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El Trono De Sangre Y Espinas

El Trono De Sangre Y Espinas

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía
Popularitas:740
Nilai: 5
nombre de autor: Lelixi

¡Que escuchen los hombres, que escuchen los reyes y que escuchen los cielos! ¡Si la moralidad del mundo exige que renuncie a ti, destruiré el mundo! ¡Y si el cielo mismo intenta separarnos, le declararé la guerra a los mismos dioses! ¡Mi único reino es tu corazón, Elysian!

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LA GALERÍA DE LAS ROSAS

​El sol comenzaba a ocultarse tras las montañas cuando Rhaed caminó por los pasillos del ala este. El viento fresco de la tarde mecía las cortinas de seda blanca en la Galería de las Rosas, una arcada de piedra cubierta de trepadoras que daba hacia los jardines privados del templo.

​Lyra estaba de pie junto a uno de los arcos, luciendo un vestido sencillo de lino amarillo claro. Tenía entre sus dedos una de las pequeñas rosas silvestres que Rhaed le había dejado esa mañana, acariciando los pétalos con distracción.

​Al escuchar los pasos pesados pero cautelosos de las botas de Rhaed, se giró. Al ver su rostro, Lyra notó de inmediato la tensión en sus hombros y la marca de arruga en la túnica que Kaelen había estrujado.

​—Rhaed... —murmuró ella, dando un paso hacia él con preocupación—. ¿Qué ocurrió? Vienes de la Sala del Trono, ¿verdad? Kaelen te...

​—Estoy bien, Lady Lyra —interrumpió Rhaed con suavidad, deteniéndose a dos pasos de ella para mantener una distancia respetuosa—. El Rey solo estaba... recordándome mis deberes.

​Lyra frunció el ceño, dando otro paso adelante hasta quedar frente al guerrero. Su cabeza apenas llegaba al pecho del comandante, pero la determinación en sus ojos oscuros era inmensa.

​—Hablaste con mis hermanos, ¿no es así? Elysian me dijo que querías hablar con ellos a solas.

​Rhaed tragó saliva. Sostuvo la mirada de la joven, sintiendo que su corazón latía más rápido que en cualquier campo de batalla. Llevó la mano a la espalda, dudó un segundo y luego la extendió hacia ella, mostrando la palma abierta.

​—Fui a pedirles su permiso... porque no quería ocultar más lo que siento. Y porque prometí protegerte no solo de tus enemigos, sino también de la deshonra de un cortejo en las sombras.

​Lyra miró la mano de Rhaed, esa mano enorme, llena de callos y cicatrices, pero que cada mañana sostenía con delicadeza las flores más frágiles del campo.

​—¿Y qué les dijiste? —susurró Lyra, dando el último paso hasta que el dobladillo de su vestido rozó las botas de él.

​Rhaed respiró profundo, dejando caer las barreras de frialdad que solía llevar como armadura.

​—Les dije la verdad —dijo Rhaed, con una voz profunda que vibraba con un calor desconocido—. Les dije que te amo desde que te vi cuidar de quienes no tenían nada, a quienes te necesitaban. Les dije que he pasado mucho tiempo admirando tu fuerza, tu bondad y la manera en que haces que este palacio de piedra se sienta lleno de vida. Les dije que... si me lo permites, quiero ser el hombre que esté a tu lado, no como un guardia que se esconde tras las columnas, sino como tu compañero, tu protector y tu amante.

​Lyra sintió que los ojos se le empañaban. La sinceridad pura, limpia y desprovista de los juegos aristocráticos con los que otros habían intentado engañarla, le llenó el pecho de un alivio y una alegría abrumadores.

​—Kaelen casi me mata —agregó Rhaed con una pequeña sonrisa de medio lado, intentando aligerar el momento—. Pero el Rey Sanador lo convenció de darme una oportunidad. Ahora... la decisión es tuya, Lyra. Si me pides que vuelva a ser solo tu guardia, lo haré. Pero si me aceptas... juro que no habrá un solo día en que dudar de mi devoción.

​Lyra no respondió con palabras. Extendió la mano y colocó la pequeña rosa silvestre en la solapa de la túnica de Rhaed. Luego, alzó los brazos y se puso de puntillas, rodeando el cuello del comandante.

​Rhaed vaciló un milisegundo antes de rodear la cintura de Lyra con sus potentes brazos, atrayéndola contra su pecho con una firmeza cálida y segura.

​—Eres un tonto por haber esperado tanto tiempo, Rhaed Valerius —murmuró Lyra contra su cuello, hundiendo sus dedos en el cabello oscuro del guerrero—. Acepto. Acepto estar contigo, acepto tu cortejo y acepto que seas mi compañero.

​Rhaed cerró los ojos, escondiendo el rostro en el hombro de la joven y soltando un largo suspiro de alivio. Por primera vez en su vida de guerras y sombras, el soldado más temido de Valdorian se sintió verdaderamente en casa.

​En el balcón superior de la galería, ocultos tras las cortinas, Kaelen y Elysian observaban el abrazo. Elysian recostó la cabeza en el hombro de su esposo, mientras Kaelen, con los brazos cruzados, dejaba escapar un leve asentimiento de aprobación, sabiendo que su hermana finalmente estaba en buenas manos.

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