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Habitar Tu Piel. El Precio De La Farsa

Habitar Tu Piel. El Precio De La Farsa

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Reencarnación / Escuela
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Hanabi Montano

Ian es el omega perfecto: dócil, hermoso, prometido al alfa más codiciado de la preparatoria. No sabe que para Karl es solo una fachada. Cuando descubre la verdad, muere empujado por unas escaleras.

Pero en su cuerpo despierta Joseph, un chico de barrio con alma de superviviente. Ahora habita la piel del omega ingenuo y tiene un plan: desenmascarar a Karl y liberarse del compromiso.

El problema es Kevin, el hermano mayor de Karl. El heredero silencioso. El único que parece ver más allá de la farsa.

Lo que empieza como venganza se convierte en un amor prohibido. Porque las feromonas no mienten, y Joseph tendrá que elegir entre seguir habitando una mentira o confesar quién es... y perderlo todo.

NovelToon tiene autorización de Hanabi Montano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 17: El plan

Abrí los ojos de golpe, con el corazón latiéndome rápido y una sensación extraña en el pecho. Como si acabara de ver algo importante, algo que no debía olvidar. La habitación estaba en penumbra, el dosel rosado, apenas visible y el eco de la llamada de Kevin todavía flotaba en el aire.

Me quedé quieto, mirando el techo, mientras los restos del sueño se deshilachaban en mi memoria. No era un sueño normal, eran flashes, imágenes sueltas, como si alguien hubiera pasado un carrete de fotos antiguas detrás de mis párpados.

Ian. Más pequeño, cinco años, quizás seis, con el pelo más corto y una sonrisa de dientes de leche.

Y Kevin.

Estaba ahí, en un jardín enorme, con setos recortados y una fuente que brillaba bajo el sol. Ian se caía de un columpio, se raspaba las rodillas, lloraba y Kevin aparecía. Se agachaba, le limpiaba la herida con un pañuelo, le decía algo al oído. Ian se reía.

Otra imagen. Ian enfermo, en una cama enorme, con sábanas blancas. Kevin sentado a su lado, leyéndole un libro: El Principito. Ian escuchaba con los ojos brillantes.

Otra más. Ya no eran niños, eran adolescentes en una fiesta, con música alta y luces de colores. Kevin le tendía la mano a Ian para bailar, Ian no la rechazaba, pero antes de aceptarla, miraba a Karl. Él estaba al otro lado del salón, hablando con otros chicos, riéndose, sin prestarle la más mínima atención. Ian lo miraba, esperaba, nada. Karl no lo miraba, no lo veía, no sabía que existía. Ian volvía a mirar a Kevin y entonces lo veía; un halo de tristeza en sus ojos, aunque mantenía la sonrisa.

Kevin siempre había estado ahí, siempre. Una presencia silenciosa, constante, cuidándolo, protegiéndolo. E Ian... Ian no lo había sabido apreciar. Porque estaba demasiado ocupado intentando llamar la atención de Karl.

Abrí los ojos del todo. La habitación seguía en penumbra, pero yo ya no tenía sueño.

¿Qué había visto Ian en Karl? Era guapo, si, mucho. Pero después de dos minutos de conversación con él, te dabas cuenta de que solo era un imbécil. No lo entendía, no podía entenderlo, Ian tenía a Kevin, a alguien que lo cuidaba de verdad y lo había ignorado. Por un idiota.

Me levanté, me acerqué a la ventana. El jardín de los Mendoza se extendía abajo, perfecto, impecable, falso, y yo me quedé ahí, mirando el amanecer, con el recuerdo de Kevin en la cabeza.

—No es justo —susurré—. Para ninguno de los dos.

Pero la vida no es justa y lo único que podía hacer era seguir adelante; con el plan, con la venganza, con todo. Porque Ian merecía justicia y yo iba a conseguirla.

———

El desayuno fue rápido. Un café, una tostada, nada más. No tenía hambre, no tenía paciencia. Solo quería que el día avanzara, que llegara el momento, que todo empezara a moverse.

Las horas siguientes se me hicieron eternas. Los pasillos del instituto, llenos de gente, las clases, interminables, los profesores, hablando y hablando sin decir nada que me importara. Yo asentía, tomaba apuntes, fingía; pero mi cabeza estaba en otro lugar. En el sueño, en Kevin, en la mano tendida y la tristeza en sus ojos.

