Tras ser brutalmente traicionada por su compañera y su objetivo en una misión de alto riesgo, la letal agente Jannet Cayswell muere en un accidente orquestado. Despierta en el cuerpo de Zafiro Lawrence, la heredera de una Casa Noble en un imperio de corte de época antigua, con toques mágicos. Atrapada en una vida de etiqueta y política palaciega, Zafiro debe fingir la amnesia para sobrevivir mientras domina sus nuevas habilidades y el funcionamiento de este mundo.
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Capítulo 05
Se movió con la rapidez de una sombra, tomando una pequeña daga decorativa que guardaba bajo su almohada. Se acercó a las cortinas y, con un movimiento brusco, las abrió.
Allí, sentado en la barandilla de mármol, bajo la luz de una luna creciente, estaba Ethan Lancaster.
—Tienes buenos reflejos —dijo él fascinado, observando la daga que ella sostenía—. Pero tu guardia baja es vulnerable a un ataque por el flanco izquierdo.
Zafiro bajó el arma, pero no relajó su postura. Su corazón latía con fuerza, pero no de miedo, sino de una excitación que le recorría las venas.
—¿Es costumbre del Príncipe Heredero entrar en las habitaciones de las damas como un ladrón nocturno? —preguntó ella, cruzando los brazos, un poco irritada y excitada.
Ethan saltó hacia el interior de la habitación con una gracia felina. Llevaba una capa de viaje oscura que ocultaba su vestimenta formal. Se acercó a ella, invadiendo su espacio personal, obligándola a inclinar la cabeza hacia atrás para sostenerle la mirada.
—No soy un ladrón, Zafiro. He venido a traerte algo que no podía enviar por mensajero. —Susurró al oído, tomándola de la cintura.
Sacó un pequeño frasco de cristal azulado de su capa.
—Es esencia de flor de luna de las montañas Arryn. Se dice que protege a quien la usa de los venenos sutiles que se inhalan en los salones de baile.
Zafiro tomó el frasco, sintiendo el calor de los dedos de Ethan contra los suyos. El contacto físico fue como una descarga eléctrica. Él no soltó el frasco de inmediato; en su lugar, envolvió la mano de ella con la suya.
—¿Por qué me das esto, Ethan? —susurró ella, un poco confundida.
—Porque el baile de la Luna de Sangre no es solo una fiesta, Zafiro. Es el momento en que los lobos salen a cazar. Hay rumores en la corte... gente que no está contenta con la influencia de los Lawrence. Y ahora que tú has cambiado, que ya no eres la niña que pueden manipular... te has convertido en su objetivo. —Dijo con total seriedad, preocupado, por ella sin mostrarlo.
Zafiro sonrió, una sonrisa lenta y peligrosa que hizo que los ojos de Ethan se oscurecieran.
—Me gusta ser un objetivo, Alteza. —Dijo ella con satisfacción —. Significa que estoy en el centro de la acción.
Ethan se inclinó más, su rostro a escasos centímetros del de ella. Podía oler el vino de uvas en su aliento.
—Eres exasperante —murmuró él. Su mano libre subió a la nuca de Zafiro, sus dedos enredándose en su cabello oscuro—. En la otra vida... —Se detuvo, frunciendo el ceño—. A veces siento que te conozco de siempre, y que en algún lugar, en algún momento, te perdí. No dejaré que eso pase de nuevo. —le dijo en un murmullo con melancolía.
Zafiro sintió que el tiempo se detenía. ¿Acaso él también tenía fragmentos de recuerdos de la línea temporal anterior? ¿O era simplemente la conexión de sus almas? No pudo evitarlo; se puso de puntillas, acortando la distancia mínima que los separaba.
Sus labios no llegaron a tocarse, pero el roce de su respiración fue casi tan íntimo como un beso.
—No me perderás, Ethan —le prometió ella con voz ronca y excitada—. Porque esta vez, yo soy la que está cazando.
Ethan soltó un suspiro pesado y, con un esfuerzo visible de voluntad, se apartó.
—Nos vemos en el baile, Zafiro. Prepárate. El primer vals es mío, y no aceptaré un "no" por respuesta. —Afirmó, saltando del balcón.
Tan rápido como llegó, desapareció por el balcón, perdiéndose en las sombras de la noche.
***
El día del baile de la Luna de Sangre llegó con un cielo teñido de un carmesí antinatural, un fenómeno que ocurría cada cien años en el Imperio de Celes.
