Ella renace en una novela que escuchaba antes de morir. Decidida a cambiar su destino y a no sufrir por un mal amor.
* Esta novela es parte de un mundo mágico*
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Christian Casaux 2
Después de despedirse momentáneamente de Christian Casaux, Valery siguió sus indicaciones hasta una pequeña posada cercana a la plaza principal del pueblo.
La posada era acogedora.
No era lujosa, pero estaba limpia y bien cuidada. Las ventanas tenían macetas con flores y desde el interior salía el olor cálido de pan recién horneado.
Valery alquiló una habitación por varios días y pidió a un muchacho de la posada que subiera sus cosas.
Cuando finalmente estuvo sola en la habitación, se acercó a la ventana.
Desde allí podía ver parte de la plaza.
Personas caminaban tranquilamente, algunos niños corrían cerca de la fuente y el sonido lejano del puerto llegaba suavemente con el viento.
Valery suspiró.
Había llegado muy lejos.
Pero cuando bajó nuevamente a la calle, se dio cuenta de algo que no había pensado antes.
La gente la miraba.
No con hostilidad.
Solo con curiosidad.
Valery bajó la mirada hacia su propio vestido.
Era elegante.
Muy elegante para un pueblo pequeño como ese.
Las telas, el corte, incluso los pequeños bordados delataban que venía de un lugar acomodado.
[Eso no es bueno, solo quiero encajar]
Si quería pasar desapercibida, necesitaba parecer una viajera más.
No una noble recién llegada.
Así que decidió ir de compras.
Salió de la posada con ese objetivo en mente… pero al dar unos pasos por la plaza se detuvo.
Alguien estaba apoyado tranquilamente contra uno de los postes de madera cerca de la fuente.
Christian.
Parecía haber estado esperando.
Cuando la vio salir, levantó la mano en un saludo relajado.
—Señorita Valery.
Ella lo miró con cierta sorpresa.
—¿Me estaba esperando?
Christian sonrió con naturalidad.
—Solo quería asegurarme de que encontrara la posada sin problemas.
Valery lo observó unos segundos.
No parecía incómodo ni insistente.
Simplemente estaba allí, tranquilo, como si acompañar a alguien nuevo en el pueblo fuera algo completamente normal.
Ella sonrió.
—Todo salió bien.
Luego añadió..
—De hecho, pensaba buscar algunas tiendas.
Christian miró su vestido y pareció entender de inmediato.
—Ah.
Señaló una calle cercana.
—Las tiendas de ropa están por allí.
Caminaron juntos.
Las tiendas eran pequeñas pero encantadoras.
Había telas colgadas en las ventanas, vestidos sencillos expuestos en maniquíes de madera y cintas de colores colgando de ganchos.
Valery entró en una de las tiendas.
La dueña, una mujer mayor de rostro amable, la recibió con entusiasmo.
—Bienvenida.
Valery comenzó a mirar las prendas.
Buscaba algo sencillo.
Algo bonito, pero que no llamara demasiado la atención.
Finalmente eligió un vestido de color rosa claro.
Era simple, ligero y cómodo.
Nada de bordados complicados ni telas costosas.
También eligió un sombrero de ala suave, adornado con una cinta del mismo tono rosa.
Cuando salió del probador, Christian la miró unos segundos.
Luego sonrió.
—Le queda muy bien.
Valery inclinó ligeramente la cabeza en agradecimiento.
Estaba a punto de pagar cuando Christian tomó algo más del mostrador.
Era una manta fina de color beige.
De tejido suave y ligero.
Se la extendió.
—Tome.
Valery parpadeó.
—¿Para mí?
Christian asintió.
—A veces el viento del puerto se vuelve frío por la tarde.
Valery dudó.
—No puedo aceptar eso.
Christian negó suavemente.
—Considérelo un regalo de bienvenida.
Su sonrisa apareció otra vez.
Y con ella… los hoyuelos en sus mejillas.
—Para que recuerde que el pueblo la recibió bien.
Valery lo miró unos segundos.
Finalmente aceptó.
—Gracias.
Salieron de la tienda y comenzaron a caminar nuevamente por la plaza.
Valery notó algo curioso.
Christian no había sacado dinero en ningún momento dentro de la tienda.
Pero pensó que tal vez lo había hecho mientras ella se probaba la ropa.
No le dio demasiada importancia.
Un poco más tarde, el aroma de comida proveniente de una calle cercana llamó su atención.
Christian señaló.
—Hay un buen restaurante por aquí.
Valery realmente tenía hambre después del viaje.
—Entonces vamos.
El restaurante era pequeño pero acogedor.
Las mesas eran de madera, las ventanas estaban abiertas para dejar entrar la brisa del mar y el lugar tenía un ambiente familiar.
Pidieron comida sencilla.. sopa caliente, pan fresco y pescado.
Valery disfrutó cada bocado.
Se sentía tranquila.
Relajada.
Algo que no había sentido en mucho tiempo.
Cuando terminaron, Valery tomó su bolso.
—Permítame pagar.
Se levantó y caminó hacia el mostrador.
Pero el hombre que atendía el restaurante levantó una mano.
—Oh, no es necesario, señorita.
Valery se detuvo.
—¿Cómo?
El hombre sonrió.
—Todo ya está pagado.
Valery parpadeó confundida.
—¿Pagado?
—Sí.
Valery miró hacia atrás.
Christian seguía sentado en la mesa con la misma expresión tranquila de siempre.
Ella volvió a mirar al hombre del restaurante.
—¿Cuándo?
El hombre simplemente se encogió de hombros.
—Hace un momento.
Valery regresó lentamente a la mesa.
Se sentó frente a Christian y lo miró con curiosidad.
—¿Pagó usted?
Christian levantó una ceja como si la pregunta fuera obvia.
—Claro.
Valery cruzó los brazos ligeramente.
—No lo vi hacerlo.
Christian sonrió de lado.
—Es una habilidad útil.
Valery lo observó.
Había algo curioso en todo eso.
En la tienda.
En el restaurante.
En la forma en que nadie parecía pedirle dinero.
Pero antes de que pudiera preguntar más, Christian dijo tranquilamente..
—Después de todo…
miró alrededor de la plaza iluminada por la luz de la tarde.
—Es su primer día aquí.
Luego añadió con esa sonrisa que hacía aparecer nuevamente los hoyuelos.
—Sería una mala bienvenida dejarla preocuparse por los gastos.
Valery no supo si reír o sospechar.
Pero algo era seguro.
Christian Casaux no era tan simple como parecía.
recuerda que no eres la misma Valery
y dile a ese mequetrefe que se pierda 😡😡😡