Cuando por fin sonó el timbre del almuerzo, salí al patio con la sensación de que había pasado una eternidad. Marta me agarró del brazo en cuanto me vio, me arrastró a una esquina. Julia nos esperaba ahí, con los brazos cruzados y una ceja arqueada.

—¿Qué pasa? —pregunté, fingiendo calma.

—¿Qué pasa? —Marta abrió los ojos como platos—. ¿Que qué pasa? ¡Que llevas toda la mañana con una cara de no haber dormido y no has parado de mirar el teléfono!

—No es verdad.

—Sí es verdad —dijo Julia sin mover un músculo—. ¿Qué ha pasado?

Suspiré. No podía contarles lo del sueño, ni lo de Kevin, pero podía hablarles de lo otro. El plan.

—Necesito su ayuda —dije.

Marta parpadeó.

—¿Nuestra ayuda? ¿Para qué?

—Para lo que hablamos, el teléfono de Valeria.

Julia asintió lentamente.

—¿Ya tienes un plan?

—Más o menos, pero necesito dos cosas primero. La contraseña de su taquilla y la contraseña de su teléfono.

Marta frunció el ceño.

—¿La contraseña de su taquilla? ¿Para qué?

—Porque dentro pone su teléfono, necesito abrir la taquilla para cogerlo y necesito la contraseña del teléfono para desbloquearlo.

—¿Y cómo piensas conseguir todo eso?

—Ahí es donde entran ustedes. —Las miré a las dos—. Marta, tú eres porrista, estás en el vestuario con Valeria.

Marta abrió la boca, la cerró, luego sonrió.

—¿Quieres que espíe a Valeria?

—Quiero que observes sin que se dé cuenta. Solo necesito los números, con eso me basta.

—¿Y por qué no lo haces tú? —preguntó Marta—. Tú también eres porrista.

Me quedé callado un momento, luego suspiré.

—Porque no puedo. Si yo empiezo a merodear cerca de Valeria, a mirar su taquilla, a fijarme en sus cosas... va a sospechar. Ahora mismo cree que soy un Ian amnésico y confundido, si de repente empiezo a comportarme de forma rara, se va a dar cuenta de que algo pasa.

—¿Y eso qué importa? —preguntó Marta—. Ya sabe que has cambiado.

—Sabe que he cambiado de ropa y de actitud, pero no sabe que estoy investigando, ni que sospecho de ella, y quiero que siga sin saberlo. Cuanto más tiempo crea que soy un omega perdido y sin memoria, más tiempo tengo yo para moverme.

Julia asintió lentamente.

—Tiene sentido. Si Valeria sospecha que Ian está detrás de algo, se pondrá en guardia y será más difícil.

—Exacto. —Miré a Marta—, por eso necesito que seas tú. Eres su compañera de equipo, nadie va a sospechar si te ve cerca de su taquilla, es lo más normal del mundo.

Marta se encogió de hombros.

—Vale, tiene sentido.

Luego me giré hacia Julia.

—¿Y yo? —preguntó ella, antes de que yo dijera nada.

—Tú, por el momento, lo único que puedes hacer es observar —dije—. Cualquier movimiento de Valeria, cualquier cosa que veas o escuches, aunque parezca poca cosa, pero cualquier detalle podría ayudarnos. Si la ves con el teléfono y puedes acercarte lo suficiente para fijarte en la contraseña, sería perfecto, pero sé que eso es muy difícil. Así que haz lo que puedas; sin arriesgarte, sin llamar la atención.

Julia asintió, sin cambiar de expresión.

—Puedo hacer eso.

—Pero hay que tener paciencia —continué—, no podemos hacerlo todo el mismo día. Necesitamos observar, esperar el momento adecuado.

—¿Cuánto tiempo? —preguntó Marta.

—El que haga falta. Una semana, dos, no podemos precipitarnos.

Marta resopló.

—Odio esperar.

—Ya lo sé, pero es lo que hay.

Julia me miró con atención.

—¿Y si nos descubren?

—No nos van a descubrir, ella no sospecha nada, no se le ocurriría que estoy planeando algo.

Marta sonrió.

—Me gusta, es como una película de espías.

—Algo así.

Julia no sonrió pero asintió.

—Vale. Empezamos mañana.

———

Pasaron tres días. Tres días de observar, de esperar y fingir. El jueves, Marta me encontró en el pasillo. Tenía los ojos brillantes, la sonrisa contenida.

—Vi algo —susurró.

—¿Qué viste?

