El futuro regresa al pasado para evitar la destrucción completa, pero ¿como haces para pelear contra algo que es inevitable? ¿como fue posible que ellos terminaran juntos y encima tuviesen descendencia? quizás del odio al amor hay un solo paso o quizás, solo quizás, nunca fue odio ni rechazo.
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demasiadas preguntas
—Luna, debemos irnos.
Avelina apareció finalmente junto a su amiga, tomando con firmeza la pequeña mano de Lyra.
—Kiam vio a Lyra.
Luna no pareció demasiado preocupada.
—Tranquila. No va a hacer nada.
—¿Cómo puedes estar tan segura?
—Porque lo conozco.
Luna señaló detrás de Avelina.
—Además, ahí viene.
Avelina cerró los ojos durante un instante.
—Perfecto.
Kiam caminaba hacia ellas con las manos dentro de los bolsillos.
—Buenas tardes.
—Señor —Lyra levantó la cabeza—. Mi tía Luna me prometió un helado. ¿Quiere venir?
Avelina abrió los ojos.
—Lyra.
—¿Sí?
—No debes ir por ahí invitando desconocidos.
La niña hizo un pequeño puchero.
—Pero mami...
—Nada de "pero mami".
—Él me ayudó a encontrarte.
Avelina miró a Kiam.
El vampiro levantó una ceja.
Lyra volvió a mirarla.
—Por favor.
Avelina suspiró.
—Bien.
La niña sonrió inmediatamente.
—Pero después del helado se irá.
—¿Alguna de ustedes me preguntó si quería ir? —preguntó Kiam, ligeramente molesto.
Luna comenzó a reír.
—No creo que puedas negarte a la petición de una niña.
Kiam miró a Lyra.
La pequeña le sonreía.
—Esto es manipulación emocional.
—Sí —respondió Luna—. Y está funcionando.
Kiam negó con la cabeza.
—Está bien.
---
La heladería estaba dentro del complejo de la facultad.
Los tres adultos pidieron sus helados mientras Lyra eligió uno de fresas.
Avelina se sentó junto a ella.
Luna quedó enfrente.
Kiam ocupó la silla restante.
Durante unos segundos nadie dijo nada.
Lyra disfrutaba de su helado completamente ajena a la tensión.
Finalmente Avelina levantó la mirada.
—Habla.
Kiam apoyó los brazos sobre la mesa.
—Sabes lo que voy a decir.
—No sé qué crees que está ocurriendo.
Avelina continuó ayudando a Lyra con el cucurucho.
—Tal como Lyra te dijo, es mi hija.
Kiam permaneció en silencio.
Podía entrar en su mente.
Podía buscar las respuestas.
Podía descubrir en cuestión de segundos qué estaba ocultando.
Pero no lo haría.
No así.
Nunca había considerado correcto invadir la mente de alguien sin permiso.
Y mucho menos la de ella.
—El brazalete.
Avelina se quedó inmóvil durante una fracción de segundo.
Luna también.
Kiam sonrió.
—¿Qué pasa con él? —preguntó Luna.
—Oculta su verdadera apariencia.
—Eso no es de tu incumbencia.
La voz de Avelina se volvió fría.
—Podemos tomar el helado tranquilamente o puedes retirarte.
Kiam la observó.
Aquella era la Avelina que conocía.
Orgullosa.
Directa.
Imposible de intimidar.
—Bien.
Se encogió de hombros.
—Si así lo quieres, lo descubriré tarde o temprano.
Avelina continuó ayudando a Lyra.
Kiam la miró.
—Los ojos rojos son una característica exclusiva de mi clan.
Luna miró de reojo a Avelina.
La tensión en las manos de su amiga era evidente.
—¿Quién te dijo eso? —preguntó Luna.
Kiam señaló a Lyra.
—Ella.
La pequeña continuaba comiendo tranquilamente.
—Tiene uno verde y otro rojo.
Avelina levantó la mirada.
—No hables con ella.
La advertencia fue inmediata.
Kiam sonrió de lado.
—¿Qué ocultas, Parker?
—Nada que te importe.
—Curioso.
—Kiam.
El vampiro dejó escapar una pequeña risa.
—Está bien.
Se levantó.
—Gracias por el helado.
—No te invité —respondió Avelina.
—Lo sé.
Kiam miró a Lyra.
—Adiós, princesa.
—Adiós, señor.
Kiam sonrió.
—Espero volver a verte.
Avelina frunció el ceño.
—No.
—Eso no depende completamente de ti.
Y se marchó.
Avelina lo observó alejarse.
Luna esperó hasta que salió del local.
—Esto no me gusta.
—A mí tampoco.
—Kiam no es tonto.
—Lo sé.
Avelina miró a Lyra.
—Y ahora sabe demasiado.
---
Kiam caminó por los pasillos de la facultad con una sonrisa que no conseguía ocultar.
Kael había tenido razón.
Avelina Parker sí tenía una hija.
Y aquella niña era mestiza.
Lo había confirmado ella misma.
Pero ahora quedaba la pregunta más importante.
¿Quién era el padre?
Kiam repasó mentalmente los nombres de los vampiros que conocía.
No encontraba ninguno que tuviera sentido.
Y había algo más.
Avelina no parecía estar protegiendo al padre.
Parecía estar protegiendo a la niña.
Eso era diferente.
—Interesante...
Continuó caminando.
Había conocido a Avelina durante años.
