidas. Gracias a Dios, ya está estable. Pero tiene que hacer mucho reposo.
Llame a Giovanni y le dije que iría a la casa de Alexa. Pero que iré en mi motocicleta, llamara mucho la atención si llego en el coche, acompañado de hombres. Comencé a conducir la moto por la carretera hasta que finalmente me estacione en la dirección que los muchachos me habían dado. Estacione la moto en el cordón de enfrente para no llamar la atención y que sepan que vine para aquí. En mi pecho tenía la esperanza de que ella ya se encuentre en este maldito lugar. Tantee el picaporte, pero la casa estaba cerrada con llave. Mire por todos lados, pero no halle ninguna llave escondida. Me di la vuelta y vi una puerta trasera. Decidí sacar unas ganzúas de mi llavero y comencé a trabajar con la cerradura hasta que finalmente logre entrar a la casa.
Era una casa bonita, pequeña pero acogedora. Los muebles tenían una fina capa de polvo debido al tiempo que nadie visitaba. Comencé a recorrerlo, observaba cada detalle de él. Deje la mochila con las mudas de ropa y camine por todo el lugar. Sentía nostalgia. La extrañaba demasiado. Comencé a recordar esa canción que ella me dijo que oiga el día de su secuestro. Me coloqué los auriculares y comencé a oírla. Una lágrima caía por mi mejilla.
—Maldición, Alexa.—dije para mis adentros.
Estaba harto. Salí de la casa lo más rápido que pude, me monte a mi motocicleta y en este momento juro que no me importaba en absoluto arriesgar mi vida. Me dirigí a esa maldita casa. Me anuncié en la entrada y me dejaron pasar. Claro que sí. Era obvio que me estaban esperando.
Me dirigí hacia la puerta de entrada a la casa y vi a Marcelino que me observo sorprendido. Pero no podía decirme nada. No podía acercarme a él, ya que quien carajo sea que este detrás de esto, lo descubriría y mandaría todo al carajo.
Golpee la puerta con furia. Nadie atendía, por lo que seguí golpeando con furia hasta que un rato más tarde, alguien abrió la puerta: Mi dulce reina. Mi Alexa.
—Alexa.— Exclame en un susurro, con un nudo en la garganta. Sufriendo tanto. No la veía bien. Se veía cansada, sabia que no la estaba pasando bien.
—Derek. ¿Qué haces aquí? —Exclamo ella. Sin embargo, ella solo estaba asomada a la puerta, no salía. Tenía mis sospechas.
—Vine por ti. Quiero saber qué pasa. ¿Quién te tiene aquí, ah? ¿Por qué me dejaron pasar tan fácilmente?
—Derek, debes irte. —Dijo.
—Respóndeme Alexa.
—Yo les di la orden de que te dejen pasar.
—¿Tú? ¿Orden? ¿Qué mierda pasa aquí Alexa?
—Derek, no me iré contigo. —Dijo ella, afligida. —Hui, Derek. No quiero estar más cerca de ti. Eres malo, terrible. Eres un demonio Derek. Tú no mereces amor, no mereces nada. Solo sufrimiento. —Decía ella, con los ojos ahogados en lágrimas.
No, Esa no es mi Alexa. Algo le pasa.
—Alexa... ¿Por qué no sales aquí, ah?
—Es mejor así, Derek. Quiero que te vayas. No quiero volver a verte.
—¿Por qué? ¿Por qué Alexa?
En ese momento, ella extendió su mano para tomar la mía. A lo cual accedí.
—Derek, cuando visite a Regi ese día, me di cuenta de que tú y yo no podemos estar juntos. Tú eres peligroso Derek Greco. —Exclamo ella. Pero nada de lo que decía tenía sentido. —Derek... ¿Recuerdas lo que te dije la vez que asesinaste al cura delante de mis ojos? ¿A sangre fría? —Dijo ella.
Fruncí el ceño confundido, recordando aquello.
—No mentí Derek. Todas esas cosas eran ciertas. Tienes que irte ahora.
Mi mente divagaba por mis recuerdos. No lograba comprender a Alexa. Pero estaba seguro de que algo ocurría.
Aún perdido en mis pensamientos ella soltó mi mano e hizo un leve asentimiento. Sentí algo en ella. Elle depositó algo ahí. Disimule. Sabía que la tenían apuntada por un arma. Eso es básico en este negocio. Por eso ella no salía de detrás de la puerta.