—Ayer, en el vestuario, Valeria estaba poniendo el código de la taquilla. Fingí que buscaba algo en mi mochila y vi sus dedos. Fue rápido, pero vi algo.

—¿Qué viste?

—Son cuatro dígitos. Creo que marcó un 0 y luego un 5, y un 2. No estoy segura del orden, pero esos números estaban ahí. 0, 5, 2. O 5, 0, 2. No sé, fue muy rápido.

0. 5. 2.

Me quedé pensando. Cuatro dígitos. 0, 5, 2 ¿Qué podrían significar esos números?

La gente suele usar fechas importantes para sus contraseñas, para no olvidarlas. Un cumpleaños, un aniversario, algo que signifique algo. ¿El cumpleaños de Valeria? No sabía cuándo cumplía, pero no, no podía ser, sería demasiado obvio. Nadie usa su propio cumpleaños para la taquilla.

¿Un aniversario? ¿Con quién? ¿Con Karl? No sabía cuándo empezaron, pero si era la fecha en que empezaron, ¿por qué usaría esa fecha para su taquilla? ¿Para recordarlo? ¿Para tenerlo presente?

0. 5. 2. o 5. 0. 2.

Y entonces lo recordé. 5 de febrero, el cumpleaños de Karl. 05/02. Cuatro dígitos. 0502.

Simple, básico, muy de Valeria. Porque ella está obsesionada con Karl y usa su cumpleaños como contraseña para su taquilla, probablemente para su teléfono.

—¿Cumpleaños de alguien? —preguntó Marta.

—Puede ser —dije y sonreí—. De hecho, es muy probable.

Marta sonrió.

—¿Entonces?

—Entonces tenemos la primera mitad, ahora necesitamos la segunda.

—La contraseña del teléfono.

—Exacto.

—¿Cómo la conseguimos?

—Todavía no lo sé, pero lo averiguaré.

———

Esa tarde, Karl apareció. Estaba en la salida, apoyado contra su auto, con los brazos cruzados. Cuando me vio, se enderezó y sonrió, pero no era su sonrisa de siempre. Era una sonrisa más... ¿nerviosa? ¿Forzada? No lo sé, pero algo en ella no encajaba.

—Ian.

—Karl.

—Te llevo a casa.

—No hace falta, puedo ir solo.

—Ya hablé con tu madre. Dijo que sí, que no mandaría el auto.

Me quedé quieto mirándolo.

—¿Hablaste con Elvira?

—Sí. Dijo que le parecía bien, que así pasamos tiempo juntos.

Claro, Elvira, la madre que quiere que su hijo esté con su prometido.

—Vale —dije, y caminé hacia el auto.

Me senté en el asiento del copiloto, Karl se sentó al volante. El auto olía a cuero y tabaco, a él. Arrancó y el silencio se instaló entre nosotros, un silencio denso. Incómodo, como si Karl quisiera decir algo pero no supiera cómo.

—¿Cómo ha ido el día? —preguntó al fin.

Me quedé quieto, mirándolo de reojo. Karl nunca preguntaba por mi día. Nunca. Siempre hablaba de él, de sus partidos, sus amigos, de sus cosas. Pero nunca preguntaba por mí.

—Bien —dije, cauteloso.

—¿Y las clases? ¿Todo bien?

—Sí.

—¿Y tus amigas? Marta y Julia, ¿no?

—Sí.

Karl asintió, como si mi respuesta le hubiera dado la información que necesitaba, luego se quedó callado otro rato. Yo lo observaba; sus manos en el volante, su mandíbula tensa, la postura rígida.

Está incómodo. No sabe qué decir, no sabe cómo ser un novio normal.

—Oye —dijo de repente—. ¿Quieres que paremos a comer algo? Hay un sitio cerca de aquí que te gusta, el de las hamburguesas.

Me quedé helado.

Ian odiaba las hamburguesas, Ian era un omega fino. Comía ensaladas y cosas elegantes, pero Karl no lo sabía. Porque Karl nunca se había fijado en lo que le gustaba.

—No tengo hambre —dije.

—¿Seguro? Invito yo.

—Seguro.

Karl asintió, pero no se dio por vencido.

—Podemos ir otro día, cuando quieras.

—Ya veremos.

Silencio, otro silencio incómodo. Y entonces, Karl hizo algo que me heló la sangre. Soltó una mano del volante y la posó sobre la mía.

—Ian...