Y, aunque jamás se lo había confesado, había estado enamorado de ella desde hacía mucho tiempo.
Quizás por eso aquella situación le provocaba sentimientos contradictorios.
Una parte de él quería respuestas.
Otra quería protegerla.
Y otra...
No podía evitar sentir celos.
Porque si el padre de Lyra era un vampiro, significaba que algún hombre había conseguido acercarse a Avelina de una manera que él nunca había podido.
—¿Quién eres? —murmuró.
No sabía si se refería al padre de Lyra o a la niña.
Quizá a ambos.
---
Cuando Avelina regresó a la mansión, Evans ya estaba esperándola.
—Hija, por fin.
—¿Qué ocurre?
Evans sonrió.
—Conseguí la audiencia.
Sacó una tarjeta especial.
—Mañana podrás entrar al reino vampírico.
Avelina tomó la tarjeta.
—¿Tan rápido?
—Le expliqué a Serafine que querías investigar algunas plantas de su territorio.
—¿Y aceptó?
—Estaba encantada.
Avelina observó la tarjeta.
—Bien.
Evans notó inmediatamente que algo no estaba bien.
—¿Qué ocurrió?
—Kiam vio a Lyra.
El rostro de Evans se endureció.
Avelina le contó todo.
El brazalete.
La conversación.
Los ojos.
La insistencia de Kiam.
Evans escuchó sin interrumpir.
Finalmente suspiró.
—Bueno...
—¿"Bueno"?
—Si lo piensas, esto iba a ocurrir tarde o temprano.
Avelina bajó la mirada.
—Mañana tendré que decirle la verdad a Serafine.
—Sí.
—Eso no significa que no tenga miedo.
Evans se acercó.
—Lo sé.
—El concilio existe para que las razas se respeten.
Avelina apretó la tarjeta.
—Pero siendo sinceros, padre, los brujos y los vampiros hemos tenido demasiados conflictos a lo largo de la historia.
—Lo sé.
—Y si descubre que Lyra...
—Serafine no es una mujer cruel.
—Es la reina de los vampiros.
—También es una madre.
Avelina levantó la mirada.
Evans sonrió.
—Y creo que eso será más importante que cualquier título.
Avelina guardó silencio.
—Además —continuó su padre—, hace más de quinientos años que nuestros clanes no entran en guerra.
—Eso no significa que se acepten los mestizos.
Evans suspiró.
Ella tenía razón.
Durante siglos, las uniones entre diferentes razas habían sido mal vistas.
Los mestizos eran extremadamente raros.
Y en épocas antiguas, muchos habían sido asesinados por familias que consideraban aquella mezcla una aberración.
Pero los tiempos habían cambiado.
Al menos en teoría.
—Avelina.
Evans tomó su mano.
—Si te enamoraste de Kael, fue por algo.
La joven se quedó inmóvil.
—No sé ni siquiera qué pude haberle visto a ese hombre.
Evans rio.
—Claro.
—Es arrogante.
—Sí.
—Molesto.
—También.
—Presumido.
—Bastante.
—Y tiene una capacidad impresionante para sacarme de quicio.
Evans sonrió.
—Entonces parece que te enamoraste de él.
—¡Padre!
El hombre rio.
—En el amor no hay barreras.
Avelina bajó la mirada.
—No sabes lo que dices.
—Sí lo sé.
Evans apretó suavemente su mano.
—No existen clanes.
—No existen títulos.
—No existen razas.
—Solo existe lo que sientes.
Avelina permaneció en silencio.
Porque Evans sabía algo que ella todavía no quería admitir.
No había elegido enamorarse de un vampiro.
No había pensado en política.
Ni en alianzas.
Ni en las consecuencias.
Simplemente había sucedido.
Y quizás ese era precisamente el problema.
Durante siglos, brujos y vampiros habían aprendido a mantenerse separados.
Pero el amor nunca había respetado esas reglas.
---
Más tarde, mientras Lyra se cambiaba de ropa, Avelina permaneció sentada junto a la ventana.
Miró nuevamente la tarjeta de acceso.
Mañana entraría al reino de los vampiros.
Mañana conocería oficialmente a Serafine.
Y tendría que encontrar una manera de explicar por qué necesitaba información sobre una planta que supuestamente no era un virus.
Pero había algo que la preocupaba todavía más.
Kiam.
Sabía demasiado.
Y si Kiam comenzaba a investigar...
No tardaría en llegar hasta Kael.
Avelina cerró los ojos.
—Por favor...
Miró hacia la pequeña cama.
Lyra ya estaba acostada.
—Que mañana salga bien.
La niña abrió un ojo.
—¿Mami?
Avelina sonrió.
—¿Sí?
—¿Mañana vamos a conocer vampiros?
Avelina se quedó completamente quieta.
—¿Quién te dijo eso?
Lyra sonrió.
—El abuelo.
Avelina suspiró.
—Sí, amor.
Se acostó junto a ella.
—Mañana conoceremos vampiros.
Lyra cerró los ojos.
—¿Y habrá helado?
Avelina soltó una pequeña carcajada.
—Seguro que sí.
La niña se acomodó contra ella.
Avelina acarició lentamente su cabello.
No sabía que al otro lado de la ciudad, Kiam ya había comenzado a hacerse preguntas.
Tampoco sabía que Kael pronto conocería la existencia de aquella niña.
Y mucho menos imaginaba que la primera visita de Lyra al reino vampírico sería el comienzo de una cadena de acontecimientos que ninguno de ellos podría detener.