La mansión de los Lawrence era un caos de preparativos finales. Malory, la madre de Zafiro, entró en su habitación luciendo un vestido de encaje dorado de los Tyrell.
—Estás radiante, hija mía —dijo Malory, sus ojos llenándose de lágrimas de orgullo—. Tu padre y Liam ya están abajo. Dicen que el carruaje está listo. Pero Zafiro... ten cuidado hoy. El Rey Noah Lancaster estará presente, y su salud es frágil. Todos estarán buscando una debilidad en la línea sucesoria. —Le dijo su madre con preocupación, mientras la abrazaba.
—No habrá debilidades en nuestra casa, madre —aseguró Zafiro, correspondiendo el abrazo, dándole un beso en la mejilla—. Hoy, los Lawrence demostraremos por qué somos el pilar del Imperio.
Cuando Zafiro bajó las escaleras, el silencio se apoderó del salón. Incluso Liam, que estaba acostumbrado a la belleza de su hermana, se quedó sin palabras. El vestido azul noche brillaba como si tuviera miles de diamantes incrustados, y su porte era el de una deidad de la guerra.
—Si algún hombre te toca hoy sin tu permiso —dijo Liam celoso de que su hermanita sea vista por esos nobles impertinentes, ajustándose la empuñadura de su espada ceremonial—, lo mataré allí mismo, delante del Emperador.
—Intenta no manchar mi vestido con sangre, hermano —bromeó ella, aunque sus ojos brillaban con determinación.
Al llegar al Palacio Real, la opulencia era asfixiante. Cientos de nobles de familias como los Baratheon, Martell y Tully llenaban el salón de baile, bajo lámparas de araña que funcionaban con piedras mágicas.
Zafiro caminaba del brazo de su hermano, sintiendo las miradas clavadas en ella. Buscó entre la multitud y, finalmente, lo vio.
En un rincón, rodeado de un pequeño grupo de nobles de menor rango, estaba un joven de unos diecisiete años. Tenía el cabello castaño claro y una sonrisa que, a ojos inexpertos, parecía amable y sincera, él era Carlos Crane.
A su lado, un hombre mayor, el Conde Crane, hablaba con Marcus Tyrell, tratando de ganar favores.
Carlos levantó la vista y sus ojos se encontraron con los de Zafiro. Ella vio cómo él se enderezaba, cómo sus ojos brillaban con la codicia del que cree haber encontrado una presa fácil. Carlos comenzó a caminar hacia ella, con la intención clara de pedirle el primer baile, tal como había sucedido en la otra vida.
Pero antes de que pudiera dar diez pasos, un heraldo golpeó el suelo con su vara de oro.
—¡Su Alteza Imperial, el Príncipe Heredero Ethan Lancaster!
Las puertas del fondo se abrieron y Ethan entró. Lucía un uniforme negro y plata, con una capa que parecía hecha de sombras líquidas. Su mirada no se detuvo en el trono, ni en los embajadores, ni en la belleza de las otras damas. Sus ojos fueron directos a Zafiro Lawrence.
El salón entero contuvo el aliento cuando el Príncipe, ignorando todo protocolo, caminó directamente hacia la familia Lawrence. Se detuvo frente a Zafiro y extendió su mano, ignorando por completo a Carlos Crane, que se había quedado congelado a mitad de camino.
—Lady Lawrence —dijo Ethan con cortesía, su voz resonando en todo el salón—. El primer vals es una tradición imperial, y yo deseo bailarlo con la mujer que me ha robado el corazón. —Le dijo con picardía.
Zafiro sintió la furia contenida de Carlos a sus espaldas, y la posesividad protectora de Liam a su lado. Pero sobre todo, sintió la mano de Ethan esperando por la suya.
Con una sonrisa que prometía tanto gloria como destrucción, Zafiro puso su mano sobre la de él.
—Será un placer, Alteza —respondió ella tomando su mano.
Mientras se dirigían al centro del salón, Zafiro se giró levemente para mirar a Carlos Crane por encima del hombro. No dijo nada, pero sus ojos le enviaron un mensaje claro: «Esta vez, la presa es la que tiene los colmillos más largos».
El baile estaba por comenzar, y en la mente de Zafiro, cada paso del vals era una nota en la sentencia de muerte de sus enemigos. Ella no solo iba a sobrevivir; ella iba a reinar.