Descripción
La historia comienza con una joven de 20 años que decide independizarse y vivir sola en un apartamento. Lo que no imagina es que allí conocerá a un hombre que carga con un dolor profundo. Su esposa y su pequeño bebé murieron, dejándolo completamente destrozado. Desde aquella tragedia, él cambió por completo: comenzó a beber demasiado, salir de fiesta constantemente y vivir como si nada le importara. La joven pronto descubrirá que detrás de ese hombre fiestero, borracho y aparentemente despreocupado existe alguien que todavía sufre por su pasado. Sin quererlo, ella terminará entrando en su vida y descubriendo su historia.
NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 13 — Tengo miedo de abrir mi corazón
Narra Eithan
Desde aquel sueño no había podido dejar de pensar en Domenica.
Me levanté del piso todavía con los ojos hinchados y la cabeza pesada. La botella seguía cerca de mí, pero por primera vez en mucho tiempo no sentí ganas de tomar.
Me quedé sentado en el sofá mirando hacia la ventana.
—Tengo miedo... —murmuré.
Y esa era la verdad.
Tenía miedo de abrir nuevamente mi corazón.
Miedo de querer a alguien.
Miedo de volver a sentirme feliz.
Miedo de que la vida me quitara otra vez a la persona que llegara a importarme.
Pero, sobre todo, tenía miedo de olvidar a Domenica.
Ella había sido mi esposa, la mujer con la que había imaginado toda mi vida. Habíamos hecho planes, habíamos hablado de nuestra hija y habíamos soñado con verla crecer.
Y después, en cuestión de horas, todo se acabó.
¿Cómo se supone que uno vuelve a querer después de algo así?
Me levanté y fui hasta la cocina.
Abrí la nevera.
Había un recipiente con comida.
Sonreí sin querer.
Maidy.
Ella siempre aparecía con alguna comida preparada.
Recordé cómo se había quedado conmigo cuando me había lastimado la muñeca, cómo me había regañado y cómo se había preocupado aunque yo no se lo pidiera.
—Esta muchacha está muy pendiente de mí —dije en voz baja.
Y eso era precisamente lo que me asustaba.
Porque yo también estaba pendiente de ella.
Cuando no la veía durante muchas horas, me preguntaba dónde estaría.
Cuando escuchaba su puerta abrirse, automáticamente miraba hacia el pasillo.
Cuando se reía, me daban ganas de sonreír.
Y cuando estaba cerca, sentía algo que no quería reconocer.
—No puede ser...
Me pasé una mano por la cara.
—Me estoy enamorando de ella.
Decirlo en voz alta me dejó completamente quieto.
Me senté nuevamente.
No sabía si alegrarme o preocuparme.
Parte de mí quería acercarse a Maidy.
Otra parte quería salir corriendo.
Porque yo no podía ofrecerle una vida sencilla.
Todavía tenía heridas.
Todavía tenía noches malas.
Todavía existía una parte de mí que seguía atrapada en aquel hospital, esperando que alguien saliera a decirme que todo había salido bien.
Y Maidy no merecía cargar con eso.
No merecía convertirse en la persona que tuviera que rescatarme.
—Ella merece algo mejor —murmuré.
En ese momento escuché unos golpes en la puerta.
Me levanté.
Abrí.
Era Maidy.
—Buenos días.
—Buenos días.
Me miró detenidamente.
—¿Usted lloró?
—No.
—Eithan.
—Bueno... sí.
Entró lentamente.
—¿Pasó algo?
La miré.
Quería contarle todo.
Quería decirle que había soñado con Domenica.
Que había visto a nuestra hija.
Que ella me había pedido que abriera mi corazón.
Pero no pude.
—Solo tuve un sueño.
—¿Con tu esposa?
Me quedé sorprendido.
—¿Cómo lo supo?
—Porque cada vez que sueña con ella queda así.
Bajé la mirada.
—Sí.
Maidy se sentó a mi lado.
—¿Fue un sueño bonito?
Me quedé callado.
—Sí.
—¿Quieres contarme?
Respiré profundamente.
—Algún día.
Ella asintió.
—Está bien.
No insistió.
Y eso me gustó.
Maidy nunca me obligaba a hablar.
Simplemente se quedaba.
—Maidy.
—¿Sí?
—¿Por qué haces todo esto por mí?
Ella me miró.
—Porque me importas.
Sentí que el corazón me golpeaba fuerte.
—¿Aunque sea un desastre?
—Aunque seas un desastre.
Solté una pequeña risa.
—¿Aunque sea grosero?
—Especialmente por eso.
—¿Aunque siga teniendo problemas?
—No eres tus problemas, Eithan.
La miré fijamente.
Quise decirle lo que sentía.
Pero el miedo volvió.
—Tengo miedo —admití.
Maidy no dijo nada.
—Tengo miedo de abrir mi corazón.
Ella bajó la mirada.
—No tienes que hacerlo de golpe.
—¿Y si vuelvo a perder a alguien?
—No puedes saber lo que va a pasar.
—Eso es lo que me asusta.
—Entonces ve despacio.
La miré.
—¿Y si no puedo?
Maidy sonrió suavemente.
—Pues yo tampoco tengo afán.
Sentí un nudo en la garganta.
Por primera vez, alguien no me estaba pidiendo que olvidara mi pasado.
No me estaba diciendo que dejara de extrañar a Domenica.
Solo me estaba diciendo que podía ir despacio.
Y quizás eso era exactamente lo que necesitaba.
Me quedé mirándola mientras ella se levantaba para preparar café.
—Maidy.
—¿Qué?
—Gracias.
—¿Por qué?
—Por esperarme.
Ella sonrió.
—Cuando esté listo, Eithan.
Me quedé solo unos segundos después de que entrara a la cocina.
Miré hacia la ventana.
—Tengo miedo de abrir mi corazón...
Respiré profundamente.
—Pero creo que ya está empezando a abrirse solo.