Me quedé paralizado. Su mano era grande, caliente y su olor se intensificó; como si estuviera nervioso, como si estuviera intentando algo. Sentí un escalofrío, no de deseo, de asco, como si algo sucio me estuviera tocando.

Quería apartar la mano, quería gritarle que no me tocara, arrancarme la piel que él estaba rozando. Pero el cuerpo de Ian tuvo una reacción instintiva. Un temblor, un calor momentáneo en la piel; como si esa parte de él, esa parte omega que yo no controlaba, reconociera el tacto de su alfa. Como si, por un segundo, hubiera olvidado todo el daño, todo el desprecio, la indiferencia, y solo recordara que Karl era su prometido, su alfa. El hombre con el que había soñado casarse.

Y lo peor no fue el temblor, lo peor fue que, por un instante, quise quedarme, dejar que esa mano siguiera ahí, quise creer que Karl me quería. Pero no era yo, era Ian, era el cuerpo y yo no iba a permitir que me traicionara.

—¿Qué haces? —pregunté, y mi voz sonó más dura de lo que quería.

—Nada. Solo... quería...

—¿Querías qué?

Karl no respondió, solo apretó mi mano y el cuerpo de Ian volvió a temblar, pero esta vez, yo estaba preparado. Respiré hondo, apreté los dientes y retiré la mano con suavidad.

—Karl —dije—, estoy cansado y me duele la cabeza. ¿Podemos ir a casa?

Karl me miró, confundido, herido, pero asintió.

—Claro. Perdón.

Y volvió a poner las dos manos en el volante. Pero sus dedos temblaban y su olor... su olor era algo parecido a la frustración, a la inseguridad.

Pobrecito, no sabía cómo hacerlo. No sabía cómo ser un novio porque nunca lo había sido, porque nunca le había importado. Y ahora, por alguna razón, estaba intentando pero no le salía. Y yo no iba a ayudarlo.

Un rato después, Karl sacó el teléfono y lo desbloqueó para poner música. Puso los números rápido pero más menos los capté todos. Un 1, un 8, un 0. Luego un 1, un 2 y un 6. O algo así. No estaba seguro del orden, pero los vi.

No los reconocí. No era su cumpleaños, no era el mío, ni era la fecha en que empezamos. No era nada que yo supiera.

—¿Qué significan esos números? —pregunté, fingiendo curiosidad.

Karl se tensó por un segundo, luego se encogió de hombros.

—Nada. Son... al azar.

—Ya. Al azar.

Karl no respondió, solo subió el volumen de la música.

Al azar, claro. Karl era demasiado básico para lo al azar y eso significaba que había algo detrás. Algo que no quería que yo supiera.

No insistí, pero los guardé en la memoria. Los repetí en mi cabeza una y otra vez hasta que se me quedaron grabados. 1, 8, 0, 1, 2, 6. O algo así. No estaba seguro del orden, o weero los tenía.

El resto del viaje fue silencio. Karl intentó hablar un par de veces más pero yo no le seguí el ritmo, solo respondía con monosílabos y él, al final, se rindió. Cuando llegamos a la mansión, me bajé sin esperar a que él apagara el motor.

—Gracias por el aventón —dije, y cerré la puerta.

No miré atrás pero sabía que Karl me estaba mirando. Confundido, frustrado, sin entender por qué su plan de "estar pendiente de Ian" no funcionaba.

Pobrecito. No sabía que estaba perdiendo el tiempo.

———

Esa noche, en mi habitación me senté en la cama. El teléfono de Ian en la mano, el cuaderno en la otra.

Escribí.

Posible contraseña de la taquilla de Valeria: 0502. Cumpleaños de Karl. 5 de febrero. (Marta lo vio. Valeria está obsesionada, muy de ella.)

Contraseña del teléfono de Karl: No estoy seguro del orden, pero vi un 1. Un 8. Un 0. Un 1. Un 2. Un 6. O algo así. No son números que me recuerden nada. ¿Qué será?

Y debajo de todo, casi sin pensar, escribí otro nombre.

Kevin.

No sabía por qué lo escribía, no tenía nada que ver con el plan, ni con Valeria ni con Karl, pero lo escribí. Como un recordatorio de que había alguien bueno en todo este desastre. De que había alguien que me hacía sentir algo que no era asco, algo que no era rabia ni miedo.

Lo miré un rato, luego cerré el cuaderno.

Me quedé mirando el techo. Kevin. Karl. Valeria. Ian. Todo se mezclaba en mi cabeza como un rompecabezas al que le faltaban piezas. Pero las piezas estaban llegando, poco a poco.