—Marcelino, encárgate de que este señor se vaya de aquí y no vuelva. —Dijo ella, con los ojos llenos de lágrimas.
Marcelino asintió y se dirigió hacia mí.
—Por favor Señor. Váyase por su cuenta. —Dijo él, con una mirada de súplica.
—No te dejaré Alexa. No puedes hacerme esto. —Dije. Pareciendo dramático.
—¡DEREK VETE DE UNA PUTA VEZ SI NO QUIERES QUE ORDENE QUE TE ASESINEN!, ¡VETE!, ¡VETE DE AQUÍ!
No me resistí más. Salí de allí seguido por Marcelino que iba unos pasos más atrás.
—Derek. No te gires. —Dijo. —Ve a un lugar seguro. Lee la nota. Y recuerda lo que te dije hace cinco días. —Exclamo este casi en un susurro.
—Donde todo comenzó aquel tres de septiembre.
—Exacto. Prepárate Derek. Está a punto de venirse una tormenta. —Dijo él.
Finalmente, salí de aquel lugar y regrese a la casa de Alexa. Aparque la moto unas cuadras antes y comencé a caminar, me puse una chaqueta con capucha y unas gafas de sol para no ser reconocido y finalmente me adentre a la casa por el mismo lugar donde había entrado hoy. Dentro de la casa había unas llaves, probé con cada una, hasta que encontré la que cerraba la puerta trasera. Me cercioré de que todas las ventanas estén cerradas para que nadie vea nada de lo que ocurre adentro.
Saque de mi cintura mi glock y me asegure de que esté bien cargada. Una vez instalado en el sillón de la sala, leí la nota que Alexa me dio a escondidas en la mano.
"Madrugada de hoy, en donde todo comenzó. Septiembre 3."
De inmediato llame a Franco con un celular de teclas irrastreable que teníamos en caso de escapes, ya que mi celular lo había dejado en la casa para que no logren rastrearme.
—¿Derek? —Dijo Franco cuando atendió la llamada.
—No, la reina Victoria. —Dije.
—Veo que estás de buen humor. ¿Se puede saber por qué me llamas desde ese celular?
Lo puse al tanto de lo que había pasado y de la nota que me entrego Alexa.
—Franco. Necesito que averigües quienes están detrás de esto. Una vez que tenga a Alexa conmigo tendré que esconderme en un lugar seguro. Ellos no tardarán en saberlo y no parecen ser para nada idiotas.
—Ok... Pero... Tú...
—Franco, no podre comunicarme contigo en cada momento. Tendrás que encargarte de sacar la mayor cantidad de información que puedas. ¿Está bien? Prometo que intentaré hablar contigo por medio de teléfonos de las cabinas en las calles.
—Está bien. Intenten cruzar la frontera. Intenten ir hasta la casa de seguridad en Francia. Una vez ahí, hazme llegar un mensaje encriptado, como solíamos hacerlo antes. Me encontraré con ustedes ni bien pueda.
—Es peligroso Franco.
—Confía en mi Derek. Los sacaré de esta mierda. —Suspiro él. —¿Que pasara con tus asuntos aquí?
—Deberás encargarte. —Dijo él. —Escucha, sé que no parece algo típico en mí. Pero no permitiré que nada le pase a ella. Estaré a su lado en todo momento, solo así estaré tranquilo.
—No sé ni por donde empezar, amigo. —Confeso Franco.
—Empieza por tu padre. Estoy seguro de que Alfonso sabe quién está detrás de esto. A partir de ahora no podre volver a comunicarme contigo Franco.
—Está bien Derek. —Dijo él. —Pero dime, ¿Tienes todo lo necesario?
—Tengo un arma, balas y traje dinero en efectivo. Mis tarjetas de crédito, mi celular y cualquier pertenencia que pueda ser rastreable las deje en la casa, tú sabes donde. Tendré este celular apagado. No intentes llamarme. Yo te contactaré cuando lo crea seguro.
—Está bien. Cuídate. Y regresen a salvo. Hablaré con Alexei y James para que me den una mano con esto.
—Confió plenamente en ustedes, hermano. Todo saldrá bien. —Dije, y colgué, finalmente.
—Mi dulce reina. —Exclame sonriente. —Al fin estaremos juntos.