Solo necesitaba paciencia, tiempo yno perder de vista lo que importaba.

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kohaku viento
cuál será el secreto... ay. que angustia por saber. puede ser varias cosas supongo la que se me viene a la mente es que no es hijo de Sofía y por eso el favoritismo no se ya quiero saber el secreto. 🤣🤣🤭🤭🤭🤭🤭 abra que esperar a los próximos capítulos
kohaku viento: de que kevin es mejor no ay ninguna duda 🤣🤣Karl no sirve para nada
total 2 replies
kohaku viento
estubo de suspenso el capítulo. 🤭🤭🤭🤭. espero el próximo y queri ver la caída de Karl
kohaku viento
vamos que se puede aquí le hecho porras 🤣🤣🤣🤣🤣
Julissa Jimenez
siiiiii por fin tiene las pruebas 😂😂😂😂😂autora más capítulos para saber cómo va utilizar esas pruebas 😍😍😍😍😊😊😊😊😊
Alex
ojalá que cuando se rompa el compromiso la solución sea comprometer a Kevn y a Ian 🙏🏼🙏🏼
Alex
espero que Diego sea amigo y no enemigo
☆Nanu☆
son muy hábiles!!!👏👏👏👏
y el pobre de Diego debería ser pronto un aliado, hay que desvaratarles el mundo, como hicieron ellos, pero con la verdad, esa es la diferencia entre unos y otros 😏💪
y también recuperar la presencia de Kevin!!! vamos muchacho, conversa con tu amiga y que te ponga en eje!!!🤭
Nidia Mojica
Se puso bueno, le hubiera dado unos chingadazos el viejo a Karl e Ian Ignora y sigue cerca de Kevin así cambia de prometido.
kohaku viento
me encantó. si karl piensa que logrará revertir esto creo que realmente está loco y es todo un idiota 🤣🤣🤣 y en cuanto al contrato también puede cambiarse digo Kevin también es su hijo 🤭🤭🤭🤭 y así no se arruinan nadien. problema resuelto solo se cambia el nombre del prometido 🤭🤣🤣🤣🤣
☆Nanu☆
por fin Kevin muestra su carta, aunque se apagó un poco con papi... pero puede que Ian lo insite a desobedecer 🤪😏🤭
Podría mostrar un punto para cambiar de prometido🤭🤭🤭 aunque si pudiera ser, para eso falta. No veo la hora de que se planten un beso🫦 (para eso también debe falta pero espero 🙏 🥰)
☆Nanu☆: me encanta!!! 😏🎉👏👏👏👏
total 3 replies
Julissa Jimenez
sigo pensando que Karl es muy poca cosa para este nuevo Ian 😊😊😊😊😊😊Kevin es mejor pareja 😍😍😍😍
Kevin por favor no hagas caso sigue viendo a Ian 😍😍😍😍escondidos 😍😍😍😍interesante 😍😍😍😍
Nidia Mojica
Ya era hora que Karl se diera cuenta del gran cambio de Ian. Me encanto el capitulo.
Julissa Jimenez
estupido Karl 🙄🙄🙄🙄🙄esta bien que Ian le de hasta con le pote😊😊😊😊se lo merece y mas😊😊😊😊😊me encanta Ian y Kevin 😍😍😍😍más capítulos 😊😊😊😊😊
kohaku viento
esto ya es guerra. ya quiero ver. destrozado. a karl y definitivamente Kevin es mucho mejor para Ian 🤭🤭🤭
☆Nanu☆
se puso caliente la papa!!! 🤭 ya me gustan más estos dos casi que aliados. Espero actualización pronto porque me como los codos!!!
Nidia Mojica
Ya le cauo jna mosca a la sopa, también que estaban ellos dos.
☆Nanu☆
eh bue, lo bueno dos veces bueno, pero a veces dura poco...
Kevin, demuestre lo que realmente vale saber y querer saber del que te gusta 😉.
Será que la madre de Ian les dijo a donde iban estos dos a Karl??? 👀
Yolanda Plazola Arroyo: si creo que que ella le dijo porque es mucha coincidencia que se encontrarán ai
total 3 replies
kohaku viento
noo ya llegó la basura a arruinar el momento
Alex
ya le cayó 💩 al pastel 🙄
DAM 💜💜💜
ahora sí que no confíe en sus supuestos padres ellos saben algo o están encubriendo no lo sé tengo esa sensación
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